Discos R

 

Rh-Ru


  RHAPSODY Rain Of A Thousand Flames (2001)
  RIP KC Obvious and Bleeding (2005)
  RIVENDEL LORDS Senda del Destino (2003)
  ROB ZOMBIE The Sinister Urge (2001)
  ROBERT PLANT Sixty six to Timbuktu (2003)
  ROBERT PLANT & THE STRANGE SENSATION Mighty rearranger (2005)
  ROLLING STONES A Bigger Bang (2005)
  ROSENDO Veo, Veo... Mamoneo!! (2002)
  RUNNING WILD Live (2002)
  RUNNING WILD 20 Years in History (2003)
  RUSH Vapor Trails (2002)
  RUSH Feedback (2004)

 

      

RHAPSODY "Rain Of A Thousand Flames" (2001)

Tras leer los cuentos legendarios, escuchar la sinfonía de las tierras encantadas y contemplar el amanecer de la victoria, se nos viene encima una lluvia de mil llamas. Rain of A Thousand Flames es la ultima aventura que nos relatan Rhapsody antes de la salida de su cuarto disco, "The Power of The Dragon Flame". Se podría decir que "Rain of..." es un single a lo grande: "un regalo de 7 canciones a nuestros fans", según palabras de Luca Turilli. De primeras, que nadie espere cambio alguno en lo que es el espíritu de Rhapsody. Con este disco la épica y la grandiosidad sonora llegan hasta el infinito. Los coros son más altisonantes que nunca y el sinfonismo y la riqueza instrumental alcanzan las cotas más altas en la historia de los italianos. Interesante que utilicen el italiano para algunos coros o tramos de alguna canción. Tras sonidos cercanos y bien conseguidos es, en este disco, donde Rhapsody graba con letras de oro un género, o su género, que también podría ser el HOLLYWOOD METAL.

La historia comienza con la típica canción cañera, la que da nombre al disco, junto con "Holy Thunderforce", lo más trallero que han hecho nunca. Le sigue a la ira inicial una tranquila instrumental de piano, "Deadly Omen", con toques orquestales muy acertados. Personalmente me recuerda a la melodía que salía en la película "The Haunting" (La guarida). A continuación, la primera de las dos sinfonías del disco, "Queen of The Dark Horizonts". Esta canción contiene cortes de la banda sonora de "Phenomena", una película del director italiano Dario Argento, interpretados por Rhapsody a su manera, por supuesto. La canción es tremenda. Un comienzo orquestal, con unos coros estremecedores y una voz femenina preceden a estribillos que enaltecen el alma y te ponen la piel de gallina, duelos malstemnianos Turilli/Staropoli y un final plenamente cinematográfico.

Hasta aquí, la primera parte del disco. La segunda, titulada "Rhymes of a Tragic Poem-The Gotic Saga", comienza con "Tears of a Dying Angel", un tema puramente teatral con muchas partes habladas y cargado de dramatismo. Puede hacerse un pelín tedioso, según mi opinión. "Elnor´s Magic Valley", la siguiente, es un tema instrumental con notorios aires celtas. Bonita melodía la de ese incesante violín, con la pandereta de fondo. Tras habernos relajado, tenemos "The Poem´s Evil Page",corte con un inicio muy similar a "The Bloody rage of The Titans" de su anterior disco. Muy pegadizo el estribillo y una guitarra de Luca Turilli genial. A destacar el tramo cantado en plan balada por Fabio Lione, con la voz doblada. La canción termina con un dueto de flauta y clavicordio plenamente medieval (como no podía ser de otra forma).

La aventura toca a su fin con "The Wizard´s Last Rhymes" una adaptación de los genios Turilli /Staropoli de la Sinfonía del Nuevo mundo, compuesta por el famoso compositor checo Antonin Dvorak. Plagada de incesantes cambios de ritmo, coros bombásticos made in Rhapsody que quedan como dios con la melodía famosa de fondo y unos teclados y violines increíbles. Sin olvidar la guitarra de Luca Turilli y la voz de Lione. La canción acaba con una pieza orquestal, con la melodía de "Rain of A Thousand Flames", absolutamente acojonante y enteramente cinematográfica.

Como últimos apuntes, mencionar la producción de Paeth y Miro. Han logrado el mejor sonido que jamás ha tenido Rhapsody. Y la portada, obra de Mark Klinnert, es verdaderamente impresionante.

