Declaración conjunta sobre las raíces cristianas de Europaen el Areópago de Atenas  DECLARACIÓN COMÚN DEL PAPA JUAN PABLO IIY DE SU

Actualización   02-01-02

Principal
Santa Sede
Valencia Ecuménica  Ecume en Europa


La Comisión
     N
oticias      Calendario de actividades 

Artículos
Documentos

Correos- Tel     Enlaces      
Semana de  Oración 2002
Historia
Oraciones
Texto íntegro
In English
Programa
Misa-oración
Mensaje CEE

 Iconos   

Otras Iglesias en España 

Otras Religiones

Otras Diócesis

FORMACION

 

DECLARACIÓN COMÚN DEL PAPA JUAN PABLO II Y DE SU BEATITUD CRISTODOULOS
DELANTE DE LA BENA DE SAN PABLO, APÓSTOL DE LAS NACIONES

VISITA A LAS IGLESIAS ORIENTALES DE UCRANIA 

1.- BIENVENIDA EN EL AEROPUERTO BORYSPIL DE KIEV
2.- ENCUENTRO CON EL CONSEJO PANUCRANIANO DE LAS IGLESIASY ORGANIZACIONES RELIGIOSAS

 3.- DESPEDIDA EN EL AEROPUERTO DE LVOV

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO A LA DELEGACIÓN DE PATRIARCADO  DE CONSTANTINOPLA   

Declaración común sobre las raíces cristianas de Europa 

En el Areópago de Atenas

Nos, el Papa Juan-Pablo II, obispo de Roma, y Cristodoulos, Arzobispo de Atenas y de toda Grecia delante de la Bema del Areópago, donde San Pablo, el gran apóstol de las naciones, "llamado a ser apóstol escogido para anunciar el Evangelio de Dios" ( Rom,1,1,), predicó a los atenienses el único Dios Verdadero Padre, Hijo y Espíritu Santo, e invitó a sus oyentes a la fe y el perdón, por la presente , 

Declaramos:

1.- Damos gracias de Dios por nuestro encuentro y por el intercambio mutuo aquí, en la ilustre ciudad de Atenas Sede Patriarcal de la Iglesia ortodoxa apostólica de Grecia.

2.- Volvemos a decir con una sola voz y un solo corazón las palabras del Apóstol de las Naciones "Hermanos, yo os conjuro en nombre de Nuestro Señor Jesucristo: a que tengáis todos un mismo sentir, y no haya entre vosotros disensiones"(1Cor 1,10)Nosotros oramos para que esta exhortación sea escuchada por todo el mundo cristiano de forma que la paz pueda llegar a "todos los que invocan en cualquier parte el nombre de Nuestro Señor Jesucristo" (1 Cor 1,2) Condenamos todo recurso a la violencia Dios, al proselitismo y al fanatismo en nombre de la religión. Afirmamos particularmente que las relaciones entre cristianos, en todas sus manifestaciones, deben estar impregnadas de honestidad, de prudencia
y de conocimiento de lo que está en juego.

3.- Nosotros observamos que la evolución social y científica no ha sido acompañada por mayor profundización del sentido y del valor de la vida, que en cualquier circunstancia es un don de Dios, ni de una aprecio de la dignidad única del ser humano, creado a la imagen y semejanza del Creador. Muy al contrario el desarrollo económico y tecnológico no aprovecha de con equidad a toda la humanidad sino solamente a una pequeña parte de ella. Además, la mejora de las condiciones de vida no han llevado consigo la apertura del corazón de los hombres al prójimo que sufren el hambre y la desnudez. Estamos llamados a trabajar unidos para que prevalezca la justicia para ayudar a los necesitados y para servir a cuantos sufren, manteniendo siempre en la memoria las palabras de San Pablo: El Reino de Dios no es cuestión de comida y bebida sino de justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo.

4.- Nos consterna comprobar que lAs guerras las matanzas, la tortura y el martirio constituyen una realidad terrible y cotidiana para millones de nuestros hermanos. Nos comprometemos nosotros mismos a luchar por el progreso de la paz en el mundo, por el respeto de la vida y la dignidad humanas, y por la solidaridad con todos aquellos que viven en la necesidad. Estamos satisfechos de asociar nuestras voces a la voz de muchos a través del mundo que han manifestado la esperanza de que con ocasión de los juegos olímpicos que tendrán lugar en Grecia el 2004, se reviva la antigua tradición griega de la tregua olímpica, de forma que cesen todas las guerras y que cese el terrorismo y la violencia.

