Clásicos S-T

 

S-T


 SAVATAGE Streets: A Rock Opera (1991)
 SAXON Wheels of Steel (1980)
 SCORPIONS Tokyo Tapes (1978)
 SCORPIONS Blackout (1982)
 SCORPIONS World Wide Live (1985)
 SEPULTURA Chaos A.D. (1993)
 SKID ROW Skid Row (1989)
 SLAYER Seasons In The Abyss (1990)
 SODOM Agent Orange (1989)
 STRAY CATS Stray Cats (1981)
 SUPERTRAMP Crime of the Century (1974)
 SURVIVOR Eye of the Tiger (1982)
 TED NUGENT Intensities in ten cities (1981)
 THIN LIZZY Bad Reputation (1977)
 THIN LIZZY Life (1983)
 T.N.T. Intuition (1989)
 TOPO Marea Negra (1982)
 TOTO Toto (1978)
 TRIUMPH Thunder seven (1984)

 

SAVATAGE "Streets" (1991)

Corría el año 1991 cuando esta genial banda de Florida, en su formación más exitosa de su etapa clásica, editó su último álbum con dicha formación. Jon Oliva a la voz y teclados, su hermano Criss Oliva a la guitarra, Johnny Lee Middleton al bajo y Steve Wacholz a la batería, escribieron uno de los mejores capítulos de la historia de Savatage en esta gran obra conceptual llamada "Streets".

Savatage demostraron en este disco que, aparte de ser grandes músicos, son unos grandes letristas. La historia fue escrita como boceto por Paul O'Neill (productor de Savatage desde aquél afamado "Hall of the Mountain King" y co-compositor junto con los hermanos Oliva) y dada forma en las canciones por la banda (básicamente por Jon y Criss) y él, para luego pasar a ser una novela escrita por el mismo Paul.

Trata de la vida de una estrella de rock y traficante de drogas, conocido en Nueva York como Downtown Jesus o DT Jesus, que se engancha a la heroína durante su época de estrellato y cae en la miseria y el olvido. Esto se ve reflejado bastante bien en la música pues es denotadamente trágica y triste en muchos cortes, a parte de la oscuridad ambiental que crean los teclados en varios pasajes en los que el "mono" que le crea la heroína a DT le tiene amarrado en un sin vivir. Pasada la crisis, decide volver a tocar y recuperar su vida, pero su manager y amigo es asesinado por un traficante con el cuál DT tenía deudas. Esto le hace caer en otra grave crisis de principios, en los que se pregunta si realmente hay algo que tenga sentido en la vida y si hay un dios que nos ampara. Siente la tentación de volver a la droga, pues los acontecimientos sucedidos y dichas preguntas le dejan sumido en una grave depresión. Finalmente presencia en la calle cómo un mendigo está pasando a mejor vida y acude a hacerle compañía y a decirle que no está solo. El mendigo muere y DT presencia como el alma del mendigo pide a Dios que acepte al pobre mendigo que había perdido el rumbo y se había hundido en la miseria. El mensaje final se haya en la balada "Believe" en la que Dios habla a DT diciéndole que nunca se rinda, que siempre estará al lado de él si cree. En definitiva que el creer en uno mismo, en los buenos principios y la honestidad (lo que en teoría representaría Dios) es la clave para poder coger la vida por las riendas. Lo único que te pide Dios y la vida es que creas.

Pasado el análisis de las letras, paso a comentar el disco como obra musical que es:

El disco, en una visión general, puede presumir de ser el más ambicioso y trabajado que habían hecho las huestes de los Oliva hasta la fecha. Goza de una mayor progresividad y variedad de ambientes, creados en parte por unos teclados mucho más presentes que en otros trabajos anteriores. La producción es impecable y meticulosa en cada punto de todos los cortes, cuidando el efecto sonoro que intenta introducirnos a cada momento en la historia. Los instrumentos suenan cada uno al volumen al que tienen que sonar y tanto las guitarras (incluso acústicas) como el bajo suenan muy bien.

Un coro eclesiástico de niños, unos teclados y una guitarra limpia crean un ambiente tétrico que va a dar lugar al primer tema del disco titulado igual que él, "Streets". Un medio tiempo con un riff muy del estilo de los temas hallados en los dos discos anteriores que desemboca en un estribillo con guitarras pesadas (muy a lo Sabbath), nos sumerge en la noche de las calles de Nueva York por la noche, donde la oscuridad y la delincuencia reina.

El siguiente tema, "Jesus Saves" (todo un clásico), comienza con una introducción donde un mendigo comienza a contar la historia del personaje de la obra conceptual, DT Jesus. El tema habla de cómo este hombre se alzó a la fama desde la calle, donde vivía como traficante de drogas. Un tema cargado de orquestación que acompaña a un riff genial (marca de la casa) y donde se empieza a observar la progresividad de la que gozan muchos temas de este álbum. La banda está pletórica en este tema, pero lo de Criss Oliva y sus solos no tiene nombre. Le echamos de menos.

El tercer corte, aún sin ser balada, es uno de los más dramáticos y mejores temas del disco. "Tonight He Grings Again", el tema favorito de Jon Oliva del disco, representa la caída de DT Jesus en la heroína y cómo es olvidado por todos, incluyendo a sus amigos. El piano, las guitarras y la orquestación van tan perfectamente acompasadas en la estrofa como en "Gutter Ballet", y la canción va creciendo en el puente hasta llegar al riff del estribillo y ese punteo de la guitarra de Criss, que pone la carne de gallina a cualquiera.

Le sigue "Strange Reality", que presenta una progresión de riffs que vuelven a animar al oyente y en donde DT ve su error. Otro corte que tiene el estilo que definió el sonido clásico de Savatage durante la etapa de los hermanos Oliva, y que finaliza con Criss luciéndose mientras el fade de la canción hace su efecto.

Con sólo un piano y la voz de Jon, el tema "A Little Too Far" nos sumerge en una balada muy sentida en la que DT Jesus decide volver a su vida anterior de músico. Tras la balada, un tema corto con un aire muy positivo ("You're Alive"), de nuevo con la banda al completo en acción acompañados de una orquestación que da fuerza a la composición. Le sigue "Sammy and Tex", un tema rápido muy en la onda hard rock sucio estilo sleazy (la época...), con un solo muy bueno (y apropiado para el tema) del genial Criss de nuevo. Aquí es cuando el amigo y mánager de DT es asesinado en una pelea con un traficante al que debía dinero.

De nuevo una balada ("St. Patrick's"), que empieza con un piano y la voz de Jon, al que se añadirán las guitarras y unos teclados que acompañan muy apropiadamente (en un momento suena el efecto órgano de iglesia). De nuevo se hace presente la progresividad del álbum en cuanto va subiendo el tema al entrar las orquestaciones con fuerza junto con la banda, para luego acabar con voz y piano como al principio. Un tema que refleja muy bien la crisis que sufre DT.

"Can You Hear Me Now" es un tema que entra con unas guitarras limpias que nos sumergen en un ambiente de misterio y duda, donde nuestro personaje empieza a cuestionar a Dios. En el estribillo de nuevo entran las guitarras con fuerza, para bajar otra vez a las guitarras limpias en la estrofa (todo esto con una orquestación omnipresente que compacta el sonido haciéndolo más intenso). Otro interludio en este tema con toda la banda en acción, destacando la sección rítmica y, cómo no, Criss Oliva.

"New York City Don't Mean Nothing" comienza con una guitarra acústica y la voz de Jon. La base rítmica se pone de nuevo en acción y va creciendo el tema añadiéndose las guitarras hasta llegar a otro pasaje progresivo del disco que desemboca en otro pedazo de solo del señor Criss Oliva (por qué tuviste que morir?). El tema acaba de nuevo con Jon y la acústica. Otro tema que refleja la depresión del personaje de la historia.

"Ghost In The Ruins" (que gran canción!) es un medio tiempo con una gran progresión de riffs de guitarra hasta llegar al estribillo. Un tema con una muy cuidada producción donde, tan pronto toma protagonismo el bajo, como entran unas guitarras limpias para hacer de fondo para que Criss Oliva introduzca uno de mis solos preferidos de él en este álbum (eso es feeling!). DT Jesus se encuentra perdido y solo de nuevo... y eso le lleva a plantearse si volver a la heroína y dejar de vivir a ser posible. Aquí entra una balada con mucho sentimiento y melancolía ("If I Go Away"). La composición de la parte de piano es una de las más acertadas del disco y el estribillo, en el que se une el resto de la banda, es de esos con una melodía que te entra en la cabeza y no sale. A partir de ahí toda la banda interviene añadiendo fuerza e intensidad a la estrofa. El trabajo de guitarras de Criss con sus punteos de nuevo impecable.

"Agony and Ecstasy" es un tema más rápido con riffs del estilo de los primeros discos de Savatage. Un tema con garra y muy crudo en el que supuestamente la droga llama a la mente de DT Jesus, tentándole para que vuelva a caer en ella. "Heal My Soul" es otra balada donde la voz de Jon Oliva se ve solamente acompañado por un piano y en la que se expresa el sentimiento del mendigo que muere en la calle solo y cuya alma pide ser sanada por Dios.

"Somewhere in time" es otra balada, ya sin aires negativos, donde DT expresa los cambios que ha sufrido para cambiar su forma de ver la vida. Una canción que progresa en una parte final inmensa, donde sube de ritmo y se oyen riffs magníficos acompañados de nuevo por orquestaciones que hacen al tema realmente poderoso.

Y llegamos al final, donde se haya quizás una de las mejores baladas que ha dado nuestra música. Estoy hablando de "Believe". Una de esas baladas que tienen magia y nos emocionan (a algunos como a mi hasta llorar) de principio a fin. La primera parte solo va con piano y la voz de Jon (que sentimiento tiene este vocalista en esta canción!). En la segunda estrofa se añaden las geniales guitarras que no se limitan solamente a poner el acorde que corresponde al compás (gracias Criss). El tema crece y crece en sentimiento y Jon parece que lo vive en sus carnes. Los punteos del final (emocionantes a mas no poder) y el piano son el final apoteósico de este disco histórico.