Siendo consciente de las incapacidades en directo del grupo, sólo decir que obras como esta engrandecen el Metal. Le dan, o deberían darle, prestigio y aplasta algunos tópicos eternos referentes a esta música. Al menos es lo que a mi entender han dado Rhapsody al mundo del Heavy Metal. Prestigio, elegancia, virtuosismo y melodías y sonidos magnos, enormes, grandilocuentes y demás adjetivos calificatorios. A la gente que los coros grandiosos, la ampulosidad sonora, la gran riqueza instrumental y las influencias clásicas, no le digan nada, que miren a otro sitio, es fácil. A los seguidores de este estilo en general, y de Rhapsody en particular, sigamos disfrutando y alcemos la voz en coro, gritando, ahora y siempre:

GLORIA PERPETUA!!!!!!

José Alberto (Thunder)

 

RIP KC “Obvious and Bleeding” (2005)

Si tuviera puesto un sombrero me lo quitaría en señal de respeto y admiración por el último trabajo de estos madrileños. Respeto porque es un disco brillante, que derrama calidad y saber hacer a espuertas, y admiración porque es agradable ver que hay gente con la capacidad y las ganas suficientes de tirar por el lado difícil, de no tener miedo a complicarse la vida haciendo lo que te gusta sabiendo de antemano que vas a tener una merma en la repercusión comercial. Hacer lo quieres en un mundo como el del mercado (¿he dicho mercado?) español sólo está alcance de los valientes y desde luego Rip Kc demuestran con este conjunto de coplas que lo son.

Ya nos sorprendieron con su anterior disco cargado de poderoso ¿Grunge revestido de Stoner? (que poco me gustan las etiquetas pero creo que así me vais a entender mejor), pero ahora, como si de una de aquellas pizarras telesketch que se borraban con sólo agitarlas, han limpiado todos sus anteriores dibujos y han empezado de nuevo a diseñar un nuevo cuadro con muchos más detalles y mejores trazos, dando un salto de muchos peldaños tanto en sonido como en composición y ejecución. Tremendos desarrollos progresivos con muchas pinceladas incluso de jazz y unas guitarras limpias que son capaces de recordar a veces tanto a gente como Triana (“Marble Walls”) o Camel por un lado o a Cream o The Doors e incluso hay dejes de Sabbath, siempre un recuerdo lejano pero que sirve para hacernos una idea más o menos acertada de lo que hay dentro del disco.

De todos modos y sea como sea, “Obvious and Bleeding” es un disco raro, sinuoso y complicado, a veces un poco espeso, sobre todo a partir de la mitad del disco en adelante, que no entra a la primera ni a la segunda, un disco que te llevará a un viaje donde lo importante no es el destino sino el viaje en sí mismo. Desde luego muy lejanos quedan ya los tiempos de Nirvana y esto es totalmente otra historia (aunque algún que otro ramalazo todavía puede encontrarse), un giro de ciento ochenta grados para mejor, mucho mejor. Toda una sorpresa y una delicia que servidor recomienda sin ningún género de duda.

Pedro Salinas “Pears”

 

RIVENDEL LORDS “Senda del Destino” (2003)

Para aquellos que no hayáis oído hablar de ellos, deciros que éste es el segundo CD editado por el grupo asturiano Rivendel Lords, formado por José García (Voz), Andrés M. Fuego (Guitarra), Juan García (Guitarra), Joaquín Suárez (Bajo) e Iñigo Villar (batería). Para este disco han contado con varias colaboraciones, ya que Pablo García (Warcry) y Dani Sevillano (Darna) incluyen algunos solos de guitarra, Elena Pinto (Nörthwind) mete piano y teclados, y Ruth (Darna) y Víctor García (Warcry) meten sus voces también haciendo coros.

Puede haber determinadas personas al que un nombre poco original y una portada de temática demasiado manida les pueda llevar a hacerse una idea preconcebida de lo que un disco lleva dentro. Yo no me encuentro en ese grupo de personas, y a pesar de que tanto el nombre “Rivendel Lords” como el dibujo de la portada puedan hacer pensar que estamos ante un disco más de power metal clónico de tantos otros, me esforcé de abstraerme de esos prejuicios y escuchar con atención lo que iba a salir por los altavoces al pulsar el Play.

Desgraciadamente, el interior del CD confirma los indicios que su envoltura externa indica. Los primeros temas van cayendo uno detrás de otro sin provocar el más mínimo interés, composiciones que no logran salir del círculo vicioso de tantos grupos clones de sí mismos. La permanente sensación es de haber escuchado ya esto, canciones de relleno en cualquier disco de cualquier grupo Power que hay detrás de cualquier esquina. La temática de las letras no ayuda, llena de expresiones típicas y tópicas oídas mil veces (...vendió mi alma a Lucifer, Princesa de las Tinieblas, reina de la oscuridad....)

