Historia de la antropología

Historia de la antropología (UNED)

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Contexto histórico

Cultura y personalidad (S. XX)

Definición

Rechazo de la causalidad y la evolución, influencia de Freud y Boas.
Interpretación de las culturas en términos psicológicos.
Interrelacionan las creencias y prácticas culturales con la personalidad del individuo.
Importancia que le dan también a las experiencias de la edad temprana, pero no tratan el porqué de las creencias y prácticas que según ellos modelan la personalidad o caracteres nacionales.

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Conceptos e ideas clave

En el pasado, los antropólogos creían que una personalidad típica era lo que prevalecía entre la gente de una sociedad dada, debido a la cultura que compartían.
También creían que las diferencias entre las culturas correspondían a diferencias de tipo de personalidades que se presumía eran típicas o prevalecentes en esas culturas.

Así, en antropología cultural, las personalidades típicas han sido conceptuadas alternativamente como "personalidad configuracional", "estructuras de caracteres", "personalidad básica o modal" y "el carácter nacional", siguiendo una línea o perspectiva clásica en Antropología Psicológica de claro desarrollo norteamericano.

En la escuela de Cultura y Personalidad hallamos tres fases:
1. Prefreudiana
2. Freudiana
3. Nuevas tendencias

1. Prefreudiana (años 20 y 30)

El planteamiento antropológico conocido como cultura y personalidad se desarrolló entre las dos guerras mundiales influenciado por el psicoanálisis de Freud y la antropología boasiana.
Freud era esencialmente decimonónico. Su teoría era un magno esquema a gran escala, evolucionista, materialista y determinista, todo lo que Boas condenaba, pero Boas llevaba años defendiendo una antropología en busca de la vida mental del hombre. Esto lo supo hacer Freud mejor que nadie.
Con el tiempo, ambas escuelas realizaron reajustes –los freudianos renunciaron al evolucionismo y adoptaron el relativismo cultural y los boasianos dejaron su insistencia en la historia y la difusión- y el resultado fue en EE.UU. el movimiento Cultura y Personalidad.
Para esta corriente lo realmente importante era relacionar de una manera funcionalista la personalidad del individuo con las prácticas y tradiciones culturales y viceversa. Para ayudarse animaron la creación de un lenguaje psicológico para integrar estas teorías a un corpus global de carácter mas científico.
Fueron dos discípulas de Boas, Ruth Benedict y Margaret Mead, las pioneras en esta primera fase de análisis psicológico.

El rasgo más importante del movimiento es la inclusión en cualquier monografía etnográfica de numerosos términos y conceptos que expresan la condición mental y emocional de los miembros individuales de una comunidad

Tradición epistemológica

Hay que diferenciar este movimiento de la etnología de orientación psicológica, más antigua y extensa. Se acepta en Antropología que la descripción etnográfica tiene que incluir como mínimo el estudio y la formulación de los objetivos y motivaciones psicológicas de las gentes estudiadas, esto es lo que hacen los miembros de cultura y personalidad pero también otros antropólogos que adoptan el punto de vista emic y sin embargo no pertenecen al movimiento, como Boas o Malinowski, que introdujo en la antropología social británica los conceptos freudianos así como otros conceptos psicológicos.

El psicologismo es un hábito arraigado entre los antropólogos culturales. Desde la antigüedad y hasta la Antropología Cultural moderna la mayoría de las descripciones etnográficas que se conservan consisten en conceptos extraídos en parte del lenguaje psicológico y en parte del lenguaje sociocultural. Esto se repite desde Tácito en el sigloI hasta Meyer Fortes, el más estructural de los funcionalistas británicos. También Leslie White, uno de los antropólogos que más crítico se ha mostrado con el movimiento de cultura y personalidad hace uso en su etnografía de un léxico claramente psicológico.

Precedentes. Existe una tradición antigua de retratos psicológicos. Las enciclopedias medievales incluían descripciones breves con las que presentaban estereotipos y tipologías. Todos los etnógrafos europeos del medievo utilizaron esta técnica para condensar descripciones en expresivas fórmulas psicológicas. También, posteriormente, Spencer, hizo uso de ellas bajo el epígrafe de “Caracteres emocionales” para describir las características de diversas tribus repartidas por todo el mundo.