Jon Oliva dejaría la banda (aunque no dejaría de tocar los teclados, escribir material y participar en la producción) por problemas con su voz y no volvería a participar en la banda como antes hasta la gira del "Handful of Rain", pero sólo como teclista, pues se había fichado como vocalista al genial Zackary Stevens. Steve Wacholz abandonaría definitivamente la banda tras el "Handful of Rain" y Criss Oliva moriría en un accidente de tráfico después de la grabación del siguiente disco al "Streets", llamado "Edge of Thorns". Fue el fin de aquella clásica formación de esta banda que tanto dio al Heavy Metal, a pesar de ser tan ignorada por la prensa y los medios.

Gracias Savatage!

Diego Cibrian (Roy Khan)

 

SAXON “Wheels of Steel” (1980)

Situemos el disco en su contexto histórico-musical: Recién pasada la ola punk que invadió el Reino Unido e influenciados por grupos como Motorhead o Judas Priest, empezaron a surgir de los barrios obreros de las ciudades industriales los grupos que dieron lugar a lo que se llamó New Wave of British Heavy Metal, y que editaron sus primeros discos en esta época, de entre ellos “Son of a bitch”, embrión de lo que en 1979 serían Saxon. En 1980 concretamente, los estantes de las tiendas ofrecían lo nuevo de grupos como los Ramones (End of the century), Van Halen (Women and children first), Queen (The Game), AC/DC (Back in black), Black Sabbath (Heaven & hell), Thin Lizzy (Chinatown), Whitesnake (Ready an’ willing), las influencias antes citadas, Motorhead (Ace of spades) y Judas Priest (British steel), y por supuesto los grupos de la NWOBHM, Def Leppard (On through the night), Iron Maiden (Iron Maiden) o el que nos ocupa, “Wheels of Steel”, entre otras muchas cosas.

Los 9 cortes que contiene el disco son el arquetipo del heavy metal, con guitarras saturadas (Gibson + Marshall) que dibujan riffs en estructuras cuadriculadas sobre una base de bajo pesado, sin florituras, prácticamente monocorde, y batería de nítido sonido pero pegada contundente, esbozando patrones con doble bombo que a posteriori serían un referente para los baterías metálicos de las nuevas hornadas. Por encima de todo ello, la voz de Biff Byford, con melodías horizontales, sin altibajos, y frases cortas de temas típicos del género.

Si hay algo que Saxon siempre han cuidado en su sonido han sido las guitarras. En este disco las partes de guitarra están grabadas con Gibson SG y Explorer casi en su totalidad, y puede apreciarse perfectamente en temas como “Stand up and be counted”, donde abundan los acordes largos y las guitarras dobladas, o en “747 (Strangers in the night)”, aunque aquí con algo más de efecto (un flanger suave y un chorus), y eso que no es un grupo que abuse de los efectos, quizá una de las características de este disco es que suena bastante natural: guitarras enchufadas al ampli y batería a pelo con los bordones de la caja super-tensos, especialmente en el tema que da título al disco, el clásico “Wheels of steel” y que servía al grupo en sus directos para el típico desparrame con el público.

Otras veces, como en “Motorcycle man”, los temas están compuestos sobre riffs sin acordes completos o en quintas y a toda leche. Tampoco faltan las reminiscencias rockanroleras, como en “Freeway mad” con un inicio espectacular con la batería flangeada, o mi favorita “Street fighting gang” con duelo de guitarras y riff machacón.

“See the light shining” es algo atípica en el conjunto del disco por su estructura, con dos partes diferenciadas por un cambio de ritmo, más lento al final, y un colofón con el maestro Pete Gill (a caballo entre Motorhead y Saxon por aquella época) dando una clase de cómo se usan los dos pedales y el base. Por cierto, este tema está dedicado a Eddie “fast” Clarke, guitarrista que lo fue de la primera época de Motorhead (y fundador de Fastway con el genial Lea Hart a la voz), con quien les unía una estrecha amistad.

El disco termina con la más suave, “Suzie hold on”, y con la veloz “Machine gun”, quizá la canción que más me pone las pilas de toda su discografía.

No hay arreglos, no hay coros o voces dobladas, no hay una producción efectista, solo voz, dos guitarras, un bajo y una batería, todo natural. Con estas armas este disco fue capaz de sobresalir entre toda la cantidad de buenas grabaciones que he reseñado al principio, y poner a Saxon en la primera división del heavy metal, lo cual le engrandece aún más.

Alvar de Flack

 

SCORPIONS “Tokyo Tapes” (1978)

Es difícil hablar con objetividad de un disco tan especial y lleno de matices como este doble LP en vivo que salió a la venta en 1978 y que significó el fin de una etapa y el comienzo de otra si cabe aún más apasionante para los Scorps.

Vamos a empezar desmitificando un poco las cosas ya que, según comentarios, este directo salió tal y como fue tocado, sin overdubs ni mezclas y eso no es cierto (ni falta que hace). Quien os escribe tiene en su poder los dos conciertos grabados en el Sun Plaza Hall de la capital nipona el 24 y el 27 de abril de 1978 y tras un exhaustivo trabajo comparativo se llega a la conclusión que hubo mucho retoque respetando, eso sí, la base, aparte de tres temas que nunca salieron a la luz, “Hell Cat”, “Catch Your Train” y el Himno Japonés tocado por el señor Uli Jon Roth en su último concierto con la banda hasta la fecha.

El disco comienza con un tema inédito y que incluso, como comentó Uli no hace mucho, prácticamente improvisado ya que no tenía mucho tiempo, “All Night Long” es la única composición Roth/Meine de la historia y que pena… El concierto, según lo vas oyendo, sigue las directrices de la época, por un lado los temas más duros del dueto Schenker/Meine , embrión de lo que iba a venir después, sirva de ejemplo “Steamrock fever”, “Pictured life” o “He´s a Woman She´s a Man”, y por otro los de Uli (Ulrich por aquella época) Jon Roth, mucho más ácidos y experimentales: “Polar Nights” que contiene una introducción a lo Hendrix realmente increíble, “Dark Lady” o “Fly to the Rainbow” que compuso junto a Michael Schenker antes de que éste emigrara a UFO.

Quisiera destacar como uno de los momentos clave el solo de batería de Herman Rarebell en “Top of the bill” (una de las pocas elegidas del concierto del día 24), quizá no muy bueno técnicamente pero que, sin saber muy bien por qué, gustó mucho, nada que ver con esos terribles solos con los que nos “obsequiaba” años después. Otro de los grandes momentos es la versión de una canción tradicional Japonesa “Kojo no tzuki” que aún hoy siguen tocando cada vez que visitan tierras japonesas así como el único tema que tocaron del lejanísimo “Lonesome crow”, la primera balada de Scorpions, “In search of the Piece of Mind”. Más a destacar es “Speedy´s Coming”, ese divertido homenaje a Rudolf Schenker (a Rudy le llaman, o le llamaban, Speedy por lo rápido que habla), “In Trance” y la recuperada “We´ll Burn the Sky”, la cual, fue compuesta por Monika Danneman, ésta fue la última novia de Jimi Hendrix y también de Uli posteriormente.

Quizá algo prescindible son “Hound Dog” y “Long Tall Sally”, si en vez de esos clásicos hubieran metido el “Catch Your Train” que citaba antes que sonó de miedo o un “The Sails Of Charon” hubiera sido ya la leche. El rocanrolero “Robot man” cierra el LP y esta desordenada crónica de un pedazo de directo a la altura de los más grandes, el único problema es el de siempre, no es lo mismo ser alemán que anglosajón o yankee en este mundillo y que cada uno piense lo que quiera…

Edurocks

 

SCORPIONS “Blackout” (1982)

O “ceguera temporal” como subtituló algún hortera en la versión española del, entonces, vinilo. De la etapa realmente heavymetálica de Scorpions.

Fue un disco en el que continuaban la línea que se inició con la entrada en el grupo de Mathias Jabbs en sustitución de Uli Jon Roth, y la consiguiente grabación de “Lovedrive” en el 79, y del “Animal magnetism” en el 80, cada vez con mas concesiones a las emisoras y buscando claramente el mercado yankee. Pero esto no quiere decir que “Blackout” sea un disco flojo, todo lo contrario, junto con el siguiente “Love at first sting” del ‘84 son los mejores ejemplos de cómo se funde comercialidad y dureza, y sin perder las señas de identidad, siendo considerados un grupo de heavy metal con todas las letras, guitarrero, de solos agresivos, de ritmos pesados, etc. No tiene nada que ver con la imagen que tienen del grupo las nuevas generaciones.

“Blackout”, el tema que da título al disco convirtió a la religión del heavy metal a no pocos indecisos. En contraposición con “When the smoke is going down”, típica balada made in Scorpions, con la que empezaron a ver como también se les pinchaba en emisoras fuera de la programación rockera. Entre medias un “No one like you”, que sin ser balada, sí consigue un medio tiempo con la suficiente caña como para desconcertar las cerradas mentes de la radicalidad tecno de la época. 

La verdad es que es un disco bastante variado en cuanto a la orientación de cada uno de los temas, así por ejemplo “Arizona” tiene una melodía pegadiza, ideal para sonar en las FMs, especialmente las americanas. Sin embargo, “Dynamite” pasa por ser uan de las más heavy, no solo del disco, sino de lo que sonaba en los ambientes rockeros de 1982, con la rítmica de Rudolf Schenker montando una gresca tremenda, igual que “Now!”, otra demostración de lo que Scorpions pueden hacer si se proponen dejarse de historias comerciales. Sin embargo “You give me all I need” es del estilo de “No one like you”, medio tiempo con voz melosa que cambia a bronca en lo alto del tema, de ritmo más bien suave. Y también con ritmo de cadencia lenta y pesada es “China White”, muy en la onda pesada de estilo Black Sabbath, y de constantes demostraciones vocales por parte de Klaus Meine, más orientada a los heavies más puristas.

El grupo lo completaban Mathías Jabbs como lead guitar, Francis Bucholtz en el bajo y Herman Rarebell en la batería. La formación clásica de Scorpions, la que le dio el prestigio de cuyas rentas andan sobreviviendo los últimos años para desconsuelo de los seguidores que llevamos esperando otro “Blackout” desde el doble en directo “World Wide Live”.

