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Roger Louis
Schutz-Marsauche, más conocido como el hermano Roger, nació en la región de Jura
(Suiza) el 12 mayo de 1915. Llegó a Taizé, localidad situada cerca de Cluny, en
agosto de 1940, durante
la segunda guerra mundial, para fundar una comunidad
monástica en Francia, el país de su madre.
Hijo de un pastor reformado,
había estado enfermo durante años por una tuberculosis pulmonar. Durante esta
enfermedad había madurado en él la llamada a crear una comunidad donde la
sencillez y la bondad del corazón serían vividas como realidades esenciales del
Evangelio. En Taizé, donde había comprado una casa abandonada, comenzó a acoger
junto a su hermana, Geneviève, a refugiados durante la segunda guerra mundial.
Entre ellos había judíos.
Perseguidos por la Gestapo, en
1942 los dos hermanos tuvieron que abandonar Taizé para salvar su vida. El
hermano Roger pudo regresar en 1944. Pero ya no estaba solo, se le habían unido
los primeros hermanos y comenzaron juntos una vida común. Poco a poco algunos
hombres jóvenes vinieron a unirse a los primeros hermanos y, el día de Pascua de
1949, se comprometieron juntos para toda la vida en el celibato, la vida común y
con una gran sencillez de vida.
Hoy la comunidad reúne a unos
cien hermanos, católicos y de diversos orígenes evangélicos, procedentes de más
de veinticinco naciones. Los hermanos viven de su propio trabajo. No aceptan
ningún donativo, ningún regalo. Tampoco aceptan para sí mismos sus propias
herencias, sino que la comunidad hace donación de ellas a los más pobres.
Durante
la oración del atardecer del martes 16 de agosto, en medio de los 2.500 fieles
que oraban en la Iglesia de la Reconciliación, una mujer apuñaló tres veces en
el cuello al hermano Roger, que falleció algunos instantes después. La presunta
autora de la agresión, Luminita Solcan, una rumana de 36 años, fue inmovilizada
rápidamente sin oponer resistencia.
Un médico
presente entre los asistentes y uno de los hermanos (también médico) trataron de
reanimarle, pero la muerte fue instantánea.
Luminita,
que presenta aparentes signos de esquizofrenia con rasgos paranoides (oía voces
que interpretaba como procedentes de Dios y estaba obsesionada con las
comunidades religiosas), dijo que no pretendía matar al hermano Roger, sino
obligarle a escuchar sus ideas sobre una conspiración de monjes masónicos, pero
que Roger se movió y se clavó la navaja que ella había comprado en Cluny días
antes. Esta versión ha sido descartada por los peritos médicos que afirman que
las lesiones fueron intencionadas.
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En la noche del
martes 16 de agosto, el hermano François, uno de los más antiguos hermanos de la
comunidad, dijo:
En la Biblia
encontramos estas palabras: «Mucho le cuesta a los ojos de Dios, la muerte de
sus amigos.»
Esta muerte del
hermano Roger, primeramente a nosotros que nos cuesta, terriblemente. La muerte
es un desprendimiento, pero una muerte a través de la violencia lo es todavía
más. Y cuando esa muerte es producida por una persona desequilibrada,
experimentamos un sentimiento de injusticia, e incluso hace surgir la
despesperanza.
A la violencia,
sólo podemos reaccionar con la paz. El hermano Roger nunca dejó de insistir en
ello. La paz pide un compromiso de todo el ser, en nuestro interior y fuera. La
paz reclama toda nuestra persona. Así nos comunicaremos esta tarde la paz los
unos a los otros e intentaremos realizar todo para que cada uno de nosotros
permanezca en la esperanza.
La palabra que he
citado dice que esta muerte no sólo cuesta a nuestros ojos. Cuesta a los ojos de
Dios. Dios mismo toma parte en nuestra pena. Él sufre con nosotros. Es de este
modo cómo Dios siente «la muerte de sus amigos», como dice el texto. Y el
hermano Roger fue con toda seguridad un amigo de Dios, quien desde el comienzo
trabajó para que comprendiéramos hasta qué punto Dios nos ama con un amor que
nunca acabará, que no excluye a nadie, que nos acepta tal como somos.
Y si es verdad
que para Dios mismo, esta muerte significa una pena que le ha afectado,
quisiéramos entonces realizar todo para que sepa nuestro agradecimiento, el
agradecimiento por todo lo que el hermano Roger ha sido en medio de nosotros.
