Discos Ta-Th

 

Ta-Th


  TANKARD Beast of Bourbon (2004)
  TAHURES ZURDOS 17 años (2004)
  TARANTULA Metalmorphosis (2005)
  TEA Underdogs & outsiders (2003)
  TEMPESTAD Sueños de libertad (2005)
  TEN Far Beyond The World (2001)  
  TEN Return to evermore (2004)
  TESLA Replugged Live (2001)
  TESLA Into the now (2004)
  THUNDER Shooting at the sun (2003)
  THUNDER The magnificent seventh (2005)

 

 

TANKARD “Beast Of Bourbon” (2004)

Ha llovido bastante desde que estos thrashers germanos incondicionales del zumo de cebada editaran su debut “Zombie Attack” (1986), y no pocas modas y estilos han ido y venido desde entonces. Sin embargo ellos ahí siguen, contra viento y marea y fieles a un estilo que no han prostituido en sus casi 20 años de existencia, cosa de la que muy poquitos pueden presumir a día de hoy.

De la mano del ex Holy Moses Andy Classen, afamado productor alemán (Callenish Circle, Krisiun, etc.), los veteranos Andreas "Gerre" Geremia (voz) y Frank Thorwarth (bajo), bien acompañados por sus fieles Andy Gutjahr (guitarra) y Olaf Zissel (batería), han registrado toda una demostración de cómo hacer thrash metal brutal en el 2004, sin que suene anquilosado y a su vez totalmente indicado para acérrimos del género, ya de por sí un logro. La cachonda ilustración corre a cuenta una vez más del caricaturista Sebastian Krüger (www.sebkrueger.de), y el título vuelve a hacer referencia a algún episodio clásico de la historia del rock (recordemos esos “Hair Of The Dog” o “Stone Cold Sober”, por ejemplo), en esta ocasión a los mismísimos Rolling Stones (“Beast Of Burden”), lo cual viene a demostrar que se siguen tomando en serio lo justo (y que dure).

No quisiera destacar ningún tema por encima de otro, en primer lugar porque todos me parecen letales, y en segundo porque esto es thrash metal puro y duro, cortante y dañino, y estoy seguro de que cuando pulses play tú tampoco te vas a parar a analizar detalles. Desde el tema que abre, “Under Friendly Fire”, hasta el festivo cover de los punkarras británicos Cocksparred “We’re Coming Back”, que cierra, el disco es pura dinamita, recomendado para estados de adrenalitis aguda en los que no te apetece embadurnarte en bellas melodías ni adivinar letras metafóricas. Al grano.

Tanto si eres de los que piensa que la música extrema ha de llevar un mensaje extremo como si sigues esperando ese regreso de Metallica que nunca se producirá no sabes lo que te estás perdiendo. Yo de ti me liaría la manta a la cabeza y me haría con este disco, uno de los trabajos más enérgicos de lo que llevamos de 2004, que no es poco. Palabra de ‘tranchetero’.

Bubba

 

TAHÚRES ZURDOS “17 años” (2004)

En esta web no nos caracterizamos precisamente por las prisas en reseñar discos recientes, ya sabéis del carácter aficionado y esas cosas que decimos siempre. Digo esto porque esta reseña trata de un disco que se grabó hace ahora un año (aunque su salida fue posterior), en diciembre de 2003 y en directo desde Tudela (Navarra), con la pretensión de ser un regalo para los incondicionales de la banda en el momento mismo de decirles adiós.

El mundo de la música es muy perro, sobre todo para quienes pretenden vivir de ella tocando y publicando discos (otra cosa son los jerifaltes de las empresas). Y si hablamos del panorama nacional, ya ni te cuento. Muchos buenos grupos y músicos han visto truncadas sus carreras artísticas porque había que emplear el tiempo en trabajar para comer, y estas cosas de la música no daban más que disgustos y alguna que otra alegría en forma de satisfacción personal, que no monetaria. Es el caso de Tahúres Zurdos, como el de tantos otros.

Aurora Beltrán fue explicando, una vez publicado el disco, la necesidad de la autogestión del disco, los motivos de la disolución, los buenos ratos pasados y esas cosas que se dicen cuando uno pretende irse dejando una buena imagen de sí mismo y a la vez haciendo publicidad de su último parto. Y creo que le ha dado resultado, al menos según las ventas que, sin ser nada del otro mundo, sí al menos han recuperado terreno con respecto a discos en estudio anteriores.

Presentación en digipack de este ¿último y definitivo? trabajo, insistiendo en la buena costumbre de servir CD + DVD en un solo paquete y a precio sensatamente moderado. El CD está mutilado por falta de espacio pero el DVD viene completo, con lo cual se hacen inseparables.