Salud

Alvar de Flack

 

SCORPIONS "World Wide Live" (1985)

“World Wide Live” marcó el final de una etapa de absoluta inspiración de esta banda Alemana, la cual a partir de este doble disco en directo ya no a vuelto a tener por lo menos en estudio la magia que durante esa primera mitad de los 80 les hizo llegar a tocar techo en cuanto a creatividad, fuerza y ventas se refiere.

Este disco en directo recoge de varios conciertos la etapa comprendida desde la edición en 1979 de “Lovedrive” a la salida al mercado en 1984 del disco que quizás mas ventas obtuvo a lo largo de toda su carrera como fue “Love at First Sting”.

El disco comienza con una breve intro y enseguida arrancan con “Coming Home”, ahorrándose las partes lentas de su versión en “Love at First Sting”,la cual le da al concierto un inicio absolutamente trepidante, sin dar respiro enlazan directamente con “Blackout”, canción que daba el mismo titulo al trabajo editado en 1982 y que junto con “Love at First Sting” quizá sea el mejor trabajo en estudio de Scorpions, seguidamente y después de un breve saludo al respetable inician la canción “Bad Boys Running Wild” y la intensidad del concierto no solo permanece inalterable sino que va in-crescendo, y para entonces ya te das cuenta que a tus oídos esta llegando un huracán en forma de concierto y que la compenetración de la banda era absoluta, la voz de Klaus Meine a pesar de lo forzada en ciertos momentos, esta perfecta, la base rítmica de Francis Buchholz al bajo y Hermann Rarebell a la batería, que a pesar de que no sean unos instrumentistas como para tirar cohetes, le dan a la música de la banda una sobriedad absoluta. Por otra parte la guitarra rítmica de Rudolf Schenker que imprime una fuerza arrolladora, y que decir de Matthias Jabs, el gran descubrimiento de Meine y compañía tras el abandono del Hendrixiano Ulrich Roth allá por el año 79. Matthias le dio unos aires de cambio en el sonido a Scorpions y se acopló a la banda como parte fundamental de esta (donde estará metido ahora?).

Siguiendo con el disco después de “Bad Boys Running Wild”, proceden a descargar el tema con el que abrían “Lovedrive” como era “Loving You Sunday Morning”, canción de talante mas comercial que las anteriores, pero que no le resta un ápice de intensidad a tus oídos. Continúan con la también comercial pero intensísima “Make it Real”, del álbum “Animal Magnetims” (1980). Esta canción cerraba la cara A de la edición en vinilo y te obliga a levantarte para rápidamente y sin perder un minuto darle la vuelta al redondo y hacer que suene “Big City Nights” el tema que quizás junto a “Still Loving You” mas fama le dio a la banda entre la gente que no era habitual consumidora de Rock. Versión que para mi supera en sentimiento la versión de estudio, y en la que Klaus Meine hace participar al publico cantando el estribillo, acto seguido enlazan con la instrumental “Coast to coast”, en la cual Mr.Meine actúa como tercer guitarrista y le da un poco de mas potencia al tema con respecto a la instrumental del estudio, decir como curiosidad que en dicha versión de estudio participó Michael Schenker y que no hubiera estado nada mal que en este concierto hubiera participado como artista invitado tocando dicha instrumental, como en su día participo Klaus Meine en el disco en directo de M.S.G “Rock will never Die” compartiendo junto a Gary Barden las voces en el tema “Doctor, Doctor”.

Una vez descargada “Coast to coast”, comenzamos con la parte mas tranquila de toda la grabación, y no podía ser de otra forma que con las baladas que mas fama le han dado a estos chicos, como son “Still Loving you” y “Holiday” y que le dan un sentimiento al momento fuera de lo común. Todavía al que escribe estas letras se le ponen los pelos como a las gallinas cada vez que las escucha. No sé, a mucha gente las baladas de Scorpions siempre les han parecido muy pastosas y comercialotas, pero estaréis de acuerdo conmigo que a muy pocas bandas les han quedado unas baladas con tanta calidad como las que escribían los alemanes.

Y así llegamos al final del primer vinilo, ya con la sensación de saber que tus orejas están escuchando un discazo en directo.

Así que sin perder ni un solo segundo mas, procedo a pinchar la cara A del segundo disco, y esta ya es la madre del cordero, temas mas agresivos, mas potentes están a punto de llegar a tu cabeza. Para resumir brevemente lo que es esta cara A decir directamente las canciones que la componen. “Rock You Like a Hurricane”, “Can`t Live Without You”, “Another Piece of Meat” y la bestial “Dynamite”. ¿Quién dijo que Scorpions no metían tralla? El que lo dijo no había escuchado esta parte del disco y si lo hizo ni se entero de lo que escuchaba. Para mi lo mejor de la grabación, sobre todo el tema “Dynamite” que lo alargan hasta que los 5 músicos llegan a la extenuación y no pueden mas, una canción mucho mas endurecida que la aparecida en el estudio y que estaba incluida en “Blackout”. Recuerdo que en su día pude ver un video-clip de “Dynamite” en directo con un escenario bestial, y en un auditorio el cual no se cuanta gente hay pero aquello estaba hasta los topes. Pues bien todavía ando loco por saber donde puedo agenciarme ese video, porque era buenísimo (cuando yo era jovencito y en casa no teníamos video para poder haberlo grabado)

Y ya para finalizar se abre la cara B del segundo vinilo con la magistral “The Zoo” haciendo Matthias Jabs un Voice-Box impresionante lo que demuestra lo que anteriormente comenté, que con la guitarra este tío no era manco precisamente. Una vez descargada “The Zoo”, se tranquiliza el tema un poco ya que proceden a tocar “No One Like You”, y en la que la voz de Klaus Meine esta inconmensurable dándola unos tonos maravillosos, decir que “No One Like You” fue editada como single y que estuvo sonando por todas las Radio-fórmulas de este país allá por el verano del 85.

Y ya para cerrar nos encontramos con “Can`t get Enough”, la cual esta interrumpida con un solo de guitarra a cargo de Matthias Jabs, para luego retornar a dicho tema y así finalizar este segundo vinilo.

Lo dicho, disco recomendadísimo sobre todo para gente que no este muy al día de Scorpions, los cuales en vez de pillar cualquier recopilatorio que rula por ahí, deberían agenciarse este disco sin pestañear, el cual hace las veces de recopilatorio, pero con la magia que supone un disco en directo muy bien hecho.

Grabación recogida del “Love at First Sting Tour”, que se inició el 23 de Enero de 1984 en Birminghan y que finalizo el 7 de febrero de 1985 en Tokyo.

Dicha gira también pasó por España, concretamente el 10 de Noviembre de 1984 en San Sebastián, el 12 y el 13 de noviembre en Madrid y el 14 en Barcelona, actuando como telonera Joan Jett.

Victor Urrutia (Bittor)

 

SEPULTURA “Chaos A.D.” (1993)

A la hora de rebuscar en la discografía de estos hijos de la miseria de Sao Paulo, supongo que lo más lógico sería rescatar aquellos discos que les otorgaron la fama mundial (“Beneath The Remains”, 1989) y les consagraron como los sucesores predilectos al trono de Slayer (“Arise”, 1991), pero como esta reseña más que de lógica es producto de un calentón, me van a permitir vds. que les presente (o les recuerde) aquel revolucionario “Chaos A.D.”, que para mal o para bien removió los esquemas de lo que aburguesadamente se venía llamando Thrash Metal.

Y es que si en los grandes “Beneath The Remains” y “Arise” todavía se dejaban entrever los posos de las influencias de los brasileños (Celtic Frost, Sodom / Kreator o los propios Metallica, aunque desde luego más levemente que en “Morbid Visions” o “Squizophrenia”), en este “Chaos A.D.” rompieron con todo y registraron una obra que bien puede valer como punto de inflexión en lo que a música burra se refiere (no, no estoy hablando de Operación Triunfo).

Tras la genial portada (cómo no) de Michael R. Whelan y el cambio en los controles de Scott Burns a Andy Wallace, sin duda clave en el resultado final (¿quién dijo Thrash?), se escondía un trabajo que en su día noqueó al público thrasher por completo (menudo careto se nos quedó), pues si bien la brutalidad de los hermanos Max (guitarra y voz) e Igor Cavalera (batería), Andreas Kisser (guitarra) y Paulo Jr. (bajo) seguía intacta, las estructuras prototípicas del Thrash pasaron a mejor vida y se reinventaron a sí mismos de una manera francamente envidiable (aunque muchos no lo supiéramos apreciar en su día).

La tripleta inicial era de sacársela al fresco: “Refuse / Resist”, “Territory” y “Slave New World” (firmado a pachas entre Max y Evan Seinfeld, de Biohazard) eran violentamente incorrectos, tanto musical como letrísticamente, y si de sobras eran conocidas las limitaciones de la banda con sus instrumentos (chicos de barrio, vaya), estos cuatro forajidos del sur de las Américas suenan más creíbles que nunca (sobre todo Igor, que está descomunal). Para sorpresa (o desesperación) de muchos, la rapidez dejaba paso a la densidad en cortes como “Amen”, “Nomad” o en la inquietante “We Who Are Not As Others” (claro guiño al mítico film freakie de serie B), mientras que el letal “Propaganda” o el breve “Biotech Is Godzilla” (Jello Biafra) daban cancha al sector más béstia.

“Manifest” sirvió incluso de sintonía para algún programa de TV (Metalla, Viva TV), y para remate final del baile el grupo indagaba en la música indígena brasileña con el tribal “Kaiowas” (preludio de lo que harían posteriormente en “Roots”) y se atrevía con el genial “The Hunt”, originalmente de los New Model Army. “Clenched Fist” cerraba el plástico, y la cara de tonto tras la primera escucha era inevitable.

Para servidor un disco clásico es aquel que, por una u otra razón, significó un antes y un después en el mundo de la música, y este no me cabe duda que lo hizo. ¿Lo tienes? Pues estás tardando...