5.- Seguimos con mucha atención y no sin inquietud cuanto concierne a la mundialización. Esperamos que traerá buen fruto. Sin embargo deseamos poner en evidencia que los frutos podrían mostrarse nocivos si lo que se puede decir mundialización de la "fraternidad" en Cristo, no se realizara en toda sinceridad y eficacia.

6.- Nos complace constatar el éxito y el progreso de la Unión Europea. La unión del mundo europeo en una sola entidad civil, sin que significa para los pueblos la pérdida de su propia conciencia de sus tradiciones y de su identidad nacional, tal como ha sido la intuición de sus fundadores No obstante, la tendencia naciente a transformar ciertos países de Europa en Estados Secularizados sin ninguna referencia a la religión constituye una regresión y una negación de su herencia espiritual. Estamos llamados a intensificar nuestros esfuerzos para la unificación de Europa se pueda realizar. Debemos hacer cuanto esté de nuestra parte para que las raíces cristianas de Europa y que su alma cristiana pueda permanecer intacta

Con esta Declaración Común, nosotros el Papa Juan-Pablo II, obispo de Roma, y Cristodoulos, Arzobispo de Grecia de Atenas y de toda Grecia, deseamos que "Dios mismo, nuestro Padre, y que Nuestro Señor Jesús, dirijan nuestro camino. Que el Señor haga crecer y abundar el amor que os tenéis unos a otros y para con todos Que consolide vuestros corazones con una santidad irreprochable delante de Dios Padre, a la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos (Cf.1 TH. 3,11-13). Amen

En Atenas, en el Areópago, el 4 de mayo de 2001

Traducción CEV (Comisión de Ecumenismo de Valencia)

Principal

1.- BIENVENIDA EN EL AEROPUERTO BORYSPIL DE KIEV               atrás

DISCURSO DE JUAN PABLO II
Sábado 23 de junio de 2001

Señor presidente;
ilustres autoridades civiles y miembros del Cuerpo diplomático;
venerados hermanos en el episcopado;
amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Durante mucho tiempo he anhelado esta visita y he orado intensamente para que pudiera llevarse a cabo. Por fin, con íntima emoción y alegría, he podido besar esta amada tierra de Ucrania. Doy gracias a Dios por el don que hoy se me concede.

La historia ha conservado los nombres de dos Pontífices romanos que, en el pasado lejano, llegaron hasta estos lugares:  san Clemente I, al final del siglo primero, y san Martín I, a mediados del séptimo. Fueron deportados a Crimea, donde murieron mártires. En cambio, su actual sucesor llega a vosotros en un marco de acogida festiva, con el deseo de acudir como peregrino a los célebres templos de Kiev, cuna de la cultura cristiana de todo el Oriente europeo.

Vengo a vosotros, queridos ciudadanos de Ucrania, como amigo de vuestra noble nación. Vengo como hermano en la fe a abrazar a numerosos cristianos que, en medio de las tribulaciones más duras, han perseverado en su adhesión fiel a Cristo.

Vengo impulsado por el amor, para expresar a todos los hijos de esta tierra, a los ucranios de cualquier pertenencia cultural y religiosa, mi estima y mi amistad cordial.

2. Te saludo, Ucrania, testigo valiente y tenaz de adhesión a los valores de la fe. ¡Cuánto has sufrido para reivindicar, en momentos difíciles, la libertad de profesarla!

Me vienen a la memoria las palabras del apóstol san Andrés, el cual, según la tradición, dijo que vio resplandecer sobre las colinas de Kiev la gloria de Dios. Es lo que aconteció, algunos siglos después, con el bautismo del príncipe Vladimiro y de su pueblo.

Pero la visión que tuvo el Apóstol no sólo atañe a vuestro pasado; se proyecta también sobre el futuro del país. En efecto, con los ojos del corazón me parece ver cómo se difunde en vuestra tierra bendita una nueva luz:  la que brota de la renovada confirmación de la opción hecha en el lejano año 988, cuando Cristo fue acogido aquí como "camino, verdad y vida" (cf. Jn 14, 6).

3. Si hoy tengo la alegría de estar aquí entre vosotros, lo debo a la invitación que me hicieron usted, señor presidente Leonid Kuchma, y todos vosotros, venerados hermanos en el episcopado de las dos tradiciones, oriental y occidental. Os agradezco sinceramente este gesto de amabilidad, que me ha permitido pisar por primera vez como Sucesor del apóstol Pedro la tierra de este país.
Le expreso mi agradecimiento ante todo a usted, señor presidente, por la cordial acogida y las amables palabras que me acaba de dirigir también en nombre de todos sus compatriotas. A través de usted quisiera saludar a toda la población ucraniana, congratulándome por la independencia reconquistada y dando gracias a Dios porque se logró sin derramamiento de sangre. Me brota del corazón un deseo:  que la nación ucraniana prosiga por este camino de paz gracias a la contribución concorde de los diversos grupos étnicos, culturales y religiosos. Sin la paz no es posible una prosperidad común y duradera.

