Discos K

 

Ka-Ki


  KAIN Cain (2004)
  KAMELOT The Fourth Legacy (2000)
  KAMELOT Karma (2001)
  KAMELOT Epica (2003)
  KANSAS Device - Voice - Drum (2003)
  KAOS MOON The Circle of Madness (2004)
  KATIE KING Letras de Sangre (2004)
  KATIE KING 1870 (2006)
  KHAMUL En la habitación (2003)
  KINGCROW Insider (2003)
  KING DIAMOND House Of God (2000)
  KING DIAMOND AND BLACK ROSE 20 Years Ago: A Night Of Rehearsal (2001)
  KING DIAMOND Nightmares in the Nineties (2001)
  KING DIAMOND Abigail 2: The Revenge (2002)
  KING DIAMOND The Puppet Master (2003)
  KING DIAMOND Deadly Lullabyes - Live (2004)
  KISS Alive IV (2003)

 

KAIN “Caín” (2004)

Kain son de Medina del Campo (Valladolid) y uno de los grupos participantes en aquel “Medina Sonora vol.3” que ya comentamos por aquí hace unos meses. “Caín” es su primer disco tras una maqueta titulada “Mi hermano es tonto del culo” publicada en 2002, y el tema que incluyeron en el recopilatorio antes mencionado.

Hacen un Heavy Metal bastante primitivo, poco pulido, con más ganas que técnica. Todavía tienen mucho que mejorar y terminar de definir su personalidad, pero no es un mal comienzo este disco, al menos en cuanto a sonido se refiere. Cuantos grupos consagrados quisieran haber conseguido sonar como suena “Caín”, tanto el LP como el tema que da título, una auténtica joya. Sin embargo, el nivel del resto del CD no está a la altura. “Ni amos ni presas” se le acerca, incluso la versión del “Another brick in the wall” de Pink Floyd les ha quedado curiosa (solo ‘curiosa’), pero el resto no da la talla.

Valentín (voz) no tiene mala voz, a poco que se la curre le puede sacar mucho más partido. Jose “Hristo” e Iván “Belga” son los guitarras, otro Iván es el batería, y el bajo corre a cargo de Roberto “Aspid”, quien ha conseguido sacarle un buen sonido a su Gibson (que bien suenan esos chismes).

No disfruto dándole palos a grupos que empiezan, pero las cosas son como son. Yo no me precipitaría en el segundo LP.

Más en KAIN. Suerte.

Alvar de Flack

 

KAMELOT "The Fourth Legacy" (2000)

Estos americanos del estado de Florida, a pesar de ser una banda relativamente reciente (el primer lanzamiento discográfico fue en 1995), llevan cinco álbumes de estudio y uno de directo ya a sus espaldas. Una banda que, en sus dos primeros trabajos, practicaban un estilo similar al de aquellos casi olvidados Crimson Glory y que poco después maduraron hasta tener su propio sello. Es un estilo difícil de definir: una especie de mezcla de Heavy Metal épico-progresivo con toques power en algunas canciones y con diferentes influencias a la hora de orquestar (desde la música clásica hasta la new-age). Un grupo con canciones variadas por todo el compacto, cosa que es casi imposible de ver en las bandas que surgen últimamente.

De la formación original se mantienen Thomas Youngblood (guitarrista, compositor y líder) y Glenn Barry (bajista). En el tercer trabajo se unieron Casey Grillo (batería) y Roy Khan (vocalista, co-compositor y co-líder actualmente). Miro se encarga de las orquestaciones desde el "The Fourth Legacy" y el genial Sascha Paeth (guitarra de los desaparecidos Heaven's Gate y productor afamado entre las bandas noveles actualmente) se encarga de la producción. Con una sección rítmica maravillosa, con la producción y orquestación en buenas manos, con las composiciones geniales del señor Youngblood y con la voz impresionante de Roy Khan, tenemos a una banda que espero no pase desapercibida entre tantas bandas nuevas que surgen día a día. Ésta es una banda que merece lo mejor en mi opinión.

He escogido "The Fourth Legacy" como su clásico por tener la mejor composición de todos sus trabajos, por ser el proyecto más pensado y trabajado y por ser el que empezó a crear expectación alrededor de esta banda.

Casey Grillo y las orquestaciones de Miro dan una entrada espectacular en la intro "New Allegiance", para dar comienzo a la demoledora y vertiginosa "The Fourth Legacy". Una canción con una fusión espectacular de la orquestación con los riffs de guitarra de Youngblood, mientras la voz de Khan literalmente "flota" con elegancia por encima de la línea compositiva de la canción. Si a esto le añadimos un fantástico interludio coral al que le sigue el solo de Youngblood volviendo a la velocidad que le imprime Casey a la batería, tenemos uno de los temas más dinámicos y mejor conseguidos del disco. A esta maravilla le sigue "Silent Goddess", un medio tiempo en el que la sección rítmica trata la canción impecablemente. Impresionante el trabajo de Casey Grillo, que aporta contundencia a un corte en el que el aire místico de las orquestaciones y las geniales líneas vocales de Khan (¡Cómo ha ganado el grupo con este genio!) tienen el protagonismo absoluto.

Una introducción con motivos musicales arábigos (gracias Miro) llamada "Desert Reign", nos transporta a lo que es en mi opinión una de las canciones más espectaculares que se han hecho con este tipo de influencias en nuestra música: "Nights Of Arabia". Este corte es de una lucidez compositiva espectacular y de una progresividad con gusto. El tema comienza con el protagonismo de Glenn Barry en una escena ambiental apropiada para el tema, para de repente arrancarse con Casey y las guitarras distorsionadas en una velocidad a medio tiempo, que luego se acelera definitivamente en el estribillo junto a todos los coros y orquestaciones. Después se para el tema en otro gran interludio y tenemos a Khan cantando con todo su sentimiento junto a las guitarras limpias, que luego pasarán de nuevo a acelerarse en otro riff buenísimo, que da paso a una parte con voz femenina interpretada por Cinzia Rizzo. Lo dicho, impresionante.

El tema power-épico del álbum por excelencia es "The Shadow Of Uther". En mi opinión un tema para dar ejemplo a todas las bandas actuales. Se pueden hacer temas buenísimos como éste, que enganchan a primera escucha, sin copiar a Helloween, Stratovarius, etc... Un tema con mucho feeling y con un riff final muy épico que acaba siendo interpretado por una especie de orquestación folklórico-medieval. De ahí pasamos a la mejor balada que ha hecho esta banda: "A Sailorman's Hymn". No puedo hacer otra cosa que ponerme de rodillas ante esta canción y ante a Roy Khan. Aparte de que las guitarras acústicas, el piano y la orquestación estén perfectamente metidos, la voz de este hombre desprende sentimiento (parece que se va a echar a llorar en algún momento) y clase por los cuatro costados. Se mueve por los tonos bajos, medios y altos con una soltura que he oído a pocos cantantes, y no abusa de ninguno de ellos, por tanto la escucha se hace amena. Y no solo se contenta con eso, sino que hace unas letras buenísimas. La "voz de cristal" del Heavy Metal es preciosismo en estado puro.

