Discos - S

Sp-Sy


  SPEI Spei (2003)
  SPHINX Sphinx (2001)
  SPHINX Mar de Dioses (2003)
  SPHINX Paraíso en la eternidad (2005)
  SPIRITUAL BEGGARS Demons (2005)
  STAFAS Por arte de birli birloque (2005)
  STEVE VAI The 7th song (2001)
  STEVE VAI Alive In An Ultra World (2001)
  STIGMA Stigma (2002)
  STOLE Waiting for Tsunami (2004)
  STRATOVARIUS Elements Pt. I (2003)
  STRATOVARIUS Elements Pt. II (2003)
  STRYPER Seven (The Best of Stryper) (2003)
  STYX Bing bang theory (2005)
  SUAVES, LOS Si yo fuera Dios (2003)
  SUAVES, LOS El jardín de las delicias (2005)
  SWALLOW THE SUN The Morning Never Came (2003)
  SYMPHONY X Live On The Edge Of Forever (2001)
  SYMPHONY X The Odyssey (2002)

 

SPEI “Spei” (2003)

Grupo formado en el ´96 por: Oscar Longo (guitarras), Javier “Bumper” (batería) y Gorka Alegre (bajo) -actual base rítmica de Ñu-, Hamilton “Ali” (voz) y Javier Peña (guitarra rítmica).

Suena a ´80 lo cojas por donde lo cojas, no hay vuelta de hoja, ni quieren ni pretenden hacer nada nuevo, no lo calificaría como Hard Rock ya que me parece más duro, pero tampoco lo etiquetaría como Heavy Metal, así que es un cruce entre ambos estilos predominando el Heavy.

El CD contiene 10 canciones, las que más me han gustado son “Lighting Throu The Breeze” un tema con un riff inicial de caerse de espaldas con una base muy potente, algo más hard rockeras tenemos “Blinded By Blood” y “White Laced Rider” que junto con la elegante y a la vez machacona “Spei” y la instrumental llamada “Instrumental” es lo que más me ha gustado del disco. También hacen la versión del clásico de Steppenwolf “Born To Be Wild” con la colaboración a las teclas del ya ex-Ñu Jorge Calvo.

La historia del grupo es corta, ya que actualmente el grupo no existe. El CD ha sido autoeditado y sólo se puede conseguir a través de esta dirección: thunderdird38@hotmail.com

Para más información y si quieres bajarte algún tema (hay 3 disponibles): Web Spei

Agustín Galiana “Aguskill”

 

SPHINX "Sphinx" (2001)

Tras largos años de conciertos, maquetas y cambios de formación, este grupo de Cádiz consiguió un contrato con Fonomusic y nos han dejado alucinados con este disco: “Sphinx”. La increíble fuerza compositiva del líder y vocalista de la banda, Manuel Rodríguez, me hace estar completamente segura de que este grupo va a llegar muy lejos. Sus letras, cantadas en castellano, encierran todo un mundo de sentimientos, de humanidad, de maldad superada con esperanza. Un heavy tan clásico y tan nuevo y fresco al mismo tiempo te hará no poder parar de escuchar el disco. Lo que primero me llamó la atención fue la voz. Al principio no me gustó nada. Supongo que estoy tan acostumbrada a los tradicionales grititos heavies que me cerré un poco. Pero a medida que avanzaba el disco en mi mini-cadena me iba atrayendo más esa voz tan peculiar, tan cambiante, con un registro tan amplio, que va desde los graves más graves hasta los agudos más chillones. Es una voz que a medida que la escuchas se te hace más agradable al oído, más pegadiza. Que engancha, vamos.

En cuanto a músicos, con Justi Bala y Santi Suárez a las guitarras, Andrés Duende al bajo y Carlos Delgado a la batería pienso que han conseguido una formación bastante buena. La verdad, y no sé si esto será bueno o malo, es que se parecen bastante a Maiden. Pongamos como ejemplo el cuarto tema, “Sueños Perdidos”, que cuenta con unas partes instrumentales que indiscutiblemente son Iron Maiden: sus riffs, su batería, los solos, el bajo... O “Alma sin paz”, cuya intro de guitarra te va a sonar muchísimo, aunque luego cambia, dándole un estilo muy personal, muy Sphinx. En fin, a mí me mola porque hoy en día hay pocos grupos que hagan esto, ya que todos tiran más hacia el metal alemán. Pero no sé si será demasiado descarado.

Aun así, suenan muy frescos y muy cañeros. Desde el primer corte, “Ángel sin piedad”, se ve la batería atronadora, los originales coros, las fugaces y cañeras guitarras y, por supuesto, la voz. Y si no, escuchemos su primer single, “Condenado a vivir”. ¡Una bomba! Comienza con un ruido de accidente de coche y, acto seguido, con la guitarra y la batería dando caña. La melodía de la voz en esta canción es buenísima, en general, la calidad del tema, que se pega de una forma increíble y sin quererlo te pasas el día tarareándola. O la canción que más me gusta a mí personalmente, “La muerte sobre un papel”, que hermosa y sutilmente, trata el tema de la droga. Me encantan sus punteados (muy a lo Maiden) y los coros. Y sobre todo la forma que tiene Manuel Rodríguez de jugar con su voz, dándole una cantidad de matices casi infinita.

Luego escuché atentamente la balada, con una letra algo deprimente y melancólica, acentuada de nuevo por la voz, dándole más sentimiento si cabe. Con guitarras acústicas y arreglos de teclado. Muy bonita. También empieza medio balada “La tierra del mal”, pero goza de partes muy potentes a medio tiempo y otras ya más rápidas. Muy buena. Y ya no hablemos de la última, la que le da nombre al disco. Hay que escucharla.

Si os gusta lo clásico pero con la frescura y los matices de hoy, las buenas guitarras, la batería cañera y las letras sentidas y melancólicas ya sabéis que este es vuestro disco. Estoy ansiosa por ver cómo será su segundo disco.

Clara González Lobo (Kiky)

 

SPHINX “Mar de Dioses” (2003)

Segundo disco de la banda gaditana. He de decir que no dispongo de su primer disco y por lo tanto no puedo hacer comparaciones, aunque puedes encontrar un comentario del disco en esta misma página.

Estoy seguro que si este disco hubiese aparecido hace como unos 6 ó 7 años ocuparía un lugar de privilegio en mi estantería, es una pena que la saturación en el mercado de grupos power-clónicos tapen la salida a este tipo de grupos.

Gran sonido el que han conseguido plasmar en el CD. Contiene 13 canciones más una intro, dónde los guiños a Maiden están bien presentes en la mayoría. Una de las cosas que más me ha llamado la atención son los teclados en su sitio, donde tienen que estar, pero yo me quedo con la voz. No es una voz técnica, sino más bien una voz normalita, lejos de las voces de este tipo de grupos; en este aspecto me recuerda mucho a Víctor (Warcry) –sin parecerse a él ni en registros ni tonalidades-. En cuanto a los temas, yo me quedo con “Sangre de Egipto”, cargado de fuerza y con un buen estribillo, la balada “Llanto en Soledad”, “Miseria Mundana” más en onda power y forzando agudos en algunas fases del tema y por supuesto el temazo que cierra el CD titulado como el propio disco “Mar de Dioses” con una letra sobrecogedora. He hecho esta selección de temas porque a mi juicio son los que definen plenamente lo que es Sphinx, en definitiva heavy bien hecho, con sus constantes cambios de ritmos, guitarras melódicas y fuerza. He de señalar que también se marcan la versión de “I Want it All” de Queen que aunque no sea totalmente de mi agrado no llega a estar mal.

Sphinx no han inventado nada, han cuajado un gran trabajo con este “Mar de Dioses”, estoy seguro que si te gusta el Heavy Metal te gustará.

Todo un detalle los agradecimientos a The Sentinel.

Web SPHINX

Agustín Galiana “Aguskill”

SPHINX “Paraíso en la Eternidad” (2005)

Paso a paso, Sphinx se han hecho un nombre en el panorama nacional. Desde su Cádiz natal han ido escalando peldaños, siguiendo una carrera ascendente desde aquel homónimo “Sphinx” (2001) y el posterior “Mar de Dioses” (2003), ambos reseñados en esta Web a su debido momento.

“Paraíso en la Eternidad” supone su asentamiento definitivo como una de las mejores bandas de Heavy Metal que circulan por la piel de toro. Para ello ha seguido una trayectoria coherente en la que ha conseguido desarrollarse como grupo sin pegar bandazos, creyendo en sus posibilidades y creciendo como banda y como músicos.

Las influencias de Iron Maiden siguen siendo innegables, sobre todo en las guitarras de Justi Bala y Santi Suárez, que demuestran una impecable ejecución aunando técnica y buen gusto, compenetrándose a la perfección, tal y como hacen sus modelos Smith y Murray. La base rítmica, compuesta por José Pineda (bajo) y Carlos Delgado (batería) ofrece un poderoso sustento sobre el que se construyen todas las composiciones, pero si hay alguien que destaca en Sphinx es, sin duda, Manuel Rodríguez, uno de los mejores cantantes que circulan en la actualidad y que demuestra en cada tema que se puede ser un excelente cantante de Heavy Metal sin tener que recurrir a gritos histéricos.

El disco contiene 11 temas en los que podemos disfrutar de un grupo más maduro pero que no ha perdido ni un ápice de la vitalidad que se le supone a un grupo de Heavy Metal. Desde la rápida “No” que abre el disco, nos adentramos en unos temas que aúnan potencia y melodía, y en el que disfrutamos de un gran trabajo de guitarras (“Destino”, “Héroes de un sueño”) y sobre todo un grandísimo trabajo vocal a cargo de Manuel Rodríguez. Su interpretación en temas como “Esclavo de tu maldición”, “A dos minutos de la muerte” o “Águilas de acero” le aúpan como uno de los mejores cantantes nacionales en la actualidad.