4. Mi agradecimiento se extiende ahora a vosotros, venerados hermanos en el episcopado de la Iglesia greco-católica y de la Iglesia católica romana. He conservado en mi corazón vuestras repetidas invitaciones a visitar Ucrania y me alegro ahora de poder finalmente responder a ellas.
Pienso con alegría anticipada en las varias ocasiones que tendremos en los próximos días de reunirnos para orar a Cristo, nuestro Señor. Ya desde ahora saludo afectuosamente a vuestros fieles.

¡Qué carga tan enorme de sufrimientos habéis debido soportar en los años pasados! Pero ahora estáis reaccionando con entusiasmo y os reorganizáis buscando luz y consuelo en vuestro glorioso pasado. Tenéis la intención de proseguir con valentía en el compromiso de difundir el Evangelio, luz de verdad y amor para todo ser humano. ¡Ánimo! Es un propósito que os honra, y ciertamente el Señor os concederá la gracia para cumplirlo.

5. Peregrino de paz y fraternidad, espero ser acogido con amistad también por aquellos que, aunque no pertenezcan a la Iglesia católica, tienen el corazón abierto al diálogo y a la cooperación. Deseo asegurarles que no he venido con propósitos de proselitismo, sino para dar testimonio de Cristo juntamente con todos los cristianos de cada Iglesia y comunidad eclesial, y para invitar a todos los hijos e hijas de esta noble tierra a dirigir la mirada hacia Aquel que dio su vida para la salvación del mundo.

Con este espíritu saludo cordialmente ante todo a los queridos hermanos en el episcopado, a los monjes, sacerdotes y fieles ortodoxos, que constituyen la mayoría de los ciudadanos del país. Recuerdo complacido que en el decurso de la historia las relaciones entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Kiev han conocido períodos luminosos:  al evocarlos, nos sentimos estimulados a esperar un futuro de entendimiento cada vez mayor en el camino hacia la comunión plena.

Por desgracia, ha habido también períodos tristes, en los cuales el icono del amor de Cristo ha sido ofuscado:  postrados ante el Señor común, reconocemos nuestras culpas. Mientras pedimos perdón por los errores cometidos en el pasado antiguo y reciente, aseguramos a nuestra vez el perdón por las injusticias sufridas. El anhelo más intenso que brota del corazón es que los errores de otro tiempo no se repitan en el futuro. Estamos llamados a ser testigos de Cristo, y a serlo juntos. El recuerdo del pasado no debe frenar hoy el camino hacia un conocimiento recíproco, que favorezca la fraternidad y la colaboración.

El mundo está cambiando rápidamente:  lo que ayer resultaba inimaginable, hoy parece al alcance de la mano. Cristo nos exhorta a todos a reavivar en el corazón el sentimiento del amor fraterno. Apoyándonos en el amor, podremos, con la ayuda de Dios, transformar el mundo.

6. Mi saludo se extiende, por último, a todos los demás ciudadanos de Ucrania. A pesar de la diversidad de las pertenencias religiosas y culturales, amadísimos ucranios, existe un elemento que os une a todos:  la participación en las mismas vicisitudes históricas, en las esperanzas y en las frustraciones que han conllevado.

A lo largo de los siglos, el pueblo ucraniano ha sufrido pruebas durísimas y agotadoras. ¡Cómo no recordar, limitándonos al ámbito del siglo que acaba de concluir, el azote de las dos guerras mundiales, las repetidas carestías, las desastrosas calamidades naturales, eventos tristísimos que han dejado tras de sí millones de muertos! En particular, bajo la opresión de regímenes totalitarios como el comunista  y  el nazi, el pueblo corrió el riesgo de perder su identidad nacional, cultural y religiosa, y vio diezmada su élite intelectual, custodia del patrimonio civil y religioso de la nación.
Por último, se produjo la explosión radioactiva de Chernobyl, con sus dramáticas y crueles consecuencias para el ambiente y la vida de tantos seres humanos. Pero fue precisamente entonces cuando más decididamente se inició la recuperación. Aquel acontecimiento apocalíptico, por el que vuestro país decidió renunciar a las armas nucleares, impulsó también a los ciudadanos a un despertar enérgico, estimulándolos a emprender el camino de una valiente renovación.

