D. José Díaz Díaz, Misionero del Sagrado Corazón nacido en Soto en 1919. Estudió bachillerato en la Pequeña Obra (seminario misionero de los M.S.C.) y Filosofía y Teología en el Escolasticado de Logroño para ordenarse poco más tarde sacerdote. Su vocación misionera le llevó a pedir como destino la Misión de Papua-Nueva Guinea convirtiéndose así en el segundo M.S.C. español en dicha Misión (el primero fue el P. Javier Vergés), hasta entonces atendida por misioneros franceses.
En 1951 tomó un barco que le llevaría a Australia en una travesía que duró 2 meses, una vez allí perfeccionó su inglés y francés y dos meses más tarde llegó a su Distrito, el de Mekeo, cuyo centro era Veifa,a. Allí vivían con él otros 3 misioneros, cada uno tenía que ocuparse de 6 poblados.
Nuestro Padre Pin se encontró allí con mucha miseria, enfermedades (el médico pasaba por los poblados cada uno o dos años), un clima difícil de soportar y un pueblo temeroso de los espíritus. Pero él, echando mano de su gran vocación y fe, de su don de lenguas y de su ingenio no se dejó amedrentar por las adversidades y consiguió que los mekeos lo aceptaran a él y a su religión.

Cuidó de ellos cuando estaban enfermos, se las ingenió echando mano de su certificado de enfermero para que el gobierno le enviara medicinas para darles las mejores curas que estaban a su alcance.
Les enseñó a leer y escribir sus propias lenguas (que hasta entonces eran sólo orales), además del inglés, los números y la religión (con ayuda de las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón). Creó así pequeñas escuelas y con el tiempo, gracias una vez más a su tesón, consiguió que el gobierno aprobara 3 de ellas y les asignara un maestro pagado.
Les hizo descubrir un Dios bueno que hacía felices a las personas en claro contraste con sus espíritus vengativos que los tenían atemorizados.
El P. Pin tenía una sencilla casita con techo de hojas en cada uno de sus poblados y allí pasaba una semana antes de trasladarse a caballo o a pie al siguiente, dejando a sus gentes al cuidado de un catequista principal previamente preparado para hacer sus labores el mes y medio que tardaba en volver. Este catequista era un laico elegido entre los más preparados del lugar que era enviado a estudiar a la Escuela Central de Catequistas.
Para él son "
sus mekeos", un pueblo sencillo y generoso como él y a ellos dedicó 44 años de su vida, siempre respetando su cultura y ayudándoles a mejorar su calidad de vida. Después de muchos años de trabajo y dedicación, tras ser nombrado Superior de la Misión y propuesto para Obispo (cargo que él rechazó) le llegó la hora de dejar la Misión para volver a casa. Aquellas personas, agradecidas, le dedicaron el mayor de los honores para los papúes, lo nombraron "
Jefe de Tribu" en una conmovedora ceremonia. Pero no fueron los únicos en darle un título ya que la Reina de Inglaterra lo nombró "
Miembro del Imperio Británico", es un título que Isabel II entrega a civiles que prestan un servicio importante relacionado con las islas británicas (es uno de los pocos casos en los que se lo entrega a un no británico, lo normal es que se lo de sólo a los británicos, por lo que fue un doble honor).
Ahora vive en la casa de los Misioneros del Sagrado Corazón en Valladolid, de vez en cuando se acerca a Soto a ver a su familia y a dar alguna misa. Sigue llevando en su corazón a los mekeos y sigue enviándoles gran parte de su pensión.
El Padre Pin es la entrega personificada, un punto de referencia para los demás religiosos, una inspiración para los católicos y un orgullo para el pueblo de Soto de Aller. Es una de esas pocas personas en este mundo caótico y frívolo que te devuelve la fe en la Humanidad. En definitiva es
un ejemplo a seguir.
Muchas gracias a la familia del Padre Pin por las fotos y la información. Para ver una extensa entrevista consultar la revista "
Madre y Maestra" de Noviembre de 2004 (n° 447).