En él repasan toda su vida discográfica a golpe de canciones imprescindibles como “Nieve negra”, “Azul”, “Chicas fuertes”, “Una noche de amor”, “Tocaré” o la versión del clásico de Patti Smith “La noche es... (because the night)”. Sin embargo, incomprensiblemente no entran otros en el CD que sí lo hacen en el DVD, como “Afiladas palabras”, “Mis hijos me espían”, “Él lo predijo” o la cañera “Planeta ruido”. Digo lo de incomprensible porque son temas suficientemente importantes, y el DVD se vende conjuntamente (no es reclamo para comprarlo, vaya).

El sonido del disco es de directo real con sus fallos y sus aciertos, contrastable con las imágenes del DVD, en las que se ven detalles de sencillez que hacen de Tahúres un grupo grande. Una puesta en escena sobria, sin parafernalia añadida, unas colaboraciones discretas (un cuarteto de cuerda, Luz Casal y el cantaor Ángel Ocray), las chicas del coro haciendo alarde de multifunción bien empleada, y los Tahúres de siempre, Aurora (voz y guitarra), Lolo (guitarra), Juanma (bajo) y Javi (batería), su música y su público. Punto.

Es una lástima que se separen porque hay quien todavía cree que la honestidad en la música -por extensión- y en el rock -en particular- es un valor en decadencia. Aurora podría haber sido cantautora al uso, pero eligió ponerle un acompañamiento guitarrero a sus lúcidas letras, y eso es algo que en algún momento hay que reconocerles, aunque sea a título póstumo.

Alvar de Flack

 

TARANTULA “Metalmorphosis” (2005)

Afortunadamente, ya ha dejado de ser una sorpresa comentar bandas procedentes de nuestro vecino Portugal. Lo que comenzó para nosotros casi como algo anecdótico se está convirtiendo en algo natural, demostrando que las bandas lusas también tienen mucho que decir. La brecha abierta por Moonspell nos ha hecho cambiar nuestra visión de los grupos portugueses, pero hay mucho más al otro lado de Cáceres. En este caso nos vamos a referir a Tarantula, quizás la banda más representativa del Heavy Metal clásico portugués.

No son unos recién llegados, sino que llevan en la brecha desde 1981, que se dice pronto. Y en este tiempo no han estado parados, ya que este “Metalmorphosis” (de qué me suena a mi este título...) es ya su séptimo disco, si bien los cinco primeros únicamente fueron editados en su país de origen hasta que con el anterior, “Dream Maker” (2001), se decidieron a dar el salto fuera de sus fronteras, actuando, por ejemplo, en nuestro Rock Machina.

Confieso que soy desconocedor de su trayectoria anterior, así que no busquéis en esta reseña ningún tipo de comparación con trabajos anteriores, ni un estudio de su evolución como grupo. Me limitaré a comentar lo que me ha parecido este CD. Y la verdad es que me ha gustado bastante. El grupo suena como un tiro y el disco es muy variado, con lo que la escucha se hace muy amena.

Músicos veteranos y experimentados, con edades comprendidas entre los 37 y los 51 años, están en un momento óptimo de su carrera. De ellos destaca sobremanera la guitarra de Paulo Barros, muy brillante durante todo el disco, cuyos riffs tienen el punto justo entre dureza y comercialidad bien entendida, recordando en muchos casos a los Judas Priest de los '80, y sus solos son cortos pero brillantes. Jorge Marques cumple con nota sus labores como cantante. No posee una voz muy potente, pero utiliza sus recursos con mucha inteligencia, moviéndose con comodidad en melodías que no le exigen un despliegue de facultades excesivo y que consiguen darle a los temas una personalidad digna de elogio. La base rítmica es contundente, sin apenas momentos de brillo de cara a la galería, pero convirtiéndose en un sustento fundamental para la consecución de un buen sonido, tanto global como individual. La compenetración de Luis Barros (batería) y José Aguiar (bajo) es algo que envidiarían muchos otros grupos.

El disco ofrece temas para todos los gustos. La inicial “Breakings the barriers of time” es toda una declaración de intenciones: caña, buen gusto y un estribillo pegadizo, algo que se mantiene en todo el disco. Esa facilidad con la que entran las canciones es un punto a favor, ya que no se necesitan demasiadas escuchas para sacarle partido a las composiciones. Las melodías vocales asequibles, y unos buenos coros, continúan con los siguientes temas, “We go with the flow” o “The bleeding land”.

