Hospital para peregrinos
   
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Hospital y capilla de la Señora Santa Ana


Andrés Boreta, francés, originario de Lyon, departamento de Rhonne, ciudad de Feur (hoy Feurs) fundó en La Cuaña de Soto (Santa Ana) un hospital para peregrinos pobres.
Antiguo hospital ahora casa particular
Hay quien afirma que Andrés era un hombre rico que abandonó su país cuando las querellas de los hugonotes y tuvo una vida muy similar a la de San Roque, dejándolo todo para ayudar a los más necesitados. Fue después de hacer el camino de Santiago cuando decidió fundar el hospital.
Dejó escrito en su testamento, hecho en 1590, 6 años antes de su muerte, cómo debía funcionar el hospital, pero este ya estaba en funcionamiento al menos 15 años antes (1575) cuando Aldonza Fernández, natural de Fresmuñón de Conforcos, trabajaba en él y cedió a la institución todo lo que tenía. Andrés no olvidó su gesto y dejó dicho en su testamento que no se la despidiera mientras estuviera viva, que tuviera siempre una habitación allí y que fuera enterrada en el cementerio de Santa Ana.
En este mismo testamento dice tener una bula de los sumos pontífices y gobernadores del Cabildo de San Juan de Letrán de la ciudad de Roma (En aquella época la Basílica de San Pedro del Vaticano todavía se estaba construyendo, la terminaron en 1626).
Pidió ser enterrado en la capilla mayor de la iglesia de la Señora Santa Ana que también fundó a 70 metros al oeste del hospital. Aunque estaba dedicada a Santa Ana también tenía una imagen de San Roque que hoy se conserva en el museo de Soto al igual que diversas partes del retablo que tenía, otra parte está en el altar de la actual iglesia parroquial. En la capilla, que contó con cofradía y hermandad de la Señora de Santa Ana, había una inscripción:

Esta era la capilla de Santa Ana
"Se hizo a costa de Andrés Boreta, francés, y ordena se alberguen los peregrinos y pasajeros, y se les dé luz, lumbre, agua limpia y cama por una noche, y á los enfermos se les asista y mantenga hasta que estén al corriente, a costa de dicho hospital y sus rentas".
Y así era, la única condición para poder hospedarse en el hospital era el ser pobres. Los enfermos tenían derecho a estar allí asistidos gratis durante tres días pasados los cuales se pedían limosnas para poder atenderlos, los peregrinos, por su parte, podían pasar una sola noche. Si se morían estando allí eran enterrados en la ermita. Había un mínimo de tres camas.
En vida Andrés fue, además de fundador, Pior del hospital, prioste (máximo responsable jerárquico de la cofradía por un año) y freru (el que pide limosna para un santo y cuida de su santuario) de la cofradía y hermandad de Santa Ana. A su muerte los patrones del hospital fueron casi siempre los párrocos de Soto. Había un Mayordomo que iba una vez al mes a controlar que estaba todo en orden, su paga era la comida el día que iba. También estaba el casero, que se ocupaba de que todo estuviese limpio y preparado, el ganado atendido y los campos cultivados. Por último había sirvientes que hacían los trabajos.


  Arrendatarios y propietarios

A lo largo de su extensa vida el hospital acumuló fincas rústicas y pecuarias en Soto, Río Mañón de Casomera y otras parroquias cercanas, como la finca "La Corraona", "La cueva" o el prado del "Tíu Perico". En 1813 la casería de Santa Ana se componía de: la casa del hospital con cocina con alcoba, sala, un cuarto y dos vigadas de establo y pajar pegadas a la cocina, había también establos debajo de cocina, sala y cuarto. Tenía antojanas y un hórreo de cuatro pies, dos molinos harineros en una casa en la Barraca, un huerto de hortalizas contiguo al hórreo, y todo el terreno entre la casa y la capilla con diversos árboles.
En 1765 el párroco, Juan Antonio Bances, arrendó a Francisco García la casa y hórreo del hospital así como parte de los terrenos durante 4 años, que seguía teniendo la obligación de albergar a los peregrinos que lo necesitasen.
En 1804 lo arrendó el matrimonio formado por Carlos Montes y Ángela Solís durante 9 años, aunque por problemas económicos 4 meses después pasó a Juan García.
Entre 1813 y 1819 el arrendatario era Francisco García de Soto.
En 1798 salió una ley por la que se debían vender todos los bienes que hubiesen pertenecido a hospitales, hospicios, casas de misericordia, de reclusión y de expósitos, cofradías, memorias, obras pías y patronatos de legos. Por lo que se cree que fue vendida unos años después.
Los compradores serían Melchor y Víctor Díaz Ordóñez, abuelos del conde de San Antolín de Sotillo que cedieron al obispado la capilla y el prado del Tíu Perico. En los 40 del siglo XX lo acabaron comprando los mayordomos de las fincas, Salomé Díaz Campomanes y su marido. Actualmente está repartido entre sus descendientes.
Por su parte el obispado vendió la capilla y el campo del tíu Perico en 1906, el último propietario de la capilla es Maximino Fernández.
Lo que queda hoy día del hospital y la capilla son sólo pocas partes de los edificios (como por ejemplo una tronera bien visible aún en el caso de la capilla), ya que se convirtieron en una casa y un establo respectivamente.

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