Las canciones van cayendo (“Bruja deidad”, “Epidemia”, “Gloria infernal”...) y en el cuarto tema despierto del sopor, ya que este “Placer, Lujuria y Edén” eleva el nivel del disco, quizás por apartarse del cotocloc, cotocloc monótono que estaba sufriendo hasta el momento, o quizás porque la canción es... simplemente mejor que las demás, con una melodía vocal mucho más conseguida. Desgraciadamente, los siguientes temas me devuelven al aburrimiento, hasta que hacia el final del disco la cosa vuelve a mejorar, con un “Almas Gemelas” que comienza como balada y que sigue a buen nivel, la instrumental “Senda del Destino” en el que el piano de Elena Pinto da un toque de calidad (falta hacía), y el tema que cierra el disco, “Mordor”, mucho más trabajado, combinando con acierto la voz femenina de Ruth en ciertas partes de la canción, y que consigue cerrar el disco de mejor forma de como lo empezó.

Es posible que Rivendel Lords mejoren en un futuro, hay indicios en este disco de que podrían hacerlo. Para ello deberían desarrollar su propia personalidad y dejar a un lado las corrientes de moda, que en el heavy metal también las hay. Ojalá sea así.

Shan Tee

 

ROB ZOMBIE "The Sinister Urge" (2001)

Tres años nos ha hecho esperar Rob Zombie para escuchar su segundo larga duración en estudio (remezclas del primer álbum aparte, véase "American made music to strip by"). Este curioso y polifacético personaje, defensor a ultranza del rock entendido como espectáculo y provocación (más visual que otra cosa en su caso), se ha rodeado de un buen puñado de amigos para grabar "The sinister urge". La lista de colaboraciones es extensa y, entre otros, tenemos a músicos como Ozzy Osbourne, Kerry King, Josh Freese, Tommy Lee o el compañero de fatigas de Rob en su banda original, John Tempesta. Los Chop Shop de Hollywood han sido el marco en el que se ha fraguado el disco. Scott Humphrey, quien repite después de "Hellbilly deluxe", comparte en esta ocasión los honores de producción con el propio Rob Zombie.

Quizá se haga complicado rememorar los tiempos en los que "Thunder kiss '65" irrumpía en el mercado norteamericano de 1991 con tal fuerza que colocaba a "La sexorcisto" en un puesto de privilegio para una banda hasta entonces desconocida. A pesar de ello, el líder de White Zombie sigue vivito y coleando, con un show casi circense que alucina a quienes lo presencian. Aunque no menos cierto es que "Hellbilly deluxe" estaba muy por debajo de las expectativas que habían en torno a Rob tras haber roto White Zombie con todo un clásico de los noventa como "Astro creep 2000". En comparación con los "Dragula", "Living dead girl" o "Meet the creep", "The sinister urge" es sin duda un paso gigante en la carrera en solitario del frontman. Ofrece material más variopinto y apunta alto con respecto a su obra prima, recortando el trecho que le separa de himnos como "Electric head Pt. 2" o "More human than human".

"Dead girl superstar" proyecta a las mil maravillas el sonido que tendrían White Zombie en la actualidad y posee el gancho que se echaba en falta en los hits de "Hellbilly deluxe". La sección rítmica es sencillamente demoledora, con un compás machacón acelerado que debe mucho a la aplastante guitarra de Kerry King. "California (Go to)" roza el pop. Gran parte de la "culpa" puede atribuirse a la delicada voz femenina que secunda las estrofas de Rob y a los arreglos de trompeta añadidos. "Feel so numb"" es otra de las que destaca con mucho: pegadiza, rica en matices y estilos (suena a una mezcla de rock´n´roll, dance, metal y no sé que más con la rúbrica inconfundible de Zombie) y todo un sencillo con visos de romper. En medio de este maremágnum de variedad, aparece "Demon speeding", una especie de revival thrash de los últimos ochenta crudo y directo (basta con escuchar el riff y el solo correspondientes para verificarlo) con interludio central que se debate entre Slayer y Metallica en sus años mozos. "Scum of the earth", como contraste, añade el punto "industrial-discotequero", sencillo de digerir y que dará que hablar en vivo por el grito de guerra que tiene por estribillo.

El dueto con Ozzy lleva por nombre "Iron head". Alternando sus voces (ambas basadas en un toque personal más que en dotes técnicas) logran hacer un tema de cara a la galería correcto. Se nota poca complementariedad y personalmente encuentro al maestro Osbourne, si no anacrónico, sí desaventajado para esta pieza alejada de su heavy rock natural. De banda sonora es "Bring her down (to Crippletown)", donde el apoyo de orquesta lo es prácticamente todo y hace de éste un corte grandioso. Como cierre, "House of 1000 corpses" invade la parte final de cierta atmósfera peliculera de terror (no es casualidad que el film en el que está inmerso Rob Zombie se titule así. El ambiente tétrico que despide la canción está bien trabajado, aunque de entrada lo asociaría al Manson de "Mechanical animals".