Uno de los pocos inconvenientes que se le pueden poner al disco es su, a veces, excesivo apoyo en el sonido Maiden. Temas como “A las puertas del Infierno” parecen directamente sacado de la factoría Harris, y le restan personalidad al grupo, aunque en la mayoría de los casos consiguen construir, a partir de esa influencia, temas muy interesantes en los que desarrollan su propia forma de sentir la música. “Paraíso en la Eternidad” es un buen ejemplo de cómo lo han conseguido, convirtiéndose en uno de los mejores temas del disco y abriendo la mejor fase del CD, ya que las dos siguientes canciones, “A dos minutos de la muerte” y “Águilas de acero” mantienen un gran nivel, sustentadas sobre todo en la buena labor de Manuel Rodríguez y las acertadas líneas melódicas que se dibujan sobre la estructura instrumental netamente metálica.

Mención aparte merece el último tema del disco, “Respóndeme”, que comienza con la melodiosa voz de Manuel sobre unas tiernas notas de piano y que va ganando en emoción, potencia y rapidez a medida que avanza la canción, con momentos pasionales finales en los que inequívocamente recuerdan al “Stairway to Heaven” de ya sabéis quien. Sin duda estamos ante un tema que se va a convertir, si no lo ha hecho ya, en uno de los clásicos de Sphinx.

Los caminos del Rock son amplios y variados. En la constante búsqueda de alternativas y de estilos innovadores, de vez en cuando se agradece que haya quien se mantenga en la base principal del Heavy Metal más clásico. Sobre todo cuando lo hace con la calidad de Sphinx.

Web SPHINX

Shan Tee

 

SPIRITUAL BEGGARS “Demons” (2005)

Ya puede decirlo quien quiera, hasta el mismísimo archimandrita de Jerusalén pero yo sigo en mis trece pensando que el verdadero espíritu del Heavy Metal se encuentra depositado en bandas como Corrosion Of Conformity, Monster Magnet, Black Label Society y por supuesto Spiritual Beggars antes que en muchas otras que, sin embargo, gozan de mucha más repercusión y más reconocimiento por parte del público en general y de la prensa en particular. Desde luego, en mi opinión, estas bandas recogen mucho mejor la esencia de gente como Sabbath, Zeppelin o Deep Purple y hasta Maiden o Saxon, por decir dos de la década de los años ochenta, que cualquier otra que pulule por estos mundos de dios y para percatarse de lo que digo no hay nada más que darse un garbeo por discos como este poderoso “Demons” que tenemos ahora entre las orejas. Que no me cuenten trolas de Stoner Rock, Hard Rock Psicodélico ni qué niño muerto, que esto sí es Heavy Metal “del de toa la vida” y además de pata negra.

Spiritual Beggars son -otra más-, una banda procedente de las frías tierras escandinavas que se dio a conocer, aunque por aquel entonces ya tenían publicado más de un disco, cuando tuvieron la suerte de abrir la gira de tanteo (acababa de volver el hijo pródigo) de Iron Maiden. Por aquel entonces presentaban en sociedad el cojonudo “Ad Astra” (2000), al que le seguiría, con cambio de cantante incluido, “On Fire” (2002), otra bomba de destrucción masiva, y ahora, ya les tocaba, vuelven más poderosos que nunca con “Demons” su disco más ochentero, más heavy en el más estricto sentido del término.

Ya no cabe duda de que Michael Amott, guitarrista y líder de la banda (también miembro de Arch Enemy y ex-Carcass) es un pequeño genio, y no hablo de estatura ni envergadura sino del magnifico ramilletes de solos y riffs que nos deja en “Demons”, y el nuevo cantante de nombre tan güisquero como JB, es el colofón perfecto a las composiciones de Spiritual Beggars, capturando con su voz lo mejor de cada casa.

La intro “Inner Strength” da paso a toda una colección de himnos de los que destaco, por resaltar algunas, “Salt In Your Wounds”, un enérgico tema rebosante de riffs y melodía, la cautivadora y mi favorita del disco, “Through The Halls” con una líneas vocales realmente hipnóticas que JB borda de una manera arrolladora. La trepidante “Elusive”, la hiper sabbathica “In My Blood” o “One Man Army”, cualquiera vale para justificar el sobresaliente disco.

La producción exquisita, artesanal, profunda y milimétrica a cargo de Fredrik Nordström (¿de que me suena a mi este tío?), la presentación de lujo, la inclusión de un segundo CD con media hora, absolutamente bestial, de un concierto en Japón en 2003, y sobre todo, la calidad del disco hacen que sea, sin duda y para un servidor, uno de los discos del año y una encarecida recomendación. Un disco vibrante de principio a fin.

Floating... in a dreamlike state, my body´s sleeping, my mind is awake.

Pedro Salinas “Pears”

 

STAFAS “Por arte de birli birloque” (2005)

El cantante y vocalista de los Canallas, Michel Molinera, decidió un día abandonar aquella formación y montar otra historia con ‘Anono’ (batería de los Despistaos, Milicianos y Ratio), Manolo Maestre (guitarrista que pasó por Cráneo, Santa y Ratones Koloraos) y el bajista Javier del Palacio. En esas estamos, Stafas son un grupo de rock and roll nacido de la experiencia de unos músicos que se resisten a irse sin decir todo lo que tienen que decir.

Aquí no hay mucho que rebuscar porque está todo a la vista. Nada de complicaciones, música sencilla y directa, letras que lanzan mensajes con los que se puede estar más o menos de acuerdo, pero que no encierran más que lo que se entiende, y estribillos facilones ideales para los directos y noches de borrachera. Ellos dicen en “Golpes” que hacen canciones con el corazón, y puede que tengan razón, aunque para los oídos más exigentes se quede un poco escaso, pero no todo en la vida es complicársela.

Se atreven con un par de versiones, una del casposo de Roberto Carlos que ellos han rebautizado como “El progreso” (me vais a perdonar pero no recuerdo el título original y creo que este no es), y otra de Billy Joel basada en la que, a su vez, hizo Víctor Manuel y cantó Ana Belén titulada “El hombre del piano”. También le ponen música a un texto leído por Pilar Manjón en representación de los afectados por los atentados del 11-M en la comisión de investigación del mismo, y que titulan “7.138.252 €”. El resto de las canciones son de cosecha propia, que suenan a todo y a nada a la vez. Ese es el problema de este tipo de grupos, que las melodías están muy trilladas y suenan muy parecidas, sin contar con los temas de las letras, aunque en este caso tengo que reconocerles la personalidad al escribir y al cantarlas con esa peculiar voz.

En resumen, es un disco que sonará a todo lo ya escuchado, con buenas letras, idóneo para directos o para escuchar mientras haces otras cosas y bastante sincero. Para fijarse más en la forma que en el fondo, vaya.

Más en: Discográfica PIES RECORDS y Web STAFAS

Alvar de Flack

 

STEVE VAI “The 7th Song - Enchanting Guitar Melodies Archives Vol. 1” (2001)

Steve Vai se ha sacado de la manga un recopilatorio que contrasta con los “Best of” y “Greatest hits” a los que estamos habituados. En un alarde de originalidad, se ha dedicado a reservar intencionadamente el séptimo lugar de cada uno de sus discos a composiciones que, según él, están inspiradas en su naturaleza más mística e intuitiva, dejando aparcadas las demostraciones de virtuosismo que tanto gustan a estos maestros de la guitarra. El background de este genio de las seis cuerdas es extraordinario; tiene en su haber multitud de trabajos firmados junto a Frank Zappa, formó parte de la banda de David Lee Roth en sus primeros pasos tras la marcha de Van Halen, pasó fugazmente por las filas de Whitesnake y Alcatrazz y ha colaborado con gente como Alice Cooper, Joe Jackson o su colega Al Di Meola.

Lo que se esconde bajo este trabajo de nombre estrambótico y portada fantástica es un puñado de buenos temas con todo el sentimiento que un músico de la talla de Steve Vai es capaz de imprimir a cada una de sus notas. Sin despreciar ninguno de los cortes que conforman “The 7th song”, sobresale con claridad “For the love of God”, extraído de su obra maestra “Passion and warfare” (y es que el solo que se marca Mr. Vai en la parte intermedia de esta canción no es de este planeta). Tampoco dejaré de mencionar la fabulosa “Hand on heart”, perteneciente a un gran disco, “Fire garden”, que pasó completamente desapercibido, “Windows to the soul” de su último “The ultra zone” o “Touching tongues”, la excepción instrumental del álbum que el polifacético Devin Townsend grabó como cantante junto a Vai, “Sex & religion”, y al que puedes oír entonando unas breves estrofas. Como salvedad a los temas de sus discos en solitario, aparece “Christmas time is here”, la contribución de Steve al primer volumen del recopilatorio navideño “Merry Axemas”, en el que aparecieron otros grandes de la guitarra como Joe Satriani o Ted Nugent. El incentivo para sus fans, quienes al fin y al cabo conocen el contenido de este álbum de antemano, son tres canciones nuevas en la misma onda melódica y que gustarán por igual a cualquier seguidor de este “guitar-hero”: la deliciosamente extensa “Melissa’s garden”, “The wall of light”, en la que genera una atmósfera de puro encantamiento, y “Boston rain melody”, que cierra el compacto evocando ligeramente a “The riddle”.

