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Se escribe siempre para ahuyentar los
terrores de la soledad y de la muerte, y también para dar testimonio,
en medio de la crueldad, de la memoria de los días felices
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Esto escribe mi muy admirado Manuel Vicent en su columna
dominical, por donde siempre comienzo a leer el periódico. Y
es cierto todo ello. Pero yo añadiría que también
se escribe, se pinta, se fotografía
(es igual el medio de
expresión) porque queremos dejar constancia de que todo puede
ser distinto, de que podemos dar un impulso a nuestra realidad y conseguir
un mínimo cambio que, por mínimo que sea, suponga un avance,
un respiro, un talvez
que permita a su vez seguir avanzando, abriendo,
transformando
creando espacios de comunicación y vivencia
en los que todas las personas - y no sólo las de un lado - tengamos
cabida. Al modo de tantas mujeres que, a lo largo de los siglos, siempre
han tendido sus hilos creando redes de entendimiento por encima de diferencias
culturales, religiosas, étnicas o de cualquier otra índole.

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