Otra canción sencillamente genial es el medio tiempo "Alexandria", un tema original a más no poder, con una progresión impecable y con unas orquestaciones realmente grandes. Aquí la producción, como en "Nights of Arabia" o "Silent Goddess", se nota que está en buenas manos. Un 10 para Sascha Paeth. De nuevo Casey es incuestionable. Uno de los mejores baterías que han salido en los últimos años. Y pasamos a un tema de ambientación algo más oscura (The Inquisitor), dónde los acordes simples de guitarra dejan a Khan desarrollar sus maravillosas líneas vocales sobre una orquestación predominante(una técnica que se ha desarrollado más en su posterior trabajo "Karma"). Después llegamos a otra balada llamada "Glory", pero planteada de distinto modo a la otra. Ésta se centra en las guitarras acústicas y en una orquestación de violines (un aire cargado de mayor epicismo diría yo). Maravillosa también.

El tema con el que abrían los conciertos de la gira correspondiente al lanzamiento de este disco era "Until Kingdom Come", un tema rápido que hubiera encajado perfectamente en el anterior disco a éste ("Siege Perilous"), debido al gran protagonismo de los teclados y el estilo de líneas vocales y corales que tiene la canción. Un tema majestuoso donde los haya que da paso al tema final del compacto: "Lunar Sanctum". Tema que me puedo más que suponer que viene de las manos de Roy Khan. Perfectamente podría haberse visto en algún disco de aquellos disueltos Conception. La orquestación y los efectos de producción junto con esas guitarras crudas y una sección rítmica protagonista, de nuevo construyen una estructura espectacular para que las líneas vocales y el sentimiento inconfundible que imprime el noruego nos llenen de escalofríos en este maravilloso y original medio tiempo.

Uno de los grupos que está marcando nuevos y buenos caminos para que nuestra música siga adelante y no se quede estancada es éste. No lo ignoremos, porque bandas tan buenas y originales como ésta últimamente se cuentan con los dedos de una mano.

Diego Cibrian (Roy Khan)

 

KAMELOT “Karma” (2001)

Es una pena que hoy por hoy sea tan relativamente fácil editar un disco, y digo esto porque estoy seguro de que, ante la desmesurada avalancha de discos a la que estamos acostumbrados, este trabajo pasará desapercibido entre otros muchos que no merezcan ni tan siquiera competir con él. Y es que si el anterior disco de estudio de la banda (“The Fourth Legacy”) fue un más que notable trabajo, este “Karma” simplemente se sale; tiene todo lo que hoy por hoy se le puede pedir a un disco de Heavy Metal: buena producción, caña y melodía a partes iguales y, ante todo, excelentes canciones.

Lo primero que quiero hacer resaltar es lo mucho que ha ganado la banda con la incorporación del ex-Conception Roy Khan a la voz (desde su entrada en el tercer álbum de la banda “Siége Perilous” del 98), para mi gusto uno de los mejores vocalistas del género en la actualidad, el cual combina a la perfección con la música ejecutada por el grupo, con uno de los registros más interesantes de los últimos tiempos (y no me refiero con ello al típico gritón “estalla cristales”, algo manido ya). Decir que el grupo ha vuelto a contar con el habitual Sascha Paeth en la producción, y el resultado no puede ser mejor. Desde el arranque con la intro “Regalis Apertura”, a la que sigue el impresionante “Forever” (uno de esos temas que no puedes dejar de escuchar una y otra vez), hasta esa delicia de trilogía de temas que cierra el disco llamada “Elizabeth”, “Karma” es un compendio de excitantes composiciones, que en más de un momento te harán llegar prácticamente al orgasmo musical. Mientras que “Wings Of Despair” continúa con la potencia inicial (con otro de esos estribillos ultrapegadizos), “The Spell” se presenta como un medio tiempo más controlado, aunque no por ello menos atractivo. Y si en la acústica “Don’t You Cry” o en la tranquila “Temples Of Gold” Khan te puede llegar a poner los pelos de punta (eso es modular la voz, sí señor), “Karma”, “The Light Shine On You” (lo más!) o el épico “Across The Highlands” harán lo propio pero con Thomas Youngblood (guitarra), Glenn Barry (bajo) y Casey Grillo (batería) dando caña de nuevo.

Insisto, este tipo de trabajos no puede decirse que se prodiguen mucho últimamente, y su búsqueda puede llegar a ser más que difícil me atrevería a decir que desesperante. Si alguien llega y te ahorra la misma, ¿qué más quieres?

David Fernández “Bubba”

KAMELOT "Epica" (2003)

La banda comandada por el guitarrista americano Thom Youngblood y el vocalista noruego Roy Khan retornan de los Pathway Studios de Sascha Paeth con un tesoro entre sus manos. Tras el éxito de “Karma” y el aumento de ventas que ha supuesto tal maravilla, no podían dejar pasar la oportunidad de confirmar su gran talento. Por si fuera poco, no sólo es que no la hayan dejado pasar, sino que de paso han subido un peldaño más en cuanto a composiciones se refiere.

“Epica” se nos presenta como un disco conceptual de muchos colores que sutilmente fluyen y se transforman de corte a corte, todos ellos abrazados por una gama de arreglos, orquestaciones y teclados pertenecientes a una producción elegante y espectacular. Un buen puñado de nuevas ideas que refrescan la cara de la banda, como bien puede ser la inclusión de elementos más progresivos, new-age, folk, tango o flamenco en algunos pasajes del compacto, o bien la interpretación de Roy en algunos momentos con diferentes efectos de voz, acompañado de voces femeninas (interpretadas por Mari, del grupo Titania).

El álbum evoluciona constantemente junto con la historia conceptual y llega a tomar tintes muy distintos según avanza el tiempo.

Tras una breve introducción de violines creando una atmósfera de tensión (“Prologue”), comienza la aventura con “Center of the Universe”, una canción que lleva el sello de los Kamelot más recientes con un gusto exquisito. Melodía y potencia a partes iguales en una estructura similar a canciones como “Forever”, que tanto juego les han dado. Realmente destacable y emotivo el interludio de tintes new-age, con las voces de Roy y Mari alternándose y dibujando melodías preciosistas sobre la base.

“Farewell” sería una especie de evolución del anterior tema puesto que guarda cierto paralelismo en algunos detalles. Diría que es un tema con buena pegada, con un estribillo pegadizo y algún que otro buen detalle, pero es el corte que menos me ha llamado la atención del disco.

El tema dice adiós, como reza el título, a la parte digamos más convencional dentro del disco y nos sumerge al finalizar en un interludio de coros grandilocuentes en latín (“Interlude I: Opiate Soul”), que inmediatamente desemboca en uno de los grandes temas del disco: “The Edge of Paradise”. Recuerda un poco a los medios tiempos con aires arábigos de los que hicieron gala en “The Fourth Legacy”, pero con un cierto regustillo a los desaparecidos Conception en la estrofa. Gran estribillo, gran interludio y apoteósico final. Un gran acierto.

¿Qué ocurriría si se reuniera la magia de las mejores baladas de la banda en una sola? “Wander” es una de esas baladas que habría que guardar en el baúl de los recuerdos indefinidamente. Violines, piano, guitarras, distintas atmósferas y efectos de estudio, todo ello dibujando melodías bellas hasta el delirio en una balada realmente chocante que pondría los pelos como escarpias a la más fría persona que jamás hubiera existido. La guinda del pastel, por supuesto, la pone Roy Khan en una nueva demostración de calidad y sentimiento a raudales. Terminando nos introducimos en otro interludio clásico bajo la tormenta (“Interlude II: Omen”), que va a dar a “Descent of the Archangel”, un corte de mucho color, muy imaginativo en cuanto a melodías vocales y con un desarrollo realmente logrado. Como dato curioso, Luca Turilli realiza una colaboración especial en la primera parte del solo de guitarra.