Bubba

 

SKID ROW "Skid Row" (1989)

Pocas formaciones han tenido una trayectoria tan corta y fructífera al mismo tiempo como Skid Row. Con tan sólo tres discos en estudio, la solidez y la evolución coherente de las que hicieron gala son razones de peso para dedicarles un espacio en este apartado de clásicos. Enmarquemos el momento. Sunset Boulevard brillaba como nunca lo hizo. En las emisoras de medio mundo sonaban (o estaban a punto de hacerlo) "Fallen angel", "Long cold winter", "Kickstart my heart", "Pour some sugar on me", "Dirty love" o "Wild and wonderful", mientras que la todopoderosa MTV elevaba a los altares a una decena de bandas de imagen ligeramente glammy e inconfundibles ecos heavies.

Cuando "Skid row" salió a la calle en 1989, la prensa trató de encender una agria polémica entre Skid Row y Guns n' Roses, dado que los niveles de éxito que cosechaban ambas bandas alcanzaban cotas elevadísimas. Todo esto duró poco tiempo ya que la senda que seguirían unos y otros sería bien distinta, además de compartir juergas y gira mastodóntica un par de años más tarde. Estaremos de acuerdo en que "Appetite for destruction" es la obra de referencia del rock'n'roll contemporáneo. Si todavía hay quien lo pone en tela de juicio, que se pregunte por qué Axl Rose sigue levantando polvareda con cada movimiento que hace y está en boca de detractores y fieles por igual. El debut de Sebastian Bach y los suyos quizá no fuera tan ambicioso como aquel, pero el deambular por el filo que separa el hard rock del heavy metal lograba marcar una diferencia más que notable con los Guns. Para disipar cualquier duda, "Slave to the grind" (¿quién no se acuerda de "Monkey business" o del tema que daba título al disco?) y más tarde "Subhuman race" (cuyo sonido se aproximaba a las tendencias coetáneas, con una marcada influencia de Pantera y sucedáneos) ponían las cartas encima de la mesa.

El grado de importancia que alcanzó el grupo con "Skid row" se puso de manifiesto con la participación en el famoso Moscow Music Peace Festival de 1990 celebrado en el estadio Lenin, donde descargaron junto a Motley Crue, Ozzy Osbourne o Bon Jovi entre otros. A ésta hay que sumarle dos apariciones en el festival de Donington, ambas en unos privilegiados segundo y tercer puesto de cartel respectivamente: en 1992 detrás de Iron Maiden y en 1995 calentando el ambiente para unos Therapy? y Metallica en la cumbre de su carrera. Además, cabe recordar el mini-LP de versiones, "B-sides ourselves", que editaron en 1992, en el cual rendían merecido tributo a sus héroes personales: Judas Priest, con Rob Halford colaborando en "Delivering the goods", Ramones con un "Psycho therapy" rabioso (y de puro caos en vivo) o una interpretación de "C'mon and love me" de Kiss memorable.

Describir el contenido del plástico resulta mucho más sencillo que explicar las sensaciones que genera. "Big guns", "Sweet little sister", "Rattlesnake shake" o "Can't stand the heartache" están cortadas por el mismo patrón: composiciones breves, de una chulería casi insultante y eternamente adolescentes que completan un trabajo de menos de cuarenta y minutos. Pero ya se sabe: si lo bueno breve... Máxime cuando uno se encuentra con once cañonazos que no permiten bajar la guardia. Cuando llegamos a la altura de "Youth gone wild", estamos sumidos en un estado de euforia cegador. El himno del álbum (y de la banda) iba asociado a la filosofía rebelde del quinteto, cuyas letras eran mundanas historias de calle: las mujeres, la vida nocturna, el rock'n'roll y el ir contracorriente por sistema. No podía ser de otra forma.

A la insurrección rockera de los setenta le salía competencia y no es casualidad (más bien causalidad) que un solo como el de "Here I am" o que el riff de "Makin' a mess" pareciesen salidos del duo Perry / Whitford. Añadamos los ingredientes que delatan la década de diferencia - sonido heavy y un tanto sobreproducido (brillante y bien limpio) - y ahí lo tenemos: los teloneros perfectos de Aerosmith para el tramo americano del tour de "Pump". Dave "Snake" Sabo y Scotti Hill ponían patas arriba cuanto se encontraban por delante. En directo el grupo era un torbellino, pura pasión, infinitamente más sucio que en sus discos. Tanto los dos guitarristas como el bajista Rachel Bolan, el punk de la banda (reconocido apasionado de The Ramones y Sex Pistols) y al que siempre recordaré con la cadena que unía los piercings de nariz y oreja, y el batería Rob Affuso formaban un tándem único. Capítulo aparte merece Sebastian Bach, el líder indiscutible del combo. Aparte de provocar reacciones de histeria en las féminas de por entonces, el frontman se descubrió como un filón de voz. El registro grave y violento de su garganta, capaz de enzarzarse en terrenos agudos cuando se lo proponía, constituía una seña imprescindible en la personalidad de Skid Row.

La facilidad que siempre tuvieron para componer temas que fundían una sensiblería casi inocente con una fuerza desbordante se hace patente en "I remember you" y "18 and life". Imposible no emocionarse con estas piezas. "Piece of me" anticipa lo que vendría en el futuro: una banda con una proyección claramente heavy que podía mostrarse verdaderamente agresiva cuando se lo proponía. El video-clip que acompaña la canción no podía ser más explícito: el quinteto tocando en directo mientras sus seguidores hacen mosh como si estuviéramos hablando de una panda de thrashers. Cierto es que el ritmo endiablado al que se movía el corte incitaba a menear el cuello cual headbanger. Y, ¿qué decir de "Midnight / Tornado"? Que es el plato de cierre ideal para convertir este primer disco de los americanos en todo un clásico.

¿Qué será de ellos en el futuro? Es duro hacerse a la idea de que Seb hace tiempo que no está en el seno de la banda. Un nuevo trabajo y una formación retocada, puesto que Affuso también abandonó el barco tras la disolución de Ozone Monday, son el presente. El tiempo dictará. Lo que sí ha quedado claro con el pasar de los años es que Skid Row fueron unas víctimas del cambio. Injusto, desde luego.

J. A. Puerta

 

SLAYER “Seasons In The Abyss” (1990)

A la hora de hablar tanto de la cosecha discográfica de la banda en particular como de los más claros exponentes del thrash metal en general, “Reign In Blood” siempre se ha considerado como un episodio ineludible, un auténtico punto de inflexión en el género y espejo inevitable de generaciones posteriores. Y si bien es cierto que marcó un antes y un después en lo que a música cafre se refiere, batiendo todos los records de velocidad y agresividad establecidos hasta la fecha (el propio Kerry King ha confesado en alguna ocasión que no se puede tocar ese material sin calentar debidamente), tampoco puede decirse que brillase compositivamente hablando.

Fue precisamente por eso que “South Of Heaven” ralentizó los tiempos, sin duda el trabajo más ‘heavy’ de la banda, para demostrar a la audiencia que Slayer no sólo era música ejecutada a mil por hora. Fue sin duda un gran paso hacia la madurez del grupo, que para el que suscribe vio su culminación en “Seasons In The Abyss”, toda una demostración de cómo hacer música brutal sin perder el norte y controlando en todo momento los tiempos. Una auténtica maquinaria de engranaje perfecto y rubricada nuevamente por la producción de Rick Rubin, que sin duda fue una pieza clave a la hora de dotar de mayor personalidad y precisión al sonido del grupo.

Si hay una palabra que pueda definir tanto la música de Slayer como sus shows en directo esa es ‘caos’. Es más, desde las ilustraciones de los discos (sirva ésta de muestra) hasta la temática de las letras, pasando por la indumentaria de los músicos mismamente, todo se presta a confusión, pero de una manera consciente, algo de lo que siempre ha alardeado Tom Araya (voz, bajo). Nazismo, Satanismo, Violencia... se les ha acusado de apología de todo, cuando en realidad son meros narradores de historias en tercera persona única y exclusivamente con la intención de provocar (o al menos eso dicen), y desde luego lo consiguen.

Basta pulsar play para encontrarnos de golpe y porrazo con todos y cada uno de los ingredientes marca de la casa: “War Ensemble” aglutina riffs incendiarios cortesía del dúo Hanneman/King por doquier, esos solos disonantes tan característicos que acentúan más si cabe el caos, una apisonadora en forma de batería perfectamente conducida por el maestro Dave Lombardo, todo un erudito de su instrumento, y un Tom Araya que además de destripar su bajo lo hace también de sus cuerdas vocales, a voz en grito y sin el socorrido recurso de las guturales. La letra, como de costumbre, levanta la polémica por su contenido belicista, sobre todo después de salir a la luz que sirvió de sintonía para los soldados americanos en el conflicto del Golfo Pérsico. ¿Otra leyenda urbana?

Si piezas como “Hallowed Point”, “Temptation” (qué final!) o “Born Of Fire” recuerdan a su pasado más speedico, los medios tiempos de “Blood Red”, “Spirit In Black” o “Skeletons Of Society” presumen de mayor pausa y de riffs descomunales, ganando sobre todo en intensidad. Brillan especialmente la ralentizada “Expendable Youth”, de estribillo quedón y conflictivo (para variar), la polémica “Dead Skin Mask”, basada en la historia del famoso asesino en serie Ed Gein, que elaboraba máscaras con la piel de sus víctimas (y que posteriormente daría su juego en films como “El Silencio de los Corderos”), con unos dibujos de guitarras tan inquietantes como la propia letra (“dance with the dead in my dreams, listen to their hollow screams, the death have taken my soul, temptation lost all control”), o la apocalíptica “Seasons In The Abyss”, con ese mítico in crescendo perfectamente canalizado y con unos redobles por parte de mr. Lombardo de antología, que cierra apoteósicamente el plástico.

Por cierto, si tras la pertinente escucha crees que todo eso no es reproducible en concierto sólo tienes que seguir con “Decade Of Aggression”, la plasmación en (doble) directo de que brutalidad y precisión no son necesariamente incompatibles.

Podríamos estar hablando horas y horas de Slayer, tanto por lo que han significado algunos de sus discos para la evolución del metal más extremo (que se lo pregunten a Dissection, Cradle Of Filth, Hypocrisy, At The Gates o In Flames, por citar alguno) como por lo que sigue suponiendo una actuación suya en directo (lo máximo, simplemente). Pero tampoco es cuestión de aburrir, así que si eres de los que se los ha estado perdiendo hasta este preciso instante ya sabes lo que toca. ¿Preparado para la banda más agresiva de todos los tiempos?

