Por Shikry Gama, 02 de mayo de1989
1.-Cuando los humanos tratamos de analizar el destino de nuestra existencia, solemos simbolizar ese destino como una nave, que partiendo de un punto, se desplaza, en el espacio y en el tiempo, hacia un destino final, como meta de realización. Ese viaje lo iniciamos a través de la existencia corporal desde nuestro nacimiento, detrás de afanes, inquietudes, búsquedas y metas, que nos conduzca finalmente -antes o con la muerte- a aquel destino que nos hemos trazado.
1.1.-Como toda nave en viaje, encontrará obstáculos, tormentas, peligros e incertidumbres. Para superar todos esos imponderables necesitará de un buen piloto, capaz de controlar la nave en cualquiera de las situaciones que la naturaleza le depare.
1.2.-Un buen piloto sabrá cómo y cuándo controlar la nave en cualquier contingencia. Aminorando, acelerando o deteniendo la marcha, según convenga para sortear las dificultades, hasta llegar a su destino final.
2.-Así, los humanos hemos descubierto que en nuestra existencia tenemos que ser buenos pilotos de nuestra propia vida.
2.1.-Hemos comprendido que si no controlamos el timón de nuestras vidas, corremos el riesgo de experimentar multitud de vicisitudes, adversidades y tribulaciones.
2.2.-El control es la clave para hacer de nuestra vida aquello que nos proponemos. Para controlar nuestra vida necesitamos conocernos muy bien. Necesitamos conocer también el rumbo de nuestras actividades de vida y el entorno por donde nos desplazaremos. Porque sin estos conocimientos previos, no sabremos por dónde conducirnos ni cómo evitar los peligros que la vida nos depara.
3.-A esa capacidad de controlar nuestra vida, habremos de llamarla: El don de la controlaridad. Este don consiste en tener: La voluntad y la capacidad de controlar nuestros instintos, sentimientos, emociones y reacciones.
3.1.-El "Don de la Controlaridad" es la clave de las relaciones humanas. De ella depende que logremos la armonía en nuestra convivencia familiar, social como laboral y del éxito que alcancemos en nuestras metas de vida.
3.2.-Para desarrollar ese don, es necesario que asumamos una permanente actitud critica de nuestra conducta diaria.
3.2.1.-Que vigilemos permanentemente nuestras emociones, sentimientos y resentimientos, reprimiendo toda reacción que pudiera provocar consecuencias adversas.
3.2.2.-Que aprendamos a elegir con sensatez las formas de expresión que debemos establecer en nuestras interrelaciones personales.
3.2.3.-Que aprendamos a seleccionar nuestras actividades, amistades y objetivos que nos proponemos lograr. Muchas veces tendremos que reprimir nuestras reacciones emocionales, como también habrá situaciones en las que deberemos precipitar los acontecimientos necesarios para la realización de nuestras metas.
3.2.4.-Que aprendamos a controlar nuestros instintos naturales, para no esclavizarnos en la satisfacción de los placeres de la carne ni del espíritu.
3.2.5.-Que aprendamos a discernir para saber cuándo decir SÍ, y cuándo decir NO. Porque cuando se admite lo que deberíamos rechazar o cuando se rechaza lo que deberíamos admitir, provocamos confusiones y conflictos en nuestras interacciones.
3.2.6.-Que aprendamos a inferir qué es lo que nos conviene y qué no nos conviene. Debemos reconocer nuestras flaquezas humanas y no caer en el insensato error de creer que a nosotros no nos sucederá lo que a los demás.
4.-La emocionalidad suele hacernos reaccionar por cualquier estimulo externo o por cualquier vivencia familiar. Muchas veces reaccionamos con vehemencia e impulsividad y exteriorizamos nuestras simpatías o antipatías sin reflexionar ni prever las consecuencias de nuestras opiniones y actitudes, y cometemos desatinos, imprudencias, impertinencias y ofensas, que inevitablemente producirán toda clase de tribulaciones.
4.1.-Controlar nuestras reacciones emocionales es un arte difícil de ejercitar pero, en la medida en que aprendamos a hacerlo, haremos de nuestra vida un mundo de realizaciones y logros permanentes.
4.1.1.-Debemos aprender a controlar nuestros gestos, los tonos de voz; las palabras que elegimos; las miradas y las reacciones emocionales que expresamos.
4.1.2.-Debemos controlar nuestra lengua para hablar sólo cuando es indispensable hablar, y callar cuando hay que callar para no caer en infidencias o indiscreciones.
4.1.3.-Debemos controlar lo que deseamos decir, para sólo decir lo que debemos y no lo contrario. Porque quienes no tienen control, hablan cuando debían callar y callan cuando debían hablar.
5.-Debemos aprender a controlar nuestros impulsos. Saber qué cosas podemos hacer. Y qué cosas ni siquiera intentar hacer.
5.1.- Controlar nuestros deseos y temores para tomar las decisiones correctas que nos permitan vencer los obstáculos, resolver las situaciones problemáticas y superar la anorexia y la pusilanimidad que frustra nuestras vidas, hasta encontrar las motivaciones que nos den la razón de ser, de existir y de hacer todas aquellas cosas que anhelamos, despojándonos de nuestras angustias y temores.
6.-Controlar nuestras reacciones emocionales es una aspiración que permanentemente debe impulsar nuestra voluntad de cambio para desarrollar el don de la controlaridad, porque quienes seamos capaces de esta actitud mental, podremos manejar nuestras vidas y conducir nuestros destinos hacia las metas que aspiramos lograr.
7.-Cuando no tenemos el conocimiento de lo que es correcto frente a lo incorrecto; de lo que es la realidad, diferenciándolo de lo que sólo son idealismos utópicos, no podremos evitar ser víctimas del error, de las equivocaciones y de los fracasos, cayendo en la anarquía de los valores, tan comunes en nuestra sociedad.
8.-El humano ha perdido el control de su destino. Ha perdido la objetividad de sus metas. Ha perdido el conocimiento recto de los valores y virtudes que debería practicar para lograr sus aspiraciones. Muchos ni siquiera saben lo que quieren de la vida, ni a qué quieren dedicar sus vidas.
8.1.- El desorden, la anarquía y el caos social tienen a nuestro mundo convulso y agónico en todos los estratos existenciales.
Por eso os invoco a la reflexión, para desarrollar este Don de la Controlaridad. Meditemos sobre estas realidades y no olvidemos jamás que nuestro destino depende del control que tengamos de nosotros mismos, porque sólo somos lo que hacemos y no lo que aparentamos ser.