Apelacion al Precursor en el Anio 2000
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Apelación al Precursor en el Año 2000


Según lo acreditan documentos que existen en su Archivo, la parroquia de Trelles lleva al menos cuatrocientos años venerando a San Juan Bautista como Patrono. Sigue en eso una antiquísima tradición, pues ya en el siglo IV el culto al Bautista estaba extendido por toda la cristiandad y se le dedicaban numerosos templos. En el año 506, el Concilio de Agde habla ya de su festividad del 24 de Junio. La considera como fiesta mayor -de precepto- y en ese rango se mantuvo hasta principios de nuestro siglo.

Esto no nos puede sorprender, porque San Juan Bautista es una figura clave en la Historia de la Salvación, y no en vano ocupa un puesto primordial en los cuatro relatos evangélicos y el mismo historiador judío Flavio Josefo hace de él grandes elogios. Por un lado enlaza con Abrahán, Moisés y los Profetas, que crearon el Pueblo de la Primera Alianza y lo dispusieron para que, al llegar «la plenitud de los tiempos», Dios mismo se hiciera hombre como descendiente de la estirpe de David. Juan es el broche de oro que viene a cerrar esa etapa. Por otra parte, introduce al pueblo escogido en la Nueva Alianza, definitiva y universal. Seis meses antes de que el Salvador del mundo naciera en Belén de las entrañas de la Virgen María, ya había nacido en Am Karin, cerca de Jerusalén, el que iba a ser su precursor, el hijo de los ancianos Zacarías e Isabel. Los nombres de Juan y Jesús, que marcaban sus destinos respectivos, habían sido fijados previamente por dictado de ángeles. Antes de que nacieran, María visita a su prima Isabel y ya entonces Juan, con saltos de gozo en el seno materno, realiza el primer anuncio del Salvador.

Veintisiete años más tarde, «en el decimoquinto de Tiberio César», Juan se encontraba en el desierto de Judea, curtiendo su espíritu en la oración y en la ascesis más austera. Y es entonces cuando un mensaje celeste le comunica que había llegado la hora de la manifestación del Mesías.

Juan deja el desierto y se aproxima a la desembocadura del Jordán en el Mar Muerto, no lejos de Jericó. Y comienza a predicar: «En medio de vosotros está aquel a quien no conocéis. Preparad los caminos del Señor Él es mucho más que yo pues existía antes que yo y ni siquiera merezco llevarle las sandalias. Yo os bautizo en agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo y fuego. Convertíos y haced penitencia. El que tiene vestido o comida dé al que no tiene y evitad toda injusticia». Gentes de toda Judea y Samaria salían a su encuentro y recibían de él el bautismo de penitencia.

Jesús llega también desde Nazaret y pide ser bautizado. Juan señala enseguida su presencia:

«Ahí está el cordero de Dios que quita los pecados del mundo». Y aunque abrumado por la humildad de Jesús, derrama sobre él las aguas bautismales. El bautismo adquiere entonces una altísima eficacia: «El cielo se abre, el Espíritu Santo se posa sobre Jesús en forma de paloma y resuena la voz del Padre. «Este es mi Hijo muy amado». Tras este refrendo trinitario y tras recogerse cuarenta días en el desierto, Jesús retorna a Galilea y empieza a predicar en las sinagogas: «Está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en la Buena Nueva que os traigo». Entre los primeros que le siguen se encuentran los hermanos Pedro y Andrés, que eran discípulos de Juan. Desde Cafarnaún, cuando Juan ha sido ya encarcelado por Herodes Antipas en la prisión de Maqueronte, Jesús le envía un mensaje alentador: «Id y decidle a Juan que los enfermos son curados, los muertos resucitan y el Evangelio es predicado a los pobres». Y proclama el supremo título del Bautista: «Es el más grande profeta nacido de mujer, porque en él se cumple el anuncio de Malaquías. « Yo envío delante de ti a mi ángel para que vaya preparándote el camino».

San Juan es por tanto el heraldo, el precursor del Salvador. Es el artífice de la Gran Transición entre Alianza Antigua y Alianza Nueva. Es el puente que enlaza la etapa de la Esperanza y la etapa de la Realidad.

Ahora bien, los carismas de los Santos perduran por los siglos en el seno misterioso de la comunión de los redimidos, que son todos los hombres. Por eso los parroquianos de Trelles y todos los devotos del Precursor celebramos su fiesta en este año DOS MIL, confiando en que nos ayudará también en esta transición de milenio a milenio. El Reino de Dios ha comenzado, pero está todavía en marcha -marcha lenta, como la del fermento en la masa- hacia nuevos niveles de plenitud. Salimos de un siglo en que el colosal avance científico y técnico sirvió en buena parte a la barbarie de dos guerras mundiales, de genocidios y holocaustos. Apelamos al santo Patrono para que nos conduzca a otra centuria mucho más apacible, en la que se corrija el desfase entre progreso material y moral, y el Reino de Dios dé un paso más hacia el triunfo de la justicia y la fraternidad evangélicas.

Constantino RODRIGUEZ

Fuente: artículo extraído del libro de TRELLES Fiestas de SAN JUAN 2000, página 33 escrito por Constantino RODRIGUEZ.

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ULTIMA ACTUALIZACIÓN DEL ARCHIVO: Miércoles, 8 Junio, 2005 16:48

 


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