La mejor lectura que se extrae de "The sinister urge" es que Rob Zombie ha vuelto a poner el grito en cielo para reclamar el status ganado durante el primer lustro de los noventa con un trabajo que bien vale la pena echarse al oído (ya ha llegado a disco de oro en EE.UU.). ¿La peor? Que mucho me temo que si no es contratando un viaje a los States, será imposible disfrutar de la gira que como cabeza de cartel va a realizar haciéndose acompañar de los punkies The Damned.

J. A. Puerta

 

ROBERT PLANT “Sixty six to Timbuktu” (2003)

Podríamos poner varios ejemplos de cantantes que tuvieron tanto éxito o más con su carrera en solitario que con su banda de origen; Ozzy, Dio o hasta el bueno de David Lee Roth han alcanzado grandes cotas de popularidad al salir del nido. Sin embargo otros, como Gillan o este Robert Plant que nos ocupa, no han pasado del aprobado discreto. Pero ojo, que hablo de éxito, de números, no de la calidad de su trabajo. En el caso de Robert Plant supongo que tuvo claro desde el principio que Led Zeppelin fue lo que fue y que aquello no iba a volver a repetirse. Lo interesante, y esto es lo importante, es que Robert Plant, pasito a pasito, fue editando discos, unos con mas acierto que otros, hasta hacerse con una carrera en solitario consolidada y muy aprovechable, al contrario que Page que, picando de flor en flor, al final no ha sabido con que carta quedarse.

Desde el “Pictures Of Eleven” de comienzos de los 80 hasta el “Dremland” de hace dos tardes, ha pasado mucho tiempo y no ha sido mala la idea de hacer esta recopilación. En formato doble, uno de grandes éxitos y otro de rarezas y caras b, y todo metido en un bonito digipak (como me gustan) con presentación digna del evento. Como su nombre indica aquí encontramos desde coplas de la prehistoria Zeppelina hasta lo último que ha grabado el rubio cantante pero, a diferencia de otro recopilatorios, aquí no notamos el típico efecto “frankestein” de ser un puzzle donde las piezas encajan solo a presión.

El trabajo de Plant en solitario es bastante mas intimista que el que hizo con Zeppelin. Y no es que falten los buenos guitarrazos de Hard Rock o que no se marque algún que otro tema bien rockero pero es que también hay muchos pasajes mas cercanos al Pop, perdiendo a veces la épica o la agresividad que tenía Led Zeppelin pero ganando en tranquilidad y dulzura por decirlo de alguna manera. Lo que no cambia es la formidable voz y las buenas maneras a la hora de usarla de este prodigio de la naturaleza.

En el primer compacto, como ya he dicho, hay un repaso, muy bien logrado, de lo que ha sido su carrera. Hay canciones para todos los gustos y de todos los discos. Canciones rockeras y potentes como “Tie Dye On The Highway” (Manic Eden –1990) o “Heaven Knows” (Now & Zen – 1988), baladas impresionantes como “Darkness, Darkness” (Dreamland – 2002), alguna copla de aquella maravilla que fue el proyecto Honeydrippers (“Sea Of Love”) e incluso una canción inédita como es el caso de “Upside Down”.

Mención especial para Phil Johnstone ya que si en Led Zeppelin Plant se apoyaba en las composiciones de Page (que aquí hace algunas colaboraciones) durante su etapa en solitario lo ha hecho principalmente en el talento del teclista con magníficos resultados.

En el segundo disco hay desde rarezas, como un single del año 66, donde un Plant barbilampiño ya daba muestras de su poderío, hasta versiones de temas como un antediluviano “Hey Joe” del 67 o un “For What It´s Worth” (que dicho sea de paso me quedo de largo con la original) hasta algunas otras que se usaron para bandas sonoras de películas como “Louie, Louie” para la infumable “Wayne´s World” o “Philadelphia Baby para la todavía mas infumable, si cabe, “Porky´s Revenge”. ¿En qué coño estaría pensando este señor?.

Un disco interesante tanto por el documento histórico que representa como por la incuestionable calidad que atesora. De todas maneras si me tengo que quedar con algo es con el bailón “Let the Boogie Woogie Roll” que queda cojonudo en la voz de Robert Plant.

Así que, tanto si no conoces el trabajo de este hombre como si tienes gastados los viejos vinilos este disco no te defraudara lo mas mínimo. Simplemente el resumen de uno de los grandes, grandes... un galáctico que dirían algunos aunque hace tiempo que dejó de ser un producto mediático.