Bubba

 

DESTRUCTION “Eternal Devastation” (1986)

SODOM “Agent Orange” (1989)

KREATOR “Coma Of Souls” (1990)

Ahora que las tres formaciones clásicas y pioneras del Thrash alemán (y europeo por extensión) vuelven por sus fueros (todas tres con unos aplastantes discos bajo el brazo, a cual más bestia -como si se hubieran puesto de acuerdo, vamos-), y aprovechando que van a girar juntas a partir de este mismo mes de Diciembre (¿pasarán por aquí o nos dejarán con las ganas?), no está de más echar la vista atrás y repasar lo que fueron discos claves en la ya larga trayectoria de estas tres bandas abanderadas del Thrash germano.

Y empezamos por Destruction, la banda liderada por el bajista/vocalista Marcel Schmier, que ha regresado a los ruedos tras una década de inactividad discográfica, desde “Cracked Brain” (1990, para el cual no prestó su colaboración el citado vocalista) hasta su anterior “All Hell Breaks Loose” (2000), que los devolvió a la más rabiosa (y nunca mejor dicho) actualidad del panorama metálico.

En “Eternal Devastation”, su segundo larga duración tras el primerizo “Infernal Overkill” (1985) y el brutal EP “Sentence Of Death” (1984), conformaban el trío junto a Schmier el guitarrista Mike Siffringer y el batería Thomas Senmann “Tommy”, de los cuales únicamente queda el primero en la actual formación del grupo.

Lo bueno del caso es que el disco no goza de una producción digna de elogio precisamente (la verdad es que sólo lo he escuchado en vinilo, que es en el formato que lo tengo, pero no creo que en la versión CD la cosa mejore ostensiblemente), eso sin contar con las voces chillonas de Schmier, que junto a las afiladísimas guitarras de Mike dan lugar a un sonido estridente a más no poder. Pero ¿a quién le importa? Puede que precisamente ese fuera el secreto de que Destruction se alzara por derecho propio a co-liderar la corona de lo que se vino a llamar Thrash Metal europeo, en contrapartida al que se venía haciendo por aquel entonces en los States (con bandas de sobra conocidas como Metallica, Megadeth, Anthrax, Slayer o Testament, y otras de menos renombre como Dark Angel, Exodus, Sacred Reich, Flotsam & Jetsam, Death Angel o los Vio-lence del ahora Machine Head Rob Flynn). Lo cierto es que temas como el apoteósico “Curse The Gods”, “Life Without Sense” (que dio nombre precisamente al disco en directo de la banda), “United By Hatred” o “Eternal Ban” nos han hecho, nos hacen y de seguro nos harán agitar el cuello como verdaderos posesos.

Otro de los nombres que sin duda se te viene a la cabeza cuando hablamos del Thrash elaborado en el viejo continente es el de Sodom, la banda del incombustible Tom Angelripper (una curiosidad: la verdadera ‘causante’ del nombre del grupo fue la madre de Tom, la cual le ‘sugirió’ la idea al zagal una de las veces que entró a su cuarto y le encontró cabeceando con Venom y Motörhead... “santo Jesús, esto parece Sodoma y Gomorraaa”... ).

El disco, cuarto de su carrera y uno de los más conocidos, goza de una producción aplastante (Harris Johns, Musiclab Studios, Berlin), y se abre con tres auténticos trallazos como son “Agent Orange”, “Tired And Red” o “Incest”, para dar paso al célebre medio tiempo de “Remember The Fallen” (un homenaje a los caídos en combate). Destacable es también la andanada sónica de “Ausgebombt”, uno de los temas más conocidos del grupo, que se sale un poco de la línea de los anteriores (en onda más heavy, donde se puede apreciar la influencia de Motörhead), dando paso a otra pieza thrashica, “Baptism Of Fire”, para seguir de nuevo, y ahora con más claridad, con un tema que podría haber firmado el propio Lemmy Kilminster, “Don’t Walk Away”, esta vez más festivo (y con el que se cierra el disco).

Componen la formación (trío, cómo no) el mencionado Tom Angelripper (bajo/voz, también conocido por sus trabajos en solitario), Chris Witchhunter (batería) y Frank Blackfire (guitarras), el cual abandonaría la nave tras este disco para unirse precisamente al grupo (y al disco) que nos ocupará a continuación. Por último destacar la excelente portada del genial Andreas Marschall (no comment), que también se ocuparía de la del siguiente disco que comentamos (si es que el mundo es un pañuelo...).

Pues ese disco no es otro que “Coma Of Souls”, el quinto elepé (como se solía decir antes) de esa criatura llamada Kreator. Tras dos fieros comienzos (“Endless Pain”, “Pleasure To Kill”) y dos discos digamos ‘de transición’ (“Terrible Certainty”, “Extreme Aggression”), en los que compaginaban la potencia de antaño con la velocidad algo más controlada, llegó la madurez y, lo que es para mí, la obra cumbre del grupo (aunque este último “Violent Revolution”...).

Con unas guitarras acústicas y una melodía de guitarra eléctrica a la par se abría “When The Sun Burns Red”, que inmediatamente rompía la atronadora batería de Ventor y la voz desgarrada de Mille Petrozza, alma mater indiscutible del grupo. “Coma Of Souls” te atronaba con un incesante doble bombo y unas guitarras destripantes a cargo de Frank Blackfire, mientras que “People Of The Lie” (para la cual se grabó un video) era un tema aparentemente más accesible (que no flojo) y con una letra de esas en las que Mille escupía por su boquita...

“World Beyond” mantenía la caña de antaño (tuca-tuca-tuca), “Terror Zone” complicaba algo más las estructuras (podemos hablar incluso de Thrash progresivo), al igual que “Agents Of Brutality” o “Material World Paranoia” (los acérrimos al piñón fijo ya empezaban a echar pestes), pero “Twisted Urges” y “Hidden Dictator” devolvían la calma al sector más bruto. “Mental Slavery” cerraba el plástico, con un riff cansino que abría y cerraba de la misma manera el tema (y el disco).

Es obvio que todos y cada uno de los discos de la banda de Essen son una referencia clara y obligada en el estilo, ahí están temas como “Tormentor”, “Flag Of Hate”, “Pleasure To Kill”, “Under The Guillotine”, “Terrible Certainty”, “Toxic Trace”, “Extreme Aggression”, “Love Us Or Hate Us”, etc. etc. para atestiguarlo, pero quizá haya elegido este “Coma...” porque supuso una evolución lógica y coherente con respecto a anteriores trabajos, y los desmarcó del resto del rebaño, de los cuales la inmensa mayoría seguía repitiendo esquemas e ideas que no harían sino quemar el género (¿cuántos quedan ahora?).

Lo dicho, tres bandas emblemáticas en lo concerniente al género thrashico europeo, pero no las únicas. Ahí estaban (o están) muchas otras como Coroner, Celtic Frost, Sabbat, Tankard, etc., que contribuyeron con ellas a crear un estilo que muchos de nosotros hemos disfrutado a lo largo de todos estos años. A su debido tiempo (y en la medida de nuestras posibilidades, claro está) todas tendrán su hueco en nuestra humilde página. Como bien rezan Destruction en su último trabajo: Thrash til’ death!!!

Bubba

 

STRAY CATS “Stray Cats” (1981)

Seguramente alguno de vosotros todavía recuerde tiempos donde era frecuente ver por nuestras calles rockeros con tupé y zapatos de gamuza azul luciendo chulería y glamour, muchas patillas y faldas de vuelo y coleta para las niñas. Años en los cuales bandas como The Cramps o Crazy Cavan & The Rythm Rockers eran jóvenes promesas y la punta de lanza de toda una nueva hornada de bandas compartiendo el gusto por la música y la estética de los años cincuenta. Incluso en España tuvimos los nuestros con Los Rebeldes o Loquillo y Trogloditas. Pues bien, dentro de todo ese “Rockabilly Revival” hubo una banda que destacó por encima del resto y que se erigió por derecho propio en el líder de toda aquella generación de rockeros: Stray Cats.

Salidos de la Gran Manzana, Brian Setzer, Slim Jim Phantom (conocido en su casa como Jim McDonell) y Lee Rockers (Lee Drucker) toman dos decisiones importantes en 1980: cambiarse el nombre (de The Tom Cats pasan a Stray Cats) y cogerse un avión para plantarse en Inglaterra. Allí firman un contrato con Arista y graban uno de los discos debut más impactantes de la historia. El resto vino rodado. Una gira por Inglaterra, otra por Europa, teloneros de los Rolling Stones, otro disco más, una gira por Australia, más discos, otra gira. . . así hasta que en 1984, cuando ya son admirados en el mundo entero, deciden separarse por primera vez. Hoy en día, después de separarse y volver a juntarse varias veces, los hemos tenido por nuestro país haciendo una gira “para ver como funciona la cosa en esta nueva etapa”. Esperemos que bien.

Su disco debut es una colección de coplas que hoy se han convertido en clásicos. Rockabilly de brillante factura sacándole el máximo partido a sus influencias (Cochran, Vincent, Perkins o The Clash y The Rolling Stones) en un estilo singular y particular. Desde la inicial Runnaway Boys hasta Wild Saxophone, los gatos van dejando su rastro a base de revisiones de los clásicos antes citados (“Jeanie, Jeanie, Jeanie” o “Double Talkin Baby”) y de coplas con matices más modernos como la skatalica “Ubangi Stomp” o la deliciosa “Storm The Embassy” que no hubiera desentonado en los discos de lo The Clash más inspirados.

De todas maneras este disco se explica solo, basta ver la portada y, sobretodo, la contraportada con ese peine, el bote de gomina y el paquete de Lucky Strikes. Rockabilly de altos quilates, brillante, macarra y con mucho buen gusto que encandiló a toda una generación de rockeros y que convirtió el “revival” en algo permanente.