Otro interludio nos conduce a un lugar concurrido donde alguien parece dar una charla que acaba en una especie de espectáculo flamenco con el público dando palmas (“Interlude III: At the Banquet”). Y así da comienzo una de las mejores canciones. “A Feast for the Vain” tiene la mejor interpretación de Roy (realmente buenos los cambios de voz) en todo el disco y un estribillo de melodías vocales muy alegres y originales a la vez, al margen de muchos cambios de dinámica con inclusión de un interludio espectacular que evoluciona de algo flamenco a instrumentación folk, pasando por una fase de guitarras pesadas entre medias.

Realmente sorprendente la balada “On the Coldest Winter Night”. Muy original y melancólica. Una balada básicamente de guitarras acústicas con alguna inclusión de piano, pero con un sabor muy añejo. Para que os hagáis una idea, sería como una canción de club de los años 30, de aquellos ambientados con luz tenue en las películas clásicas de Hollywood.

La seguiría “Lost and Damned”, que en los primeros compases, que suponen el trasfondo del estribillo, sería similar a la tónica habitual de Kamelot, nada desdeñable por supuesto. Pero la sorpresa es la estrofa, que se podría definir perfectamente como un tango con acompañamiento de un acordeón. De nuevo aparece otro interludio brillante, como a lo que nos tienen acostumbrados, y un final digno de esta canción. Tras ello, aparece una pieza corta de música clásica con la voz preciosa de Mari en solitario, y el último interludio (“Interlude IV: Dawn”), meramente narrativo, con la interpretación de Ian Parry en la voz principal como colaboración.

Y vamos con los dos últimos cortes del disco. El penúltimo, “The Mourning After”, es un medio tiempo de ambientación oscura y mística, de guitarras pesadas en el riff principal, y con un estribillo en el que se enfrentan los coros a la voz de Roy en una especie de lucha grandiosa. En la parte media se da un cambio de dinámica muy logrado, con inclusión de juegos de voces realmente mágicos, seguidos de un bonito punteo de guitarra de Youngblood.

Y “III Ways to Epica” es el colofón a una obra realmente magna. Es el corte más progresivo del disco y la verdad, el que más me gusta. Espectacular de principio a fin. Partes más machaconas a medio tiempo, partes rápidas con las voces de Roy y Mari literalmente flotando por encima de las guitarras, música electrónica, diferentes atmósferas... emocionante a cada paso, deleite en su máximo grado. Mágico.

Kamelot sigue su evolución ascendente y trae nuevos elementos y detalles que enriquecen cada vez más su música. No me equivocaría si digo que es uno de los grupos con más talento de los actuales. Sólo necesitan un pequeño empujón a nivel de marketing y lo demás será coser y cantar. Desde luego, buen gusto y dotes compositivas les sobran, y además apuestan constantemente por el cambio y la evolución. En "Epica" lo han demostrado sobradamente. ¡Que sigan siempre así!

Diego Cibrián Gala (Moonchild)

 

KANSAS “Device-Voice-Drum” (2003)

Esta es la edición en soporte CD del sonido del concierto editado en DVD de mismo título (Lo tienes en esta misma web, vete a nuestra sección de DVD), con algunos extras, como el clip del tema “Distant vision” (perteneciente al LP “Somewhere to elsewhere” de 2000) que no aparece en el DVD, y un buen montón de fotos de gran calidad y a gran resolución. También incluye un enlace a su web oficial (www.kansasband.com) y un salvapantallas que al menos a mí no me funciona, ya lo advierto...

Por lo demás, son los mismos 16 temas con el mismo buen sonido, del que se ha elegido como single el clásico “Dust in the wind” y cuyo objetivo creo que ya está cubierto: aparecer en las tropecientas listas esas que se confeccionan en función de los intereses que todos sabemos. No entro a valorar esta cuestión en esta reseña, pero tras 25 años y muchas versiones (unas buenas, otras malas y otras regulares) se ha hecho alguna (españoles encima) que es sencillamente catastrófica y me alegro de que se reivindique por estos abueletes lo que es suyo, aunque evidentemente no sea esa la intención inicial.

Es difícil confeccionar un set-list para el directo de un grupo que lleva 30 años empeñado en ofrecer buena música, y en este en concreto se echan en falta algunas, pero también es cierto que están las que tienen que estar, caso de la antes citada, o “Song for America”, “The preacher” (apoyado por un impresionante coro Godspell situado tras la batería), o el final con “Miracles out of nowhere”, “Point of know return”, la fusión de “Portrait/Pinnacle” y el final apoteósico con “Carry on wayward son”. Y así repasando, me he dado cuenta de que en la reseña del DVD dije que no tocaron ninguna del “Audio-Visions” (1980) ni del “Power” (1985), pero ahora caigo que tampoco del “Freaks of nature” (1995), es normal entre tanta buena composición.

Este es un disco recomendado para iniciarse todos aquellos que no tengan nada de Kansas, también lo recomendaría a todos los que tengáis todo de Kansas, a los curiosos del sonido Kansas, a los que quieren saber más sobre el rock progresivo y sus raíces, a quienes quieran pasar un buen rato escuchando un concierto en directo de un gran grupo, a quienes quieran emplear bien su dinero, a los nostálgicos, a los novatos, a los melómanos, a los músicos, a los que piden la cabeza de los grupos clásicos (por no sé que razones de espacio y competencias...) y en definitiva a todos aquellos que quieran seguir aprendiendo cosas de quien se debe, es decir, de los maestros.

Ah, y por supuesto, ¡¡¡rechaza imitaciones!!!

Salud.

Alvar de Flack

 

KAOS MOON “The circle of madness” (2004)

El rock progresivo es cada vez más popular, se ha perdido esa especie de miedo que muchos le tenían a ‘aguantar’ piezas de larga duración en las que es indispensable mantener la concentración para optimizar el resultado de un disco. A la vez, uno se va dando cuenta que los grupos que no hace mucho fueron nuevos discípulos de los grandes dinosaurios de los setenta, se van convirtiendo en clásicos de escucha básica para las nuevas bandas del género. Y, por último, cuando se escuchan discos como este “The circle of madness” y queda el mismo regusto que un batido con los mejores momentos de Marillion, Spock’s Beard y Saga, se llega a la conclusión de que unas veces la evolución consiste en volver a empezar, y otras en empezar por el medio.

Esta es la tercera generación, los nietos que sacan la pinta de los abuelos y a la vez recuerdan al tío. Dejando a un lado a Mendel y sus teorías, se puede decir que Kaos Moon son un grupo que, sin tener nada que ver genealógicamente, han sido capaces de empaparse de la mejor música progresiva de treinta años a esta parte y forjar así su personalidad.

Nacidos de las cenizas de Moon Project y Visible Wind, grupos canadienses de mediados de los ochenta, Kaos Moon está formado por Bernard Oullete (voz, batería y teclados), Norman Lachapelle (bajo), Sylvain Probost y Alain Bertrand (guitarras) y Magella Cormier (batería). Para la grabación del disco también han contado con la colaboración de antiguos miembros de la banda, como Alain Pothier y Benoît Chaput (guitarras). Todos son músicos de amplio historial en Canadá, pero totalmente desconocidos por estos lares, aunque de sobrada calidad instrumental.

Su primer LP se tituló “After the storm” y apareció en 1998. Desconozco su repercusión, aunque es seguro que por aquí fue nula. Ahora, su discográfica Unicorn Records publica en todo el mundo este su segundo disco, del que tengo que decir que me ha dejado absolutamente impresionado, y a estas alturas ya no es cosa fácil. Recuerdo haber sentido algo parecido cuando escuché el “V” de Spock’s Beard, para mí el mejor disco de rock progresivo aparecido en los últimos años, pero llevo unas cuantas escuchas de este “The circle of madness” y seguramente con alguna más compartirán la cabeza de mi ranking particular.

