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¿Quién no recuerda los años de colegio? Esos días en los que a
escondidas mirábamos a aquella chica que nos parecía diferente a las
demás, aquella que cuando sonreía nos parecía que lo hacía sólo para
nosotros. Y sin pedir permiso se acomodó dentro de nuestra cabeza para no
volver a salir de allí ni de noche ni de día. Aquella chica a la que no
volvimos a ver desde entonces a pesar de que nunca la olvidamos.
Esta historia no pretende ser otra cosa
que un cuento, un pequeño cuento que trata de una historia de amor
durante los años 50 en una pequeña buhardilla de Montmartre
y que habla de la parte dulce y amarga del amor y de una ciudad que he
intentado se reconozca no por sus más conocidos edificios sino por los
detalles que en realidad
hacen la ciudad, los tejados de zinq llenos de rojas chimeneas de
cerámica, las escaleras de Montmartre, calles estrechas y sombrías, una
canción de Edith Piaf o los bouquinistes a la orilla del Sena.
RESUMEN
Marcos no ha cambiado demasiado en estos
últimos años.
Instalado en una buhardilla Parisina del barrio de Montmartre se dedica a
escribir y se gana la
vida como puede.
Han transcurrido tres meses desde que Marcos acude por error a una
cita un día antes de lo debido y se encuentra con Gloria, su amor no
consumado de juventud. Después de una noche de pasión Gloria desaparece
sin dejar rastro.
Su fuga solo intenta esconder a los ojos de Marcos lo que ella hace para
ganarse la vida. Marcos apenas ha cambiado desde los días de colegio,
ella sin embargo se ha convertido en una prostituta. El día del reencuentro
con Marcos se hallaba esperando a un cliente que nunca apareció y huir
después de la noche pasada junto a Marcos es su única posibilidad a no
ser que se atreva a confesarse a Marcos.
Después de tres meses sin noticias y con las esperanza de un reencuentro
ya perdida recibe una
inesperada llamada telefónica. Al otro lado de la línea esta ella,
Gloria. Y Marcos no va a dejar pasar esta
segunda oportunidad.
Los verdaderos motivos de la huida de Gloria no van a facilitar su nueva
vida con Marcos. Y aunque París es una gran ciudad ella nunca olvida que
en cualquier momento puede cruzarse en la calle con alguien que le
recuerde quien es.
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