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Historieta del cross de Trelles


En la carretera, al lado del parque, había una raya de tiza de lado a lado. Tras la rayanos alineábamos un grupo de chavales de edades diversas, con pantalón corto, camiseta de tirantes, un dorsal de factura casera sujeto al pecho con un imperdible y un nudo de nervios en el estómago. Eramos los «atletas» del Cross de Trelles, que cada año reunía a los niños de los alrededores, incluyendo aquel «maldito» pelirrojo de Cartavio que siempre nos ganaba.

El recorrido lo habíamos entrenado cien veces: lo más difícil era subir desde a Casúa hasta el Civil. Lo demás era llano o bajada. Lo peor de todo era que lo había que hacer tres veces (¿o sólo eran dos?). Eso los pequeños. Los grandes lo hacían una vez más: salir del parque hacia el Curiyón, en la Casúa, girar hacia a Roxa, subiendo luego hacia el Civil y bajando de nuevo al parque por as Canteiras...

De repente, alguien da la salida y todos nos desbocamos por la carretera, entre las piedras de los caminos, jaleados por las risas y los gritos de la gente del pueblo. Al principio todo va bien. Los grandes nos dejan atrás y quedamos los pequeños, bordeando la saliva seca y el sudor pegándonos las camisetas, los dientes apretados de pura competencia.

La última vuelta se hace eterna. Las piernas pesan y yo ya no veo a nadie ni delante ni detrás de mí; sólo un hombre al lado del camino que me ve acercarme y me grita algo. La memoria me traiciona y no recuerdo lo que me decía, pero sí me acuerdo perfectamente de como, ante mi sorpresa, Ramón de «Capachina» me coge en volandas, de un «brazao», y echa a correr conmigo en brazos hasta más allá de la casa del Rocho y me vuelve a dejar en el suelo, y yo, casi sin saber lo que pasa, echo a correr camino abajo, camino de la meta.

Aquel año, inexplicablemente, como un regalo milagroso, Vicente Feito me hizo entrega de una medalla que a mí me parecía enorme y misteriosa. Nunca supe en qué lugar llegué, ni porqué me dieron la medalla (era muy pequeño y apenas me acuerdo). Lo que sí sé es que la mitad de la medalla la merecía «Capachina».

Mientras fui niño no me atreví a contárselo a nadie; por fin tenía una medalla y no quería que nadie me la quitara. Pero ahora ya han pasado muchos años...

Santiago DEL NAVALÍN

Equipo de cross de Trelles

 

Fuente: artículo extraído del libro de TRELLES Fiestas de SAN JUAN 2000, página 23 escrito por Santiago DEL NAVALÍN .

 

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ULTIMA ACTUALIZACIÓN DEL ARCHIVO: Miércoles, 8 Junio, 2005 16:48

 


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