La variedad del disco es un claro punto a favor. Los temas tocan diferentes palos, desde una concepción más actual del metal estilo Pantera (“Far away from God”) hasta temas que recuerdan inequívocamente al Hard Rock ochentero (“Sea of doubts”, “Never be forgotten”), pasando por riffs inequívocamente Judas Priest (“New Tomorrow”, “All in your eyes”), siempre marcados por los brillantes riffs de Paulo Barros. Incluso se permiten bajar el pistón en un par de temas, “Your promised land” y “Meant to be alone”, éste último recordando a los grandes medios tiempos de Whitesnake.

Es, sin lugar a dudas, una excelente opción. Un grupo maduro y asentado, con las ideas claras y que sabe explotar al máximo sus posibilidades. No es el disco que cambiará tu vida pero seguro que enriquecerá tu discografía.

Web TARANTULA - Discográfica AVISPA

Shan Tee

 

TEA “Underdogs & outsiders” (2003)

Ni yo pretendo ser Lázaro Carreter, ni ellos Dream Theater. La música de Tea no se pierde en adornos, por lo tanto es de justicia que vayamos al grano: Este es el tercer disco del grupo madrileño, rock and roll clásico de aire setentero y cantado íntegramente en inglés. No inventan nada, no revolucionan la escena, ni siquiera innovan, pero puede que sean en estos momentos el grupo de rock más directo del país.

Dos guitarras, bajo y batería a saco. Voz rasgada, de no excesiva amplitud de registros pero coherente con la música que la sostiene. La Vacazul, Sol lagarto, Buenas noches Rose, Gov’t’mule, Black Crowes... esa es la pinta . Lo digo por si algún despistao todavía no sabe de qué estamos hablando.

El disco incluye 13 temas, de los cuales 2 son buenísimas versiones: “Stone cold fever” (Humble Pie) y “Follow me” (Rory Gallagher). De los restantes, “L.o.v.e. love” fue compuesto por Greg Ridley (bajista de Humble Pie y Peter Frampton entre otros) quien colaboró en esa misma (bajo y voz) y en “Stone cold fever” (bajo). Por cierto, Ridley murió en noviembre de 2003 en el hospital de Alicante de una neumonía, justo cuando se puso a la venta el disco que nos ocupa. También colabora en el disco Ñaco Goñi metiendo alguna armónica (“Pretty Queenie” o la propia “Stone cold fever”), quien por cierto es hermano de Luis Goñi, batería del grupo. Además, el corte nº 6: “Anything you want”, pegadiza donde las haya, formará parte de la banda sonora de la película “Muertos comunes”. O sea, que alicientes tiene de sobra.

Los restantes temas van en la onda que he descrito antes, reminiscencias zeppelinianas en muchos rincones y ningún bajón de nivel, nada de relleno. “Moving round”, “You shoot ‘em down” y “Always slipping away” dejan a nombres consagrados de nuestra música a la altura del betún. El éxito no va siempre acorde con la calidad del trabajo de los músicos, eso es algo que no creo que nadie cuestione, pero es que escuchando este disco la indignación que se siente al escuchar tanta mediocridad patrocinada es aún mayor.

TEA (en este momento Jorge Muñoz -guitarra y voz-, Enrique Muñoz -guitarra y coros-, Pedro Úbeda -bajo- y el mencionado Luis Goñi -batería-) llevan más de mil conciertos a sus espaldas. Han teloneado varias veces a Deep Purple, y a otros como Glenn Hughes, Status Quo, HTP, Dr. Feelgood etc. Han tocado en garitos para cuatro monos y en recintos para miles, y si después de escuchar este disco no les toca ya pasar a la primera división y destronar a algunos cantamañanas, es que se venden pocos bastoncillos para los oídos.

He empezado a hacer esta reseña nosecuantas veces, porque lo único que se me ocurría decir era: “discazo”. La verdad es que no habría mucho más que decir. Para mí lo mejor que se ha publicado por estos lares desde hace mucho tiempo.

Salud

Alvar de Flack

 

TEMPESTAD “Sueños de libertad” (2005)

La media de edad de los nuevos grupos está bajando de forma vertiginosa. Esta gente de Alicante anda entre 16 y 20, con unas habilidades musicales que, si bien están sin pulir, dejan entrever un gran futuro.

Esta es su primera grabación seria. Tiene lo que suelen tener las primeras grabaciones, más ganas que resultado, pero es para estar satisfechos teniendo en cuenta la poca experiencia. La música está a caballo entre el power metal y el heavy clásico, con estribillos y partes vocales fácilmente identificables que sueltan los clichés más arquetípicos del género, cuestión a mejorar. Las guitarras repiten riffs bastante primitivos y demasiado previsibles aunque de buen sonido.