Una de las características de la moderna escuela de cultura y personalidad es la intensificación y expansión del uso de términos y de conceptos psicológicos. Durante los años 1920 de un lenguaje usual que mezclaba términos socioculturales con psicológicos se dio paso a una selección consciente a favor del lenguaje psicológico. La transición va asociada a Margaret Mead y a Ruth Benedict.

Ruth Benedict: “Patterns of culture” (1934), Configuracionismo
Margaret Mead: “Coming of age in Samoa” (1928)


2. Freudiana (años 30 y 40)

La cantidad de investigaciones dedicadas a la cultura y la personalidad en EE.UU. prueban la atracción que los temas mentalistas e individualistas tienen sobre la ciencia social americana. La generalización entre los antropólogos del interés por los análisis psicológicos coincide históricamente por el desplazamiento en la atención de los psicólogos hacia la familia y el individuo en detrimento del debido a los condicionamientos tecnológicos, económicos, sociales y políticos que controlan su destino.

Freud

El sistema básico en que se basa la escuela de cultura y personalidad procede directa o indirectamente de Freud.
Freud desplazó su interés desde la psique individual a los fenómenos psicoculturales para identificar las causas de la evolución cultural. Ese es el objetivo de Tótem y Tabú 1913, su primera incursión en el mundo de la cultura. Representaba lo que los boasianos consideraban la peor especulación evolucionista:
-desmesura de propósitos
-debilidad de las pruebas
-generalidad de conclusiones

Según Freud, en el inicio de la organización social un único patriarca tenía los privilegios sexuales sobre sus hermanas e hijas. En un momento no especificado sus hijos, sexualmente reprimidos, matan al padre y se lo comen. Después, el sentimiento de culpa impide que tengan relaciones sexuales con sus madres, hermanas e hijas, lo que se considera tabú. Al mismo tiempo, como expiación de su crimen crean el mito del tótem, animal simbólico del padre, que pasa a ser alimento tabú prohibido salvo en ocasiones rituales.

Del parricidio de grupo se originan el complejo de Edipo, el tabú del incesto, la exogamia de grupo, el totemismo y otros rasgos de las sociedades primitivas. Todo esto sería la estructura de que agrupa la diversidad cultural. Comparó la personalidad del salvaje con la personalidad infantil. Todos los individuos pasan a través de varios estadios hasta llegar a la madurez, pero tanto algunas culturas como algunos individuos modernos o primitivos detienen su desarrollo antes de llegar a ese punto.

El enfrentamiento con los boasianos era inevitable. El afán de Boas y sus discípulos era probar que la cultura tenía el poder de hacer a todos los seres humanos diferentes de lo que la naturaleza había decretado, mientras que Freud y los suyos estaban convencidos que las diferencias culturales eran superficiales y que en el sentido psicológico más profundo todos los seres humanos seguían vías de desarrollo similares y condicionadas por caracteres hereditarios.

Crítica antropológica de Freud

Kroeber se rió de estas teorías evolucionistas de Freud, pero Boas fue incluso menos caritativo.
Malinowski adujo pruebas contra la universalidad del complejo de Edipo: en la familia trobriand la figura que encarnaba a la autoridad paterna no era el padre sino el hermano de la madre.
Los tres primeros estudios de campo de M. Mead también pueden considerarse como crítica antropológica a Freud. Mead también lanzó críticas contra Freud, para demostrar la falsedad de que en la naturaleza humana hubiese componentes biopsicológicos, (libido…) que se expresaban en estadios de comportamiento definidos, independientemente de su específico entorno sociocultural.
Sin embargo y a diferencia de Boas, Freud calificaba a las diferencias culturales como superficiales, afirmando que en el sentido psicológico más profundo todos los seres humanos seguían vías de desarrollo similares por sus características hereditarias comunes.
Todo el esquema de Freud, (desde la morfología del id, el ego y el superego hasta la interpretación de los sueños y el origen de la civilización) dependía de instintos humanos universales buen definidos y de un proceso ontogenético universal a través de estadios de maduración igualmente definidos (oral, anal, genital).

Géza Róheim: defendió la doctrina freudiana en su totalidad.