Perico Salinas "Pears"

 

ROBERT PLANT & THE STRANGE SENSATION “Mighty rearranger” (2005)

Los nostálgicos del auténtico sonido Zeppelin están de enhorabuena: Robert Plant ha vuelto, y trae consigo un montón de canciones en las que deja claro que si Bonzo levantara la cabeza y se apartaran los malos rollos que impiden lo que estás pensando, sonarían como lo hace este “Mighty rearranger”. Bueno, o no... pero se podría decir que la actualización de 2005 sería muy parecida a esto.

Personalmente me tiene enganchado desde la primera vez que lo escuché. Igual de místico y de raro que antaño, pasa del relax a la explosión en un momento, se retuerce entre alaridos con una reverb infinita y llena el aire de riffs guitarreros al más puro estilo Page. Eso por no hablar de los ritmos de batería, de las paranoias sónicas del Moog o los teclados llenos de filtros. Vamos, que es fácilmente identificable.

Todo esto está muy bien para los nostálgicos, vale, pero lo que cuentan son las canciones, y ese es realmente su punto fuerte. Hay de todo, desde la tranquilidad de “All the king horses” al misticismo de “Another tribe”, del salvajismo de “Shine it all around” al aire blues de “The enchanter” o los ritmos tribales de “Somebody knocking”. Todo un muestrario de sonidos que recuerdan a todas las épocas de Led Zeppelin, con guiños constantes en las guitarras (por ejemplo “Dancing in Heaven” y los sonidos presentes a lo largo del “In through the out door”), en las baterías (más guiños al “Rock’n’roll” o “When the levee breaks” por ejemplo)... en fin, que en cada compás se pueden descubrir detalles actualizados para la ocasión que sería largo de enumerar.

Sin embargo es de cosecha propia, adaptado a la voz -cada vez menos voz- de Plant, y con la contribución de unos músicos que, sin hacer permanentes demostraciones de malabarismo instrumental, cumplen con creces su misión. Los tales Strange Sensation son John Baggott, teclista que también se lo hace con Portishead y Massive Attack; Justin Adams, un guitarrista que procede del mundo punk pero que gusta de los sonidos arábigos, indios y africanos que tanto le ponen a su jefe; Billy Fuller, bajista desconocido que se gana la vida vendiendo discos en su tienda; Skin Tyson, otro multiinstrumentista conocido en su casa a la hora de comer, y Clive Dreamer, un clon de John Bonham.

Si a lo largo del disco los efectos psicotrópicos de la música no han conseguido llevarte mentalmente a los años del flower-power, espérate a escuchar el final con “Brother Ray”, paranoia dedicada a Ray Charles que termina un disco que obliga a escuchar de nuevo, aunque solo sea por confirmar que lo que has escuchado es de 2005 y no de 30 años atrás.

Para un servidor, de lo mejor del año.

Alvar de Flack

 

THE ROLLING STONES “A Bigger Bang” (2005)

Sí, cuando ya digo que son la banda más grande el puto planeta todavía os sonreís pensando que exagero. Y no digo yo que sean la banda más grande sólo porque lleven cuarentaitantos años dando el callo, o porque muchas, muchas de sus coplas sean ya piezas inmortales patrimonio de esta humanidad que nos rodea, ni tampoco porque sean un ejemplo de actitud y honestidad. No, lo digo porque son como el aire que respiras, la encarnación del Rock & Roll hecha carne y hueso (ya veremos si esto es verdad en el caso de Richards) y porque con la edad de mi padre, que musicalmente se quedó en el Dúo Dinámico, siguen derrochando clase y calidad como lo demuestra este magnífico “A Bigger Bang”. Que por cierto, el título, en traducción libre de Gibraltar, casi significa eso de “La banda más grande del planeta”, así que no iba yo muy desencaminado.

Ocho años han tardado (¿llegarán vivos a otros ocho?) pero ha merecido la pena. No voy a entrar en discusiones de las que no nos llevan a ninguna parte, de si éste es el mejor desde el “Tattoo You”, de si desde el “Exile” o de si ya están acabados o son los Rolling Tostones. Esas estúpidas discusiones para los sesudos gafapastas y los críticos con aspiraciones. Yo me limito a dejar el apunte de que te eches a la oreja el riff de la inicial “Rough Justice” y el poderío vocal de Jagger en esa misma canción, muestra perfecta de lo que es todo el resto del trabajo. Desde luego parecen, por las ganas y los huevos, una banda que empieza, que quiere comerse el mundo. Y es que esto es 100 % Stones; crudos e irreverentes (ahí está copla dedicada a Bush) a la par que sensuales (cómo me gusta “Street Of Love”) y elegantes. Quizá en los “peros” haya que ponerles el que se empeñen en meter dieciséis coplas cuando con diez o doce hubiera mejor. Claro que también puede que haya que esperar otros ocho años o, lo que es peor, que éste sea el último (toquemos mucha madera) y entonces es mejor estar bien aprovisionado.