Reflexión aparte merecen las bases. Joan hace sonar muy bien su batería, pero en muchos casos queda desbaratada por el exceso de Harrisismo (me la acabo de inventar, pero es lo más gráfico que encuentro) del bajista Carlos. Ese golpeo en las cuerdas contra la pastilla queda horroroso, y en ocasiones destroza los ritmos (y los nervios). No entiendo como han podido mantener esos armónicos en la mezcla, pero bueno, supongo que será por gusto...

El resto de la banda lo componen Omar García, cantante de estilo similar a Jose de Mago de Oz, y dos Alejandros a las guitarras (supongo que de apellidos Murray y Smith! -chiste malo pero fácil, sorry-).

Por lo demás es un disco bastante homogéneo y repetitivo, no hay temas que destaquen sobre el resto pero tampoco hay bajones pronunciados. Cuando se quiten de encima el estigma de Iron Maiden (en el bajo, en las melodías y dobles guitarras, en los riffs, en los cambios de tiempo etc., excesivo) probablemente podrán desarrollar plenamente sus capacidades que, por lo que se puede escuchar, son muchas. Ánimo.

Más en: Web TEMPESTAD

Alvar de Flack

 

TEN “Far Beyond The World” (2001)

A estas alturas los Ten de Gary Hughes no necesitan presentación. Con seis discos en estudio, contando este último, y un doble directo de la gira de "The robe" en poco menos de seis años se han hecho hueco en una escena acaparada por el Nu-Metal, el heavy en su vena más clásica, los punkrockers escandinavos y otras tantas tendencias. No obstante, los primeros pasos de la banda en 1996 no fueron tan generosos y la publicación de "Ten" y "The name of the rose", aún recibiendo las mejores críticas por parte de los medios, tuvo una acogida fría, no sé si por cuestiones promocionales o paradojas del momento. En mi caso, ensimismado en los noventa más poperos (e interesantes para un servidor por aquel entonces) de "(What's the story) morning glory", "Garbage", "Jagged little pill" o "Moseley shoals", supuso una alegría volver a escuchar ese hard rock hecho con el corazón y que con unas pinceladas de AOR y algún toque heavy daba cuerpo a unas canciones extraordinarias. Por lo tanto, ver cómo "Babylon" entró en las listas de éxitos alemanas fue alentador en lo que a reconocimiento de un trabajo duro concierne.

Grabado en Reino Unido y mezclado en los Area 51 Studios de Hannover (Alemania) por Tommy Newton (Helloween, Kamelot, Elegy, etc.), "Far beyond the world" ha contado con el omnipresente Gary Hughes a la producción de nuevo. Aunque ahí no queda la cosa y el cantante, no satisfecho con la actividad que genera Ten, se encuentra ultimando una ópera rock con Bob Catley, basada en las leyendas Artúricas y de título "Once and future king". El guitarrista John Halliwell ha sido el encargado de diseñar la portada de "Far beyond the world", que recupera la austeridad de los tres primeros discos y se sale de los dibujos fantásticos que ilustraban "Spellbound" y "Babylon".

Gary Hughes se sirve de su receta personal para componer estos nuevos once cortes, por lo que deja poco espacio para la novedad. Quienes conozcáis a Ten vais a encontraros con otra dosis de rock plagado de melodías suaves y en otras ocasiones de potencia, siempre templada por el tono grave de la voz de Hughes, que parece no forzar en ningún momento pero que le da a los temas esa candidez tan típica del grupo.

Por encima de todo, resalta la alta calidad de las composiciones, que no pierden comba con los anteriores álbumes de la banda y que recalcan la personalidad propia de Ten. "Scarlet and the Grey" y principalmente "Glimmer of evil" encierran el equilibrio fuerza-armonía seña de identidad de Ten, capaz de emocionar al más pintado. No me extrañaría que con la segunda más de uno caiga rendido porque retiene mucho de piezas del primer plástico tales como "Yesterday lies in the flames" o "After the love has gone". Algo más heavies, sin embargo, suenan "Black shadows", "High tide" y "Outlawed and notorious". Las guitarras de Burns y Halliwell en la segunda contienen su punto de insinuación a los tempos de "Miracle man" y "That I never had" de Ozzy Osbourne, dándole un extra de caña al tema. La tercera, en cambio, desata una faceta metálica del grupo prácticamente desconocida hasta ahora, y es que la forma en que las melodías de voz y guitarra van paralelas trae a la mente el power que practican cientos de bandas en la actualidad.

