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Gobierno,
patronal y los dirigentes de CCOO y UGT acuerdan una
nueva contrarreforma laboral y de las pensiones
Las agresiones que se nos vienen encima
En esencia, estos son los principales retrocesos en
derechos laborales que se acuerdan:
-Un abaratamiento generalizado del despido, al extender
el contrato indefinido de despido barato (de 33 días
por 24 mensualidades, en lugar de los 45 días
por 42 mensualidades del ordinario) a todos los contratos
temporales que se conviertan en indefinidos sin restricciones
de edad o género. Para calibrar el alcance de
esta medida hay que tener en cuenta que el 90% de los
contratos que se firman son temporales y que sólo
el año pasado 700.000 contratos temporales pasaron
a fijos.
-Una nueva rebaja multimillonaria de cotizaciones sociales
a la patronal, es decir, del salario indirecto que
por cuenta de los trabajadores pagan los patronos y
que luego sirven para financiar las pensiones, el desempleo,
el Fondo de Garantía Salarial en caso de insolvencia
empresarial… En concreto, se ampliarán
de dos a cuatro años las bonificaciones al contrato
de fomento de empleo, se les rebajarán en un
17% la cotización al desempleo y en un 50% las
aportaciones al Fondo de Garantía Salarial.
Vaciando la caja de esa forma, en línea con
lo que vienen haciendo desde hace años, justificarán
después que no haya dinero para las pensiones,
el desempleo o para indemnizaciones por despido, por
lo que hay que recortarlas.
-Seguirá la contratación temporal abusiva
puesto que para forzar a los empresarios a que un contrato
eventual se convierta en indefinido hará falta
demostrar haber trabajado dos años en el mismo
puesto durante un período de tres (no en la
misma empresa o en una subcontrata…). Si tenemos
en cuenta además que, como reconocen estadísticas
oficiales y sindicales, más de la mitad de los
contratos temporales son en fraude de ley por la propia
indefensión del trabajador, esta supuesta ¡limitación
a la contratación temporal! sólo va a
servir para seguir dando cobertura legal a la precariedad
laboral sin tocar las principales fuentes de que se
nutre: las subcontratas y los contratos de obra y servicio
y eventual por circunstancias de la producción.
Las pensiones públicas también
reciben una nueva andanada
-Se excluirá a una parte de los trabajadores del derecho
a cobrar la pensión mínima ya que las pagas
extras dejarán de considerarse como tiempo cotizado,
de forma que los 12’5 años reales de cotización
que ahora dan derecho a cobrar la pensión mínima
pasarán a ser quince.
-Se producirá una rebaja generalizada de las pensiones
puesto que pretenden disminuir el porcentaje de la pensión
a cobrar según el tiempo cotizado: ahora es del 50%
con 15 años cotizados, 65% con 20 años, 80%
con 25 años y 100% con 35 años. También
el porcentaje a cobrar bajará como resultado de dejar
de ser computadas las pagas extras como tiempo cotizado.
-Se endurecerán los requisitos para acceder a la jubilación
parcial anticipada, retrasando a los 61 años la posibilidad
de la jubilación parcial, elevando el horario mínimo
de trabajo que ahora es del 15%, subiendo los años
cotizados exigidos y estableciendo una antigüedad mínima
en la empresa para poder acogerse.
-Se estimulará el retraso en la edad de jubilación
más allá de los 65 años, de momento
a través de nuevas rebajas de cotizaciones patronales
y de imponer pensiones cada vez más miserables.
-Se cuestionarán y rebajarán las pensiones
de viudedad.
-Se seguirán potenciando las pensiones privadas, como
consecuencia de rebajar las pensiones públicas y de
facilitar los planes de pensiones en la negociación
colectiva, que tan jugosos beneficios proporcionan a los
aparatos sindicales firmantes.
Es posible frenarlos: Francia, un ejemplo a seguir
El cuento de nunca acabar: después de una contrarreforma
laboral siempre viene otra. A eso conduce la política
entreguista de unos dirigentes sindicales completamente ajenos
a los intereses reales de la clase trabajadora y de la juventud,
plegados a una patronal y a un gobierno que los recompensa
con prebendas materiales de todo tipo (subvenciones, liberados,
gestión de fondos de pensiones…). Servilismo
que contrasta con la revuelta social francesa, desatada por
menos de lo que aquí padecemos y de lo que aquí están
dispuestos a firmar.
Es hora de comprometerse firmemente en las iniciativas emprendidas
por la campaña unitaria contra la reforma laboral,
que viene desarrollándose en distintos puntos del
Estado desde hace unos meses. Campaña que debería
orientarse a promover un intenso proceso de asambleas y pronunciamientos
masivos de trabajadores, denunciando este nuevo atropello
y reclamando el derecho a ser consultados. Hay que convertir
también el 1 de mayo en una multitudinaria acción
de repulsa de los acuerdos y de exigencia de retirada de
la firma, en el camino de seguir reagrupando fuerzas por
un verdadero sindicalismo de clase y democrático,
firme y combativo, radicalmente opuesto al incorregible amarillismo
de la corrupta burocracia de CCOO y UGT.
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