Uno más y van... que añadir a una discografía llenas de joyas, una página más que añadir a la leyenda de los más grandes, de la jodida banda más grande del planeta y punto.

Pedro Salinas “Pears”

 

ROSENDO "Veo, Veo... Mamoneo!!" (2002)

Nuevo álbum del bueno de Rosendo, con una banda que ya conocemos, pues parece que ya tiene fijos en el plantel a Rafa J. Vegas al bajo (éste ya lleva mucho tiempo al lado del maestro) y al batería Mariano Montero. Os seré sinceros, prefiero a Rosendo con unos teclados de acompañamiento que en formación de trío porque aunque el sonido haya ganado en fuerza también es cierto que ha perdido esa parte de “acaramelamiento” que definen los teclados.

"Veo, veo ... mamoneo!!" significa una continuidad a su anterior trabajo, “Canciones para normales y mero dementes”, sobre todo en sonido; es un disco corto (como la mayoría de discos de Rosendo) y directo, muy directo en muchos de los temas del disco. Ahí están “Masculino Singular”, primer single y en mi opinión uno de los mejores temas de Rosendo de toda su larga carrera, pegadizo desde el principio hasta el fin, “Sufrido”, otro de los temas que te entran a la primera, “Quincalla, o no!”, con unas líneas de bajo que me encantan y tema que, por cierto, será el segundo single del disco, o el propio tema que da nombre al disco, “Veo, veo ... mamoneo!”. Hay otros temas llamémosles más experimentales, caso de “Para Nada”, con un tratamiento a la guitarra más duro y machacón de lo que Rosendo nos tenía acostumbrado, “Entre Dientes”, un tema que me encanta ya que entran los instrumentos poco a poco, primero la batería, bajo y una guitarra desconcertante que te llega a descolocar en varias fases de la canción, con un estribillo muy a lo Rosendo, o “Ven y ve!”, donde Rosendo nos obsequia con un estribillo machacón. La verdad es que me gustan este tipo de temas (su anterior trabajo ya tenía varios en esta línea) y, por supuesto, otro de los grandes temas del CD, “Que te acompañe la suerte”, tema que me recuerda a “Díselo tú” del álbum “Para mal o para bien”, con un bajo muy bien marcado dando paso a una guitarra distorsionada en el estribillo. Pero no todo acaba ahí, Rosendo se atreve con dos piezas que no se si atreverme a llamar baladas: “Para cuando desatino”, preciosa y con un magnífico Rosendo a las voces (sí, sí habéis leído bien), y la canción que cierra el CD, “Todo lo que sigue”, nos descubren a un Rosendo en una faceta poco explorada por él y que no se le da nada mal.

Como extra el CD trae un DVD con un documental de la grabación del CD, el video clip de “Masculino singular”, dos canciones antes del acabado final ,“Que te acompañe la suerte” y “Entre dientes”, y unas cuantas fotos.

Muy buen CD que demuestra que Rosendo sigue en la brecha.

Agustín Galiana “Aguskill”

 

RUNNING WILD “Live” (2002)

Ni más ni menos que catorce años hace que los germanos Running Wild nos deleitaron con aquel legendario “Ready For Boarding”, hoy en día ya todo un clásico en lo que a directos de heavy metal se refiere. Lo cierto es que desde entonces han cambiado muchas cosas, entre otras que de aquella formación solamente queda el alma mater del grupo, Rolf Kasparek (nunca ha sido muy tratable que digamos), al que ahora acompañan Bernd Aufermann (guitarras, coros), Peter Pichl (bajo, coros) y Matthias Liebetruth (batería), aunque poco más para Rock’n’Rolf, el cual sigue con la misma fórmula de siempre, para bien o para mal.

“Live” no es otra cosa que la plasmación en disco de uno de sus últimos shows completos, registrado concretamente en la localidad alemana de Osnabrück el pasado 30 de marzo de 2002, con los pros y los contras que ello conlleva.

Como alicientes para la adquisición de esta edición decir que, a parte de ser doble (a diferencia del citado “Ready For Boarding”, que sabía a poco), goza en todo momento de un buen sonido (ni muy retocado ni excesivamente parco) y pega un repaso a la discografía nacida tras aquel primer directo, lo cual no viene mal (amén de que goza de estas nuevas tecnologías anticopy, que pueden dificultarte el “pirateo” –nunca mejor dicho- sobremanera). Como inconvenientes apuntar, en primer lugar, que si bien Rolf nunca fue un dechado de voz, a estas alturas de carrera y en una sola toma (recordemos que se trata de una misma noche) se dejan entrever considerablemente las limitaciones del citado vocalista; por otra parte señalar que la edición es bastante pobre (pocas imágenes y menos texto aún), y para los precios que se gastan hoy las discográficas (19 euros y medio, en este caso) se echa en falta un buen libreto como mínimo. Espero que las ediciones en DVD y DVD plus (que las hay) vengan más completas.