El lado sensible de Hughes, siempre presente en los textos de las canciones (las letras de este trabajo son monotemáticas), se acentúa en las baladas, las cuales beben de fuentes muy distintas. "What about me?" está dentro de los parámetros de canción lenta hardrockera, esto es, tópica a más no poder pero que acaba convenciendo y gustando. "Far beyond the world" es si cabe más arquetípica, una balada clásica en toda regla cuya mayor aportación es un juego de voces en el estribillo realmente conseguido. Pero si hubiera que resaltar alguna, esa es sin duda "Heart like a lion". Comienza destilando cierto sabor bluesy para convertirse progresivamente en una canción intensa alejada de la suavidad inicial, sin perder la elegancia que la envuelve a cada momento.

En otra esfera se encuentra "Who do you want to love?", en la que una base de teclados de tono alegre saca a la luz la buena labor de Paul Hodson (Hard Rain, Bob Catley) a lo largo de toda la grabación.

"Far beyond the world" no es el tarro de las esencias si lo que buscas es cosas nuevas. Sin embargo, hará disfrutar a todos los que gusten de ese rock maduro y entrado en años entendido con buen gusto y paladar. Si eres seguidor de la banda, te encontrarás ante un trabajo impecable en todos los aspectos. Y es que Gary Hughes, a pesar de la marcha de Vinnie Burns una semanas después de grabar este álbum, es el alma mater de esta banda, no sólo por firmar la totalidad de los temas, sino también porque después de seis años no ha visto mermada su creatividad. ¿Quién dijo que el año recién finalizado había cerrado mal discográficamente?

J. A. Puerta

 

Debo haberme portado bien este año, porque SS.MM. los RR.MM. de oriente tenían que elegir entre este último disco de TEN, y el “Live from the house of blues” de YES, y la decisión fue salomónica: Los dos.

Al grano, “¿Cómo repartir melodía y caña?, that’s the question”, pensaría Gary Hughes alma de este grupo, compositor de todos los temas, productor del disco (a medias con Tommy Newton) y cantante. La solución ha sido meter 11 temas de hard rock melódico en algo más de una hora. Ojo, que no es un disco de baladas, aunque haberlas háilas (”What about me?” y ”Far beyond the world”). Lo digo porque al hablar de hard rock melódico siempre hay quien lo interpreta como “moña”, y de eso nada. La formación la completan Vinny Burns (guitarra), John Halliwell (guitarra), Steve McKenna (bajo), Greg Morgan (batería) y Paul Hodson (teclas).

Mejor sonido que en anteriores ocasiones, gracias sobre todo a Tommy Newton, me refiero a que el batiburrillo esta vez es algo menos espeso, aunque sigue siendo bastante denso en el sentido de muy comprimido. Con un sonido algo más expandido sonarían como el resto de grupos de rock melódico de este estilo, eso es cierto, como también lo es el hecho de que el sonido característico de un grupo es una cualidad importante a la hora de forjar la propia personalidad. De hecho se podría hablar del “sonido Ten”, hablando en términos de producción, así es que mucho mejor así, si esto es lo que quieren.

Como digo, Tommy Newton ha sido el encargado del sonido. El ex-guitarra de Victory se ha vuelto a salir, aunque una miaja más de guitarra lo hubiera acercado al “Babylon”, que no es mala referencia. Los solos de Viny Burns están algo escondidos en todo el disco, de hecho Halliwell destaca más que la propia solista, por ejemplo en “Black shadows”, de acordes largos en las rítmicas. Y es que una de las características de este disco es la búsqueda más del sonido general del grupo que del lucimiento personal, se eliminan protagonismos, quizá a excepción de las voces. Por cierto, que las voces de abajo (las que doblan) tapan todos los huecos, llegando a saturar (“Outlawed and notorious”). De todas formas las voces ocupan todo el primer plano, a veces con coros demasiado altos en la mezcla con respecto a la voz principal (“Scarlet and the grey”). A esto me refería cuando hablaba del sonido Ten y tal.

El trabajo con los teclados también es más de equipo que de lucimiento personal. Otros temas a destacar: “Heart like lion”, la que abre el disco “Glimmer of Evil”, y “High tide”, con una intro que es caña pura.

Aunque me esperaba algo más de Vinny Burns (me sigue gustando más su trabajo en Dare), me parece un muy buen trabajo de Ten, en su línea.

Salud

Alvar de Flack

 

TEN “Return to evermore” (2004)

Nuevo disco de Gary Hughes & Co., con algunos cambios importantes pero ninguna sorpresa agradable. Ya no está Vinny Burns, sustituido por un guitarrista de dudoso pasado (omitiré su procedencia por si hiere alguna sensibilidad...) llamado Chris Francis, quien no se parece a su antecesor ni de lejos.