El handicap de un experimento como este es el verse obligado a dejar fuera de la lista una serie de canciones emblemáticas como “Liberty”, “I would love to”, “Dyin’ day”, “The crying machine” o “There’s a fire in the house”, que son tan sólo algunas de las que me vienen a la mente en este momento. A pesar de esta circunstancia, el hecho de tener en un solo trabajo una colección de excelentes piezas melódicas de un artista como el que nos ocupa es un lujo para nuestros oídos. “The 7th song” es la mejor banda sonora con la que puedas acompañar una de esas lluviosas tardes de otoño.

J. A. Puerta

 

STEVE VAI “Alive In An Ultra World” (2001)

No tenía suficiente Steve Vai con “The 7th song” como para editar otro álbum este mismo año y encima doble: quince temas en directo con la peculiaridad de que son de nueva cosecha, nada de una banda sonora de sus grabaciones de estudio. Todo esto se enmarca dentro de otra de las místicas iniciativas del maestro Vai, que se ha aventurado a componer cada una de las piezas tomando como fuente de inspiración los países por los que transcurría su última gira. Por tanto, no es éste un doble en directo al uso, sino que es un nuevo disco del guitarrista grabado íntegramente encima de los escenarios del tour que realizó la pasada temporada. Es una buena idea, con la salvedad de que hasta ahora no había editado ningún directo oficial (si exceptuamos el que grabara junto a Satriani y Johnson hace unos años) y, además de no poder disfrutar de sus grandes éxitos en este formato, nos hemos quedado sin escuchar cosas tan interesantes como la apertura de sus más recientes conciertos en el G-3 de este mismo año (en esta ocasión al lado de Satriani de nuevo y del “alma mater” de Dream Theater, John Petrucci) con “Shy boy”, acompañado de Billy Sheehan, quien ha hecho las labores de bajista y cantante (quién sabe si esto significa una reunión de la formación original de la banda de David Lee Roth, habrá que esperar acontecimientos). 

El compacto se abre con una composición típica de Steve Vai llamada “Giant balls of gold” que podría encajar en cualquier trabajo suyo. Las cosas comienzan a cambiar en “Burning rain”, donde una introducción apoyada en los teclados de Mike Keneally deja el camino despejado para que Vai se marque un sinfín de solos, algunos épicos y otros casi imposibles. “The black forest” lleva una onda psicodélica y experimental. La base rítmica no me acaba de cuajar con las habilidades virtuosas del guitarrista en esta pieza. En conjunto, parece inacabada, sin pulir y muestra el lado negativo de un trabajo, si no improvisado, sí limitado en cuanto a tiempo de preparación. “Alive in an ultra world”, la que sigue, junto a “Light of the moon”, incluida ésta dentro del segundo CD, desnudan la faceta de vocalista de Mr. Vai y a la que nos tiene habituados en sus últimos álbumes. Sin ser un talento por descubrir, interpreta decentemente unas canciones que conjugan el rock con cierto sabor popero. Esta pizca de easy listening refresca la concentración y densidad que despiden tantas instrumentales juntas. De nuevo, el teclado marca el inicio de “Devil’s food”. Continua con un extracto de “Fire garden suite” y, tras tomarse un descanso y aprovechar unos minutos para bromear con el público, pasa a una demostración técnica en la que los siete músicos que forman su banda en vivo sintonizan sus respectivos instrumentos en perfecta armonía. Acaba tal cual empieza, con ese fragmento perteneciente a la suite de “Fire garden” titulado “Pusa road”. Inglaterra se ve retratada en “Blood and glory”, repleta de melodías grandilocuentes que evocan marchas reales e imperios de tiempos pasados. De las más conseguidas. Vai vuela con la palanca de su Ibanez en el himno reservado a Irlanda, al que progresivamente se van incorporando cada uno de los instrumentos. “Whispering a prayer” desprende una calma sobre la que se dibujan unas líneas de melodía raras y bellas. El turno de España llega con “Iberian jewel”, donde el artista refleja su visión del flamenco emulando la casta de los guitarristas clásicos en clave eléctrica.

La apertura del segundo compacto corre a cargo de “The power of Bombos”. Personalmente, no le encuentro ningún aliciente a este homenaje a Grecia ya que no tengo el mínimo conocimiento técnico de las virguerías que músicos como éste se sacan de la manga y pueden resultar un “sinsentido” si no estás metido en el mundo de la guitarra. Quizá quien sepa y guste de este tipo de demostraciones muestre mayor interés. A mi no me dice nada, al menos tan en frío. Por suerte, “Incantation” nos devuelve al mundo de los sentidos gracias a unos tonos agradables que retoman en todo momento los de “Passion and warfare”. El tramo final está monopolizado por la batería de Mike Mangini y unos ecos propios del este europeo (en algo se debía notar que está dedicada a Bulgaria) que retornan la canción a su punto de partida. Dos intentonas les hace falta para arrancar “Babushka” y es que hasta los más grandes pueden equivocarse (como dice Vai, estas cosas “también suceden en el estudio”). Aquí, la esencia islámica (aunque haga referencia a Rumanía) y el folk se hacen presentes en cada rincón. Para ambientar el buen gusto y la sensualidad de Francia, un piano y un acordeón acompañan a la guitarra y crean una atmósfera jazzy. En mi opinión, este “Being with you (in Paris)” constituye el punto álgido del álbum. En el caso de Italia recurren a un ritmo muy alegre, similar al de “Cryin’ machine”, y hace de “Principessa” el tema más vivo de los quince. Como detalle, Vai toca al final los acordes de la canción de “El padrino”. “Brandos costumes” anuncia el crepúsculo (el real y el del disco): el grupo baja la intensidad, relaja el ambiente y se deleita con esta pieza preciosista.

Dada la rapidez y la escasez de medios con que fueron grabadas algunas de las tomas, se han visto forzados a retocarlas en estudio para que el sonido final no sufriera demasiado. Para los muy fans, conviene recordar que la edición japonesa contiene un bonus track, “Maple leafs” (chocante que sea en Japón donde haya sido editado el tema regalado a Canadá).

“Alive in an ultra world” puede pecar de complejo y requiere de varias escuchas y mucha atención. Más que un álbum convencional, es una extravagancia que pone a prueba la creatividad y originalidad de un músico que no se impone restricciones. Visto de este modo, el disco da mucho de sí y nos demuestra (una vez más) que, por encima de todo, Steve Vai es un genio.

J. A. Puerta

 

STIGMA “Stigma” (2002)

Banda luchadora de Madrid formada en 1994. Tras unos cambios en la formación se consigue encontrar los músicos adecuados y dar con el estilo musical que se buscaba. Antes de autoeditar el trabajo que nos mandan grabaron dos maquetas, la primera titulada “Y te preguntarás” y la siguiente grabada en directo en La Sala, “¿Que pasa Sala?”. Hasta el momento llevan dados más de 70 conciertos, destacando sus directos en los siguientes sitios de la capital: Al´ Lab oratorio, Siroco, La Sala, Hebe, fiestas de Aluche, fiestas de Las Águilas, Revolver, dos veces clasificados para el trofeo Villa de Madrid (2000 y 2001), El Sol, fiestas de San Isidro 2002 abriendo para M-Clan... habiendo compartido tablas con Easy Rider, Cripta, Grass, La Vaca Guano, Dark Moor, Ankhara...

Componen el grupo: Felipe (guitarra rítmica y coros), M. Angel (guitarra solista y coros), Patricia (batería y coros), Iñaki (voz y bajo), y el último en llegar al grupo, José (teclados).

El CD, compuesto por quince canciones, fue grabado en dos épocas. Los once primeros temas fueron grabados en los estudios Red Wine de Chinchón en el año 2001 por Juan López, y mezclados por Gustavo González, Gonzalo Fernández y el propio grupo, producidos por Antonio Valls (fallecido recientemente) y que en la última página del libreto (junto a los componentes, créditos y agradecimientos) tiene su pequeño recordatorio. Los últimos cuatro temas fueron grabados y mezclados en los estudios La Nota en el año 2000 por El Ciri (batería de DESASTRE).

En los cerca de 65 minutos que dura el disco lo que más destaca es la variedad que podemos encontrar en los temas, consiguiendo así que la escucha no se nos haga monótona. Variedad que no sólo hallamos en el conjunto de piezas, en cada canción hay distintas influencias, muchos cambios de ritmo y diversidad musical.

Su estilo en general es Heavy Metal, como podemos comprobar en el tema que inicia el CD, "Mentirosos", con distintos pasajes y cambios de ritmo que predominan en la mayoría de los cortes. Pero no sólo se quedan en el Heavy, juegan bastante con los sonidos thrashicos en casi todas las canciones.

En determinados momentos me vienen a la cabeza grupos como: THE GATHERING en sus inicios (de aquel maravilloso “Always...”), en los teclados de “Eutanasia” y en “Bienvenido al infierno”. Teclas que recuerdan a grupos Black como DIMMU BORGIR en “Sueños infinitos”. Coros a los añorados y queridos LEIZE con solo a LOS SUAVES en “Una herida”. Melodías de guitarras y cambio de ritmo a lo IRON MAIDEN en “Uno” y “Stigma”, respectivamente. La manera de cantar y el ritmo a Barnie Greenway de NAPALM DEATH en “Y te preguntarás”. Partes jazzisticas en “Stigma” y “Solo son”. Como leéis diversas influencias y estilos que enriquecen mucho su música.

El bajista Iñaki canta con diversos registros vocales. No llegándome a gustar su tono agudo, prefiero el tono normal o cuando canta con rabia. Una muestra de la alternancia de voz aguda con voz rabiosa lo podemos comprobar en “Uno”. Llegando a utilizar en la parte de algunos temas efectos para conseguir una voz demoniaca (“Eutanasia”, “Bienvenido al infierno”, “Stigma”, “Y te preguntarás”).

Los teclados crean muy buenos ambientes, y es una lástima que a veces se queden muy apagados en la mezcla final.