En la mañana
del 17 de agosto fue pronunciada la siguiente oración en la iglesia:
«Tú, Cristo de
compasión, nos concedes estar en comunión con quienes nos han precedido, y que
pueden permanecer muy cerca de nosotros. Ponemos en tus manos a nuestro hermano
Roger. Él ya está contemplando lo invisible. Tras él, tú nos preparas para
acoger un resplandor de tu claridad.»
Su cuerpo
se expuso en la iglesia de Taizé cada tarde, para que todos los que quieran
puedan estar en recogimiento cerca de él.
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Hace ocho años, el hermano
Roger había designado al hermano Alois Löser para sucederle, tras su muerte,
como responsable de la comunidad. El hermano Alois, católico alemán de 51 años
de edad, estaba en Colonia, participando en las Jornadas Mundiales de la
Juventud y asumió enseguida su ministerio de servidor de la comunión en el
corazón de la comunidad.
Con
emoción, el papa Benedicto XVI pronunció este miércoles 17 agosto 2005, al final
de la audiencia general, unas palabras espontáneas para manifestar su dolor por
el asesinato del hermano Roger Schutz,:
He
recibido esta mañana una noticia muy triste, dramática. Durante las vísperas de
ayer por la tarde, el querido Frère Roger Schutz, fundador de la Comunidad de
Taizé, fue acuchillado y asesinado, probablemente por una desequilibrada. Esta
noticia me ha afectado todavía más porque precisamente ayer recibí una carta de
Frère Roger muy conmovedora, muy cariñosa. En ella, escribe que en el fondo de
su corazón quiere decirme que «estamos en comunión con usted y con los que se
han reunido en Colonia». Después escribe que, a causa de sus condiciones de
salud, por desgracia no había podido venir personalmente a Colonia, pero que
habría estado presente espiritualmente junto a sus hermanos. Al final, me
escribe en esta carta que tiene el deseo de venir cuanto antes a Roma para
encontrarse conmigo y para decirme que «nuestra Comunidad de Taizé quiere
caminar en comunión con el Santo Padre». Después escribe de puño y letra. «Santo
Padre, le aseguro mis sentimientos de profunda comunión. Frère Roger de Taizé».
El
cardenal Joseph Ratzinger conocía desde hace tiempo a Frère Roger. En las
exequias de Juan Pablo II, el decano del Colegio cardenalicio sorprendió al
mundo entero al acercarse a darle la comunión, pues se encontraba en silla de
ruedas.
Continuó
el papa: En este momento de tristeza, sólo podemos encomendar a la bondad del
Señor el alma de este fiel servidor suyo. Sabemos que de la tristeza, como
acabamos de escuchar ahora en el Salmo, renacerá la alegría. Frère Schutz está
en las manos de la bondad eterna, del amor eterno, ha llegado a la alegría
eterna. Nos invita y exhorta a ser fieles trabajadores en la Viña del Señor,
también en situaciones tristes, seguros de que el Señor nos acompaña y nos da su
alegría.
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El cardenal Joachim Meisner,
arzobispo de Colonia, se recogió en oración este miércoles 18 de agosto con los
jóvenes de Taizé para recordar al hermano Roger Schutz.
La noticia del asesinato del
fundador de la comunidad ecuménica por parte de una mujer, probablemente
desequilibrada, ha constituido un auténtico golpe psicológico para los más de
400.000 jóvenes que participaban este miércoles en las catequesis y misas con
los obispos.
El secretario general de la
organización de las Jornadas Mundiales de Colonia, Heiner Koch, ha informado a
los periodistas a mediodía que Benedicto XVI ha expresado el deseo de poder
conmemorar en Colonia al hermano Roger.
El recuerdo en la oración del
cardenal Meisner por el hermano Roger tuvo lugar en la iglesia de Santa Inés,
que acoge en Colonia tres veces al día la oración de esta comunidad.
El cardenal Meisner se
arrodilló durante un largo rato en el centro de la Iglesia, en medio del
silencio y las velas de muchos jóvenes, que de rodillas entonaban los conocidos
cantos de Taizé. Al final, se dirigió en procesión a firmar el libro de pésame
colocado junto a una foto del hermano Roger. «Has pasado a través de la muerte y
del tránsito de un mundo al otro --escribió el cardenal en alemán--. Ahora,
hermano Roger, estás en buenas manos, y puedes imponer las tuyas desde lo alto
sobre todos los jóvenes»
Por todo
el mundo comienza a extenderse la noticia, por televisión, mensajes de móviles,
Internet y correos electrónicos.