Si seguimos comparando con el anterior “Far beyond the sun”, la mezcla final tampoco se parece. Aquí quedan muy diluidas las guitarras, quizá gane en nitidez, pero pierde contundencia. Sonido demasiado suave, muy pulido, sin apenas contraste, muy en la línea standard del AOR literal, muy para las FMs.

Los temas van en la línea habitual, hechos para la voz, con melodías muy suaves y estribillos pegadizos. Quizá este sea el disco en el que más a un lado han dejado las florituras musicales para centrarse en las voces. Como decía en el párrafo anterior, AOR de libro.

Tal y como lo voy describiendo pudiera parecer que es una birria de LP, pero nada de eso. El disco es una maravilla de principio a fin, pero tiene mucho menos interés musical que cualquiera de los anteriores. No es un disco para escuchar atentamente, sino para consumir, para ponértelo de fondo mientras haces cualquier otra cosa. Eso no es ni mejor ni peor, simplemente es un disco de los que gusta escuchar sin pararte a analizarlo. Perfecto para ir conduciendo y canturreando, por ejemplo.

Hay temas muy interesantes, como “The temple of love” in crescendo hasta el mejor solo del disco, coros perfectos y arreglos que ponen los pelos de punta. “Evermore” tiene un punto celta que recuerda a los mejores tiempos de Gary Moore con su “Out in the fields” o a los Dare de los dos primeros discos (aquellos que vampirizó Ten para ser lo que son). Quizá sean los temas que destaquen.

No es el mejor disco de Ten, pero es un discazo de cabo a rabo. Quienes disfruten con los coros bien hechos y los coros perfectamente armonizados ya están tardando en hacerse con él. Y no llevo comisión.

Alvar de Flack

 

TESLA "Replugged LIVE" (2001)

Este año 2001 ha sido muy prolífico en cuanto a discos en directo y para colmo, todos de grande factura. Así, de cabeza, cabe recordar: “Live Insurrection” de Halford, “Live Scenes From New York” de Dream Theater, “Live On the Edge Of Darkness” de Symphony X, más otros que se quedan en el tintero….

La banda que nos ocupa, Tesla, se ha encontrado fuera de la cabeza de todos durante más de 5 años, pues realmente su estilo, el Hard Rock, durante la segunda década de los 90 no ha sido ni muy seguido ni un género de masas en América, donde lo que realmente se ha llevado y ha vendido han sido las bandas de nu metal o de música alternativa con lo que bandas como ésta, Motley Crue o Poison han sido condenadas al ostracismo.

Cuando ahora parece que toda esta nueva ola de bandas ha “decaído” o se encuentran un poco estancadas, van Tesla y se encauzan en una gira americana, de donde han grabado éste “Replugged Live”, que antes de nada comentar que no tiene nada que ver con el disco acústico que editaron hace un tiempo llamado “Five Man Acoustical Jam”. En este directo encontrarás a la banda en su pleno estado: temas rockeros, de puro hard rock americano hecho con rabia, y con, por supuesto, saber y buen hacer.

El disco viene en formato doble (así que casi las 3.000 pts que pagarás por él están casi compensadas) con un total de 20 canciones, en las que repasan casi toda su discografía, sobre todo centrándose en sus obras más conocidas, caso de “The Great Radio Controversy”, “Psychotic Supper” y “Mechanical Resonance”, aunque también encontrarás temas de su otro disco, “Bust A Nut”.

El Show (porque de lo que se trata es de un SHOW con mayúsculas) comienza con su cañonazo “Cummin´ Atcha Live”, de su disco “Mechanical Resonance”, un comienzo con guitarras distorsionadas, sonido de banda de hard rock puro, con una voz impresionante de Jeff Keith que destaca por encima de toda la banda. ¡Que pedazo de voz tiene! Aunque en ciertos matices me recuerde a Chris Robinson de Black Crowes, Jeff quizá esté por encima de él.

Sigue el concierto con “Ez come Ez Go”, también de “Mechanical Resonance”, un tema quizá con un comienzo más tranquilo, pero igual de rockera y furiosa que la anterior. Continúan con el tema inicial de su segundo disco, “The Great Radio Controversy”, “Hang Tough”, para dar paso a un tema también de “Mechanical Resonance”, “Gettin´Better”, un tema con comienzo acústico que me recuerda al del “Five Man Acostical Jam”.