Sistema neofreudiano

En el intervalo entre las dos guerras mundiales las doctrinas de Freud atrajeron a un gran número de intelectuales. Incluso la polémica sobre la universalidad del complejo de Edipo tuvo una acogida favorable. Psicoanalistas y antropólogos eran aliados naturales en contra de las represiones provincianas.
La atracción por las ideas freudianas era tan grande que los antropólogos no estaban dispuestos a abandonar su influencia por discrepancias en torno a la evolución histórica. Lo que necesitaban era un Freud liberado de su evolucionismo, lo que se consiguió con el tiempo. Una vez liberado de su determinismo el movimiento de cultura y personalidad adoptó las tesis freudianas.
El sistema neofreudiano daba especial importancia a las experiencias de la primera infancia en cuestiones como la inculcación de normas de limpieza, pautas de conducta sexual y contacto sexual, rivalidad fraterna, etc. Todo ello contribuía al proceso de enculturación. Y se adoptó una postura ecléctica con respecto a los principios básicos de Freud como la represión, complejos de culpa y ansiedad, relación entre frustación y agresión, sublimación, simbolización, etc. que se utilizaron según hicieran falta para establecer una correspondencia entre las experiencias de la niñez y la personalidad del adulto.

Mead: La misma Mead estableció la fecha de 1934 como el año de comienzo de su utilización de los principios freudianos, pero ya antes había adoptado las premisas freudianas (como por ejemplo al ambivalencia ante los muertos en un artículo de 1930, a la que añadía la nota relativista acostumbrada).
Su trabajo de campo en Bali está basado en principios freudianos, y está lleno de términos y conceptos psicoanalíticos.
Presenta propuestas de conexión de un grupo de instituciones con otro o bien con rasgos típicos de carácter, pero no estableció conexiones causales directas entre una experiencia infantil y las formas culturales desarrolladas, ni cómo todo esto se articula para producir homeostasis o transformaciones diacrónicas.

Kardiner: Estructura de la personalidad básica.
Erikson: más cerca del modelo freudiano.
Gorer: el carácter nacional.


Relaciones entre el psicoanálisis y la antropología

El psicoanálisis tiene poco que ofrecer a la antropología cultural en lo que se refiere a la metodología científica. El encuentro de las dos disciplinas más bien ha tendido a reforzar la tendencia a las generalizaciones incontroladas, especulativas e histriónicas que cada una de ellas ha cultivado en su propia esfera.

El antropólogo que lleva a cabo un análisis psicocultural se asemeja al psicoanalista, cuyos intentos de identificar la estructura de la personalidad básica de sus pacientes son en gran medida interpretativos y escapan a los procedimientos normales de verificación.

En las disciplinas que se ocupan de la historia humana, por el contrario, el objetivo más alto es el de separar lo que es mito de lo que es acontecimiento real.


3. Nuevas tendencias (años 50 y 60)

Tras la Segunda Guerra Mundial, el movimiento de cultura y personalidad se vio afectado por la psicología experimental de las teorías neobehavioristas del aprendizaje de Clark Hull y de B. F. Skinner.
La nueva teoría del aprendizaje implica una vasta reforma epistemológica y metodológica, producto de un intento deliberado por parte de los psicólogos de aplicar criterios más rigurosos de intersubjetividad y verificabilidad (se adoptó por los psicólogos sociales y los antropólogos culturales la premisa científica básica del neobehaviorismo).
El nuevo cientificismo se extendió a toda la Antropología Cultural y a punto estuvo de provocar la ruptura entre las tradiciones humanista y científica.

John Whitting

El problema de la evolución sociocultural

El movimiento de cultura y personalidad ignoró la cuestión de la evolución, la posibilidad de transformación de las instituciones primarias y secundarias.
Afirman que existe una retroalimentación entre la personalidad básica y las instituciones básicas, pero ¿es un régimen permanente o existe un momento de ruptura en esa relación?
Hay que añadir a esta pregunta que admiten la existencia de individuos que no se ajustan a la personalidad básica, que son personalidades anómalas, desviadas, cuyo número y tipos no sabemos.
Y además hay que preguntarse es si esa retroalimentación puede frenar la evolución y cambiarla de dirección. Es erróneo pensar que todos los tipos de personalidad modal son igualmente vulnerables al cambio. ¿La personalidad básica tiene un efecto paralizador en el cambio? Si diferentes personalidades, ¿diferentes cambios? Porque hay que tener en cuenta que hay cambios iguales generalizados en muchas culturas, hay procesos de convergencia de culturas diferentes hacia formas nuevas similares.
Tampoco se explica bien la mutabilidad del carácter nacional según los cambios sociopolíticos (por ejemplo, los autoritarios japoneses se convirtieron en los demócratas de Asia).