Son 8 temas no excesivamente largos (entre 3 minutos y medio y 7 pico), pero que en su interior dan de sí todo lo que pueda dar cualquier tema extenso de corte clásico: melodías de voz suave, muy agradables de escuchar, con momentos (y digo momentos, nada de partos infinitos) para el lucimiento y arreglos de cada instrumento. No hay guitarras excesivamente potentes, aunque lo suficiente como para mantener al grupo dentro del recinto rockero. Los teclados lo llenan todo, pero quiero destacar la base rítmica que es sobre todo eso, básica, soportando con elegancia los vericuetos (que no tirabuzones) del resto de instrumentos.

Además del saborcillo a grupos más o menos en activo, añaden en “Eternal light avenue” unas gotas de los Camel del “Nude”, en “The wall of silence” otras tantas de los Kansas más clásicos, en “Presidency” teclas propias de Tony Banks (Genesis)... bueno, y en el resto van y vienen detalles de toda una retahíla de nombres importantes que sería imposible de enumerar y describir.

No sé si llegarán a ser tan grandes como todos los nombres que he dicho antes, pero por si acaso habrá que seguirles la pista. Si os gusta el rock progresivo haríais mal en no darles una oportunidad.

Alvar de Flack

 

KATIE KING "Letras de Sangre" (2004)

Sevilla siempre ha dado geniales y buenas bandas de Rock, Heavy Metal… como Storm, Triana, Acracia, Cadena Perpetua, Urbe… Lo malo es que por diversas causas, la mayoría no llegó nunca a conseguir una porción de éxito del pastel rockero de este nuestro país.

Katie King no son unos pipiolos en el mundo de la música. La semilla del grupo se gestó a finales del verano de 1992 con Miguel Gullón (bajo), junto a Francisco Vázquez (voz) y Manuel Iñigo (guitarra), ex-componentes de Magia Negra. El puesto de baterista se movió más que los precios, pero en 1997 la banda entra en una etapa estable con Ismael Delgado tras los tambores. No pudieron cantar victoria, ya que al poco tiempo el vocalista deja el cuarteto, y hasta mayo de 1999 no encuentran a Larri López (ex-Karnembarra, que además de encargarse de la voz toca la guitarra). Finalmente el último en entrar fue Paco “Battery” Rodríguez (ex-Tesai), sustituyendo a Ismael Delgado en el 2001. Ni más ni menos que siete maquetas grabaron antes de su álbum de debut: “Katie King” (1993), “1870” (1993), “La tentación” (1994), “KK” (1998), “El legado de Morgan (2000), “Directo Funclub 7/12/01” (2001), y “Demo 2002” (2002).

Los temas de “Letras de sangre” se grabaron, mezclaron y masterizaron entre septiembre y octubre de 2002, autofinanciándoselo ellos mismos, y encargándose Avispa Music de la distribución.

“Almäví” (nombre del estudio en Ginés –Sevilla- donde hicieron todo) sirve de introducción (de teclas) y fue compuesta por Vicente Frías que además fue el técnico de sonido y mezcló y masterizó junto con los hispalenses.

Sus composiciones navegan entre el Heavy Metal y el Hard Rock, con aires ochenteros y bien tocadas, aunque la producción deja algo que desear, como en el caso de la batería, sonando bastante (saturados) los timbales. Canciones correctas pero, lo siento por ellos, encuentro muy pocas que me enganchen, digamos que “Suena” con su estribillo, “V Jinete”, con cierto aire épico, con inicio narrado y efectos de caballo al final, son de las que más me llaman la atención. Otra es “Algo personal”, especialmente por ciertos parecidos en los agudos de Larri con Glenn Hughes, (salvando las distancias), como también hace en “Suena”, “Triste” y alguna más.

Las guitarras en una parte de “Triste” son un homenaje (¿o copia descarada?) al “Fast as a shark” (Accept). Destacables las guitarras, como por ejemplo en “Sin piedad”, con buenos solos heavymetaleros de Manuel Iñigo junto a Larri, que mezcla tonos heavies con tonos más roqueros en su voz, prevaleciendo los últimos.

“Ojos de niño”, que antecede a la heavymetalera “Opresión”, es una corta pieza con suaves guitarras y voz narrativa de Adrián López, risas de Isabel López y llantos de Zaira Gullón, descendientes por un lado del vocalista/guitarrista Larri y por el otro del bajista Miguel.

Imagino que “Metal” dará mucho juego en los directos del grupo, el público cantará voz en grito y puños en alto su estribillo, aunque se llega a hacer pesada por la duración de la composición.

“Reto a vivir” es un tema extra grabado en directo (con poca potencia en el sonido) en su concierto de la sala Salvation de la capital andaluza el 10 de enero de 2004, con amago al principio a la guitarra del “Lazy” (Deep Purple).

Es de agradecer el incluir la pista interactiva “La guarida de Morgan”, donde vemos al grupo en su local de ensayo, a los componentes hablando sobre el nacimiento del grupo, la grabación del disco… imágenes en directo… sus conciertos de homenaje al Metal español de los 80….

Buen collage de fotos en la parte central del libreto donde podemos ver a los miembros del grupo con amistades y reputados músicos, tanto internacionales como nacionales, ¿cuántos encuentras tú?

Katie King junto con Evassion y Four Ways, por decir los grupos ya consolidados con trabajos discográficos, son el presente y futuro del Heavy Metal en la ciudad de la Torre del Oro… No hagas caso 100% a un solo comentario, préstales algo de atención, quizás a ti te gusten más que a mi, porque ya se sabe, en cuestión de gustos… Ya tienen a punto su segundo disco, esperando que me convenza más que el comentado, ¡suerte!

Web KATIE KING

Starbreaker

 

KATIE KING “1870” (2006)

Vienen pegando fuerte. Estos sevillanos han logrado destacar entre la vorágine de grupos que pueblan la geografía hispana, a base de trabajo, actitud y creer firmemente en lo que hacen. No estamos hablando realmente de un grupo nuevo. Llevan en esto desde 1992, y en 2004 publicaron su debut discográfico, llamado “Letras de Sangre”, y al año siguiente editaron un EP, “Última mirada atrás”, adelanto de lo que sería este “1870” que tengo en mis manos.

Katie King es un cocktail compuesto por elementos que brillan por sí solos, conjuntados en una engrasada maquinaria que da lugar a un resultado excelente. Por un lado, la aplastante base rítmica formada por Miguel Gullón (bajo) y Paco Rodríguez "Batthery" (batería), responsables de este sonido crudo y contundente que es la seña de identidad del grupo. Su aportación, muy alta en la mezcla, es crucial en el sonido poderoso de Katie King. Las guitarras de Manuel Iñigo y Larri López se complementan perfectamente, doblándose en muchas ocasiones y adaptándose con éxito a la temática de cada canción. Larri López también es el encargado de poner voz a los temas. Su poderosa garganta lidera las melodías vocales de cada composición, con una fuerza descomunal sacada de las tripas, al más puro estilo Ronnie James Dio y lejos de la mayoría de cantantes, más empeñados en buscar tonos agudos. Todo ello, unido a un excelente sonido, confiere a este disco un carácter rocoso, duro y contundente muy atractivo.

