Fiscalidad
y elites en las ciudades castellanas de la Baja Edad Media
Yolanda
Guerrero Navarrete
Universidad
Autónoma de Madrid
Congreso
Fiscalidad y sociedad en el Mediterráneo bajomedieval
(Málaga,
17-20 de mayo de 2006)
RESUMEN
Desde
hace aproximadamente quince años, las investigaciones sobre fiscalidad
municipal en las ciudades hispánicas de la Baja Edad Media se han incrementado
considerablemente. Estas han contribuido no sólo a clarificar objetivos ya
tradicionales: como el estudio del gasto y de los ingresos, las instituciones
hacendísticas o la propia gestión fiscal; sino, sobre todo, han permitido abrir
nuevos e inéditos campos para el análisis de la fiscalidad municipal: la
relación existente entre fiscalidad y estructura y coyuntura económica, el
papel de la política fiscal en el conjunto del sistema urbano, el impacto de la
fiscalidad sobre el tejido social de la ciudad, el vínculo indiscutible entre
sistema fiscal y sistema de poder urbano, etc. Algunos de ellos han sido
abordados con carácter monográfico o general por la historiografía medieval
hispánica en los últimos años, otros permanecen aún inéditos. De entre estos
últimos, uno se perfila a mi entender como poseedor de un enorme atractivo: la
indisoluble relación entre política y gestión fiscal y elites. Hace ya algunos
años, abordé de modo general este tema, últimamente me he centrado sobre
algunos aspectos parciales del mismo, concretamente sobre el paralelismo
existente entre grupos financieros, elites y gestión fiscal y, en general,
desde un comienzo, ha sido uno de los objetivos centrales que a lo largo de
estos últimos seis años de financiación ministerial ha ocupado al equipo de
investigación que bajo mi dirección ha estado trabajando en la fiscalidad
municipal castellana.
A mi
juicio, la relación entre elites y política o gestión fiscal constituye un
aspecto decisivo de la proyección
social del ejercicio del poder fiscal. En efecto, el ejercicio del poder
depende íntimamente de todo un conjunto de mecanismos e instrumentos,
materiales e ideológicos, que garantizan el perfecto ensamblaje y conservación
del "orden social" y la producción y reproducción de la posición
social hegemónica de la clase dominante. De
ahí la importancia de aspectos como la reconstrucción prosopográfica de
los grupos financieros y sus relaciones familiares y profesionales, de las estrategias
de la élite, de las resistencias y, en definitiva, en un intento por
justificarse, de los discursos que pretenden hacer aceptable la extracción
fiscal a la opinión pública. Quiero en la presente
exposición resumir algunas de las conclusiones a que hemos llegado en los
últimos años, pero sobre todo, presentar un campo aún enormemente abierto donde
todavía queda mucho por hacer, sobre todo en el seguimiento de los procesos
aquí enunciados durante el reinado de los Reyes Católicos, al menos hasta 1525,
serie documental que acabamos de empezar a procesar en algunas ciudades y que
aun no está completa.
Creo a estas alturas poder afirmar que
el control que las elites urbanas castellanas ejercen sobre el conjunto de la
fiscalidad municipal es completo: deciden, gestionan y se benefician. Sobre la primera de estas afirmaciones
hoy nadie duda. Desde hace años ha quedado claramente establecido que todas las
decisiones en materia de política fiscal urbana son tomadas y asumidas por las
elites de cada ciudad. Ellas establecen las prioridades a la hora de calificar y jerarquizar los gastos y de optar por
uno u otro medio de financiación. En todo ello debe verse claramente una
decisión política.
Más
recientemente he abordado también en varios artículos la intervención de la
elite burgalesa en la gestión fiscal de su ciudad. Durante años, tanto en las obras de carácter general
sobre la hacienda municipal, como en los capítulos dedicados a la hacienda
municipal de las distintas monografías
urbanas, la historiografía medieval castellana ha venido defendiendo la idea de
que los oficios encargados de la gestión fiscal podían ser considerados como
oficios menores, de carácter simplemente ejecutivo, muy alejados de la
verdadera toma de decisiones que, como en todos los demás campos del “gobierno”
urbano, quedaría reservada a los oficios regimentales. Estaban, pues,
reservados a un sector social intermedio, alejado de los cargos de decisión y
en muchos casos vinculado por lazos clientelares a los linajes regimentales,
quienes hacía mucho habían dejado de ocuparse directamente de la gestión
fiscal, para interesarse únicamente por controlar las decisiones políticas,
sociales y económicas que afectan a la misma. Creo poder afirmar en la
actualidad que estas conclusiones deberían cuestionarse o, al menos, matizarse
por completo.
Por último, nos restaría demostrar cómo
una gran parte de las políticas fiscales desarrolladas por las elites lo son en
la medida que éstas generan no sólo un beneficio político a las mismas,
consolidando su incuestionable y absoluto control sobre cualquier instancia,
decisión o política fiscal, sino también material, al hacerlas receptoras de
toda ventaja económica derivada de las mismas. Al margen de lo ya apuntado,
hemos rastreado, para ello, en los años
siguientes a la concesión de la Corona a Burgos en 1475, quiénes y en qué
medida suscribieron y compraron emisión de deuda pública sobre el “doblamiento
de la barra”. Las conclusiones obtenidas a través de este análisis constituirán
la última parte de mi exposición.