En definitiva, no puede afirmarse una cadena causal entre el tipo de personalidad básica y el tipo de institución y cómo los cambios de las personalidad provocan las transformaciones institucionales. Hay una variedad infinita de personalidades humanas y no pude afirmarse que un determinado tipo de personalidad es la condición necesaria para el cultivo de ciertas plantas o el comunismo.


El materialismo de Freud

Freud puso los fenómenos del espíritu humano al alcance del determinismo histórico. Nuestros sueños y deseos tienen sus raíces en las necesidades materiales y en los procesos inteligibles de la niñez humana. La personalidad humana no se moldea libremente de cualquier forma, sino que es condicionada por la niñez.
Los neofreudianos despojaron a Freud de su determinismo histórico. Pero no es posible que se postule freudiano y querer tomar posiciones idealistas ya que inevitablemente su teoría nos remite a las condiciones de la infancia. Pueden eludir la opción materialista o atribuir el origen de la niñez a la fantasía de una generación de adultos, pero se convertirían en una especie de particularistas históricos incapaces de enfrentarse a las regularidades evolutivas. No se puede aceptar esto por el hecho de que los sistemas culturales no son infinitamente divergentes.


Factores condicionantes de la personalidad

Aceptar las fases de la evolución freudianas anal, oral y genital no significa tener que aceptar que éstos deban ser los factores psicológicos más importantes para la comprensión de la evolución sociocultural.
Puede haber más factores que expliquen más fácilmente las instituciones básicas, sin necesidad de las complicadas correlaciones de Whitting entre la personalidad y la institución. Así, por ejemplo, la correlación entre la ética protestante y el capitalismo de Max Weber, la relación entre la necesidad de realización y el desarrollo industrial de David McClelland (1961), la importancia del sistema educativo nacional.
Esto indica que se están ignorando relaciones funcionales importantes entre la personalidad y las instituciones primarias y que no hace falta en muchas ocasiones usar la psicología profunda. Si se refuerzan adecuadamente los hechos causales, no es preciso movilizar mecanismos psicoanalíticos.

Hubo investigaciones que sí incluyeron otrs factores, como el de Barry, Bacon y Child (1959), que demostraron mediante el uso del método comparativo que donde se producen excedentes alimentarios, la socialización se orienta a estimular el cumplimiento pasivo, mientras que la caza favorece la afirmación de la individualidad.
La conclusión aquí es que la educación de los niños tiende a ser una adaptación a la economía de subsistencia lo que es un caso de determinismo económico.
El problema es que los estudios se centran en la educación de los niños, cuando debían centrarse en la correlación entre la personalidad de los adultos con las prácticas de subsistencia.

Whitting, como resultado de varios estudios, establece múltiples correlaciones que conectan distintos rasgos:
El hijo duerme con la madre, tras el parto se producen tabus sexuales, existe la poliginia, la residencia es patrilocal, los niños varones pasan ritos de pubertad.

A la vista de esto Whitting ve posible que pueda operar una reteroalimentación tecnoecológica. Explora distintas conexiones: clima, el kwashiorkor, una enfermedad causada por deficiencia en proteínas.
De este modo podemos ver una nueva cadena causal:
Se prolonga la lactancia, se prolongan los tabúes sexuales, mientras el niño sigue mamando porque a la madre un nuevo embarazo no le ha retirado la leche. Existe la poliginia y el marido fuerme mientras con otra mujer, el niño tiene facilidad por ello para dormir con la madres, la poliginia hace más probable que la residencia sea patrilocal, lo que se correlaciona con la patrilinealidad, la patrilocalidad y patrilinealidad hace que los niños que pasan temporadas largas con las madres, que llevan a ritos severos de paso a fin de que adopten roles varoniles.

Según Harris, ¿por qué Whitting empezó la estrategia de investigación por el hecho de que el niño duerma con la madre?, ¿por qué no por la enfermedad que causa la carencia de proteínas?