Pero todo esto no serviría de mucho si el disco no contuviera buenas canciones. Y ciertamente, las tiene. Una desconcertante intro folk llamada “La taberna de Morgan” (¿?) da paso a 12 trallazos que, con el denominador común que supone la crudeza del sonido y la contundente base rítmica, son lo suficientemente diferentes entre sí para conferir al disco una frescura y diversidad que lo hace ameno, permitiendo escucharlo al completo (algo más de una hora) sin cansar en absoluto.

Temas melódicos con buenos estribillos como “Letras de sangre” (lo mejorcito del disco) o “La visión” conviven con otros de estructura más complicada, como la extensa “Gaia”, cuyas guitarras rezuman influencias de Iron Maiden, más duras como la instrumental “69” o la cañera “A propósito de Annie”

El disco contiene 2 versiones: La primera es una atrayente y rocanrolera “It’s all right”, de los míticos y pioneros sevillanos The Storm, que allá por 1974 se adelantaron a su tiempo formando una de las primeras formaciones rockeras conocidas en nuestro país. Para ello han contado, además, con la colaboración del miembro original de aquella banda Ángel Ruiz, quien se hace cargo de la voz en una de las estrofas y de uno de los solos de guitarra. La otra versión es la mítica “El Tren” de Ñu / Leño, totalmente adaptada al estilo Katie King, y por lo tanto muy alejada del original, con la colaboración de Vikingo V.D. (Ex –Narco, V.D.M.), quien añade su ronca voz en una de las estrofas.

Estas colaboraciones no son las únicas del disco, ya que David Kala mete su slide guitar en el inicio de “Sicarios”, y la trepidante “Reto a vivir” (con un breve guiño inicial al “Lazy” de Deep Purple) contiene una sucesión de solos de guitarra en los que intervienen Ángel Ruiz (The Storm), José Rubio (Trilogy), Fernando García Poblet y Nacho Madeiro (Narco). Para terminar, “La caja de los truenos” contiene un doble solo de batería, donde el inicial de Paco “Batthery” Rodríguez (¡qué exhibición hace en todo el disco!) da paso a otro de Diego Ruiz, conformando un inusual tema con dos solos de batería.

Katie King. Apuntad bien este nombre. Llegarán lejos. Palabra de rockero.

Web KATIE KING - Web ExpoRock Music

Shan Tee

 

KHAMUL “En la Habitación” (2003)

Provenientes de Pamplona y formados hace ya unos 6 años, este trabajo que nos presentan “En La Habitación” no es su primer material editado, tienen hasta la fecha un par de grabaciones anteriores, caso de una demo de 6 temas en el año 2000, y su primer disco titulado “La Flor” en el 2002. En la actualidad la banda la forman: Mike, (Voz), Raul (Guitarra), Richard (Guitarra), Jaime (Bajo), Javier (Batería) y Arkaitz (Scratches y Samples).

Me han sorprendido, y muy gratamente. Para que os hagáis una idea se hacen llevar por un sonido bastante actual, sus influencias pueden ir desde Sepultura (sobretodo “Roots”), Deftones, Soulfly hasta los nacionales Hamlet o Koma. El sonido logrado en la grabación es altamente espectacular y digno de cualquier grabación venida desde fuera, con todos los instrumentos en su punto ideal –la batería es arrolladora-.

Lo que les diferencia de las bandas anteriormente citadas es el uso de los samples y scratches que se marca Arkaitz. Cierto que le da un toque de originalidad a la banda, pero es realidad que ya esta siendo bastante habitual en varias bandas del estilo. En todo caso, buena iniciativa por parte de ellos el salirle de los tópicos preestablecidos.

“En la habitación”, “Elimíname” o “Sueño Despertar” son temas que encantarán a los seguidores del estilo. Temas con mucha fuerza, rabia e intensidad, que es lo quieren lograr con lo que autodenominan “metalcore cannábico” –tela, con la etiqueta-.

Lastima que el “handicap” del idioma no les pueda abrir mas las fronteras, pero así y todo con una promoción como es debido, deberían tener un buen status en la escena nacional. No estoy diciendo que puedan estar a la altura de Hamlet o Koma mismamente, pero sí hacerse con un nombre respetable.

Contacto:

Web KHAMUL - Discográfica AKELOO

Javier Sánchez (Javibackyard)

 

KINGCROW “Insider” (2003)

Cada vez son más los grupos transalpinos que se ponen en contacto con nosotros para hacernos llegar sus trabajos, cosa que nos congratula enormemente. En esta ocasión os vamos a hablar de KINGCROW, el grupo de los hermanos Cafolla: Diego (guitarra y teclados) y Thundra (batería), que acompañados por Mauro Gelsomini (voz), Ivan Nastasi (guitarra) y Matteo Trinei (bajo), han grabado este “Insider” que tengo entre manos.

Este no es su primer trabajo, ya que su debut se produjo en 2001 con un álbum llamado “Something unknown”, además de tener en circulación algunas maquetas que no han salido del círculo underground italiano.

“Insider” es un proyecto muy ambicioso, mucho más allá de sus experiencias discográficas anteriores. Se trata de un disco conceptual basado en una trama de ciencia ficción, y cuyas referencias musicales se apoyan indefectiblemente en Queensrÿche, con esa mezcla de Metal Clásico y Progresivo que tantos fans tiene a lo largo y ancho de este mundo.

El disco tiene momentos brillantes y otros que no lo son tanto, aunque visto de una forma global (aún más necesario siendo un álbum conceptual) dejará bastante satisfecho a aquellos amantes de un tipo de Heavy Metal con estructuras más elaboradas.

Las guitarras consiguen pasajes brillantes sin caer en la vana exhibición, cosa que es exportable al resto del grupo, lejos de intentar un lucimiento personal que es punto común en muchos grupos de gustos progresivos. Las referencias a Queensrÿche y, en menor medida, a Savatage o Dream Theater, no se alejan en ningún momento. Estos chicos deben tener el “Operation: Mindcrime” como disco de cabecera, pecando de demasiada cercanía con sus maestros, lo que desemboca en una falta de originalidad que les debemos apuntar en el debe. Sin embargo, las canciones están bien trabajadas, logrando un buen equilibrio entre la variedad que nos aleje del aburrimiento y la unidad de ideas que debe tener un disco conceptual

Desgraciadamente, la calidad del disco se ve lastrada por una producción mediocre, siendo la batería el instrumento más castigado en la mezcla. Sin duda este punto enfría algún punto la percepción general que provoca el disco.

Si subsanan ese error en el futuro, y ahondan en labrarse su propio estilo, podremos estar ante un gran grupo. Ese es el camino que deben recorrer, por ahora pueden presentar este “Insider” con la cabeza bien alta.

Web KINDCROW

Shan Tee

 

KING DIAMOND "House Of God" (2000)

King Diamond sigue adelante con sus dos bandas que tanta buena música han aportado al mundo del heavy metal. Ahora que parece que Mercyful Fate han aparcado su actividad por un tiempo, King se ha centrado en su grupo en solitario para, con el inicio del nuevo milenio, lanzar lo que ya es su novena entrega en estudio. Tanto su guitarrista de toda la vida, Andy LaRocque, como él mismo se han encargado de componer los temas que conforman este "House of God". A diferencia de los malogrados "The graveyard" y "Voodoo", este álbum posee la calidad mínima exigible y saca a la banda de la mediocridad y la crisis de inspiración que caracterizó los citados trabajos anteriores.