Si tuviera que quedarme con un solo tema de todo el disco sería “Laberintos”, de corta duración y yendo de menos a más en el ritmo y viceversa, de pausado y marcado a rápido Heavy, de nuevo sosiego y a "correr" hasta llegar al final.

Lo malo es que el sonido de la grabación puede echar para atrás a mucha gente al escucharlo. Sonido muy pobre, con bastante saturación, a pesar de que los últimos cuatro temas grabados en otro momento mejoran, pero tampoco me llega a convencer el sonido lineal conseguido. Al parecer tuvieron bastantes problemas durante la grabación (leer la entrevista que se les hizo en esta página). Imagino la ilusión y las ganas que tenían de sacar su primer disco, tras las dos maquetas grabadas, pero hubiera sido más recomendable haber registrado menos temas pero con mejor calidad sonora. También puede que se rechace el CD por la portada, parece una tontería, pero a algunos lo primero que le llama la atención en grupos desconocidos son las portadas y si esta se asemeja a un dibujo de la etapa escolar... la gente lo relaciona con música mala, cuando no debería ser así. Lo que importa es el contenido auditivo y no lo que percibimos por los ojos.

Estoy seguro que en su siguiente trabajo tendrán en cuenta los errores de este y desaparecen esas cosas negativas. Déjate de prejuicios y échale una escucha a esta gente, tienen muy buenas ideas y se salen de los manidos sonidos que últimamente dominan el panorama nacional del Heavy Metal.

Página web STIGMA

Para contacto y contratación del grupo:

Iñaki Nzo-ela de Santiago

C/ De los Arrayanes, 82

28047 Madrid.

En los telfs.: 91 462 80 99 – 646 38 68 41 o por e-mail: sarkor61@hotmail.com 

Starbreaker

 

STOLE "Waiting for Tsunami" (2004)

Stole es una banda catalana de la localidad de Tona (Barcelona), nacida a finales del 2001, que edita este primer CD bajo la buena Discográfica independiente burgalesa Fragment Music. El trío (Albert Fongivell – batería; Toni Preseguer – voz y guitarra; Jordi Sardá – bajo) grabó durante el invierno de 2003/2004 en los estudios Ultramarinos de St. Feliu de Guíxols, mezclando y produciendo junto a las buenas manos y cabeza de Santi García (cantante y guitarra de No More Lies; y productor de Moksha, entre otros). Antes, en el 2002 habían editado una maqueta de tres temas. 

La música de Stole entra muy bien por los oídos. Rock sin encasillar, con ráfagas de Punk Rock internacional, y equitativamente posicionando en una balanza melodía (vocal e instrumental) con energía eléctrica. La producción es impecable, sonando de maravilla. Los tres primeros temas son de lo mejor del CD, mezclando las dosis justas de melodía y energía, con guitarrazos y una clara y potente base rítmica: “Poison waterfalls”, “Corvette”, y “J. La Motta” (dedicada al boxeador Jake La Motta, y que el actor Robert de Niro encarnó de manera magistral en “Toro Salvaje”). Los demás temas no están exentos de calidad, intercalando comienzos y partes calmadas, con potencia, caso de “She´s my kryptonite”, “Waiting for tsunami”, “Letargia”, y el último corte, “Take my anyplace”. “Merry-go-round”, es una instrumental, con una pequeña parte de letra en el libreto, que no aparece cuando es ejecutada la canción, ¿?

Lo dicho, buen grupo y buen disco que se deja escuchar con gusto.

Web STOLE

Starbreaker

 

STRATOVARIUS “Elements Pt. I” (2003)

Dos años han pasado hasta que los finlandeses Stratovarius han vuelto a meterse en un estudio para grabar nuevo material y editarlo en el mercado. Para el que escribe estas letras se le ha hecho difícil el decidirse a comprar este disco, ya que desde descubrí allá por el año 1996 un disco llamado ”Episode”, todos los discos posteriores a éste fueron pasando directamente a mi estantería nada más ser publicados, lo que al final me provocó una excesiva saturación ya que editar un disco al año y encima observar que los parámetros entre disco y disco son los mismos y que no observas ni una pizca de evolución entre ellos me hizo (al menos a mi me pasó) perder el interés por esta banda; al menos durante estos dos años, escuchando esporádicamente durante este periodo de tiempo sus dos discos que más me gustan, como son el mencionado “Episode” y el posterior “Visions”.

Pero al final como a uno siempre le pica la curiosidad, al ser editado a finales de Enero este nuevo disco, comienzan por la noche las consultas con la almohada y ésta me termina comentando que sí, que me pase por la tienda y que me compre el CD, que lo único que puedo perder son los 15 € de su costo. Una vez efectuado el primer paso como fue la compra del CD, comienza el segundo y más importante como es el de introducir el disco en el equipo de música y comenzar a degustarlo.

Y lo que primero suena en mis oídos es el típico corte "made in Stratovarius”, el cual se viene a llamar ”Eagleheart” y me digo a mi mismo “ya empezamos con lo mismo de siempre”: típico tema que me parece haberlo escuchado demasiadas veces y que podría haber estado incluido en cualquiera de sus discos anteriores. Canción muy comercialota, pegadiza y hecha para abrir los conciertos. Más de lo mismo. Afortunadamente una sensación de alivio me llega a los oídos al escuchar el corte numero dos, titulado “Soul of a vagabond”, el cual tiene una introducción potentísima originada por la guitarra de Timo Tolkki y por la batería de Jörg Michael, una canción de medios tiempos con unos arreglos orquestales muy cuidados que la dan un toque sinfónico con un resultado sensacional. Para mi uno de los mejores temas de este trabajo.

Continuo con el siguiente tema, “Find your own voice”, y en éste vuelvo a encontrarme con un corte que me hace tener otro “deja-vu”: canción con doble bombo a saco, teclados y guitarras rapidísimos y unas cuerdas vocales agudísimas de Timo Kotipelto que parece que se le van a salir de su ubicación. Eso sí, el hombre lo borda y deja impecables los registros. En directo va a tener que sudar mucho este tema. Vuelvo a otra fase del disco con el tema “Fantasia”, una canción que casi llega a los diez minutos de duración, donde volvemos a encontrarnos con unas composiciones muy elaboradas y preciosistas que te hacen disfrutar de unos Stratovarius innovadores. Pero esto parece una montaña rusa, un sube y baja constante. Y en “Learning to fly” volvemos a lo de siempre: canción rápida, de nuevo el doble bombo a toda pastilla y un estribillo repetitivo y pegadizo donde el duelo guitarra-teclado se hace notorio.

Y así va transcurriendo el disco llegando a “Papillon”, con la introducción de una voz operística dando paso a unos compases muy tranquilos y donde los arreglos orquestales vuelven a destacar, así como la voz de Kotipelto, la cual vuelve a dar en ciertos momentos de la canción unos registros altísimos. De todas formas, un tema que, por lo menos para mi, pasa por mis oídos sin pena ni gloria. Es más, me llega a resultar bastante aburrido y pesado. “Stratofortress” es el siguiente y aquí me encuentro con un tema instrumental que sirve para que los músicos se luzcan mostrando lo mejor de sí; es el caso de Jens Johansson, el cual con sus teclados tiene el protagonismo absoluto en dicho tema instrumental.

Y por fin llegó al tema que le da el titulo al disco, ”Elements”, cuya duración sobrepasa los doce minutos, el cual comienza con unos coros de marcado carácter sinfónico para seguir a continuación con unas composiciones muy tranquilas con ciertos toques progresivos que sin embargo y quizás sea por la excesiva duración de la canción se me vuelve a hacer excesivamente pesada y aburrida, resultándome sobre todo muy repetitiva. Y el disco se cierra con la tranquilísima ”A drop in the ocean”, balada muy bonita pero que no me dice nada nuevo y de las que he escuchado cientos de veces.

En fin, un disco que a mi por lo menos me ha dejado a medias, que por lo menos ya es algo. Eso sí, fijo que a los que seáis incondicionales de los finlandeses así como a los que nunca escuchasteis nada de ellos, este disco os gustará bastante y seguro que lo tendréis entre vuestros favoritos. No lo dudo.

Victor Urrutia (Bittor)

 

STRATOVARIUS “Elements Pt. II” (2003)

¿Están sufriendo Stratovarius el síndrome “Chamaleon”? Vaya por delante que lo de ese disco de Helloween no es nada personal, pero los síntomas son inequívocos (y no hace falta ser muy fan de los finlandeses para avisparse): desgaste, desorientación general cuya consecuencia inmediata es una evolución hacia ninguna parte y, lo más espinoso, el aborrecimiento mayoritario que sus dos últimas obras han suscitado entre crítica y público (y mira que es difícil poner de acuerdo a ambas partes).

Timo Tolkki ha tenido agallas para lanzar sendas entregas de “Elements” en un espacio cortísimo de tiempo, aunque el tiro no ha podido salirle peor. El guitarrista encontró un filón en temas como “Mother Gaia” o “Soul of a vagabond” y lo ha querido explotar sin saber a ciencia cierta a qué se enfrenta. Ese giro grandilocuente, progresivo-sinfónico-orquestal o como se quiera denominar, que le ha dado a su estilo no le favorece en absoluto. Al igual que “Fantasia”, “Elements” o “Papillon”, temas como “Alpha & Omega”, “Season of faith’s perfection”, “Awaken the giant” y “Liberty” resultan descafeinados no sólo por el minutaje (excesivo para tan poca sustancia), sino también porque no resisten un solo asalto si se miden a cualquier composición de “The Odyssey” (por poner un ejemplo claro de K.O. fulminante).

