PLANETASEXTRASOLARES
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Laseñal de Leo La señal era clara. Alprincipio parecía demasiado clara. No obstante, Leo creía haber hecho todaslas correcciones oportunas. Sabía muy bien cuáles eran los pasos que debíaseguir. No en vano ya los había seguido muchas veces, aunque nunca habíallegado a alcanzar los resultados que buscaba. Esta vez, sin embargo, todoparecía diferente. Había soñado muchasveces con este momento. Entre sus colegas había dos bandos, como casi siempresuele ocurrir cuando se desarrollan actividades científicas con pocasprobabilidades de éxito. Un bando era mucho más numeroso que el otro. Muchoscolegas ya habían realizado búsquedas similares en todas las áreas del cielosin obtener nada tangible. Pero ahora era distinto. Creía firmemente en ello.Podía decirse, aunque no era creyente, que tenía fe en lo que trabajaba. Durante mucho tiempo, labúsqueda de señales procedentes de otras civilizaciones tenía pocasprobabilidades de éxito. Prácticamente nulas. Sin embargo, el descubrimientode planetas girando alrededor de diferentes estrellas hizo variar los métodosde trabajo. Pocos siglos atrás, antes de que se descubrieran estos planetas, laprobabilidad de encontrar una señal interesante eran mínimas. Ahora, sinembargo, se podía limitar el campo de exploración. Ya no hacía falta explorartodo el cielo. La limitación a estrellas con sistemas planetarios ofrecía unaposibilidad nueva en la investigación sobre inteligencia alienígena. Alguienllamó a la puerta: - Venga, Leo, ¿no piensas acabar hoy? Tenemos que marcharnos.- Sí, ya voy. No quería adelantarnada hasta que no hubiese comprobado los resultados una y otra vez. No queríaofrecer conclusiones precipitadas, como muchos otros habían hecho antes.Empezó a pensar en las consecuencias de su descubrimiento. Pero antes debíareducir todo el ruido posible de la señal. De nuevo tomó la señal original,sin filtrar, y recomenzó el análisis. Primero eliminó los efectos debidos ala rotación planetaria. Luego fue eliminando el ruido procedente de lossistemas de telecomunicaciones. Lo que quedaba era alienígena. Y desde luego,no concebía de ninguna manera que se hubiese generado de forma natural. Además, y esto es loque era verdaderamente delatador, procedía de una estrella mediana, como lasuya propia, alrededor de la cual se había descubierto un sistema planetariocon cuatro planetas. Todavía no se habían obtenido imágenes detalladas deestos planetas, que parecían demasiado pequeños y poco brillantes, pero eraobvio que estaban ahí. Los estudios espectrales del sistema mostraban líneasde hidrógeno, metano y otras sustancias que difícilmente podían existir enlas condiciones presentes en la estrella. Durante mucho tiempo,Leo no había obtenido prácticamente ningún resultado positivo en subúsqueda. Luego vio por qué había ocurrido. El avance en los sistemas deanálisis de datos hacía que, debido a la elevada velocidad de cálculo, lossistemas informáticos perdieran algunos detalles mínimos. Pero cuando Leodepuró las máquinas de análisis de señales todo cambió. La suma depequeños detalles le había ofrecido quizá el descubrimiento más importantepara su civilización. Debía planificar cómo contarlo. Aún no había obtenidotodos los detalles de la señal. Para ello debía utilizar uno de los equiposmás potentes del centro de cálculo. Así pues, debería revelar sudescubrimiento antes de haber procesado toda la señal. Las primeras líneasofrecidas por la señal parecían algo así como un método para contar, o algoparecido. Evidentemente las matemáticas eran el único lenguaje que podíaservir como hilo comunicador entre dos civilizaciones. Pero sabía poco más.Así pues, se dispuso a revelar lo que sabía al director del centro decálculo. Esperaría a la mañana siguiente. - Dígale a Leo que pase.- Bien, Sr. Director. Leo, ya puede usted entrar. - Gracias. El despacho de lapersona encargada de llevar las riendas del centro de cálculo era sobrio. Nohabía grandes contrastes. Le llamó la atención a Leo, sin embargo, lapresencia de numerosas obras de arte en las paredes. - Bien, Leo, espero que lo que tienes que contarme sea tanimportante como dices.- Creo que así es. He estado analizando señales procedentesde algunos sistemas planetarios y creo haber encontrado una señal de origenartificial. - ¿Quieres decir una señal inteligente, alienígena? - Así es. Las pautas matemáticas que permanecen traseliminar todos los ruidos posibles de nuestro planeta así lo indican. Pero aúnno he realizado el análisis completo. Necesito utilizar el ordenador centraldel centro de cálculo para depurar toda la señal en un tiempo reducido. Si no,tardaré meses en obtener resultados definitivos. El interlocutor de Leono podía abrir la boca. Sabía que Leo era una persona muy meticulosa. Sidecía que había encontrado algo, estaba seguro de que era así. Sin embargo,la noticia lo desconcertó. Pese a que desde hace mucho tiempo se rastreaba elcielo utilizando ondas de radio, las posibilidades de éxito eran mínimas.Primero, había que apuntar en la dirección adecuada. Y luego, había quedepurar convenientemente la señal, que aparecería desplazada en lasfrecuencias debido al movimiento relativo entre la fuente y el observador. Porello había que barrer continuamente un intervalo de frecuencias alrededor de laposible frecuencia empleada en la llamada. - Bien, Leo. La verdad es que no sé qué decir. Por supuestoconfío en lo que dices, pero me sorprende mucho. No porque crea que realmenteestamos solos en este universo, sino por lo difícil que es sincronizar lasfrecuencias de escucha con las de emisión.- Sí, yo también lo sé. Pero el hecho de que la señalproceda de un sistema planetario creo que asegura bastante el origen artificial de laseñal. - ¿A qué distancia se encuentra la fuente? - La señal ha tardado más de 250 años en llegar hastanosotros. - Está bien, convocaré una reunión especial y esta tardeutilizaremos el ordenador central para analizar completamente la señal. ¿Creesque con esta tarde será suficiente? - Creo que sí, aunque luego habrá que realizar observacionesindependientes para confirmar todos los datos. - Ve a preparar todo lo que necesites. Te veo luego. Adiós. - Adiós, y muchas gracias por su confianza. Leo creía que nopodría esperar varias horas. El corazón se le salía del pecho. Esta tardeocurriría un acontecimiento que cambiaría por completo la forma de pensar detodos los habitantes del planeta. Se dirigió a su departamento, avisó aalgunos de sus colaboradores y les explicó a grandes rasgos los datosobtenidos. Les pidió también que asistieran a la reunión de la tarde. Por fin llegó la horade la verdad. Todos los asistentes esperaban ansiosos la intervención de Leo,que se dispuso a presentar el problema. Mientras lo hacía, su cabeza no dejabade pensar en el contenido de la señal. ¿Mostraría algo sobre la biología delos supuestos alienígenas? ¿Tendrían un aspecto parecido al suyo? ¿Habríaevolucionado la vida en una dirección completamente diferente a la que suespecie habría sufrido? ¿Sería una civilización científica ytecnológicamente más avanzada que la suya? Pronto lo sabría. Una vez acabada lapresentación, el análisis final comenzó. Poco a poco fueron apareciendo en lapantalla los primeros datos recuperados por Leo. Luego, todos se quedaronboquiabiertos ante lo que mostraban las pantallas: ©David Sánchez Gómez, 2000 |