Tras la narración de una teoría anónima según la cual Jesucristo sobrevivió a su crucifixión y fundó una nueva iglesia junto a María Magdalena, nos adentramos en un disco conceptual que cuenta las vivencias sobrenaturales de un hombre que, perdido en algún lugar del sur de Francia, es conducido por una lobo a la "Casa de Dios". Bajo la excusa de esta historia, King Diamond ha grabado un álbum que reúne los elementos propios del heavy metal tan personal que siempre ha practicado, donde su voz adquiere los más diversos tonos y los numerosos cambios de ritmo y solos intercalados hacen de las canciones piezas complejas y muy trabajadas. De esta manera, "The trees have eyes" recupera la energía con la que se abrían los discos antiguos y temas como "The pact", "Just a shadow", "Help!!!" o el que da título al álbum, "House of God", harán vibrar a los fans del grupo de una forma que no recordábamos desde los días de "The spider´s lullaby".

Además, y quizá sea la mejor noticia que nos podía dar, King está de gira promocionando este disco por España, lo cual no hacía con su propia banda desde el tour de "Conspiracy" (junto a Candlemass y Legion) allá por 1989 y desde aquello han pasado 12 años. Aquellos tiempos...

J. A. Puerta

 

KING DIAMOND AND BLACK ROSE “20 Years Ago: A Night Of Rehearsal” (2001)

Sin apenas tiempo para respirar, King Diamond ha decidido dejarnos K.O. a sus fans. Pero, no os equivoquéis, en esta ocasión no se trata de una nueva grabación como "House of God". King ha rescatado de su particular baúl de los recuerdos uno de los ensayos de Black Rose, el grupo que el rey del diamante lideraba antes de formar Mercyful Fate junto a Shermann y compañía. Como él mismo explica en el libreto del CD, no vamos a encontrarnos con la contundencia de "A corpse without soul" o "Curse of the pharaohs". Es tan sólo el comienzo de unos músicos jóvenes que, influenciados en palabras del propio King por Deep Purple (de los cuales versioneaban "Highway star", "Black night" y "Child in time" en sus conciertos) y Kansas (esto sí que es una sorpresa!), hacían lo mejor que estaba en sus manos. Aún así, llegaron a tener una repercusión considerable en su Dinamarca natal gracias a unos shows completamente locos en los que King hacía de las suyas ya por aquel entonces con calaveras, cabezas de cerdo y otros trucos escénicos de impacto. En lo referente a las composiciones en sí, la citada influencia de Deep Purple se refleja en cada una de las canciones por la presencia del Hammond de Ib Enemark, emulando al maestro Jon Lord, y unos riffs hard rockeros que dejarán atónito al seguidor más heavy de King. Respecto a la voz de este, todavía no alcanza los registros que más tarde desarrollaría. A pesar de la pobreza de la grabación (se trata de un ensayo completo con parones incluidos puesto que no llegaron a entrar en estudio), se puede comprobar que con el tiempo Black Rose podían haber acabado convirtiéndose en aventajados alumnos de Gillan y Blackmore y "Holy mountain lights", "Road life", "The end" o "Soul overture", estas últimas con una sección instrumental realmente trabajada, lo atestiguan. No obstante, cabe reconocer que las buenas ideas que se perciben en el trabajo son tan sólo eso ya que no suenan todavía lo suficientemente compactos y es ahí donde el grupo se muestra inmaduro.

En resumen, es un material muy jugoso para los fans más acérrimos de King Diamond, que sabrán apreciar esta grabación inédita jamás editada anteriormente. Para los demás, no pasará de ser una colección de temas mediocres de unos músicos en sus inicios.

J. A. Puerta

 

KING DIAMOND “Nightmares In The Nineties: An Introduction To The Artist” (2001)

Jamás hubiera imaginado que la actividad discográfica de King Diamond fuera a ser tan intensa durante este último año: “House of God”, los ensayos inéditos de Black Rose, este álbum recopilatorio de su carrera en solitario durante los noventa y la segunda parte de la historia de Miriam y Jonathan, “Abigail II, the revenge”, el proyecto que actualmente se trae entre manos. No entraré a valorar en profundidad lo que han sido los últimos diez años de la carrera de King en solitario puesto que estamos preparando la segunda entrega del reportaje dedicado al “rey del diamante” (la primera se encuentra en la sección “Misceláneo”). No obstante, sí debo apuntar que la evolución que ha experimentado en el presente periodo ha sido irregular y no ha logrado rebasar en ningún momento el nivel alcanzando por sus grandes clásicos: “Abigail”, “Them” y “Conspiracy”.

A grandes rasgos, los temas que componen “Nightmares in the nineties” reflejan fielmente el paso de King por la década maldita del heavy clásico. “From the other side” abre fuego tal y como lo hacía en “The spider’s lullabye”, con la potencia del mejor metal de Diamond. La siguiente, “Waiting”, es otro cañonazo sonoro, cuyos punteos de LaRocque y Simonsen en el inicio son de “cortar la respiración”. “The exorcist”, perteneciente a “Voodoo”, contiene un riff sensacional y las guitarras, con unas melodías de ensueño, vuelven a ser protagonistas en la parte que sigue al estribillo. A partir de este punto, nos damos de frente con la mediocridad a la que hacía referencia. Canciones como “One down two to go”, “LOA house” o “Lucy forever”, extraídas de, en mi opinión, los dos álbumes más flojos que King ha editado durante su carrera, “The graveyard” y “Voodoo”, tienen sus puntos álgidos y no dejan de ser correctas, si bien es cierto que no resisten comparación alguna con cualquiera de los clásicos que aparecían en “A dangerous meeting” y desmerecen un puesto en un “best of” de estas características a todas luces. Entre lo mejor de este disco se encuentran los temas de “House of God”, su último disco, cuya aportación se sintetiza en “The trees have eyes”, “Just a shadow”, “Catacomb” y la instrumental “Piece of mind”, inspirado corte que pone el punto final a este recopilatorio. Me ha dejado perplejo el descarte de dos grandes piezas como son “Killer” y “Moonlight”, que aparecían originalmente en “The spider’s lullabye”, el mejor lanzamiento de King Diamond durante este tramo de su historia. Supongo que habrá que preguntárselo a Massacre Records.

Como reza el título, ésta es una buena introducción para quienes desconozcan lo que han sido los últimos cuatro trabajos en estudio de King Diamond ya que los cortes han sido seleccionados con un juicio más o menos aceptable. Sin embargo, al resto les dejará más bien fríos, máxime al tener en cuenta que si se hubiera optado también por incluir lo mejor de Mercyful Fate durante esta misma etapa, al igual que en “A dangerous meeting”, el producto final habría sido bien distinto.

J. A. Puerta

 

KING DIAMOND "Abigail 2: The Revenge" (2002)

Uff... no sé hasta que punto King Diamond era consciente de la responsabilidad que conllevaba hacer una secuela de "Abigail", su álbum emblema y una referencia obligada en lo que a historias conceptuales dentro del heavy metal concierne. Me da que no debo ser el único que cuando oyó por primera vez eso de "We are gathered here tonight to lay to rest Abigail LaFey...", aún no teniendo ni idea de lo que significaba, se estremeció ante el horror que desprendían aquella música y las tonalidades de la garganta de King. Pues bien, quince años después sale publicada la continuación del macabro relato que marcó el comienzo de los mejores años de la carrera de King Diamond. La trama gira alrededor de un Jonathan LeFay melancólico, postrado en silla de ruedas y que vive en el pasado, quien se encuentra con la reencarnación de Abigail. Venganza, incesto, un árbol familiar que nos obliga a examinar bien los parentescos entre los personajes, el "otro yo" de Abigail, una niña de corta edad encerrada en una cripta, que sale cada noche en busca de su madre, fallecida tiempo atrás, y un largo etcétera se reúnen en una narración tenebrosa y retorcida que King ha sabido retomar con maestría.