“I’m still alive” y “Know the diference” pretenden contrarrestar los efectos aletargantes de las anteriores con medicina tradicional, es decir, insistiendo en los tópicos: ración de doble bombo a cargo de Michael, unos cuantos agudos forzados de Kotipelto y algunas notas clásicas de acompañamiento con sabor a Yngwie por cortesía del teclado de Johansson. Viso de clásicos no tienen y eso, en un álbum destinado a ser pasto de las llamas, las convierte en vulgares (no sé si con más prejuicio que justicia).

Dice Woody que hasta un reloj parado marca la hora dos veces al día. Por ello, “I walk to my own song”, “Dreamweaver” o “Luminous” pueden arrancar un esbozo de sonrisa o al menos agrisar un poco el lienzo. Por fortuna queda fuelle, poco pero lo hay, para hacer singles risueños y pegadizos, hacer acabados de provecho y facturar un estribillo emocionante.

Que Tolkki tomara cartas en el asunto era una condición necesaria (que no suficiente) para que el barco no se fuera a la deriva. Además de renovar la flota, tendrá que tomar un nuevo rumbo o sortear la tormenta con mucho atino. En realidad, es un reto extrapolable a todo un sector del heavy metal que creció en la década pasada: el de dejar atrás los complejos y pasar de ser simples herederos (unos más aplicados y con mayor calado que otros) de una era dorada a pioneros de toda una regeneración.

J. A. Puerta

 

STRYPER “Seven (The Best Of Stryper)” (2003)

Recuerdo cuando cayó en mis manos aquel cassette de carretera titulado “The Yellow And Black Attack” ya bien entrada la segunda mitad de los 80. Por entonces mis conexiones con el Hard Rock y el Heavy Metal se limitaban a los superventas Europe, Bon Jovi y pocos más, pero otros fieros melenudos más recónditos como Accept o Iron Maiden ya amenazaban colarse en los estantes del que suscribe. Entre ambos bandos, unos metálicamente edulcorados Stryper con una cita bíblica en sus portadas (¡¿?!) parecían llegar a arrasar el mundo, aunque en realidad lo que pretendían era su salvaguarda y la alabanza a su creador el Dios Todopoderoso (ahí es ná).

Pese a que a simple escucha pareciesen una versión embravecida de Vixen, Michael Sweet (voz, guitarras), Oz Fox (guitarras, voz), Timothy Gaines (bajo, voz) y Robert Sweet (batería) eran cuatro tíos como cuatro castillos (con un montón de laca, eso sí) que, uniformados cuales Willy y Maya, venían a combatir mano a mano con el Altísimo la injusticia y la crueldad de esta sociedad salvaje y despiadada, y si bien no lo consiguieron, sí nos dejaron un puñado de temas que no está de más recordar.

Lo sé, seguro que muchos estáis pensando que el mensaje en plan “cree en Dios o muere” (esas Biblias de regalo en sus conciertos!) tiraba por tierra todo lo demás, pero visto desde esa perspectiva aquel “Black Metal” de Venom, a fin de cuentas el inverso al “White Metal” de Stryper, a día de hoy no sería mas que un berrinche de unos aprendices de músicos (si musicalmente me tuviera que quedar con uno de los dos desde luego no sería con Cronos, Mantas y Abaddon).

En realidad “Seven” ni descubre ni aporta nada nuevo salvo dos correctos temas grabados para la ocasión (“Something” y “For You”, en una onda más actual, obviamente), basta leer el prólogo de Michael para darse cuenta que la cruzada cristiana sigue en pie, aunque ahora de forma más pasiva. Salvo “Believe”, aquella balada gospelera que incluyeran como bonus en su anterior recopilatorio “Can’t Stop The Rock” de 1991, el resto son sus clásicos más laureados desde el EP “The Yellow And Black Attack” (1984) hasta el más rockero “Against The Law” (1990), tales como “Lady”, “In God We Trust”, “Always There For You”, “To Hell With The Devil”, el mítico “Calling On You” (del que nos hinchamos a ver el videoclip en su día), “Free” o el guerrillero “Soldiers Under Command”, todos ellos bien provistos de letras pro-Cristianismo, pero a su vez repletos de buenas e inolvidables melodías y de un mensaje en definitiva positivo, que de vez en cuando también es de agradecer (para depresión y anticristianismo ya tenemos nuestros queridos doom, death y black, propiamente).

Una gira ocasional por los States les va a servir tanto para presentar el plástico como para recordar viejos tiempos (suyos y de los fans, que hasta suelen reunirse en convenciones periódicas en honor al grupo). Si tienes ocasión de verlos ten cuidado no te caiga una Biblia en la cabeza.

Bubba

 

STYX “Big bang theory” (2005)

Menuda sorpresa me llevé cuando escuché lo nuevo de los reyes del AOR de los setenta. No había leído ni escuchado nada, pero aún así confié en la garantía del nombre y no me han defraudado. Realmente esto no es un disco con nuevas canciones del grupo, sino un puñado de versiones de clásicos de los sesenta y setenta, seguramente una idea muy vista ya para muchos, pero que a un servidor le complacen enormemente si atesoran la calidad de éstas.

Por versionar lo hacen hasta con ellos mismos, puesto que han regrabado un clásico de Styx de 1978 titulado “Blue collar man”, cuyos royalties irán a parar a la Willie Dixon’s Blues Heaven Foundation.

Un cover de los Beatles en directo, “I am the walrus”, abre el disco, que se completa con otras de los Who (“I can see for miles”), Jethro Tull (“Locomotive breath”), Jimi Hendrix (“Manic depression”), Free (“Wishing well”), Loving Spoonfull (“Summer in the city”), Humble Pie (“I don’t need no doctor”, que quizá se recuerde más por la versión de WASP), Procol Harum (“A salty dog”), Blind Faith (“Can’t find my way home”), Allman Bros. (“One way out”), Pretty things (“Talking about the good times”, tema que gustaba versionar Leño en sus años mozos), Willie Dixon (“I don’t make sense”) y Crosby, Still & Nash (“Find the coast of freedom”).

Bien, pues una vez destripado el disco no me queda más que decir que nunca una versión será como la original, evidentemente, pero qué buenos ratos se pasan indagando en los gustos y visiones particulares que hacen grandes músicos de grandes clásicos. Muy interesante.

Styx’2005 lo forman Tommy Shaw (guitarra y voz) quien amolda perfectamente su voz a las exigencias de la partitura, James Young (guitarra y voces), Ricky Phillips (bajo y coros, aunque en el disco participó también el histórico Chuck Panozzo, incluso acompañará al grupo en determinadas actuaciones del tour), Lawrence Gowan (teclados y voz) y Todd Suchermann (batería).

Alvar de Flack

 

LOS SUAVES “Si yo fuera Dios” (2003)

En formato Digipack y con una presentación exquisita se nos presenta este “Si Yo Fuera Dios”; una de las cosas que más me ha llamado la atención es el cambio de compañía discográfica, esta vez a Locomotive.

“Si Yo Fuera Dios”, en líneas generales, es un disco muy duro y con mucha rabia, si bien “Víspera de Todos Los Santos” fue un disco que pasó bastante desapercibido por las estanterías de mi casa, este “Si Yo Fuera Dios” me ha devuelto la fe en los de Ourense.

Es un CD que me trae a la mente aquel “San Francisco Express”, para mí el mejor disco de su larga trayectoria. 10 temas contiene y de ellos 7 superan los 5 minutos de duración; es un auténtico placer sentarte y escuchar los potentes “Judas”, “Tormenta” o “Viejo”, posiblemente el tema más duro que hayan hecho Los Suaves en su larga historia discográfica; y que es el tema que más me gusta del CD; tampoco tienen desperdicio “11 Minutos” con un Yosi dándole un toque muy agónico y enrabietado en el estribillo, con mucho sentimiento; en esa línea de temas se encuentran también “Si Yo Fuera Dios” y “Noche”, temas largos y potentes. Tampoco podía faltar la balada acústica “Libertad”, muy del estilo “No Me Mires” aunque sin llegar al clímax de éste; el experimento cobra nombre de “Ojos”, un tema corto con un Yosi recitando; y por supuesto las canciones más típicas de Los Suaves “Mi Casa”, de las mejores de CD y que es toda una declaración de principios, y el tema que cierra el CD “Ya Nos Vamos”.

Un gran disco, se nota que la voz de Yosi está un poco cascada, el trabajo de Alberto es como siempre magnífico; y el batería es toda una máquina (me han llegado rumores que en los últimos discos de estudio participó mucho).

Si Yo Fuera Dios, Dios Sería Suave.

Agustín Galiana "Aguskill"

 

LOS SUAVES “El jardín de las delicias” (2005)

Segundo disco de los gallegos con Locomotive, y de nuevo viene con una presentación exquisita, en formato digi-book a todo color (el interior del anterior “Si Yo Fuera Dios” era en blanco y negro) y conteniendo el propio CD y un DVD, tengo que destacar que al lado de cada letra de las canciones hay una foto que digamos aclara de qué va la letra, original y bonito.

He leído varias críticas que califican este “El Jardín De Las Delicias” como una vuelta hacia el sonido primitivo de Los Suaves, cosa en la que estoy completamente en desacuerdo, es más, lo veo más como un paso adelante que como un paso atrás (siempre hablando del sonido, claro está).

Si bien “Si Yo Fuera Dios” fue un trabajo muy potente, en este “El Jardín De Las Delicias” se podría decir que han bajado el pistón en líneas generales, pero no os engañéis, no vais a encontrar nada que os sorprenda, son Los Suaves.