Es difícil explicar con dinámicas simplemente humanas los cambios históricos de los dos últimos decenios. Pero, cualquiera que sea la interpretación que se quiera dar, es cierto que de estas experiencias brotó una nueva esperanza. Es importante no defraudar las expectativas que laten en el corazón de tantos, sobre todo entre los jóvenes. Ahora, con la aportación de todos, es urgente promover en las ciudades y en las aldeas de Ucrania el florecimiento de un humanismo nuevo y auténtico. Es el sueño que vuestro gran poeta Taras Shevchenko expresó en un famoso texto:  "Ya no estarán los enemigos; estarán los hijos, estará la  madre, estará  la  gente  en la tierra".

7. Amadísimos ucranios, os abrazo a todos, desde Donetz a Lvov, desde Kharkov a Odessa y Simferopol. La palabra Ucrania entraña una llamada a la grandeza de vuestra patria que, con su historia, testimonia su vocación singular de confín y puerta entre Oriente y Occidente. En el decurso de los siglos, este país ha sido encrucijada privilegiada de culturas diversas, punto de encuentro entre las riquezas espirituales de Oriente y Occidente.

Hay en Ucrania una evidente vocación europea, subrayada también por las raíces cristianas de vuestra cultura. Mi deseo es que estas raíces fortalezcan vuestra unidad nacional, asegurando a las reformas que estáis llevando a cabo la savia vital de valores auténticos y comunes. Ojalá que esta tierra siga cumpliendo su noble misión, con el sano orgullo que manifestó el poeta recién citado, cuando escribió:  "No hay en el mundo otra Ucrania; no hay otro Dniéper". ¡Pueblo que habitas esta tierra, no lo olvides!

Con estos pensamientos en la mente, doy los primeros pasos de una visita ardientemente anhelada y hoy felizmente iniciada. Amadísimos habitantes de Ucrania, que Dios os bendiga y proteja siempre a vuestra amada patria.

 

2.- ENCUENTRO CON EL CONSEJO PANUCRANIANO

DE LAS IGLESIASY ORGANIZACIONES RELIGIOSAS               atrás

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Domingo 24 de junio de 2001

Ilustres representantes del Consejo panucraniano de las Iglesias
y las organizaciones religiosas: 

1. Estoy profundamente agradecido a quienes han hecho posible este encuentro, en el que se me brinda la oportunidad de conocer más de cerca, durante mi visita, a cada uno de vosotros, representantes de las diversas Iglesias y organizaciones religiosas presentes en Ucrania. Os dirijo a todos mi cordial y deferente saludo. Os expreso de corazón mi aprecio por el servicio que vuestro Consejo panucraniano presta a la salvaguardia y a la promoción de los valores espirituales y religiosos, indispensables para la construcción de una sociedad auténticamente libre y democrática. Vuestro benemérito organismo contribuye en gran medida a crear las condiciones para un entendimiento cada vez mayor entre los miembros de las diversas Iglesias y organizaciones religiosas, en el respeto recíproco y en la búsqueda constante de un diálogo sincero y fecundo. No puedo menos de mencionar vuestro laudable esfuerzo en favor de la paz entre los hombres y entre los pueblos.

2. Vuestra existencia y vuestro trabajo diario testimonian de manera concreta que el factor religioso es parte esencial de la identidad personal de cada hombre, cualquiera que sea la raza, el pueblo o la cultura a que pertenezca. La religión, cuando se practica con corazón humilde y sincero, da una aportación específica e insustituible a la promoción de una sociedad justa y fraterna.

Un Estado que quiera ser realmente democrático no puede prescindir del respeto pleno a la libertad religiosa de sus ciudadanos. No existe democracia verdadera donde se pisotea una de las libertades fundamentales de la persona. También Ucrania experimentó, en el largo y doloroso período de las dictaduras, los efectos devastadores de la opresión atea que mortifica al hombre y lo somete a un régimen de esclavitud. Afrontáis ahora el urgente desafío de la reconstrucción social y moral de la nación. Con vuestra actividad estáis llamados a dar una contribución esencial a esta obra de renovación social, demostrando que sólo en un clima de respeto de la libertad religiosa es posible construir una sociedad plenamente humana.