Los músicos que acompañan a King Diamond y Andy LaRocque han vuelto a cambiar para este trabajo. En primer lugar, la incorporación más sonada es la del bajista Hal Patino, quien graba de nuevo con el "rey" tras haber girado en el tour de "House of God" y haber vivido en primera persona la época de "Them", "Conspiracy" y "The eye". El segundo guitarrista es Mike Wead, que entró en las filas de Mercyful Fate en "Dead again" y ahora pasa a la formación en solitario del vocalista danés. El nuevo fichaje es Matt Thompson, un tejano con diecisiete años de experiencia a sus espaldas, que sustituye a John Hebert a la batería.

Con el paso del tiempo, King Diamond apenas se ha inmutado ante las idas y venidas de las tendencias metaleras y su forma de escribir no ha cambiado un ápice. Quizá con algo menos de chispa, todavía recurre a su heavy metal complejo, de multitud de cambios de ritmo y estrofas múltiples que rompen con la estructura convencional a la hora de componer canciones. Continua jugando con los registros de su voz, usando esos falsetes propios de él. Los solos de guitarra se intercalan en distintas ocasiones dentro de un mismo tema con la misma brillantez de antaño, pues el equipo LaRocque-Wead se compenetra perfectamente.

El álbum se abre con "Spare this life", una introducción que comienza de la misma manera en que acababa "Funeral" de "Abigail": "I, O' Brien of the Black horsemen...". Lluvia que precede a una tormenta, King metido en el papel y un ambiente tétrico sobrecogedor como en la primera entrega predisponen a entrar de lleno en la historia. "The storm" no tarda en sonar y las guitarras de LaRocque y Wead apenas dejan lugar para un respiro, ofreciéndonos algún pasaje épico de presentación, si bien tampoco puede decirse que iguale la garra de "Arrival" (¿quién no alucinó en su momento con las primeras estrofas de aquel tema y el cambio de voces de King, "Through the summer rain of 1845 / the coach had finally arrived"?). "Mansion in sorrow" sigue un ritmo "al galope" que engancha rápidamente, heavy del clásico obra de Andy LaRocque, aunque con un estribillo un tanto fácil e ingenuo. Sin tregua viene "Miriam", un corte con melodías diversas que da otra vuelta de tuerca a las ya complicadas composiciones del grupo. Variedad de ritmos, potencia y un fragmento central de la mejor cosecha de King Diamond hacen el resto. "Little one", al igual que "More than pain", es un simple lance del relato que musicalmente pasa de puntillas por el álbum. "Slippery stairs", en la onda de "Mansion in sorrow" (se nota de nuevo la mano de LaRocque al escribir sus temas) pero más completa y mejorada, da paso a un instante minúsculo de tranquilidad con "The crypt", donde lo más destacable es la interpretación de King, con un tono de gravedad en la voz al comienzo que no se le conocía, y un guiño oculto a las notas que introducían "Black horsemen". "Broken glass" y en menor medida "The wheelchair" contienen unos teclados que aportan mucha riqueza a las canciones, inusual hasta ahora puesto que es un recurso que la banda no ha explotado jamás de esa forma. "Broken glass" posee algunos de esos riffs pesados y reiterativos que Hank Shermann toca con frecuencia en Mercyful Fate y que raramente hemos apreciado en King Diamond como tal. No obstante, quedan de maravilla. Por su parte, "The wheelchair" es una pieza ideal para escenificar en vivo ya que recoge el trágico desenlace de Abigail y Jonathan. La recta final es toda de "Spirits", inspirada y que ya por su estribillo se justifica ella sola: "Spirits flying through the air / spirits crossing over to the other side". Para escuchar y deleitarse. "Mommy", sin embargo, llega a sobrar, de tempo pausado y sin gracia alguna, excepto un solo de Mike Wead realmente excepcional. Con el outro "Sorry dear" se cierra el trabajo.

No puedo dejar olvidados dos detalles: por un lado, la portada y el diseño artístico de Travis Smith, fieles a la línea de las mejores ilustraciones del "rey diamante", "Abigail" y "Them"; por otro, las alusiones indirectas que hay a elementos de otras historias, como es el caso del ojo de "The eye", Lucy de "The graveyard" o la omnipresente silla de ruedas que hizo suya la abuela de "Them" y "Conspiracy".

Si "Them" tuvo una segunda parte sublime en "Conspiracy", "Abigail" no podía quedarse atrás. El álbum tiene ideas interesantes, momentos indudablemente buenos y sigue la senda creciente de "House of God". Como proyecto ambicioso y arriesgado cabe felicitar a King, además de lo que significará llevarlo a un escenario en la gira que se aproxima. Siempre es reconfortante disfrutar de un álbum conceptual acompañando la música con los textos en mano y metiéndote en la historia de terror que narra. Pero, siendo justos, no resiste comparación con el trabajo original de 1987 en el que está basado. En esos términos lo de "segundas partes nunca fueron buenas" no habría que tomárselo al pie de la letra, pero sí se acercaría algo a la verdad.

J. A. Puerta

 

KING DIAMOND “The Puppet Master” (2003)

Cada adquisición discográfica de King Diamond es como un sorteo de Lotería, nunca sabes cuándo vas a salir premiado, y es que el bueno de King es de esos artistas de los que se puede sonsacar sobre todo irregularidad. En esta ocasión podría decirse que ha tocado la pedrea, porque pese al desconcertante título (¿no había otra forma de agradecerle a Ulrich los favores?) y a la pésima portada, “The Puppet Master” supone un trabajo más que digno.

Tras la bochornosa continuación del mítico “Abigail”, parece que King y Andy han optado de nuevo por la modestia, y aparte de dejarse de innecesarias secuelas que no hacen sino empañar a sus predecesoras, vuelven a ofrecernos puro y duro Heavy Metal del de siempre, sin renunciar al toque progresivo que siempre les ha caracterizado pero sin llegar a perderse en el invento.

Lo primero que llama la atención del trabajo es la nitidez de la producción (Diamond, LaRocque, J. T. Longoria), así como la precisa y contundente base rítmica, conformada actualmente por Matt Thompson a los parches y el más conocido Hal Patino al bajo. Pero la palma se la llevan los guitarras: Mike Wead y sobre todo Andy LaRocque (este hombre se merece un reconocimiento mayor del que tiene) están descomunales. Por su parte, Mr. Diamond está más comedido de lo normal en cuanto a falsetes histriónicos se refiere, y nos deleita y ameniza con voces más planas y realistas -en esta ocasión saca a relucir su voz más ‘llorosa’-, y la verdad es que sale ganando todo el mundo (no es mejor uso el hacer abuso).

En cuanto a los temas, podríamos destacar así por encima el hiper-heavy “Magic”, el cálido “Emerencia”, un medio tiempo acelerado con voz femenina incluida (Livia Zita), el épico “Blue Eyes”, con ese órgano eclesiástico tan característico de KD, el knockeante “The Ritual” (al loro con los riffs y el solo de Andy) o el desasosiego de “No More Me”, con una ambientación pesadillesca a base de teclas muy lograda. Mención aparte para “So Sad”, un tema lento de esos que King suelta con cuentagotas (el último “House Of God”, si mal no recuerdo) y que visto el resultado quizá debería prodigarse un poco más, así como “Christmas”, nuevamente con participación de la fémina al micro, esta vez deleitándonos con un fragmento de aquel “Tamborilero” que por aquí diera a conocer nuestro Raphael, ahí es nada. Ni que decir tiene que es otra de esas ‘puyitas’ tan características de su satánica majestad mr. Diamond, tal como hiciera en su día con “No Presents For Christmas” (esas risas lo atestiguan).