Once temas son los incluidos, de los cuales los dos primeros “El Jardín De Las Delicias” y “Vísperas de Destrucción” podían haberse incluido perfectamente en “Si Yo Fuera Dios”. Por cierto esta “Vísperas de Destrucción” es una versión de “Eve of Destruction”, canción originalmente escrita por P.F.Sloan y adaptada por Yosi, llevándola a los hechos ocurridos el fatídico 11M. A continuación vienen dos de mis favoritas del disco “No le grites” con un Yosi fantástico en la letra (maltrato de las mujeres) y “No me Pesa, Es Mi Amigo”, me encanta sobre todo la utilización de las acústicas acompañadas con la distorsión, sobre todo en “No le grites”, presentes en toda la canción.

No puede faltar la típica balada “Deja de Llorar, mi amor”, en la onda de sus últimas baladas, así que como tampoco pueden faltar las canciones más netamente Suaves tales como “Piensan”, “Quizás esta noche (COB)” en la que me viene a la mente “Si pudiera” y eso que no tiene mucho o nada que ver, o la que cierra el CD “La última Canción”.

También nos encontramos con una segunda versión llamada “No Llegaste a Mí” originalmente de Los Cheyennes y que al igual que “Vísperas de Destrucción” no puedo comparar con la original por no haberlas escuchado, aunque si os puedo decir que es de lo mejorcito del CD, pegadiza y efectiva que llamo yo. Otra de las canciones que más me han gustado ha sido “Noches Del Long Play”, un tema de más de seis minutos y dónde también se utiliza las guitarras acústicas juntándolas con la distorsión.

La única canción que no me ha llenado es “Burro Cansado Blues”, un típico blues, pero demasiado largo y cansino, con dos o tres minutos menos no hubiera estado mal del todo.

Al finalizar el CD hay una de las llamadas “pista oculta” que no es sino Yosi explicando los entresijos del CD.

En cuanto al DVD, se trata de tres canciones “Palabras Para Julia”, “Si Pudiera” y “Maldita Sea mi Suerte” grabadas en el festival Viña Rock del pasado año, y la verdad es que suenan atronadoras.

Muy buen disco, muy agradable de escuchar, en el que absolutamente todas las canciones han sido compuestas por Yosi, ¡ojalá le recuperemos para los directos!, las letras es de lo mejorcito que he leído en Los Suaves, hacía mucho que no me ponía un CD y seguía las letras leyéndolas, y es que esa forma tan peculiar que tiene Yosi de escribir que parece simple, parece que no está al alcance de cualquiera.

Agustín Galiana “Aguskill”


No cabe duda que Yosi es un tipo bastante peculiar y, guste o no, con sus defectos y sus virtudes se ha convertido en uno de los grandes personajes del Rock en este país. Con 25 años de profesión a sus espaldas, lejos queda ya aquel concierto teloneando a los Ramones en 1981, pocas cosas pueden reprochársele a él y a la banda que lidera porque en el camino, que no siempre ha sido fácil, nos han ido dejando, sobretodo en los años noventa, joyas del calibre de “Maldita sea mi suerte”, “Santa compaña” o el espléndido disco en directo “¿Hay alguien ahí?”, amén de buenísimos conciertos por toda la geografía española. Ahora, cuando alcanzamos la mitad de esta primera década del siglo XXI, la banda vuelve a reivindicarse con un disco exquisito, tranquilo y maduro (bastante intimista en ocasiones) donde Yosi alcanza, en opinión de este servidor que les escribe, su cenit como letrista.

Porque en el “El jardín de las delicias” Yosi cobra más protagonismo, si cabe, que nunca, mientras que la banda se dedica, especialmente Cereijo (del que tendremos que hablar más tarde), a arroparle con mimo y cuidado. Si en “Si yo fuera Dios” y sobretodo “Vísperas de todos los Santos” Yosi había mostrado su peor cara como compositor desde hace muchos años, ahora vuelve con fuerza y aunque los dos mejores temas del disco sean dos versiones, las coplas firmadas por el gallego no desmerecen en absoluto las de sus discos clásicos.

El disco comienza con la primera en la frente, la que da título al trabajo se encarga de abrir y de sentar las bases de por dónde van a ir los tiros esta vez. Un tema profundo, tranquilo, envuelto en una melancolía que casi da paso a la mismísima tristeza con una letra dura y amarga donde Yosi se explaya en lo suyo y Cereijo también con un doble punteo estremecedor que casa perfectamente con el sentimiento de la copla. “Vísperas de destrucción” es la primera de las dos versiones del disco. Más cañero que el anterior tema, la letra es una adaptación de la banda en un bonito homenaje al 11-M y una denuncia a las guerras. Siguiendo con su particular repaso a la actualidad (triste actualidad), “No le grites” es un alegato contra los malos tratos a las mujeres. Personalmente pienso que hay temas que de tan manidos y sobados están perdiendo la importancia que tienen aunque Yosi ha sabido darle un enfoque personal muy interesante. El toque más intimista (y pesimista) vuelve con otro espectacular medio tiempo llamado “No me pesa, es mi amigo” que me recuerda horrores a “Pardao” con más de nueve minutos de épica y coraje y que estoy seguro va a convertirse en uno de los clásicos en el futuro. Un paso más hacia las profundidades del alma es el que da en “Deja de llorar mi amor” “...sólo es un barco hundido... los sueños con él se fueron a pique”. Cereijo con la acústica le da, todavía más, un sabor doloroso y desgarrador a la dura letra de Yosi.

La segunda parte del disco continúa en la misma tónica. Con “Piensan” el de Ourense se reivindica delante de todos aquellos que han/hemos murmurado sobre él en los últimos años dejando claro la visión que tiene de la vida “Piensan que estoy muy loco pero aún sigo cuerdo”. “No llegaste hasta mí”, además de ser el single y un estupendo tema, corto pero emotivo, es la segunda versión, un tema de los Cheyennes, que es uno de los primeros que Yosi oyó en su vida como bien explica en los créditos del disco. Créditos que van incluidos en el propio disco, es decir que son una pista más de audio. Yo es la primera vez que veo (oigo) algo parecido y me ha parecido una excelente idea. El mismo Yosi es el que se encarga con sus propias palabras de nombrar a todas las personas que han trabajado en el disco. Todo un acierto.

Al final del disco encontramos “Burro cansado blues”, un tema necesario porque rompe un poco con el rumbo que la obra estaba llevando hasta ese momento. Como su nombre indica es un blues tocado a la manera de Los Suaves y que viene perfectamente para desengrasar. El cierre lo pone “La última canción” (explicito título) donde la banda vuelve a darle cancha a las guitarras afiladas. Esperemos que sólo sea la última canción de este disco y no sea ningún presagio ni anuncio encubierto. Los Suaves son necesarios.

Dije que tenía que hablar más detenidamente de Cereijo pero no lo voy a hacer. Para quien lo conozca sólo decir que posiblemente este sea su mejor trabajo con unos solos muy conseguidos y unos arreglos de guitarras que realmente mejoran muchísimo las canciones. Quien a estas alturas no lo conozca ya tarda en echarse a la oreja a uno de los mejores guitarristas de este país que además está en uno de los puntos más álgidos de su carrera.

Pues esto es todos amigos, para terminar sólo añadir que el disco sale en edición limitada con un deuvedé grabado en el Viña Rock de tres canciones y una lujosa presentación que hará las delicias de los más exigentes.

Ah por cierto, escuchad a Thin Lizzy también . . .

Pedro Salinas “Pears”

 

    

SWALLOW THE SUN “The morning never came” (2003)

Hacía tiempo que una portada sencilla no me comunicaba tantas sensaciones de misterio, incertidumbre, terror, angustia, miedo, desesperación, ansiedad... y si esas sensaciones son acompañadas por un brillante Doom Metal con voz gutural inspirado por los grandes bastiones del movimiento en la década de los ´90 (My Dying Bride, Anathema...), obtenemos como resultado un disco a tener muy en cuenta para degustadores del estilo y gente abierta de oídos.

Los seis finlandeses han parido un trabajo de gran clase, con temas que evocan tristeza, melancolía, rabia... bien ejecutados por la voz de M. Kotamäki, las guitarras de J. Raivio (compositor de todos los temas y fundador del grupo en la primavera del 2000) y M. Jämsen, acompañados por la buena labor del baterista P. Pasanen y el bajo de M. Honkonen, que junto con el teclista A. Munter, fueron los dos últimos en entrar en el grupo. Tan sólo habían grabado antes de este debut discográfico una demo, “Out of this gloomy light” (grabada en enero de 2003), con cuatro temas, también registrados en el disco, y con la cual consiguieron que la compañía discográfica de su país, Firebox Records, se fijara en ellos y los fichara para entrar al estudio a finales de julio y en tres semanas grabar este primer larga duración que se editó a mediados de noviembre del 2003.

Los teclados juegan un papel muy importante en los ocho temas que componen el CD, y no es que tomen protagonismo exacerbado, pero acompañan de muy buenas maneras, dando un colorido más melancólico y melódico, melodías que también encontramos bastante en las guitarras. Muestra de lo comentado lo podemos escuchar en todas las composiciones, pero especialmente en el primer corte, “Through the silvery body” (con comienzo sólo de teclas con una melodía que se te incrusta en la cabeza y que luego recrean Raivio y Jämsen con sus instrumentos), “Out of this gloomy night” (con buena batería al final y guitarras sonando a unos Pink Floyd oscuros), “Swallow (Horror pt. I)”, “Hold this woe” y la pieza que concluye el disco y la más extensa (9´19”) “The morning never came”.