3. Os saludo en primer lugar a vosotros, queridos hermanos unidos por la fe común en Cristo muerto y resucitado. La violenta persecución comunista no logró extirpar del alma del pueblo ucraniano el anhelo por Cristo y su Evangelio, porque esta fe formaba parte de su historia y de su misma vida. En efecto, cuando se habla de libertad religiosa en vuestra tierra, el pensamiento va espontáneamente a los gloriosos comienzos del cristianismo, que desde hace más de mil años marca su identidad cultural y social. Con el bautismo del príncipe Vladimiro y del pueblo de la Rus', en el año 988, empezó en las orillas del Dniéper la presencia de la fe y de la vida cristiana.
Desde aquí el Evangelio se difundió entre los diversos pueblos situados en la parte oriental del continente europeo. Quise recordarlo en la carta apostólica Euntes in mundum, con ocasión del milenio del bautismo de la Rus' de Kiev, subrayando cómo con aquel acontecimiento comenzó una vasta irradiación misionera:  "hacia Occidente hasta los montes Cárpatos, desde las orillas meridionales del Dniéper hasta Novgorod, y desde las riberas septentrionales del Volga (...) hasta las orillas del océano Pacífico y aún más allá" (n. 4:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 27 de marzo de 1988, p. 20; cf. también el mensaje Magnum baptismi donum, 1).
En una época en la que aún reinaba la comunión plena entre Roma y Constantinopla, san Vladimiro, precedido por el ejemplo de la princesa Olga, se prodigó por la salvaguardia de la identidad espiritual del pueblo, favoreciendo al mismo tiempo la introducción de la Rus' en el conjunto de las demás Iglesias. El proceso de inculturación de la fe, que ha marcado la historia de esos pueblos hasta hoy, se ha desarrollado gracias a la infatigable labor de los misioneros provenientes de Constantinopla.

4. Ucrania, tierra bendecida por Dios, el cristianismo constituye parte imprescindible de tu identidad civil, cultural y religiosa. Has cumplido y sigues cumpliendo una importante misión dentro de la gran familia de los pueblos eslavos y del Oriente europeo. Extrae de las raíces cristianas comunes la savia vital, de modo que siga vivificando en el tercer milenio los sarmientos de tus comunidades eclesiales.

Cristianos de Ucrania, Dios os ayude a mirar juntos los nobles orígenes de vuestra nación y a redescubrir juntos las firmes razones de un respetuoso y audaz camino ecuménico, camino de acercamiento y comprensión recíproca, gracias a la buena voluntad de cada uno. Ojalá que llegue pronto el día en que se recupere la comunión de todos los discípulos de Cristo, la comunión que el Señor invocó ardientemente antes de su vuelta al Padre (cf. Jn 17, 20-21).

5. Os dirijo ahora mi saludo a vosotros, representantes de las otras religiones y organizaciones religiosas, que trabajáis en Ucrania en estrecha colaboración con los cristianos. Este es un rasgo típico de vuestra tierra que, por su particular ubicación y conformación, constituye un puente natural no sólo entre Oriente y Occidente, sino también entre los pueblos que se encuentran aquí desde hace muchos siglos. Son pueblos diversos por origen histórico, tradición cultural y credo religioso. Quisiera recordar la consistente presencia de los judíos, que forman una comunidad firmemente arraigada en la sociedad y en la cultura ucraniana. También ellos han sufrido injusticias y persecuciones por permanecer fieles a la religión de sus padres. ¿Quién podrá olvidar el enorme tributo de sangre que pagaron al fanatismo de una ideología que propugnaba la superioridad de una raza respecto de las otras? Precisamente aquí, en Kiev, en la localidad de Babyn Jar, durante la ocupación nazi fueron asesinadas en pocos días muchísimas personas, entre ellas cien mil judíos. Fue uno de los crímenes más atroces entre los muchos que, por desgracia, debió registrar la historia del siglo pasado.

Ojalá que el recuerdo de ese episodio de furia homicida sea una saludable advertencia para todos. ¡De qué atrocidades es capaz el hombre cuando se engaña creyendo que puede prescindir de Dios! La voluntad de contraponerse a él y de combatir toda expresión religiosa se manifestó prepotentemente también en el totalitarismo ateo y comunista. Lo atestiguan en esta ciudad los monumentos que conmemoran a las víctimas del Holodomor, a las personas asesinadas en Bykivnia y a los muertos en la guerra de Afganistán, por citar sólo algunos. Quiera Dios que el recuerdo de esas experiencias tan dolorosas ayude a la humanidad actual, de modo especial a las generaciones jóvenes, a rechazar cualquier forma de violencia y a respetar cada vez más la dignidad humana, salvaguardando los derechos fundamentales inherentes a ella, particularmente el derecho a la libertad religiosa.