“The Way It Is”, también un tema semi-acústico, demuestra lo versátil que es la banda, para dar paso a uno de los Hits-Singles de la banda, “Song & Emotion” de su “Psychotic Supper”, en la onda de los dos temas anteriores: medios tiempos lentos con mucha acústica y mucha (y buena) melodía por parte vocal de Jeff Keith. El resto de los 4 temas del primer disco: “Changes” (de su debut), “Call it what you Want” (de “Psychotic Supper", otro de sus temas estandartes), “Lazy Days, Crazy Nights” (de "Great Radio") y para terminar “We´re No Good Together” (de "Mechanical...").

En el segundo CD se siguen centrando en sus 3 primeros discos (dejando casi para el olvido su cuarto y último en estudio “Bust A Nut”, del cual la única representación la hacen con el tema “Mama´s Fool”, con lo cual ellos mismo dan a entender el fiasco que supuso ese disco) con temas como “Heavens Trail”, “Love Song” de “Great Radio Controversy”. “Edison´s Medicine”, “Freedom Slaves”, “Whay You Give” de "Psychotic Supper", “Little Suzi” y “Modern Day Cowboy” (con la que terminan el directo) de “Mechanical Resonance”.

Todo ello amenizado con un sonido realmente potente, nítido donde se escucha con claridad a toda la banda y aún a pesar de que está grabado en varios shows no te da motivos para que lo pienses. No se nota apenas cambios de un tema a otro.

En cuanto a la presentación, realmente bastante buena, con mucha información y buenas fotos de la banda en directo.

Ahora sólo esperamos que esto no quede así y que ésta gira que han llevado a cabo y de la que ha salido éste disco sea fructífera y dé paso a un disco de estudio que nos vuelva a recordar los primeros 3 discos de la banda, los cuales deberían estar en las estanterías de cualquier amante del Hard Rock americano hecho como dios manda. Mientras tanto, pegaros una escucha a este doble directo que por su grandiosidad debería con el paso del tiempo acompañar a discos como “Made In Japan”, “Alive”, “Live And Dangerous”, “Live in the Heart of the city” etc etc. ¿Exagerado? Para nada....

Javier Sánchez (Javibackyard)

 

TESLA “Into the now” (2004)

“Estos no son mis Tesla, que me los han cambiao”, me dije. Aunque no sé de qué me sorprendo, porque ya el anterior en estudio “Bust a nut” (1994) me pareció un ladrillo. Sin embargo, lo que menos me esperaba es que un grupo de heavy metal llegara a la madurez pensando que el camino correcto es la fusión del grunge y el nu-metal (¿”nu-grunge”?). Mis respetos a Seattle y a los pantalones cagaos, pero digo yo que a lo mejor es que NO han llegado a la madurez. De paso miro a mi alrededor por si las moscas.

Dejo que mis orejas me guíen y por más que lo escucho sigo pensando lo mismo. Busco, rebusco, entresaco entre los 12 temas que componen el disco y apenas encuentro donde pararme: Algún momento de gloria en “Look @ me” que se difumina cuando tengo que cerciorarme de no estar escuchando a Nirvana. “What a shame”, mucho más parecida a los Tesla de siempre, “Words can’t explain”, si acaso la pelín empalagosa “Come to me” y pare usted de contar.

Tengo que reconocer, eso sí, que la voz de Jeff Keith sigue siendo la misma, que el disco es bastante homogéneo, que la portada es algo más que atractiva, e incluso si te olvidas de que son Tesla se soporta mucho mejor. Sin embargo hago un esfuerzo por pasar el berrinche, por tranquilizar el ánimo, por intentar ser lo más justo posible conmigo mismo, me relajo, me abstraigo... y llego al Nirvana!. Así es que nada, no hay manera.

Por lo tanto ya sabéis, quien recuerde a los Tesla del “Mechanical resonance” o “The great radio controversy” que no se gaste los cuartos en este disco, porque de aquello queda muy poco. Pero si lo que os va es el refrito de dos épocas separadas por una docena larga de años, este es vuestro disco. Por lo que a mí respecta, mi relación con el “nu-grunge” empieza y termina aquí. Al final tengo que registrar la patente de la etiqueta, ya veréis.

Alvar de Flack

 

THUNDER “Shooting at the sun” (2003)

Hay algunos grupos que hacen lo que les da la gana, cosa que en este caso se agradece. Thunder han sobrevivido durante la década de los 90 y lo que llevamos de siglo XXI a modas tipo grunge, sleazy, nu-metal, power metal y demás. Han hecho su música sin importarles demasiado lo que se cocía a su alrededor y alejados del sol que más calentaba en cada momento. No han inventado nada, nunca fueron un grupo de primera división ni grandes superventas. No tienen canciones que hayan sido hit-singles ni han vendido discos como churros. En definitiva, estar estaban, pero nunca sacaron la cabeza por encima del resto.