Perico Salinas “Pears”

 

SUPERTRAMP “Crime of the century” (1974)

¿Qué es un disco clásico?, vaya pregunta. ¿Y un grupo clásico?. Cada uno que entienda lo que le parezca, pero un disco o grupo no se convierte en clásico solo por el hecho de ser antiguo, tiene que haber contribuido en la medida que sea al enriquecimiento de la música, haber aportado elementos que hayan sido absorbidos por otros grupos, incluso de distintos estilos, de tal forma que esto no pare, que progrese, que sea fuente de la que beban músicos y músicas posteriores y gozo para las orejas de los que solo se limitan a escuchar. Bien, pues este disco y este grupo son clásicos.

Reconozco que he iniciado y reiniciado este comentario una docena de veces, y solo me salía decir algo así como “...es la hostia...”, es que no encontraba palabras. También es cierto que siempre intento no dejarme llevar por la pasión, aunque en este caso me da lo mismo, este disco no debería faltar en las discotecas particulares de los amantes de la buena música. Supongo también habrá quien se eche las manos a la cabeza por la aparición de Supertramp en una web de Hard Rock y Heavy Metal. Pues que se prepare, porque vamos a introducir discos de grupos que, aún no practicando claramente el estilo básico de esta página, sí tienen mucho que ver con la génesis de sonidos duros, progresivos etc.

“Crime of the century” fue el tercer LP de Supertramp, grupo de rock, mejor dicho, de ROCK (con mayúsculas), y para muchos su obra cumbre. Inalterable al paso del tiempo, lleno de temas-himno, hit-singles y música, sobre todo música. Yo no tengo una etiqueta que defina esta música, aunque hace años se la catalogaba de algo cercano al rock sinfónico, sin llegar a cotas de sinfonismo de unos Yes o unos Genesis, pero con temas de estructura indefinida, con interludios relajados entre ciertos pasajes con más energía (por ejemplo “Bloody well right” o “Asylum”), y a veces con estribillos lo suficientemente pegadizos como para vivir de la música, ya me entendéis (“Dreamer”).

Otros temas de culto son “School” (pelos de punta, oiga) o la que da título “Crime of the century” (de ambiente dramático muy logrado). Rick Davies (piano, armónica y voz), Roger Hodgson (guitarra y voz), Bob C. Benberg (batería), John A. Helliwell (saxo, clarinete y voces) y Doug Thomson (bajo) eran los Supertramp de este disco, comienzo de su mejor época con discos posteriores como “Crisis, what crisis?” (75) o “Even in the quietest moments” (77), y súper ventas como “Breakfast in America” (79), menos sinfónico, y el directo “Paris” (80).

Y no sigo porque terminaré diciendo que este disco “es la hostia”, y se me está viendo demasiado el plumero. Si tuviera que puntuarlo ahora se saldría de la tabla.

Salud.

Alvar de Flack

 

SURVIVOR “Eye of the tiger” (1982)

Hubo quien fue al cine a ver “Rocky III” por ver la película, y los hubo que fuimos por escuchar la banda sonora. La fila de los mancos estaba más atenta a la pantalla que nunca, aparte de por ver como se desenvolvía Stallone en el cuadrilátero, por disfrutar de un pedazo de canción a todo volumen y en dolby estéreo, que ya existía. “The eye of the tiger” sigue poniendo los pelos de punta 20 años después.

Pero lo que se encontraba quien compraba el disco, en la mayoría de los casos atraído por la canción de marras, era un LP que no tiene desperdicio, con 9 canciones a cual mejor y nada de relleno para acompañar la ‘estrella’ del disco como podría pensarse, sino temas AOR compuestos con sentimiento que elevaron el estilo hasta lo más alto.

El caso es que Survivor eran un grupo nacido en Chicago en el 77 que no se había comido un colín prácticamente hasta la aparición de este disco, aunque eso no quiere decir que sus dos discos anteriores fueran cualquier cosa. Tras algunos cambios, la banda que grabó este disco era la compuesta por Frankie Sullivan y Jim Peterik en las guitarras, Dave Bickler como voz solista, Stephan Ellis al bajo y Marc Droubay en la batería.

Los temas que componen el álbum, aparte del archifamoso que le da título, son piezas de hard rock melódico con los coros justos y bien metidos que en ocasiones pueden recordar bastante a Journey (“Children of the night”), un par de buenas baladas nada empalagosas (“Ever since the world began” y “I’m not the man anymore”, aunque esta algo acelerada), cortes de auténtico hard (“Hesitation dance” o la propia “Eye of the tiger”) y otras con personalidad, como “The one that really matters”, “American heartbeat” o “Silver girl”. Dejo para el final “Feels like love”, la segunda del disco, que me trae recuerdos especiales, perdonad que me ponga modorro. Tralla en almíbar, si se me permite la expresión.

Como curiosidad decir que la BSO de la película (que por lo demás era una castaña de cinta, entretenida, eso sí) obtuvo un premio Grammy y fue nominada para el Oscar a la mejor banda sonora. Además “Eye of the tiger” se mantuvo 7 semanas en el número 1 de las listas americanas.

Que no falte en ningún sitio.

Salud.

Alvar de Flack

 

TED NUGENT “Intensities in ten cities” (1981)

Tras este juego de palabras hay un disco en directo con diez temas grabados en otros tantos -intensos- conciertos en Detroit, Buffalo, Cleveland, Toronto, Montreal, Boston, New haven, Pittsburgh, Rochester y Providence. “Sold out” en todos ellos, ya que estamos hablando de la época dorada del guitarrista del taparrabos y comedor de carne cruda. Poco que ver con su reciente etapa en Damn Yankees.

“Put up or shut up” es hard rock and roll a toda velocidad, con un riff igualito que el de “Let us prey” de Judas Priest (“Sin after sin”-1977). La voz de Charlie Huhn (quizá os suene de Victory o más recientemente con Axel Rudi Pell) estaba en su mejor momento, llegando a unos agudos que difícilmente se le escuchan ahora. También metió algunas rítmicas, concesión de Nugent al pobre mortal, quien siempre manifestó ser el mejor guitarrista del mundo (además de facha siempre fue un poco fantasma.). Precisamente el siguiente, “Spontaneous combustion” es un tema de dos guitarras, de estribillo repetitivo, pero muy directo, como todos.

“My love is like a tire iron” es una ‘tienna’ canción de amor, solo que bastante acelerada y con una caña tremenda. Cliff Davies (batería) está que se sale todo el disco, y Dave Kiswiney (bajo) no es dado a las florituras pero sin embargo es muy efectivo, de tal manera que, desde mi punto de vista, precisamente lo que destaca de este disco es la contundencia de la base rítmica. La stoniana “Jailbait” levanta un poco el pie del acelerador, y “I’m a predator” es un rock and roll clásico de estribillo pegadizo que sirve para cerrar la primera cara.

De la segunda cara (y de todo el disco) destaca especialmente la versión del “Land of a thousand dances”, desde mi punto de vista muy lograda, que le llevó a los primeros puestos de venta y popularidad en todo el mundo. La letra no es que fuera un dechado de facultades líricas (na-na na na na...), pero la pesadez de la tonadilla hizo que fuera imposible pasar desapercibida. La cuestión es que le proporcionó al de Detroit estar en la cima de su carrera. Base machacona (bombo-timbales) con guitarra muy heavy, improvisación en mitad del tema y frescura de directo. Todo un clásico.

“Heads will roll” es otro rock and roll acelerado, caña pura, con algún cambio de tiempo y los solos en pentatónica clásicos de Nugent. Lo mismo que “The flying lip lock”, o “I take no prisoners”, en la tónica general de todo el disco. “The TNT overture” es instrumental, y sirvió de sintonía a más de un programa de rock a primeros de los 80.

Resumiendo, buen hard rock en directo, más para disfrutar de la caña que para paladear detalles técnicos.

Salud.

Alvar de Flack

 

THIN LIZZY “Bad Reputation” (1977)

Clásico entre clásicos, de entre la extensa y rica discografía de estos memorables irlandeses, este “Bad Reputation”. Es sumamente complicado elegir un solo disco de todos los que grabaron, pero quizás sea éste el que más asiduamente visita el lector de CD de mi equipo. Por algo será, dejando a un lado cuestiones personales. Y la razón es que contiene una colección inmejorable de canciones en forma de gemas de la historia del rock.

Thin Lizzy han pasado a la historia por méritos propios: por haber sido campo de reclutamiento de una pléyade de guitarristas de primer orden, por la pluma (poética) de Lynott, por la intensidad sonora de sus conciertos, por un puñado de clásicos absolutos... y también, cómo no, por haber sabido como pocos conjuntar elegancia y agresividad a partes iguales en su sonido.

Esto es palpable en este álbum. Así, del lirismo épico de “Soldier Of Fortune” pasamos sin tregua alguna al ataque visceral de “Bad Reputation” (¿en quién estaría pensando el bueno de Lynott cuando compuso la letra... en Robbo? ¡Quién sabe!). Por cierto, el despliegue de recursos a la batería de Brian Downey es simplemente espectacular. Tal vez, el batería más infravalorado del mundo. Seguramente. Siempre al servicio de lo que requería la canción en cuestión.

Sólido como pocos. Phil Lynott era un magnífico contador de historias, gráfico, evocador, irónico, inolvidable. “Opium Trail”es tal vez ese “clásico que nunca lo fue”. La historia nos remite al maravilloso lejano Oriente, un mundo fascinante que también esconde un secreto letal. Maravillosas líneas de bajos y un melódico juego de voces se conjugan en el estribillo para crear una de las mejores composiciones de la carrera del grupo. “Killer Without A Case” es un tema directo, guitarrero, más a la vieja usanza. Scott Gorham tuvo que multiplicarse para la grabación del álbum, ya que su compañero de viaje, el polémico y talentoso Brian Robertson (Robbo), se había fracturado una mano durante una pelea (lo cual estaba a la orden del día).

Un guiño al espectro más comercial del rock nos deja “Dancing In The Moonlight”, uno de los singles del disco, con saxo incluido, y que nos deja unas vibraciones muy funkies. A esto se le llama eclecticismo (y sin perder nunca el norte).

Este “Bad Reputation” cierra, como no podía ser menos, con dos temazos. Sin más. “That Woman Is Gonna Break Your Heart” y “Dear Lord”, un lamento descarnado, un grito de esperanza, que se hace aún más emotivo si conoces el desenlace final del propio compositor.