Como bonus se incluye un DVD, que visto lo visto también se lo podían haber ahorrado. En él, King -postrado en un sillón- nos cuenta a modo de contextualización la historia/concepto del álbum por capítulos, o mejor dicho, por canciones. Por supuesto está sin subtitular, así que cuando llevas un rato oyéndole decir misa sin moverse del atril no puedes evitar pulsar stop y mandarle al carajo. A ver si la próxima se lo curran un poquito y ofrecen material interesante de verdad, que haberlo haylo.

En síntesis, un disco con bastante más acierto del esperado -al menos por el que suscribe-, y que devuelve un tanto la fe perdida en nuestro enmascarado. A ver hasta cuando.

Bubba

 

KING DIAMOND “Deadly Lullabyes - Live” (2004)

Ay ay ay, que me huele a calisay... solía decir un profesor de primaria de un humilde servidor cuando la cosa pintaba turbia o simplemente no pintaba. ¿Que a qué viene eso? Pues a que “Deadly Lullabyes”, como toda historia de King Diamond, rezuma misterio por los cuatro costados. Pero como en dichas historias, vayamos por partes...

Lo primero que llama la atención, cómo no, es la cutre-portada que cubre el disco, con el bueno de King... sosteniendo un muñeco (!), claro que vista la que cubría su anterior “The Puppet Master” tampoco desentona tanto. Lo segundo y más curioso su título, máxime cuando no se recoge pieza alguna del disco al que hace referencia (“The Spider’s Lullabye”). Pues eso, misterios sin resolver.

Con todo y con eso se trata de una edición generosa, salta a la vista, doble digipack con fotos individuales y colectivas de los miembros del grupo, fechas del tour y demás tonterías para ir ojeando a la vez que escuchas los discos, en este caso. ¿Y qué es lo que escuchamos? Pues he aquí su contenido...

a) Cuantitativo: se da especial importancia tanto a la historia completa de “Abigail” (ambas partes están generosamente representadas con cuatro cortes de cada una) como al disco que presentan en gira, “The Puppet Master”, lo cual se reparte entre el primer y el segundo CD respectivamente. A continuación de ambos se suceden una serie de clásicos ineludibles (“Sleepless Nights”, “Welcome Home”, “The Invisible Guests”, “Halloween”, “No Presents For Christmas”) y otros que no lo son tanto y por ello se agradecen (“Eye Of The Witch”, “Burn”), así como se obvian directamente trabajos como “The Graveyard”, “Voodoo” (lógicamente...), “House Of God” o el citado “Spider’s...” (...o sin sentido). Ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos.

b) Cualitativo: simplemente perfecto (that’s the question). Ni un solo fallo, sonido cristalino, voces dobladas de King (!?)... y ni un solo detalle de dónde se registró cada tema. ¡Que llamen a Colombo! Y es que hasta las presentaciones de la banda (“Introductions”) suenan asépticas, ensayadas...

Pues eso es lo que hay. Como suele decirse en estos casos sólo ‘ellos’ sabrán qué hay de verídico en este disco. Por nuestra parte y como meros ‘oyentes’ podemos afirmar rotundamente que el trabajo suena que atruena. Si además es cierto que todo es en riguroso directo me atrevería a decir que es de lo mejor que he escuchado en muchísimo tiempo.

Bubba

 

KISS “Alive IV” (2003)

Desde 1996, año en que la formación original de Kiss volvió a la palestra para recrear las míticas giras de los setenta, se venía gestando el culebrón en torno a la edición de un cuarto "Alive". Siete años más tarde, y tras un sinfín de giras y la publicación de un nuevo disco de por medio, aparece en el mercado el esperado lanzamiento. El tiempo se consume raudo, que no en balde, y eso también le ha pasado factura a Kiss. "Space Ace" está fuera de la formación una vez más y el proyecto inicial ha acabado transformándose en una ambiciosa sinfonía junto a la Orquesta de Melbourne. Está visto que las satisfactorias experiencias de Metallica y Scorpions han calado.

Todo lo que rodea este “Alive IV” es fastuoso: desde una presentación en digi-pack que incluye las fotos de rigor, como siempre impresionantes, del cuarteto y del inabarcable montaje del evento hasta un mimado diseño colorista y un desplegable que reúne cartas e instantáneas de los Kiss maniacs (tanto niños de siete años como parejas sexagenarias).

La hora y media de actuación comprende tres actos. El primero es parte de un show más, en el que Kiss despachan un repertorio infalible. ¿O alguien le va a poner pegas a “Deuce”, “Strutter” o “Lick it up”? Los mandamases, Paul Stanley y Gene Simmons, se muestran especialmente motivados. “Starchild” reta a su propia verborrea con una charla en prácticamente cada tema, mientras “The Demon” espolea a su audiencia australiana a base de contínuos ‘let me hear ya’. Nadie pondrá reparos al descuidado solo de Tommy Thayer en “Calling Dr. Love”; con la prolongación de “Let me go rock & roll” el chico se gana de sobra el perdón. Tampoco se pone peros a un Stanley que en “Psycho circus” se las ve y desea; los coros son tan sumamente perfectos a lo largo del concierto que cualquier detalle en contra se torna insignificante.

El segundo y tercer acto incluyen en el pack a la orquesta, dirigida por la batuta de David Campbell y formada por sesenta músicos maquillados que ponen banda sonora y efectos a los grandes clásicos de la banda.

El segundo es un pequeño set con cinco temas interpretados en clave acústica. Peter Criss se hace con las riendas en “Beth”, adornada para la ocasión. “The Catman” no será un gran vocalista, pero el sentimiento con que la canta y la ovación emocionada que recibe al finalizar la hacen grande. “Goin’ blind” y “Sure know something” son otras que no necesitan justificación. Pero para inmensa, “Shandi”, que suena como nunca. En mi opinión, es la canción del álbum.

El tercer acto se compone de otros diez cortes, éstos ya con la Sinfónica al completo. De ellos, el plato más sabroso para los fans es “Great expectations”, por aquello de la novedad y por el apoyo de un coro de “criaturas angelicales” también pintadas que interpretan el estribillo tal cual fue concebido en “Destroyer”. La materia prima de “King of the night time world”, "Do you love me" y "Rock and roll all nite" apenas se ve afectada ya que no hay por donde manipularla. Sin embargo, “Detroit rock city”, "Shout it out loud", "God of thunder" y "I was made for lovin' you" aparecen majestuosas y alcanzan un esplendor distinto (adquieren otra dimensión, que dirían por ahí) en compañía de violines, cellos y demás instrumentos.

El experimento le es favorable a la banda. Aparte, es de agradecer que el nuevo “Alive” ofrezca un añadido a las tres primeras entregas, y más al no poder recrear el espíritu de la reunión ahora que el grupo no cuenta con Frehley en sus filas. Todos sabemos que Kiss son una máquina de hacer dinero y que la visión de negocio de Simmons es excepcional. Si, como se dice en el ágora, Kiss son unos simples comerciantes que solamente saben contentar a su público con discos y shows irrepetibles para ganarse un buen puñado de dólares, bienvenidos sean. Ojalá esa pasión por la profesionalidad, traducida en devolver a la gente lo que paga por su producto, la siguieran otros tantos. “Alive IV” se gana el derecho a compartir estantería con sus ancestros. Kiss lo han vuelto a hacer.

J. A. Puerta