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La novia del Corintio -
Johan Wolfgang Goethe (1797)

Johan Wolfgang Goethe, El gigante alemán
(Frankfurt de Main 1749 - Weimar 1832)
Novelista,
poeta, intelectual, su obra marcó toda la producción posterior. Su
novela más shakesperiana fue el motor de arranque del movimiento
romántico alemán conocido como Sturm und Drang.
Novelista, poeta, intelectual, su obra marcó toda la producción
posterior. Estudió derecho en Leipzig y en los años de estudiante
empieza a interesarse por la poesía. Tras una enfermedad tuvo que
regresar, convaleciente a Frankfurt. Allí se interesó por la
astrología y la filosofía ocultista. Además, siguiendo la influencia
de una amiga de su madre que era pietista, Goethe se introdujo en
este movimiento religioso caracterizado por la importancia que le da
a la experiencia religiosa personal.
Tras su convalecencia, viajó a Estrasburgo para continuar sus
estudios. Allí adquirió conocimientos de música, arte y anatomía.
Allí conoce también a la mujer que inspirará sus principales
personajes femeninos, Friederike Brion y al filósofo Johann
Gottfried Von Herder. La influencia de éste fue fundamental a la
hora de romper con el canon literario del clasicismo francés. Herder,
además, le animó a leer a Shakespeare y a admirar su estilo directo.
Goethe empezó a darle importancia a la poesía popular y a la
arquitectura gótica alemana como fuente de inspiración.
Su obra “G÷tz von Berlichingen” (1773), inspirada en Shakespeare,
tendrá una enorme trascendencia en la literatura posterior. La obra
cuenta la historia de un caballero alemán del siglo XVI que se hace
bandido. El protagonista representaba la rebeldía nacional contra el
emperador y la Iglesia. Este drama, junto al panfleto promovido con
otros autores “Sobre el estilo y el arte alemán”, dio el pistoletazo
de salida al movimiento romántico alemán conocido como Sturm und
Drang (tempestad y empuje).
Un año después y fruto de un desengaño amoroso, escribe “Las
desventuras del joven Werther”. Esta novela se convirtió rápidamente
en ejemplo de los sentimientos exaltados que caracterizaban este
movimiento.
Carlos Augusto, heredero del ducado de Sajonia-Weimar, lo invita a
trabajar en Weimar, verdadero centro intelectual y cultural alemán.
Su trabajo como consejero privado y sus relaciones con la corte
hicieron crecer tanto su conocimiento de los asuntos prácticos como
su fama. Tras varios años en la corte inició un viaje por Italia.
Allí admiró la grandeza del mundo clásico. Se estableció en Roma
donde estará hasta 1788. Allí trabaja en sus obras “Ifigenia en
Tauris”, “Egmont”, “Torquato Tasso” y “Fausto”. Con ellas desarrolla
una vuelta a las formas y, por tanto, su período más clásico, acorde
con su creciente espiritualidad. “Fausto”, por ejemplo, narra la
historia de un joven personaje que realiza un pacto con el diablo a
cambio de mantener su eterna juventud. Bajo este argumento, Goethe
plantea el problema de los límites y el sentido de la acción humana
En 1788 regresa a Weimar y convive con una joven, Christiane Vulpius,
quien le da un hijo. Esta situación le genera enemigos en la corte.
Aún así, dirige el Teatro Ducal y renueva su interés por los
estudios científicos. En esta época conoce a Friedrich von Schiller,
uno de los más grandes dramaturgos alemanes y una figura prominente
del período clásico alemán. El contacto con este erudito le impulsa
de nuevo hacia la literatura, siendo este período uno de los más
productivos en la vida de Goethe, tanto en lo que se refiere a
nuevas obras de la talla de “Elegîas romanas” (1795), “Las
afinidades electivas” (1809) y “Los años de formación de Wilhelm
Meister” (1821), como a la finalización de trabajos anteriores como
“Fausto”, cuya publicación completa se realizará póstumamente en el
año 1832.
A quien debemos literariamente la conversión de las viejas
leyendas a modelos literarios modernos es a Johann Wolfang Goethe,
autor de Fausto, Egmont, Las afinidades electivas, y en especial de
La novia de Corinto (1797).