6. Juntamente con el recuerdo del genocidio de los judíos, quisiera aludir a los crímenes perpetrados por el poder político contra la comunidad musulmana presente en Ucrania. Pienso, en particular, en los tártaros deportados de Crimea a las Repúblicas asiáticas de la Unión Soviética, que ahora desean volver a su tierra de origen. A este propósito, quiero expresar mi deseo de que, mediante el diálogo abierto, paciente y leal, se encuentren soluciones adecuadas, salvaguardando siempre el clima de sincera tolerancia y de colaboración concreta con vistas al bien común.

En esta paciente obra de tutela del hombre y del verdadero bien social, los creyentes deben desempeñar un papel peculiar. Juntos pueden dar un claro testimonio de la prioridad del espíritu con respecto a las necesidades materiales, por lo demás legítimas. Juntos pueden testimoniar que una visión del mundo fundada en Dios garantiza también el valor inalienable del hombre. Si se quita a Dios del mundo, ya no queda en él nada de verdaderamente humano. Sin mirar al cielo, la criatura pierde el horizonte de su camino en la tierra. En la base de todo auténtico humanismo se encuentra siempre el reconocimiento humilde y confiado del primado de Dios.

7. ¡Queridos amigos! Permitidme que os salude así al término de este encuentro familiar. A todos vosotros, a vuestras Iglesias y organizaciones religiosas de Ucrania renuevo mi estima y mi afecto. Es grande vuestra misión en este histórico comienzo de milenio. Seguid buscando juntos sin cesar una creciente participación en los valores de la religiosidad en la libertad y de la tolerancia en la justicia. Esta es la aportación más significativa que podéis dar al progreso integral de la sociedad ucraniana.

El Obispo de Roma, que durante estos días se hace peregrino de esperanza en Kiev y en Lvov, abraza a los creyentes de cada ciudad y de cada aldea de la amada tierra ucraniana. Os asegura a vosotros y a todos su recuerdo en la oración, para que el Altísimo derrame sobre vosotros su gracia. Dios, Padre bondadoso y misericordioso, os bendiga a vosotros, aquí presentes, así como a vuestras Iglesias y organizaciones religiosas. Que bendiga y proteja al amado pueblo ucraniano, hoy y siempre.

 

3.-DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II                        atrás
A LA DELEGACIÓN DEL PATRIARCADO
DE CONSTANTINOPLA


Viernes 29 de junio de 2001

Queridos hermanos en Cristo: 

1. "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible" (1 P 1, 3).

Con estas palabras de san Pedro a los cristianos del Ponto, de Galacia y Capadocia, de Asia y Bitinia quiero acogeros hoy, amados hermanos, miembros de la delegación del patriarca ecuménico Su Santidad Bartolomé I y del Santo Sínodo del patriarcado de Constantinopla, con ocasión de la visita que hacéis a la Iglesia de Roma, por la que me alegro en lo más profundo del corazón.
"Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo" (Ga 1, 3). Sed bienvenidos entre nosotros en estos días en que celebramos la fiesta de san Pedro y san Pablo.
Este intercambio de delegaciones entre la Iglesia de Roma y el Patriarcado ecuménico con motivo de las fiestas patronales durante las cuales honramos la memoria de los apóstoles san Pedro y san Pablo, y san Andrés, es una iniciativa bendecida por el Señor. Incluso podemos decir que ya se ha convertido en una práctica natural de fraternidad eclesial. Me alegro profundamente de esta costumbre y agradezco vivamente al patriarcado ecuménico y al Santo Sínodo los sentimientos que tienen, como la Iglesia de Roma, por esta iniciativa que nos permite celebrar la obra realizada por el Señor gracias a los primeros Apóstoles. Además, nos brinda la oportunidad de participar juntos en la oración y al mismo tiempo es una ocasión de diálogo regular y armonioso. Vuestra presencia, queridos hermanos, os hace partícipes de esta fiesta de la Iglesia de Roma.

2. Entre los primeros discípulos, Jesús llamó a dos hermanos, Simón y Andrés. Eran pescadores. "Les dijo:  "Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres". Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron" (Mt 4, 19-20).

Desde entonces, el mensaje evangélico ha sido llevado hasta los confines de la tierra, y nosotros estamos llamados a proseguir en la historia la misión confiada a los Apóstoles. Como el Señor llamó "juntamente" a Pedro y a Andrés para que fueran pescadores de hombres por el reino de Dios, también juntamente los sucesores de los Apóstoles están invitados a anunciar la buena nueva de la salvación, para que, por nuestras palabras y nuestra unión fraterna, el mundo crea.

