PUNTO.
Esto
es un punto.
No
lo es.
Es
sólo una mancha de tinta o un destello de fósforo
en la pantalla de un ordenador.
Yo
no puedo crear un punto.
Dependo
de ti para que el punto exista. Todas estas letras no existen. Sólo
existen porque existes tú. Son como el árbol de Berkeley
y tú eres Dios.
Si
nadie lo mira, este weblog no existe.
Date
la vuelta.
¿Lo
has hecho?
Cierra
los ojos.
El
weblog desapareció.
Tú
lo has vuelto a crear al mirar de nuevo.
Pero
el weblog no está en la pantalla del ordenador, ni en las
líneas telefónicas, ni siquiera en ese papel que tal
vez hayas impreso para duplicar, en vano, su existencia inexistente.
Sólo
existe en ti.
Dentro
de tu cerebro en el momento en que lo miras.
Todo
el sentido del universo es sólo software. Y el software no
existe.
El
hardware tampoco existe para el conocimiento.
Los
modernos físicos cuánticos nos dicen que el observador
modifica lo observado.
¿Y
quién observa al observador?
El
observador se observa a sí mismo y a sí mismo se crea
a través de su propia observación.
Si
no observara, tampoco existiría.
El
observador sólo existe en tanto que observa.
Tú
sólo existes cuando observas.
Si
no observas, si no percibes, eres sólo vacío.
Pero
puedes existir si observas que no observas, si percibes que no percibes.
En tu tatami zen observando el vacío sigues existiendo.
La
observación te crea.
Existes
porque existe este punto.