Quadromaniac

 

THIN LIZZY “Life” (1983)

El ultimo disco oficial que grabó Phil Lynnott con Thin Lizzy, excluyendo la recopilación aparecida en 1991 con el inédito “Dedication”. Este “Life” es una joya doble en directo repasando su discografía a lo largo de 23 años de existencia, desde el “Thin Lizzy” del ’71 al “Thunder & lightning” del ’83, durante la gira del cual se grabó y que, además, tiene el aliciente de contar con la participación de la mayoría de músicos que pasaron por el grupo.

El line-up básico es el que formaba Thin Lizzy en la época, el que grabó “Thunder & lightning”, es decir, Phil Lynnott bajo y voz, Scott Gorham guitarra y voces, John Sykes también guitarra y voces, Brian Downey batería y Darren Wharton en las teclas y coros, y en la parte final del disco se añaden ex–guitarristas que formaron parte de Thin Lizzy en alguna de sus etapas, como Gary Moore, Snowy White, Eric Bell y Brian Robertson, terminando todos a la vez en el escenario.

“Thunder & lightning” abre el disco, quizá la más potente de su carrera, resultado de fundir el clasicismo de Lizzy con el heavy que mamó Sykes de la NWOBHM (Tygers of Pang-Tang, Streetfighters), seguida de dos clásicos como “Waiting for an alibi” y “Jailbreak”. “Baby please don’t go” y “Holy war” son también del último (entonces), y así entre clásicos iban introduciendo los nuevos temas.

“Renegade”, “Hollywood” y “Angel of death” repasan el disco del ’81, el penúltimo en estudio, con Snowy White, pero pasados por el nuevo sonido Sykes/Wharton, o lo que es lo mismo, más caña/más melodía, algo aparentemente antagónico pero que en realidad era genialidad con doble vertiente. “Got to give it up” es del “Black Rose”, disco con Gary Moore, y cerrando esta parte “Are you ready” de la etapa Robertson, más clásica.

El segundo disco contiene la única del “Chinatown”, “Killer on the loose” también con Snowy White en la guitarra, “Cold sweat” (muy heavy) y “The sun goes down” (con una línea de bajo que le convierte en protagonista) del último, y otro montón de clásicos como “The boys are back in town” (no podía faltar, del “Jailbreak”), “Don’t believe a word” (del “Johnny the fox”), “Emerald”, “Black Rose”, “Still in love with you” y la coda “The rocker” como brillante colofón a un brillante disco, con todas las guitarras sobre el escenario.

Lo que siguió después es de sobra conocido, Darren Wharton montó sus Dare. John Sykes hizo de todo, con Whitesnake en “1987”, montó Blue Murder con Carmine Appice y Tony Franklin o últimamente reviviendo a Thin Lizzy con Scott Gorham, el propio Darren Wharton, Marco Mendoza en el bajo y Tommy Aldridge en la batería. Brian Robertson pasó por Wild horses y Motorhead entre otros, y Gary Moore se lo montó por libre.

Phil Lynnott, auténtico alma de Thin Lizzy, bajista no muy virtuoso pero efectivo, y compositor de toda la obra del grupo, había iniciado su carrera en solitario unos años atrás. Y en esas andaba cuando murió, en su casa, víctima de una dosis que resultó ser letal, aunque aguantó una semana en coma hasta que su cuerpo dijo basta el 4 de enero de 1986. Como testamento del grupo nos dejó este “Life”. Como he dicho antes, una joya, pese a que los más puristas anden comparándolo permanentemente con "Live and dangerous".

Salud

Alvar de Flack

 

TNT "Intuition" (1989)

Puede que para muchos pueda resultar extraña la aparición de esta banda en la sección de clásicos. TNT fue una de las bandas que iniciaron la explosión musical ocurrida en los países escandinavos a mediados de los años 80, su primer álbum homónimo data de 1982, seguido en 1984 por ‘Knights of the new thunder’, pero no fue hasta 1987, año en que apareció su tercer álbum ‘Tell no tales’ que TNT consigue un reconocimiento dentro del panorama musical internacional. Puede que grandes temas como ‘1000 lovers in one’ o ‘Everyone’s a star’ tuviesen algo que ver, pero si hay algo que contribuye al éxito de esta banda es sin duda la increíble personalidad de sus dos piezas básicas, el cantante Tony Harnell y el guitarrista Ronni LeTekro.

Harnell es un cantante con una voz melodiosa, clara y en ocasiones, excesivamente azucarada, capaz de rasgarla hasta el extremo en los temas más veloces, y de acaramelarla rozando la sobredosis de azúcar en los pasajes más melódicos, de los cuales está repleto este trabajo.

Capitulo aparte es el guitarrista Ronni LeTekro, sus interpretaciones rebosan técnica y sentimiento en cada nota, consiguiendo captar totalmente la atención del oyente cada vez que un tema se adentra en el territorio de LeTekro. Podría decirse que lo que para algunos (entre los que me incluyo) es su mayor virtud, para otros puede ser su mayor defecto, ya que es muy difícil encontrar un solo de guitarra convencional en los trabajos de este guitarrista, por lo que se le puede acusar fácilmente de abusar de la pirotecnia en su interpretación.

Tras el éxito de ‘Tell no tales’ la banda, que se completa con Morty Black al bajo y Kenneth Odin a la batería, grabará en 1987 el disco que nos ocupa, Intuition, que para muchos de los que vivimos aquellos años supuso un auténtico acontecimiento, toda una bocanada de aire fresco.

Este disco cuenta con la mas que interesante colaboración de Joe Lynn Turner en los coros, detalle que por si solo ya despierta la curiosidad de los amantes de las grandes voces.

Puestos ya a comentar los temas de ‘Intuition’, decir que no se me ocurre mejor tarjeta de presentación que la que nos brindan con ‘Caught between the tigers’, este tema que se inicia tras la breve pero intensa intro ‘A nation free’, es un compendio de todas las maravillas que nos ofrece TNT a lo largo de los 10 temas del disco, un riff rockero, espectacular, de los que hacen que muchos movamos los dedos tratando de reproducirlo de manera imaginaria, y un solo de guitarra que 13 años después todavía me pone los pelos de punta. Las voces de Harnell en este tema muestran toda la gama de registros que posee este americano, todo ello pasado por el especial tamiz de esta banda que es capaz de suavizar un tema realmente rockero (puede que para muchos sea este el verdadero problema de TNT).

Destacar también de manera especial la balada de este disco ‘End of the line’, todo un temazo, en el que Harnell se muestra estremecedor, llegando a contagiar un auténtico sentimiento de tristeza a lo largo de toda la canción, afortunadamente Ronni LeTekro decide guardar los fuegos artificiales para otros temas y en esta balada, sin dejar de hacer gala de su técnica, desarrolla un solo de guitarra a la par con la voz de su compañero, resultando, en mi modesta opinión, una de las baladas más importantes de la historia del rock.

Otro tema interesante es el tema que da nombre al disco, una pieza que para el propio Harnell resultaba demasiado ‘pop’, y que viendo el resultado general del disco, creo que es de los que menos pueden ser calificados de ese modo.

El resto de canciones se mueven desde la rockera ‘Forever shine on’ pasando por las más ‘comerciales’ (por no usar el calificativo empleado unas líneas más arriba) como pueden ser ‘Tonight I’m falling’ o ‘Learn to love’, hasta un tema lento, coral e intenso como ‘Wisdom’, y una pieza corta más propia de un musical como es ‘Ordinary lover’.

En resumen un disco de ‘hard rock melódico’, con un trabajo de guitarras realmente excepcional y original, todo un clásico para los que tuvimos la suerte de disfrutarlo en su momento.

Albert Espinosa (Aesp)

 

TOPO “Marea negra” (1982)

Casi tres años de silencio discográfico tras aquél primer LP de tan buen recuerdo en la historia del rock urbano madrileño, y del desafortunado (y parece ser que obligado) cambio de rumbo con el “Pret-a-porter” y sus guiños a la popera “nueva ola”. Se terminaron las relaciones con chapa y probaron con una multinacional, con fuerte respaldo económico y logístico, y con los productores de moda en el rock hispano de entonces: Carlos Narea y Miguel Rios (Luz, Leño, etc.).

Como el resultado del híbrido que supuso el disco anterior fue nefasto, el objetivo era recuperar la presencia de antaño y cubrir un espacio que quedaba algo vacío como era el rock sin extremismos, elegante y de letras con un contenido basado en realidades palpables. Un poco la vuelta al concepto de temas del primer disco con sonido más actualizado, en esto la portada ya es toda una alegoría de sus intenciones.

Quizá la que más recuerde sus inicios sea “Cantante urbano”, con una letra que cuenta el día a día del músico del metro con unas formas entre crudas y poéticas a la vez.

Los músicos eran los de siempre: José Luis Jiménez en el bajo y voz, Lele Laína como guitarra y voz, Victor Ruiz en los teclados y Terry Barrios en la batería y voz, aunque para la grabación del disco recibieron el apoyo de gente de prestigio como Paco Palacios (guitarra) y Mariano Díaz (piano). Recuerdo que en un programa casposo de esos de domingos por la tarde que frecuentaban la única TV que se podía ver entonces, aparecieron montados en un tren tocando un par de temas de este disco (“Blues del Dandy” y “Cantante urbano” si no recuerdo mal), algo parecido al vídeo “Breakthru” de Queen (1986) mil veces pasado por la caja tonta, y los presentaban como un grupo de “Rock puro, y no duro” (calcado al apelativo que siempre le dieron a Thin Lizzy).

No sé si puro, duro o las dos cosas, pero quizá los temas más fuertes del disco sean los que coinciden con letras de denuncia social, como “Marea negra” donde “alzan su voz contra la polución” o “Los chicos están mal” en la que pintan la desesperación ante un futuro poco prometedor. Todo escrito sobre la “pizarra” de un rock contundente pero no heavy. “Guerra fría” tiene un estribillo pegadizo. “Después del concierto” tiene unas hechuras algo más duras, con una batería muy presente y un buen solo de teclas. Un blues de sarcasmo inteligente es el “blues del dandy” (pensaban en el Lecquio ya entonces?), para hacer más variado el disco y cantado por Lele. Y con este mismo argumento se podría justificar “Colores”, una especie de canción bucólica que repasa regiones (no todas) de la geografía nacional en forma de medio tiempo. La más tranquila es “El apagón”, y aunque el bajo destaca en todas las canciones, quizá en esta sea donde más se nota que carga con el peso del tema. La última es “Ciudadano universal”, de reminiscencias hippies y cantada por el difunto Terry Barrios.