Para los detractores de las voces guturales comentarles que el vocalista no sólo canta de esa manera. También podemos escucharlo con voz normal y melodiosa en “Silence of the womb”, alternando en partes esa manera de cantar (al estilo más tranquilo de Opeth o la última etapa de Anathema, por ejemplo) y muy de fondo voz rabiosa, con voz gutural, también narrando/susurrando de manera grave acompañado por llantos de bebé; así como en momentos de “Hold this woe” y en “The morning never came”. De genial pavor cuando canta gutural y con rabia, respondiéndose, en “Swallow (Horror pt. I)” (con el final cortado de sopetón).

El ritmo que consiguen en “Deadly nightshade” hace que uno se imagine en un concierto de ellos en penumbra y agitando la cabeza al compás de la música. Destacar también en esta el estupendo solo melódico de guitarra con pequeña armonía doble.

La canción con tempo más pausado y Doom es “Under the waves”, apagándose la música hacia el final poco a poco para quedarse sólo el sonido de las olas del mar.

Grupo para seguirle la pista muy de cerca. Esperamos con ganas el segundo trabajo de estos chicos y si es igual de brillante o más que el debut, podemos empezar a pensar que pueden ser unos de los grandes del Doom Metal.

Página web SWALLOW THE SUN - Discográfica FIREBOX

Starbreaker

 

It has been a while since covers as plain as the one in this record made me feel mystery, uncertainty, terror, anguish, despair and/or anxiety. Nevertheless, this one has really done it for me. And if those sensations come hand in hand with an inspired Doom Metal of guttural voices and very much inspired on the great bands of the 90s (such as My Dying Bride or Anathema, for example), the result is no doubt a product that should be taken into account by those Doom Metal lovers and other open minded listeners.

The six Finnish have released a record with class, the compositions of which brilliantly provoke different sensations of sadness, melancholy and/or rage. The songs are very well executed by M. Kotamäki, voice, J. Raivio (founder of the group in the spring of the year 2000 and main composer of the band) and M. Jämsen, on guitars, and accompanied by P. Pasanen on drums, M. Honkonen on bass and A. Munter on keyboards, these two latter the latest arrivals to the band. They had previously recorded just a demo-tape, ‘Out of this gloomy light’ (recorded on January 2003) with four tracks (present in this their debut LP), but which granted their signing for the also Finnish company Fire Records. They went into the studio at the end of July, recording in three weeks the record that would be released on November 2003.

The keyboards definitely play a key-role in the achievement of the melancholic atmospheres found in the eight tracks and complement superbly the melodies created by the guitars. This is a common feature in all cuts, but it is especially evident in the first one, ‘Through the silvery body’, that starts with a catchy tune played by keyboards, the guitars joining in afterwards. Also great atmospheres are found in ‘Out of this gloomy night’, with a good drumming at the end and the guitars sounding much like a darkened Pink Floyd, ‘Swallow (Horror Pt. I)’, ‘Hold this woe’ and the last and longest track (9’19’’) ‘The morning never came’.

For those detractors of guttural voices, say that melodic voices are interleaved in some of the material. In ‘Silence of the womb’ we find melodic voices (much like the calm moments of Opeth or in the line of the last period of Anathema) over a background of raging voices, as well as some guttural voices and whispers complemented by a baby’s cries. Melodic voices are also interspersed in ‘Hold this woe’ and ‘The morning never came’. Nevertheless, the guttural voice is really impressive in moments such as when replying to himself in ‘Swallow (Horror Pt. I)’ (a song with a brisk end).

‘Deadly nightshade’ easily makes you headbang at the rhythm of the powerful riffs and the magnificent guitar solo. It also has the power to make you imagine you were attending to a gig of them in a gloomy club.

‘Under the waves’ is the track with the slowest pace and the most Doom-sounding of them all. Towards the end the music fades away in a background filled with the sound of waves from the sea.

It is without a doubt a group to follow up closely and we are looking forward to their second release. If it proves to be as inspired as this debut, we could very well start considering them as one of the great bands of Doom Metal.

Web SWALLOW THE SUN - FIREBOX Records

Trad: Ramiro Morales “Motorhead”

 

SYMPHONY X "Live On The Edge Of Forever" (2001)

“Señoras y señores, más difícil todavía... ¡Ahora en directo!...”. ¿Un espectáculo de circo?, hombre... hay quien me ha dicho al oído que este tipo de grupos son más propios de malabaristas que de rockeros indomables, claro que las voces que han venido a joderme mi placentera escucha no son muy de fiar... Lo cual me agrada. Sí. Y me agrada porque eso significa que realmente existe una diferencia palpable entre la morralla y la música hecha con esmero, entre los tímpanos de madera y los que inician la sinapsis del nervio auditivo...

Yo no sé el resto del mundo, pero al menos yo cuando escucho cosas de estas me da la sensación de que el rock está evolucionando -en parte- por el camino correcto, el pedagógico, el que hace ver al oyente que hay que fijarse y percibir, analizar, descomponer cada fragmento de la música que llega, y una vez dentro volver a armonizarla. Hay que usar la música compañeros, y este grupo y este disco son un buen ejercicio para hacerlo.

Lo que te venden por 2.995 pelas (18 euros de nada) es un disco doble en directo, grabado durante la gira Europea de Symphony X, que transcurrió entre Octubre de 2000 y Junio de 2001, que viene con bastante poca información en el interior y con unas fotos bastante mediocres tanto de calidad en la definición como artística. La portada tampoco es para tirar cohetes, aunque da una idea de lo que hay dentro, y en los créditos aparece Russell Allen que es el que lleva la voz cantante, Michael Romeo on the guitar, Michael Pinnella en las teclas, Jason Rullo baqueteando y Michael Lepond en el bajo.

El repertorio, modernamente llamado track-list, se basa en sus tres últimos discos de estudio, empezando por el último, “V”, empalmando la primera parte del mismo como si de una sola pieza se tratara, sin apenas diferencias con lo grabado en estudio en lo que se refiere a partitura (excepto parte del solo de guitarra de “On the breath of Poseidon”), pero sí en el feeling, en la naturalidad que da el sonido directo. Por cierto, sonido nítido pero no deslabazado, cada instrumento encajado en su sitio y sin huecos.

Yo no soy demasiado partidario de las baterías que usan doble maza en un solo bombo, porque se destensa bastante más el parche y al final se suele enguarrinar el sonido, y además una maza corta la vibración de la anterior, que tiene mucha menos cola. Esto va en gustos también, pero a mí el sonido de bombo no me termina de llenar, le falta algo de pegada para redondear la batería, que no obstante suena como si estuviera tocando aquí al lado, muy natural. Y en cuanto a la mezcla final ha quedado de primera, yo no encuentro ningún “pero” por ningún lado, está cada cosa donde tiene que estar, incluido el público.

Lo que si echo de menos en un grupo como este es algo más de improvisación, porque calidad les sobra para ello. Los temas han quedado, si no calcados, sí muy parecidos a los del estudio, lo cual, para alguien que los tenga a lo mejor no le atrae a la hora de comprar este disco, pero realmente lo que hay que destacar de él es el sonido fresco que sueltan los altavoces. Si os gustan los directos ya sabéis...

Decía yo del repertorio, alias track-list, vamos a destriparlo: Del “V” se marcan: “Prelude”, “Evolution”, “Fallen/Trascendence”, “Communion and the oracle”, “The bird serpent war”, “On the breath of poseidon”, “Egypt” y “The death of balance” a piñón fijo, que empalman con dos del “Divine...”: “Candlelight fantasia” y “The eyes of medusa” para completar el primer CD.

El Segundo se centra en el “Twilight...”, con “Smoke and mirrors”, “Church of the machine” y “Through the looking glass” haciendo, para mí, la mejor parte del disco. Interpretación genial, me gusta incluso más que en estudio. Los coros suenan distintos, mucho menos artificiales. La Segunda parte de este segundo CD es del “Divine...” también, “Of sin and shadows”, “Sea of lies” y un “The divine wings of tragedy” de quitarse el sombrero.

Heavy Metal técnico, progresivo, rozando el thrash en ocasiones, melodioso... Tiene de todo un poco. Ya conocéis al grupo, no hay que descubrir nada, y para el que no los conozca o no tenga nada de ellos, esta es una ocasión inmejorable para haceros con lo mejorcito de un peazo grupo, y encima en directo.

Salud.

Alvar de Flack

 

SYMPHONY X The Odyssey (2002)

Dos caras distintas o si se quiere opuestas son el “emblema” de la banda californiana en todos sus discos, y dos caras son las posee esta nueva y esperadísima entrega. Una, agresiva y potente, con mucho gancho.... y otra, intima y preciosista. Una de las mayores virtudes de Symphony X es precisamente saber encontrar el equilibrio justo entre ambas facetas. Pues bien, en esta ocasión han sabido elevar esta virtud a la máxima potencia. Por otra parte, la producción es la mejor que hayan tenido nunca sin duda alguna. ¡Qué cruda suena y que cuerpo tiene la guitarra de Romeo! Por no hablar de la personalidad de su sonido. Como me han gustado siempre las rítmicas de Symphony X. ¡Y qué contundente y clara suena la bateria! Podría pasarme así horas y horas, jejeje.... todo suena “en su sitio en este disco, el balance entre los instrumentos es sencillamente perfecto. Siempre he visto a Symphony X como a una maquina perfectamente coordinada y engrasada. Esta vez es así mas que nunca.

Han sabido dar a cada tema la atmósfera apropiada, sencillamente la idónea. Y todo ello sonando a Symphony X 100% en todo momento. Aunque nunca hayan sonado exactamente de esta forma, sabes que son Romeo y su sequito... y eso sin duda les hace grandes.