Todos los años la presencia de una delegación católica en la celebración eucarística de El Fanar y vuestra participación en la celebración que se realiza en San Pedro demuestran que estamos llamados por el Señor a esta misión común. Sin embargo, la imposibilidad de participar juntos en el único sacrificio de Cristo es para todos nosotros un sufrimiento y una exhortación a buscar caminos que nos permitan resolver las divergencias que aún persisten entre ortodoxos y católicos.

3. Con este fin, deben intensificarse las relaciones fraternas entre las Iglesias particulares católicas y ortodoxas, así como el diálogo teológico. Es importante afrontar y aclarar lo que queda del contencioso teológico, fundándose en la sagrada Escritura y en la Tradición. El trabajo de la comisión mixta debe completarse según el programa que se ha fijado. Sé que el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, el patriarcado ecuménico y el co-presidente ortodoxo de la comisión mixta están en estrecho contacto para decidir juntos la mejor manera de continuar el diálogo. La Iglesia católica está igualmente en contacto con las Iglesias ortodoxas autocéfalas y autónomas. La promoción del diálogo de la caridad, que ha permitido crear las condiciones necesarias para la apertura del diálogo teológico, se ha mostrado una vez más el medio más directo para que nos encontremos en la verdad y en el afecto recíproco en Cristo.

4. La fiesta de san Pedro y san Pablo nos ha brindado una nueva ocasión de pedir juntos a los santos Apóstoles que intercedan por todos los discípulos de Cristo, para que "todos sean uno" y juntos sean "pescadores de hombres" entre las generaciones jóvenes de este nuevo milenio, que tienen sed de conocer a Cristo y de seguirlo. Ojalá que anunciemos juntos al Salvador, para dar a esas generaciones "una esperanza viva", que no defrauda jamás.

5. Queridos hermanos, os agradezco vuestra visita y os pido que transmitáis mi saludo fraterno a Su Santidad Bartolomé I, así como a todos los miembros del Santo Sínodo del patriarcado ecuménico. Que el Señor esté siempre con nosotros y nos guíe por los caminos de su Reino.

4.- DESPEDIDA EN EL AEROPUERTO DE LVOV                               atrás

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Miércoles 27 de junio de 2001

Le doy sinceramente las gracias, señor Leonid Danilovic Kuchma, por la valiente invitación a visitar Ucrania. Gracias también a todos los que han contribuido a mi encuentro pastoral con los fieles de la Iglesia católica ucraniana y con la gente de vuestro noble país. Que Dios bendiga su servicio, señor presidente, para  el  bien del pueblo ucraniano.

Señor presidente de la República ucraniana;
señores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado;
ilustres señores; amadísimos ucranios:
 

1. Ha llegado el momento de la despedida. Con emoción me despido de vosotros, aquí presentes y por medio de vosotros me despido del pueblo de Ucrania, que durante estos días he podido conocer mejor. De modo particular, me despido de los habitantes de las ciudades de Kiev y Lvov, que me han acogido, y de cuantos han venido de otras ciudades y países para encontrarse conmigo.

Al llegar me sentí rodeado del afecto de la ciudad de Kiev, con sus cúpulas de oro y sus jardines. Después he gozado de la tradicional hospitalidad de Lvov, ciudad de insignes monumentos, con tantos recuerdos cristianos.

Con gran nostalgia me voy ahora de esta tierra, encrucijada de pueblos y culturas, desde la cual hace más de mil años el Evangelio comenzó a difundirse y a echar raíces en el entramado histórico y cultural de las poblaciones de Europa del Este. A todos y a cada uno de vosotros quisiera repetir:  ¡gracias!


2. Gracias a ti, Ucrania, que defendiste a Europa con tu incansable y heroica lucha contra los invasores.

Gracias a vosotras, autoridades civiles y militares, por cuanto hacéis, en vuestros respectivos campos, al servicio del progreso ordenado del pueblo ucraniano, y gracias por el generoso empeño con que habéis asegurado el éxito de mi viaje apostólico.

Gracias a vosotros, queridos hermanos y hermanas, que formáis parte de esta comunidad cristiana, "fiel hasta la muerte" (Ap 2, 10). Desde hace tiempo deseaba manifestaros mi admiración y mi aprecio por el heroico testimonio que disteis durante el largo invierno de la persecución del siglo pasado.

Gracias por las oraciones y por la larga preparación espiritual con que habéis querido encontraros con el Sucesor de Pedro, para que os confirmara en la fe y os ayudara a vivir el amor fraterno que "todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Co 13, 7).