Pero centrándonos en el contenido del disco, que es lo que interesa en definitiva, observamos ya de entrada que faltan un montón de clásicos que deberían estar, relegados sobre todo por temas de reciente hornada era “The Rivalry”/”Victory”/”The Brotherhood”, que por otra parte es donde a Rolf Kasparek se le ve más cómodo (no en vano el peso en estos temas lo llevan las guitarras en detrimento de la melodía vocal, que es precisamente donde cojea nuestro pirata –óigase “Uaschitschun”, bastante pobre-). Incluso lo más logrado de los últimos tiempos se lo pasan por el forro, escúchese “Masquerade” (¿dónde está sin ir más lejos un temazo como “The Lions Of The Sea”?) o “Black Hand Inn”, del que sólo se acuerdan de “Soulless”. Sí que coge sin embargo algo como “Metalmachine Solo”, un solo de batería que bien se podían haber ahorrado en favor de algún tema, aunque tratándose de un concierto entero se comprende en cierta medida.

De todos modos es un placer comprobar que temas como “Bad To The Bone” (con esos históricos armónicos), “Riding The Storm”, el hímnico “Prisoners Of Our Time”, el añejo “Purgatory” o el apoteósico “Under Jolly Roger” (que canta más el público que el propio Kasparek y que cierra el plástico) siguen atronando por ahí, y que otros más contemporáneos como “Lead Of Gold” (época “Pile Of Skulls”, últimos resquicios de originalidad), “Soulless” o “Blazon Stone” suenan tan potentes como en disco. Quiero tomarme los últimos trabajos de la banda como una época de vacas flacas o simplemente de pereza compositiva, y que este disco en directo la cierra. Aunque una cosa es lo que uno quiere y otra muy distinta lo que en realidad es.

Bubba

 

RUNNING WILD “20 Years In History” (2003)

Ya no sé qué pensar de Rolf Kasparek. Es cierto que 20 años de carrera son excusa suficiente para editar un “Best of”, como también lo es el hecho de que la banda germana -si a esto se le puede llamar banda- lleva sin levantar cabeza ya casi una década, y su popularidad y ventas bajan enteros cada año a una velocidad de vértigo. Sospechoso...

En ese marco contextual se edita “20 Years In History”, según palabras del propio Kasparek “un disco no considerado como ‘lo mejor de’”, sino más bien un repaso cronológico a lo que lleva/n recorrido. Y la verdad es que así es, pues se recogen sistemáticamente 2 temas por disco además de dos bonus tracks, “Prowling Werewolf”, un tema rescatado (y regrabado) de los set-lists del grupo del ’83, y “Apocalyptic Horsemen”, un corte desechado para aquel legendario “Under Jolly Roger”. Lo demás, como ya digo, un par de piezas de cada álbum, algunas regrabadas íntegramente (“Branded & Exiled” y “Mordor”, curiosamente las dos representaciones de aquel parco en sonido “Branded & Exiled”) y el resto retocadas ligeramente en estudio, lo cual demuestra el respeto que ha tenido siempre Mr. Kasparek por sus músicos.

Ni que decir tiene que a los seguidores del grupo de toda la vida este “20 Years...” les hace tanta falta como quedarse en paro (los bonus tracks simplemente anecdóticos, el libreto unas cuantas fotos y la típica parrafada de turno), así que podría ser recomendable para los legos en la materia, siempre y cuando tengan presente que ni están todos los que son ni son todos los que están (a partir de “The Rivalry” me sobra todo, si acaso a excepción de la curiosa “Ballad Of William Kidd”).

En cualquiera de los casos se recomienda encarecidamente seguir regocijándose con la etapa dorada de la banda, es decir, hasta aquel épico “Death Or Glory” (1989), así como pegarse un repaso a los últimos destellos de originalidad en “Black Hand Inn” o “Masquerade”. Lo demás simplemente innecesario.

Bubba

 

RUSH "Vapor Trails" (2002)

Tras seis años de ausencia vuelve el trío canadiense con un disco que (me) deja un sabor de boca un tanto raro, un poco de decepción, algo de perplejidad, asombro y disfrute a partes iguales.