La
Acogida de Taizé en Madrid convoca a una oración diciendo:
Estamos
seguros de que el Hermano Roger nos diría hoy: "¡No estéis tristes! Tened fe y
esperanza en Jesucristo" Por todo esto, os convocamos mañana jueves 18 de agosto
a una oración celebrativa de la vida del Hermano Roger. Queremos que sea una
verdadera CELEBRACIÓN en la que podamos dar gracias por la vida del Hermano
Roger. También queremos que sea una profunda ORACIÓN con la que unirnos a la
Comunidad de Taizé y a todos los que nos sentimos partícipes de su espíritu.
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Dos obispos españoles viajan a
Taizé para estar presentes en los funerales por el Hermano Roger. Mons. José
Vilaplana Blasco, Obispo de Santander y Presidente de la Comisión
Episcopal del Clero de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y Mons.
Joan Enric Vives, Obispo de Urgell y Presidente de la Comisión Episcopal de
Seminarios y Universidades viajarán a Francia para estar presentes en el funeral
por el Hermano Roger. Mons. Vilaplana y Mons. Vives representarán a la
Conferencia Episcopal Española y concelebrarán en una ceremonia que estará
presidida por el Cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para
la Unidad de los Cristianos, enviado expresamente para la ocasión por el Santo
Padre Benedicto XVI.
Mons. Ricardo Blázquez ha
enviado una carta de condolencia a la Comunidad de Taizé, en nombre de todos los
Obispos de la Conferencia Episcopal Española:
Hermano Alois Löser, prior de
la Comunidad de Taizé. Querido Hermano:
En nombre de todos los miembros
de la Conferencia Episcopal Española le transmito nuestra sentida condolencia
por la trágica muerte del Hermano Roger Schutz. Elevamos a Dios nuestra oración
por su eterno descanso. Le rogamos que haga llegar nuestra cercanía, de forma
muy especial en estos momentos, a todos los hermanos de la Comunidad de Taizé, a
la que el Hermano Roger dedicó su vida y que se ha
convertido en un símbolo del espíritu ecuménico y de la juventud del Evangelio.
Con mi afectuoso saludo:
Ricardo Blázquez Pérez, Obispo de Bilbao, Presidente de la Conferencia Episcopal
Española
Unas doce
mil personas de todo el mundo asisten a las exequias del hermano Roger, el
martes 23 de agosto de 2005.
El
hermano Alois dice:
En nombre
de la Comunidad de Taizé, quiero agradecerles su presencia y su apoyo a la hora
de despedirnos de nuestro hermano Roger. Gracias a los representantes de las
Iglesias ortodoxa, católica, protestante y anglicana. Gracias a los que
representan a las autoridades civiles de Alemania, Francia, Rumanía y otros
países.
Quisiera
expresar nuestro profundo afecto a Geneviève, la querida hermana del hermano
Roger, a su familia, a aquellos para los que ha sido madre y abuela.
El
hermano Roger desbrozó un camino y nos guió por él con una energía y un valor
excepcionales. Ciertas convicciones íntimas lo llevaron a seguir por ese camino
infatigablemente. Permítanme que hoy les recuerde dos de ellas. Con frecuencia,
el Hermano Roger repetía estas palabras: «Dios está unido a cada ser humano, sin
excepción». Esta confianza fue y será el vehículo de la vocación ecuménica de
nuestra pequeña comunidad. Con toda la Iglesia, queremos creer en esta realidad
y hacemos todo lo posible para expresarla con nuestra vida. El corazón del
hermano Roger albergaba a todos los seres humanos, de todas las naciones, sobre
todo a los jóvenes y a los niños. Queremos seguir sus pasos.
La
segunda convicción es que el hermano Roger volvía una y otra voz a un valor del
Evangelio, la bondad de corazón. No son palabras vacías, sino una fuerza capaz
de transformar al mundo porque, gracias a ella, Dios realiza su obra. Ante el
mal, la bondad de corazón es una realidad vulnerable. Sin embargo, la vida que
dio el hermano Roger es una promesa de que la paz de Dios tendrá la última
palabra para todas y cada una de las personas sobre la faz de la tierra.