Los que para mi se llevan la palma en este disco son sin duda Romeo y Allen, que logran a mi juicio su mejor trabajo (mención aparte sobre Allen, que si bien siempre se ha caracterizado por poseer una enorme gama de matices, aquí definitivamente destapa el tarro de las esencias. Interpreta cada tema en el sentido mas amplio de la palabra, lo vive, se mete dentro y te hace implicarte y emocionarte). Sin desmerecer al resto de la banda, por supuesto. A destacar el detalle de que Michael Pinnella permanece en esta ocasión quizás mas relegado a un segundo plano (por cierto, le han dado un tratamiento al sonido del teclado en ciertos pasajes del disco un tanto distinto al habitual, lo cual otorga mayor frescura al álbum, si cabe).

LOS TEMAS:

Infernoel album comienza a saco, sin vacilar, sin medias tintas ,de frente y hasta el fondo... con un riff de Romeo marca de la casa, realmente magistral y magnético. A contratiempo, con el bajo de Lepond marcando el camino a seguir (al menos hasta donde se Romeo se deje).

Desde el primer momento queda de manifiesto todo lo comentado anteriormente. Los solos, súper originales, con mucha frescura y con el inconfundible toque personal de Romeo (tanto a lo que se refiere en composición e interpretación, como a sonido). Aquí hay uno de los momentos en donde aparecen los teclados “especiales”. Como digo, muy relegado esta en este disco Pinnella, de hecho en este tema concretamente apenas tiene presencia, a excepción de los solos y poco mas. Y por cierto, no se luce como en anteriores ocasiones, está mucho mas sobrio.

Pero si de verdad hay alguien que brilla aquí, ese es Russell Allen, absolutamente sembrado y camaleónico. Podemos encontrar al menos cuatro o cinco “Allen´s“ únicamente en este tema. Su capacidad para transmutar la voz y transmitir distintas sensaciones no parece conocer limite. Él es la demostración de que para ser un gran cantante no basta con tener buena voz, hecha persona.

Wicked: Symphony X continúan sirviéndonos caña en forma de un duro e intrincado riff, un tanto persistente, obsesivo, para dar paso a una sección alocada y genial que da paso a un Allen que soporta el peso del tema. El estribillo posee los personales coros de Symphony X . La verdad es que les saben sacar tanto juego que jamás llegaran a sonar sobados, al tiempo que siempre llevaran el sello de la banda. Tras los solos, una original sección da paso a un fragmento en el que Allen canta a capella de poner los pelos de punta. El tema termina bruscamente dejando en el aire un halo de misterio y desasosiego apoyado por los teclados.

Incantations Of The Apprentice: aquí se comienza a coquetear con el terreno orquestal. Es un tema que no hubiera desentonado para nada en el V. Pero con detalles nuevos, como ese extraño teclado que he comentado. Jason Rullo está sembrado, que caña y que maestría. Lo mismo juega con los platos en plan jazzístico, exprimiendo las posibilidades de la batería al máximo, que se marca una sección plena de furia que ni el mismísimo Lombardo. El puente al estribillo lleva la firma de la banda grabada a fuego. El estribillo tiene cierto aire árabe (debido a la labor de los teclados), a la par que siniestro (en esta ocasión debido al señor Allen).

Accolade II: pufff... éste es uno de los platos fuertes del disco, sin duda alguna. Claro, que llevando ese nombre no podría ser de otra manera (por supuesto, no podía faltar el “guiño” hacia uno de los pasajes de su predecesor “Accolade”, a cargo de los teclados, los cuales vuelven a recobrar en este tema el protagonismo de antaño). La variedad, el buen gusto compositivo y la inspiración musical hechos uno solo. Guitarras acústicas, eléctricas, secciones orquestales, teclados y coros se dan la mano para ofrecernos uno de los mejores temas que hallan escrito jamás. El estribillo es sencillamente emocionante, de los que hacen que te enamores perdidamente de la banda. Andad con cuidado, es difícil sacárselo de la cabeza.

King Of Terrors: tras el break de "Accolade II", regresan a la caña, con una de las intros mas duras y opresivas que hallan hecho nunca. ¡¡Realmente parecen Pantera!! El tema posee un estribillo adictivo y trepidante, con Rullo machacando los tambores desde el fondo. Aun así, en el tema tienen cabida sonidos orquestales y algunos teclados. (ese “diálogo” entre guitarra y piano justo antes del solo queda de muerte..... y el grito de Allen, desgarrador... o ese “LOOOOOSTTTTT!” del final... qué expresivo es siempre este tipo...)

The Turning: vertiginoso es el adjetivo que más le pega a este tema, cargado de riffs y punteos a toda pastilla, con un doble bombo frenético, y con numerosos cambios de ritmo. Aunque pueda parecer lo contrario, no por ser un tema relativamente corto y directo, deja de “despistar” a las primeras escuchas. Tiene más miga de lo que parece en un principio y requiere de varias escuchas para terminar de disfrutarlo.

Awakenings: sin duda otra de las piedras preciosas de este disco. Posee, al igual que "Accolade II", un largo desarrollo y una gran riqueza instrumental. El piano lleva la batuta del desarrollo de la primera sección, con un gusto exquisito. El pasaje en el que se queda únicamente acompañado por la voz de Allen es tremendamente emotivo. A continuación, Romeo, Rullo y Lepond se unen al resto para arremeter con fuerza y hacer evolucionar el tema en busca de nuevos horizontes...y a fe que lo consiguen. Hacia la parte final del tema hay una sección a cargo de piano, bajo y batería con gran influencia del jazz para quitarse el sombrero. Este es otro de los momentos del disco en los que Pinnella se suelta la melena y nos ofrece todo su potencial. Uno de los mejores temas netamente progresivos que he escuchado en mi vida. Ni más ni menos.

The Odyssey: Para los que añoren el sonido orquestal de "V", decirles que dejarán atrás la nostalgia de un plumazo con tan solo escuchar los primeros cuatro minutos de este temazo que narra las aventuras de Ulises, el heroico personaje de La Odisea de Homero... y todavía les sobran a estos chicos tocados por los dioses veinte minutos para terminar de convencer al mas escéptico. Comenzar a escucharlo es sentirte inmediatamente transportado... y experimentar todo tipo de sensaciones: emoción, expectación, entusiasmo... y placer, sobre todo un placer intenso, indescriptible. El “leit motiv”, a cargo de la guitarra apoyado por la sección de cuerda, es de ensueño. Consigue hacerme sonreír cada vez que lo escucho. Música Clásica y Metal se funden en un virtuoso abrazo hasta llegar a hacerse indivisibles, llevando el desarrollo del tema a cotas indescriptibles y haciéndote llegar a plantearte con cierta sombra de temor si serás capaz de resistir durante mucho mas tiempo tal grado de ebriedad sonora. En el momento cumbre la orquesta desaparece dejando paso a una “salvadora” guitarra acústica, abriendo una segunda sección lo suficientemente especial como para obrar el milagro de hacerte olvidar el mágico momento que acabas de experimentar.

Así pues, Allen comienza exponiendo el tema acompañado de una evocadora guitarra acústica, transmitiendo sentimientos encontrados: en un principio melancolía y recuerdos del pasado... y con la entrada del resto de los instrumentos el desarrollo del tema cobra fuerza y expresa determinación y valentía, dando paso a....

La tercera sección, mucho más dura y progresiva, en donde Romeo y Pinnella se explayan a gusto durante un rato y donde el tema cobra cierto aire oscuro, pesimista... trae malos augurios, y eso se refleja nítidamente en la voz de Allen.... te hace apretar los dientes cuando lo escuchas cantar de esa forma (por cierto, la línea vocal recuerda horrores al tema "Innuendo" de Queen, sin duda una de sus grandes influencias). De nuevo logran encontrar el equilibrio perfecto, en este caso entre lo progresivo y lo épico.

La misma melodía que antes fuera interpretada por la guitarra para abrir la segunda sección es retomada con algunos cambios por el piano para continuar con la cuarta sección, dominada por las cabriolas imposibles de Romeo y los alardes a la voz de Allen, que canta con agresividad adelantándonos el caldeado ambiente que se va a palpar en...

La quinta sección, en la que regresan las cuerdas generando una atmósfera agobiante y ominosa, rubricada con decisión por fuertes golpes de batería.

Después de la tempestad llega la calma... es la sexta y ultima sección, en la que el tema vuelve a desarrollarse por unos derroteros mucho mas positivos. Como magnifico colofón de esta odisea aparece triunfante la melodía del comienzo, esta vez en forma de estribillo coral. Ganas de salir corriendo de pura emoción, entusiasmo y ganas de estar vivo... ese es el efecto que produce en mi.

Todo se acaba de la mano de la evocadora melodía de la segunda sección: la acústica y Allen en una mágica comunión llevando el tema a su fin a través de una inspirada cadencia.

Dio.... se hace duro volver a la realidad después de haber vivido esta odisea...

Es gracias a bandas como Symphony X por las que AMO la música con toda mi alma. Quien solo vea complicados riffs, cambios de ritmo, solos imposibles, raros juegos de armonías, etc... es que no es capaz de ver mas allá de la superficie. Pocas bandas despiertan en mi tal cúmulo de emociones... pocas consiguen dar algo de color a la vida cotidiana. Hay cosas que no tienen precio, y una de ellas para mi es la música de Symphony X.

Unos maestros indiscutibles de la escena musical (en general) que lo han vuelto a conseguir una vez más (y van...). Es difícil valorar si este nuevo disco es mejor o peor que obras maestras como Divine Wings Of Tragedy, Twilight In Olimpus o V, precisamente porque cada uno es distinto y tiene algo distinto que ofrecer. Y con eso... creo que está todo dicho...

Ahora, si me disculpáis, el canto de las sirenas me está volviendo a llamar con incansable insistencia, y no me veo con fuerzas para resistirme a su encanto...

“...I have return to make my dream... come true...

Carlos G. Caballero (Charlie Knight)