Sin embargo siempre han sido un grupo respetado, del que todo el mundo hablaba bien y del que se esperaba que en cualquier momento iban a estallar. Nunca llegó ese momento, y aunque todavía no es tarde, personalmente creo que se les pasó el arroz hace algún tiempo.

No es fácil tener una discografía tan aprovechable como tienen Danny Bowes (voz) y Luke Morley (guitarra), primero con Terraplane y luego con Thunder. Y para no desentonar, su nuevo trabajo “Shooting at the sun” es un disco de su hard rock de siempre con once buenísimas canciones que, supongo, seguirán pasando desapercibidas para mucha gente. Si ser ‘del montón’ es la clave para hacer discos como este, espero que no destaquen nunca, que el mundo siga interesándose por mediocridades de los grupos de moda, que los foros estén llenos de disputas sobre el último del grande de turno y que Thunder sigan a su bola, exactamente como lo han hecho hasta ahora.

El título lo dice todo, no me extraña que sientan que hacer buena música sea como disparar al sol. Quien quiera entender que escuche, y disfrutará de uno de los mejores discos de 2003.

Alvar de Flack

 

THUNDER “The magnificent seventh” (2005)

Aparte de otras, en relación con los truenos tengo dos cosas que agradecerle al ex-Duran Duran Andy Taylor: La publicación de su disco “Thunder” en 1987, maravilla del rock melódico, y el descubrimiento de Thunder en 1989, maravilla del rock en general, justo (además) en una época en la que hacían falta grupos que mantuvieran el rescoldo que se apagaba con la irrupción del grunge.

Supe de su existencia a través de una crítica en un medio, de cuyo nombre no quiero acordarme, en el que se ponía a caer de un burro su “Backstreet symphony” de 1990, con lo que supuse que, dado el gusto del firmante de la susodicha reseña, el grupo y el disco sería de mi agrado. Sin embargo, reconozco que no fue hasta su -imprescindible- segundo disco “Laughing on judgement day” cuando les escuché por primera vez y, efectivamente, se confirmaron mis previsiones.

Otra de mis suposiciones, esta vez errónea, fue que este grupo llevaba trazas de convertirse en algo grande. Después de estos tres lustros largos de existencia, es evidente que no han llegado a ser ni mucho menos lo que deberían, pero nadie podrá negar que su trayectoria está plagada de buenos discos. Más aún, no creo que nadie sea capaz de señalar como infame, aburrida o adjetivo similar alguna de sus publicaciones excepto, quizá, aquel que firmó aquella reseña.

Como decía, a trancas y barrancas han llegado hasta nuestros días con un legado que no atiende a presiones o influencias externas. Camino recto de rock and roll con clase, de canciones en las que demuestran toda su calidad como músicos. Con altibajos en cuanto a la estabilidad del grupo, como casi todos, pero salvados con éxito. Su penúltimo disco “Shooting at the sun” ya les colocó de nuevo en la órbita que abandonaron a finales de la década pasada, época de problemas internos que fueron disimulando con la publicación de varios directos, acústicos, rarezas y algún recopilatorio.

El grupo sigue formado por Danny Bowes (voz), Luke Morley (guitarra), Ben Matthews (guitarra, teclas), Mark ‘snake’ Luckhurst (bajo) y Gary 'Harry' James (batería), quienes mantienen la apuesta por la misma música de hace quince años, absolutamente vigente, de la misma forma que puedes ponerte sus discos más antiguos y comprobar que su fórmula sigue sin caducar, como si de unos Status Quo se tratara, por ejemplo.

En “The magnificent seventh” te vas a encontrar eso, rock and roll melódico de perfecta factura, a ratos con guiños a grupos clásicos como Led Zeppelin (“Monkey see, monkey do”) o AC/DC (“The pride”), a veces con genuino sabor a rubio americano (“I’m dreaming again”), otras con los sentimientos a flor de piel (“Together or apart”) y en la mayoría de los cortes, con rock and roll de ese que no permite tener los pies clavados al suelo (“You can’t keep a good man down”, “I love you more than rock’n’roll”...)

Es decir, y resumiendo, que Thunder siguen empeñados en hacer buenos discos siguiendo la línea de otros grupos que marcaron su estilo y lo mantienen décadas después (AC/DC, Status Quo, Motörhead, etc.) aún a pesar de la falta de reconocimiento. Además, “The magnificent seventh” es otra demostración más de que el rock británico goza de buena salud, pese a que no tenga la popularidad de épocas pasadas.

Alvar de Flack