Si tuviera que destacar algo en general sería el sonido de los instrumentos. Siempre me ha gustado la batería de este disco, suena muy natural y a la vez contundente, con ritmos aparentemente fáciles tocados con exquisitez, eso es lo mejor. La guitarra está sin saturar del todo, más hard que heavy para entendernos. El bajo al estilo de siempre de JL. Jiménez, muy alto en la mezcla. Las teclas bien metidas, apoyando y rellenando espacios y las voces perfectas (no olvidemos que era un grupo con tres buenos cantantes). Composiciones de estructuras típicas, bien armonizadas, sin experimentación pero no por eso poco elaboradas.

En definitiva, un disco atemporal que no me canso de escuchar.

Salud.

Alvar de Flack

 

TOTO “Toto” (1978)

Los Ángeles, 1978. David Paich (teclas, voz), y Jeff Porcaro (Batería), músicos de sesión, llevaban tiempo tocando juntos en un grupo de amiguetes llamado ‘Rural still life’. Habían trabajado por separado con muchos buenos músicos de la época (Tommy Bolin, Stanley Clarke, John Mayall...), pero ya tenían ganas de hacer cosas propias. Para ello reclutaron a Steve Lukather (guitarra, voz), Steve Porcaro (teclas, hermano de Jeff), Bobby Kimball (voz solista) y David Hungate (bajo) todos reputados músicos de sesión, como ellos, y con las mismas ganas de sacar a la luz su propia creación. Aprovechando que el nombre real de Bobby Kimball era Bobby Toteaux, y que dicho apellido sonaba igual que el nombre del perro de la película “El mago de Oz” (que se llamaba Toto), decidieron llamarse así en una especie de juego de palabras.

Todos eran músicos que se adaptaban perfectamente a las exigencias del guión de quien les contratara, grandes instrumentistas y profesionales. Desde blues hasta funk o hard rock, Aretha Franklin, Peter Criss, Steely Dan, Jackson Browne, Earth Wind and Fire... Sin embargo nunca antes habían puesto su arte al servicio propio, con lo que no tenían un estilo plenamente definido. Estas influencias hicieron que su personalidad fuera un compendio de todas ellas, rock, funk, soul... y teniendo en cuenta que estamos hablando de los USA de finales de los 70s (“Saturday night fever” con las discotecas llenas de Travoltas en potencia) el resultado de aquello fue un primer disco apto para muchos tipos de público distintos, desde rockeros indomables hasta horteras de bolas de cristales colgando del techo.

En octubre de 1978 salió a la venta “Toto”, en el que todos los miembros del grupo componen, cantan y tienen algún tipo de protagonismo que hace suponer que Toto son una asociación de individualidades. El primer single aún hoy sigue estando plenamente vigente, “Hold the line”, el cual hizo vender él solito más de dos millones de copias del LP. Sin embargo, el resto del disco, aunque menos conocido, es como mínimo tan bueno como él.

“Child’s anthem” es un tema instrumental que sirve para abrir el disco y que todavía utilizan como intro en sus conciertos, en el que se aprecian tendencias progresivas con gran protagonismo de la guitarra de Steve Lukather, quien junto al batería Jeff Porcaro siempre fueron los elementos más rockeros del grupo. Sin embargo la siguiente “I’ll supply the love”, aún estando compuesta por David Paich como la anterior no sigue la misma línea, producto de las influencias antes comentadas. Es más accesible, con buenas guitarras pero con unas melodías y coros clarísimamente orientados hacia las emisoras. Bobby Kimball siempre fue así de vendible. “Georgy porgy” es funk de discoteca típico de la época y el momento más bajo del disco, cantada por Lukather. El siguiente tema es “Manuela run”, compuesta y cantada por Paich, de voces semi-country en un estribillo muy pegadizo. Para terminar la primera cara del disco, “You are the flower”, en el que el protagonismo se lo lleva el aspecto más soul de la voz de Bobby Kimball.

(Nota evidente aunque no por ello menos necesaria): Digo lo de las caras porque aunque en 1978 estaba empezando a gestarse el nacimiento del Compact Disc, era impensable que el cambio de soporte llevara a la casi desaparición del vinilo, pero esa es otra historia. En este momento estoy escuchando el CD, mi disco de vinilo pasó a mejor vida).

La segunda cara, decía, siempre me pareció mucho mejor que la primera. “Girl goodbye” es mucho más hard que las anteriores, con protagonismo absoluto de Lukather y un solo al final del tema que ponía una y otra vez para demostrar a mis amigos que Toto eran un grupo de rock y no de discoteca como pensaba la mayoría del personal. “Takin’ it back” es de Steve Porcaro y junto con “Rockmaker” son AOR puro, con un gran trabajo de los teclistas. “Hold the line” es la siguiente, energía, melodía y puestos altos en las listas americanas y británicas. Nos servía a los más heavies para poner a prueba el cuello en mitad de la pista, y a los más modernos para hacer demostración de poderío escénico. Ideal para las FMs americanas, ha resistido el paso del tiempo como quien no quiere la cosa. Hace unos meses, hablando con alguien que está todavía descubriendo el mundo de las guitarras saturadas, me soltó aquello de “...ah sí, la del anuncio de Mahou, ¿y es tan vieja...?”, bien, vale, pues esa, pero lo de vieja todavía no se lo perdono (¡solo han pasado 26 años! claro que él ronda los 17...). Chascarrillos aparte, la canción merece la pena. El disco lo cierra “Angela”, del estilo de la anterior, mitad energía mitad relax.

Esta fue la primera demostración de técnica y buen gusto del grupo californiano. Hay quien lo llamó AOR (Adult Oriented Rock). No es un sub-estilo con unas características-tipo, sino que se mete en ese saco todo lo que pueda sonar en la radio que tenga guitarras pero ‘sin ofender’. Ese puede ser el resumen de este primer disco. En el siguiente “Hydra” (1979), Steve Lukather se soltó la melena con la guitarra y bajaron un poco su popularidad al ser menos accesibles para el gran público, pero su reputación como músicos siguió creciendo y continuaron alternando discos con trabajos para otros músicos.

Los siguientes discos son igualmente recomendables, pero si nunca has escuchado nada de Toto puedes empezar por el principio sin miedo. Más adelante, más.

Alvar de Flack

 

TRIUMPH “Thunder seven” (1984)

Canadá siempre tuvo un elevado índice de buenos grupos por metro cuadrado, y si nos ceñimos al espacio concreto de la ciudad de Toronto, los tríos de aquel lugar directamente se salen. El caso es que corría el año 1975 cuando Rick Emmett (guitarra y coros), Gil Moore (batería y voz) y Mike Levine (bajo, teclas y coros) decidieron formar uno de esos que acabo de decir.

En 1976 debutaron con disco homónimo. Al año siguiente se pusieron las botas con una versión de Joe Walsh (“Rocky mountain way”) incluida en el LP “Rock’n’roll machine”, y después cambiaron de Compañía de Discos. Con el cambio vinieron dos buenísimos discos como “Just a game” y “Progressions of power”, hasta que llegó su obra maestra para muchos: “Allied forces”. Era 1981.

El problema posterior a editar una obra maestra es que las comparaciones son inevitables, y si no se da la talla te acribillan. No solo eso, sino que no se te permite el más mínimo movimiento en falso, nada de improvisación, nada de experimentos, nada de hacer lo que tú quieres: hay que contentar a la masa... y la masa no quedó contenta con el siguiente disco “Never surrender”. “De perdidos al río”, debieron pensar, y se tiraron al barro con un nuevo disco, el 7º en su carrera, e hicieron lo que les dio la gana, y sin darse cuenta editaron “Thunder seven”... y les volvieron a linchar. Era 1984.

Algo así les había pasado a, por ejemplo, Blackfoot con su “Vertical smiles”, a April Wine con “Animal grace”, incluso a sus vecinos Rush con “Grace under pressure”. Aquel año fue el de quejarse de vicio, porque ya me diréis la ristra que podemos sacar con los mismos planteamientos. Era tiempo de cambio, y época de buena cosecha, aunque cargada de crítica incendiaria.

El tiempo ha puesto a “Thunder seven” en mejor sitio. Acostumbrados los oídos a sonidos más duros (dentro de lo melódico de Triumph), más guitarreros, encontrarse los fans de repente con un disco semi-conceptual quizá les vino demasiado de sopetón. Digo lo de semi-conceptual, porque de los 10 temas del disco, los últimos 6 están basados en la obra de James Joyce “Thunder seven”, aunque entre ellos hay dos que son instrumentales (“Missdrummer’s daydream” y “Little boy blues”).

El caso es que con el tiempo, una vez digerido, “Thunder seven” pugna entre sus fans con arrebatar el cetro a “Allied forces”. Y yo soy de esa opinión (y alguno más también). Porque, vamos a ver, “Spellbound”, canción intensa donde las haya, solo hay una y está en este disco. La genial “Rock out, roll on”, la zeppeliniana “Cool down”, la comercial “Follow your heart”, la guitarrera “Times goes by”… es que no tiene desperdicio.

Precisamente “Times goes by” es una demostración de facultades de Rik Emmett, maestro de guitarristas posteriores, santo y seña de muchos guitarras actuales que tienen en esa canción toda una enciclopedia abierta. Y luego tenemos la trilogía “Time canon” – “Killing time” – “Stranger in a strange land”, flanqueadas por las dos instrumentales mencionadas antes, es decir, la parte conceptual del disco. Grandioso.

No quiero pasarme en alabanzas, pero este disco es de esos a los que no le sobra ni una nota. Es uno de los momentos culminantes de un grupo, Triumph, que forman parte de esa lista de grupos casi olvidados por las nuevas generaciones, injustamente tratados por aquí, aunque quizá también porque ellos nunca nos honraron con su presencia y así no hay feedback que se retroalimente.

Alvar de Flack