La escuela de Cultura y personalidad omitió el estudio de los factores orgánicos, descuidó los factores condicionantes que relacionan la personalidad y el ecosistema, es decir, los factores tecnoeconómicos y tecnoecológicos.
La falta de interés por las conexiones causales, que operan durante toda la vida, entre los modos de subsistencia y los tipos de personalidad es consecuencia del medio hostil a la teoría diacrónica en el que crecieron (periodo boasiano).

[Max Weber correlaciona el hecho de que la ética del esfuerzo que impone la religión protestante fue causa en los orígenes al impedir gastos suntuarios e imponer el trabajo constante como vía de superación de los defectos propios y merecer entrar en el cielo, de que se produjera una acumulación de capital dando origen al capitalismo incipiente. Esto debe entenderse en sentido espiritual y no como fórmula de enriquecimiento voluntario. Sería algo así como una consecuencia derivada y no buscada de una acción social global impulsada por una ética que M.W. califica de comer bien, frente a la católica de dormir tranquilo.]

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Geografía

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Autores

Ruth Benedict
Margaret Mead
Kardiner
Erik Erikson

Whitting
Géza Róheim

Gorer

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Resultados

Todas estas variadas formas de comprender la relación entre la cultura y la personalidad fueron criticadas por otros antropólogos, acusándoles de basarse en datos inadecuados y en conceptos cuestionables. Los primeros antropólogos parecían asumir que la cultura es algo diferente a la experiencia psicológica de los individuos, mientras que en realidad la cultura es perpetuada y modificada por cogniciones humanas conscientes e inconscientes, afectos e ideales. Hasta cierto punto, la cultura y la personalidad son meramente formas distintas de ver la misma realidad. Nosotros no vemos la cultura en un lado y la personalidad en otros: sino que vemos gente que piensa, siente y actúa en cierta forma (estructura de la personalidad) bajo la influencia de valores y costumbres prevalentes en una sociedad dada (cultura). Los antropólogos modernos admiten que la gente que aprende ciertas pautas de comportamiento sí adquiere ciertas formas de personalidad, pero no acepta la noción de que incluso también las estructuras profundas de la personalidad están estandarizadas y son condicionadas culturalmente.

Para comenzar, los procesos biológicos parecen tener una importante influencia en la formación de la personalidad, segundo, los individuos están expuestos a diferentes situaciones de vida y, consecuentemente, internalizan diferentes aspectos de la cultura. Más aún, una variedad de estructuras cognitivas y motivacionales no son incompatibles con un conjunto de expectativas e interacciones mutuas y organizadas, las que son indispensables para la vida social.

Tanto la psicología freudiana como la del aprendizaje han sido usadas en los estudios de la cultura y la personalidad; J. Whiting y I. Child han intentado utilizar una síntesis de las dos argumentos. La aplicación de los tests de percepción temática han permitido a los investigadores estudiar la personalidad sin usar elementos culturales, para así evitar la circularidad de los primeros estudios sobre cultura y personalidad.
En el presente, hay en uso una variedad de rigurosos estudios experimentales y comparativos en todos los aspectos de los procesos psíquicos normales y anormales, tales como los estudios comparativos del desarrollo cognitivo y moral, desviaciones a raíz de salud mental, el efecto del cambio cultural en la formación de la personalidad, etc.

Ya no se creen en la vieja argumentación de que cada persona lleva en su psique una versión en miniatura de su cultura. Hoy sabemos que la cultura ambiente, el contexto cultural, puede tener muchísima influencia sobre la personalidad común de un grupo humano.

Desde la década de los 60 en adelante la corriente de Cultura y Personalidad ha pasado a llamarse Antropología psicológica, variando su orientación y contenidos hacia estudios psicológicamente más orientados. Como campo de studio aún encontramos publicaciones al final del siglo XX: Theodore Schwartz, Antropología y Psicología: una relación no solicitada en T. Schwartz, G. M. White y C. A. Lutz (Eds.), 1992, NEW DIRECTIONS IN PSYCHOLOGICAL ANTHROPOLOGY, Cambridge University Press, Cambridge. Mi traducción de Tomás Austin M., con lo que se muestra que la preocupación por ahondar en la relación entre cultura y personalidad mantiene su vigencia.
[Extraído de "Cultura y Personalidad", de Tomás Austin Millán.]

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