La historia de Rush es lo suficientemente larga como para poder apreciar unas muy claras etapas en función de las influencias asimiladas en cada periodo: Si los primeros años del grupo (70s) fueron experimentales, casi alucinógenos, una segunda etapa (80s) mucho más madura fue la que les consolidó como el grupo de rock progresivo por excelencia, influyente en las nuevas generaciones de grupos del estilo. Entrados los 90s, las nuevas tendencias musicales procedentes de Seattle marcaron tanto el devenir del rock en general que llegó hasta los maestros de un estilo que estaba en el lado opuesto de aquellos patrones compositivos. Así se parieron discos cuyas influencias hicieron a Rush dejar atrás los teclados y marcaron los ritmos gruesos de guitarra y los aires tristes en la mayoría de sus composiciones.

Cada etapa se ha ido cerrando con un disco en directo, así es que después del triple “Different stages live”, el que suscribe pensaba que iba a haber un cambio mucho más sustancial en el concepto del nuevo disco, máxime teniendo en cuenta el tirón de grupos que han mamado de ellos, caso de Dream Theater por ejemplo. De ahí lo que comentaba al principio sobre la ‘decepción’.

Sin embargo, si uno escucha atentamente el disco no se trata de una obra fácil ni en cuanto al trabajo que lleva dentro ni tampoco en cuanto a la asimilación del propio trabajo. No es un disco de rock progresivo al uso, tampoco tiene mucho que ver con los Rush más antiguos ni con la etapa de teclados y samplers de los 80, más bien es una continuación lógica de discos como “Test for Echo” o “Counterparts” aunque muy marcado por las condiciones personales de los miembros del grupo: la tragedia familiar de Neil Peart -sobre todo-, la personalidad de Alex Lifeson y la madurez de Geddy Lee.

Es un disco mucho más guitarrero que lo anterior, . Tampoco hay teclas, y las melodías y letras son más bien de corte pesimista, casi grunge, con algunas que recuerdan bastante a los Led Zeppelin del “Houses of the Holy” o del “Physical Graffitti”, especialmente en “Secret touch”.

La batería de “One little victory” abre el disco de forma casi brutal, pero es solo un espejismo, aunque el tema en sí es un compendio de lo que es el disco entero. Hay otros cortes que tienen poco que ver, y que siguiendo la comparación Zeppeliniana (ya digo que encuentro muchas reminiscencias) se acercarían más al “III”, menos enérgicos como es el caso de “Peaceable kingdom”, “How it is” o “Out of the cradle”. “Vapor trail” y “Ceiling unlimited” son lo más parecido a los Rush más clásicos, y en el resto de temas se dejan ver mucho más las influencias oscuras.

Habilidad, maestría, personalidad y la tranquilidad que da el tenerlo ya todo hecho. El maestro Neil Peart recupera la dirección musical, soberbio. La voz de Geddy Lee sigue impasible al paso del tiempo pero pierden algo de protagonismo las partes de bajo (excepción de “Ghost rider”) , y la guitarra de Alex Lifeson sigue sorprendiendo por lo la sobriedad y la carencia de solos, ni falta que le hace.

En definitiva, disco majo para los abiertos de orejas y los seguidores de toda la vida, y perfectamente prescindible para los que se suben al carro después de escuchar a Dream Theater. Esperemos que en la próxima gira se acerquen por estas tierras, sería la primera vez en la historia y ya va siendo hora, aunque me da a mí que... en fin.

Salud.

Alvar de Flack

 

RUSH “Feedback” (2004)

Dentro de los planes de celebración de los 30 años de vida del grupo, Rush han querido rendir tributo, con este mini LP de versiones, a los grupos que les influenciaron en la segunda mitad de los 60. 8 temas clásicos que llevan el sello de Rush, pero a la vez conservan la esencia de los originales, utilizando para ello sonidos de guitarra o percusión muy parecidos a los que se usaron en su momento.

Las canciones en cuestión pertenecen a grupos como The Who (“The Seeker”), Buffalo Springfield de quienes hacen dos versiones: “For what it’s worth”, con un excelente trabajo de guitarra y “Mr. Soul”. Los Yardbirds, de quienes meten otras dos: “Heart full of soul” (atención a Geddy Lee cantando con su voz natural, sin falsete) y el clásico entre clásicos “Shapes of things”. El “Crossroads” de Cream, “Seven and seven is” de Love, y la versión de una versión de Eddie Cochran: “Summertime blues”, de quienes hacen un cover basándose en la versión de Blue Cheer.

Tanto por los temas elegidos como por el resultado final del disco se puede decir que a los amantes de las versiones, de los clásicos y de todo lo que haga el trío de Toronto van a encontrar un 3 en 1 pero que muy interesante.

Alvar de Flack