Al
Hermano Roger no le gustaba que se pronunciaran muchas palabras en las Iglesias,
así que me gustaría concluir con una oración:
Dios de
bondad, confiamos a tu misericordia a Luminita Solcan quien, en un acto
enfermizo, puso fin a la vida de nuestro hermano Roger. Unidos a Cristo en la
cruz te decimos: Padre, perdónala, porque no sabe lo que ha hecho.
Espíritu
Santo, te pedimos por el pueblo de Rumanía y por los jóvenes rumanos tan
queridos en Taizé.
Tú, el
Cristo de compasión, nos concedes estar en comunión con los que nos precedieron
y que pueden seguir junto a nosotros. Ponemos en tus manos a nuestro hermano
Roger. Ya contempla lo invisible. Siguiendo sus pasos, nos preparas para acoger
un resplandor de tu claridad.
Ahora,
vamos a entonar un canto. A continuación, hablará el cardenal Kasper, Presidente
del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, y celebrará la
Eucaristía, junto a los hermanos sacerdotes de Taizé.
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La ceremonia ecuménica fue
presidida por el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para
la Promoción de la Unidad de los Cristianos, quien celebró la eucaristía junto a
cuatro sacerdotes que pertenecen a esta comunidad, y leyó un mensaje de
Benedicto XVI.
En el texto, transmitido por el
cardenal Angelo Sodano, el pontífice constata que en Taizé numerosas
generaciones de cristianos, respetando sus propias confesiones, han realizado
«una auténtica experiencia de fe, en el encuentro con Cristo, gracias a la
oración y al amor fraterno».
Por su parte, el cardenal
Kasper constató en el mensaje de saludo que dirigió al inicio que «más que un
guía o un maestro espiritual, el hermano Roger ha sido para muchos como un
padre, como un reflejo del Padre eterno y de la universalidad de su amor».
Homilía:
Eminencias, Excelencias,
queridos hermanos de la Comunidad de Taizé, hermanos y hermanas.
Estamos bajo la impresión
provocada por el fallecimiento del Hermano Roger, uno de los grandes líderes
espirituales y uno de los padres espirituales de nuestro tiempo. No obstante, al
mismo tiempo, nuestro dolor se transforma en esperanza.
El abandono ante la voluntad de
Dios y el humilde don de sí se habían convertido en el Hermano Roger en una
fuente de paz interior, esperanza e, incluso, felicidad. ¿Quién podría haberse
imaginado que este humilde don de sí acabaría un día en semejantes
circunstancias? Y, sin embargo, incluso en estos momentos y con mayor motivo si
cabe, podemos recordar las palabras que al Hermano Roger le encantaba repetir:
«Tú que nos amas; tu misericordia y tu presencia hacen que nazca en nosotros la
luz de la alabanza».
Gracias al testimonio de sus
amigos y siervos, Dios no deja de guiar a su Iglesia ni de prepararle un futuro.
Con su presencia, sus palabras y su ejemplo, el Hermano Roger hacía que el amor
y la esperanza brillaran a su alrededor, más allá de las barreras y divisiones
de este mundo. Hombre de comunión, alimentaba en su corazón y en su oración un
profundo deseo de reconciliación y encuentro. Con los Hermanos de la Comunidad
de Taizé, quería plantar un fermento de unidad en la Iglesia y el mundo.
La primera escisión que dolía
al Hermano Roger era la de la división entre cristianos. Desde su juventud, se
unió a la oración de Cristo de «que todos sean una sola cosa, como tú, Padre,
estás en mí y yo en ti» (Juan 17, 21). Quería vivir la fe de una Iglesia sin
divisiones, sin romper con nadie, dentro de una gran fraternidad. Creía, sobre
todo, en el ecumenismo de la santidad, la que cambia lo más profundo del alma y
que, por sí sola, lleva hacia la comunión plena. Sí, la primavera del ecumenismo
floreció en una colina de Taizé, en esta Iglesia de la Reconciliación, en la que
miembros de distintas tradiciones cristianas se reúnen en un marco de respeto y
diálogo, en oración y compartiendo como hermanos, inspirados por la presencia y
el ejemplo del Hermano Roger.