En el momento de dejar el suelo ucraniano, deseo enviar un saludo respetuoso y cordial a los hermanos y hermanas de esta venerable Iglesia ortodoxa y a sus pastores.

Os acompaño a todos con mi oración y a todos os formulo el deseo que, con palabras de  bendición, el apóstol san Pablo expresó a los cristianos de Tesalónica:  "El Señor de la paz os conceda la paz siempre y en todos los órdenes" (2 Ts 3, 16).

3. El Señor te conceda la paz a ti, pueblo ucraniano, que, una vez recuperada finalmente la libertad, con empeño tenaz y concorde has comenzado una obra de redescubrimiento de tus raíces más auténticas y estás recorriendo un laborioso camino de reformas, para dar a todos la posibilidad de vivir y expresar su fe, su cultura y sus convicciones en un marco de libertad y justicia.

Aunque sean aún dolorosas las cicatrices de las enormes heridas sufridas en los interminables años de opresión, dictadura y totalitarismo, durante los cuales se negaron y pisotearon los derechos  del  pueblo, mira  con  confianza al futuro. Este es el tiempo propicio. Este es el tiempo de la esperanza y la audacia.

Mi deseo es que Ucrania se inserte plenamente en una Europa que abarque todo el continente, desde el Atlántico hasta los Urales. Como dije a fines de 1989, año tan importante para la historia reciente del continente, no podrá existir "una Europa pacífica e irradiadora de civilización sin esta ósmosis y esta participación de valores diferentes pero complementarios" (Discurso a la Curia romana, 22 de diciembre de 1989, n. 3:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 7 de enero de 1990, p. 6), que son típicos de los pueblos del Este y del Oeste.


4. En este importante cambio de época, la Iglesia, consciente de su misión, seguirá exhortando a sus fieles a cooperar activamente con el Estado en la promoción del bien común. En efecto, existe una caridad social que se traduce en "servicio a la cultura, a la política, a la economía y a la familia, para que en todas partes se respeten los principios fundamentales de los que depende el destino del  ser humano y el futuro de la civilización" (Novo millennio ineunte, 51).

Por lo demás, los cristianos saben que con pleno derecho forman parte integrante de la nación ucraniana. Lo son en virtud de una historia milenaria, que comenzó con el bautismo de Vladimiro y de la Rus' de Kiev, el año 988, en las aguas de río Dniéper; pero lo son, sobre todo hoy, en virtud del bautismo de sangre que recibieron durante las tremendas persecuciones del siglo XX:  en aquellos años terribles, fueron numerosísimos los testigos de la fe, no sólo católicos sino también ortodoxos y reformados, que por amor a Cristo afrontaron todo tipo de privaciones, llegando en muchos casos hasta el sacrificio de la vida.

5. La unidad y la concordia constituyen el secreto de la paz y la condición de un progreso social verdadero y estable. Gracias a esta sinergia de intenciones y acciones, Ucrania, patria de fe y de diálogo, podrá ver reconocida su dignidad en el concierto de la naciones.

Me vuelve a la memoria la advertencia solemne de vuestro gran poeta Taras Shevchenko:  "Solamente en tu casa encontrarás la verdad, la fuerza y la libertad". Ucranios, en la tierra fecunda de vuestras tradiciones están las raíces de vuestro futuro. Juntos podéis construirlo; juntos podéis afrontar los desafíos del momento actual, animados por los ideales comunes que constituyen el patrimonio imborrable de vuestra historia pasada y reciente. La misión es común; por eso, también ha de ser común el compromiso asumido por todo el pueblo ucraniano.

Te renuevo, tierra de Ucrania, mi deseo de prosperidad y de paz. Dejas en mi corazón recuerdos inolvidables. Hasta la vista, pueblo amigo, que estrecho en un abrazo de aprecio y afecto. Gracias por la cordial acogida y hospitalidad, que jamás podré olvidar.

Hasta la vista, Ucrania. Hago mías las palabras de tu mayor poeta e imploro de "Dios fuerte y justo" toda bendición para los hijos de tu tierra, "cien veces ensangrentada, un tiempo tierra gloriosa". Amadísimos hermanos y hermanas, también yo digo, con vuestro poeta y con vosotros:  Dios te proteja siempre, "oh santa, santa patria mía".

Pido a Dios omnipotente que te bendiga, pueblo ucraniano, y que sane todas tus heridas. Que su gran amor colme tu corazón y te guíe en el tercer milenio cristiano hacia un nuevo futuro de esperanza. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

                                                                                                                             atrás

Para más información consulta   www.vatican.va en internet