La segunda escisión que dolía
al Hermano Roger era la división entre pueblos y naciones, entre países ricos y
países pobres. Toda forma de injusticia y abandono lo entristecían
profundamente. Quería que algunos Hermanos de la comunidad se fueran a vivir a
otros países con los más pobres de entre los pobres, en pequeños grupos, como un
símbolo sencillo de amor y comunión. Sentía especial aprecio por esta sencilla
forma de testimonio, como una profecía en miniatura del Reino de Dios, como una
semilla de amistad y reconciliación en un mundo plagado por la indiferencia.
Para el Hermano Roger, había una continuidad completa entre el amor de Dios y el
amor de los seres humanos, entre la oración y el compromiso, entre la acción y
la contemplación.
El Hermano Roger era
contemplativo, un hombre de oración, al que el Señor había llamado al silencio y
la soledad de la vida monástica. Sin embargo, quería abrir el corazón de los
monjes y de la Comunidad de Taizé a los jóvenes de todo el mundo, a su búsqueda
y su esperanza, a su alegría y su sufrimiento, a sus caminos de fe y de vida.
Éstas son las últimas líneas de su último libro, publicado hace un mes: «Por mi
parte, llegaría hasta los confines de la tierra, si pudiera, para repetir una y
otra vez que confío en las generaciones más jóvenes». Más allá de ser un guía o
un padre espiritual, el Hermano Roger fue, para muchos, un padre, un reflejo del
Padre eterno y de la universalidad de su amor.
No estamos aquí reunidos para
contar la historia de una vida, sino para alabar a Dios y orar. Agradecidos por
todo lo que la Iglesia de Cristo y la humanidad han recibido de la vida del
Hermano Roger y de su testimonio, hoy lo confiamos al amor eterno de Dios.
Señor, permite que tu siervo
vea «los cielos abiertos y a Jesús de pie a la derecha de Dios» (Hechos 7, 55),
el Jesús al que tanto amó y buscó durante toda su vida. Permítele, en el
Espíritu Santo, que entre en la comunión de los santos y en la liturgia perfecta
del Cielo, la comunión en Dios en la que tanto deseaba vivir, entonar cantos y
orar todos los días. Permítele contemplar el rostro del Padre eterno en toda su
belleza, el rostro en el que toda mirada de amor se ve materializada y sobre la
que brilla la vida eterna. Concédenos la gracia de continuar, según su ejemplo y
con esperanza, en el camino de la reconciliación, la comunión y la paz, como
anticipo de tu Reino eterno.
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Personalidades presentes en la ceremonia:
Monseñor
Fortunato Baldelli, nuncio apostólico en Francia; el pastor Arnold de Clermont,
presidente de la Federación Protestante de Francia y Presidente de la
Conferencia de las Iglesias europeas; Dña. Geneviève Jacques, Secretaria General
en funciones del Consejo Ecuménico de las Iglesias; el cardenal Philippe
Barbarin, arzobispo de Lyon; Monseñor Jean-Pierre Ricard, presidente de la
Conferencia Episcopal Francesa; obispos católicos de numerosos países; el
arcipreste Mikhail Gundiaev, representante del patriarcado ortodoxo de Moscú; el
Dr. Nigel McCulloch, representante del arzobispo de Canterbury, primado de la
Iglesia Anglicana; los representantes del patriarcado ortodoxo de Rumanía; de
Iglesia episcopaliana de los Estados Unidos, de la Iglesia Evangélica de Suiza,
de Alemania, de la Iglesia Reformada y de otras confesiones cristianas.
Entre los
representantes de las autoridades políticas se encontraban el presidente alemán
Horst Köhler; el ministro del interior francés Nicolas Sarkozy; y D. Adrian
Lameni, secretario de estado para los cultos de Rumanía, portador de un mensaje
de su primer ministro.
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Después de la celebración, los
hermanos acompañaron al cadáver del hermano Roger al pequeño cementerio de
Taizé, donde fue inhumado en la intimidad, junto a la tumba de su madre y de
otros hermanos de la Comunidad ecuménica de Taizé.
Oraciones por
h. Roger:
S.Redentor
(18-Ag)
y
SªMªM.Iglesia
(16-Sp)
Pincha
aquí ver el vídeo de la ceremonia en
diferido.
Presentación Power Point
In Memoriam Roger (¡2 MB!)
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En diciembre
de 2007 Luminita Solcan ha sido declarada enajenada mental
por el Tribunal de
Macón que juzgaba la muerte del hermano Roger y ha ordenado su ingreso en un
psiquiátrico. Más
información. |
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