Llama la atención que el tema del vampirismo atraiga a Goethe
próximo a los 50 años. 25 años atrás Goethe había estudiado con
detalle química, alquimia y misticismo, y desde entonces se había
revelado como un poeta notable. En La novia de Corinto conjuga una
serie de situaciones que a lo largo del siglo sólo se habían
manifestado como un mosaico de preocupaciones sociales, filosóficas
o religiosas. Él les dio la dimensión literaria.
Es imponente el
reclamo de amor de la joven vampira hace 200 años: erguida sobre el
lecho se lamentaba de un Dios que prefería sacrificar hombres que
ofrendas. Goethe preludiaba la orfandad de un mundo en el que los
hombres buscarían en la noche y entre los muertos vivos una
eternidad y una luz que se les escapaba como arena entre los dedos.

LA NOVIA DEL CORINTIO
Procedente de Atenas, a Corinto
llegó un joven que nadie conocía.
Y a ver a un ciudadano dirigiose,
amigo de su padre, y diz que habían
ambos viejos la boda concertado,
tiempos atrás, del joven con la hija
que el cielo al de Corinto concediera.
-
Pero es sabido que debemos caro
pagar toda merced que nos otorguen.
Cristianos son la novia y su familia;
cual sus padres, pagano es nuestro joven.
Y toda creencia nueva, cuando surge,
cual planta venenosa, extirpar suele
aquel amor que había en los corazones.
-
Rato hacía ya que todos en la casa,
menos la madre, diéranse al reposo.
Solícita recibe aquella al huesped
y lo lleva al salón más fastuoso.
Sin que él lo pida bríndale rumbosa
vino y manjares, exquisito todo,
y con un "buenas noches" se retira.
-
No obstante ser selecto el refrigerio,
apenas si lo prueba el invitado;
que el cansancio nos quita toda gana,
y vestido en el lecho se ha tumbado.
Ya se durmió... Pero un extraño huésped,
por la entornada puerta deslizándose,
a despertarlo de improviso viene.
-
Abre los ojos, y al fulgor escaso
de la lámpara mira una doncella
que cauta avanza, envuelta en blancos velos;
ciñen su frente cintas aurinegras.
Al ver que la han visto
levanta asustada
una blanca mano la sierva de Cristo.
-
--ÁCómo --exclama--, acaso una extraña soy
en mi hogar, que nada del huésped me dicen?
¢Y hacen que de pronto me acometa ahora
sonrojo terrible!
Sigue reposando
en ese mi lecho,
que yo a toda prisa el campo despejo.
-
--¢Oh, no te vayas, linda joven! --ruega
el joven, que de el lecho salta aprisa--.
Gusté de Baco y Ceres las ofrendas,
pero tú el amor traes, bella corintia.
¢Pálida estás del susto!
¢Ven junto a mí, y veremos
cuán benignos los dioses son y justos!
-
--¢No te acerques a mí, joven! ¢Detente!
¢Vedada tengo yo toda alegría!
Que estando enferma hizo mi madre un voto
que cumple con severa disciplina.
Naturaleza y juventud --tal dijo--,
al cielo en adelante
habrán de estarle siempre sometidas.
-
Y de los dioses el tropel confuso
de nuestro hogar al punto fue proscrito.
Sólo un Dios invisible hay en el cielo,
el que en la cruz nos redimiera, Cristo.
Sacrificios le hacemos,
mas no bueyes y toros son las víctimas,
sino lo más preciado y más querido.
-
Pregunta el joven, ella le contesta,
y él cada frase en su interior medita
--ÁPero es posible tenga aquí delante;
solos los dos, mi bella prometida?
¢Entrégate a mis brazos sin recelo!
¢Nuestra unión, que juraron nuestros padres,
juzgar puedes por Dios ya bendecida!
-
--¢No me toques, que a Cristo por esposa
destinada me tienen! Dos hermanas
me quedan..., tuyas sean...; yo soy del claustro;
sólo te pido de esta desdichada
alguna vez te acuerdes en sus brazos,
que yo en ti pensaré mientras la tierra
tarde --no será mucho-- en darme amparo!
-
--¢No! ¢A la luz de esta antorcha juraremos
cumplir de nuestros padres la promesa!
No dejaré te pierdas para el goce,
no dejaré que para mí te pierdas.
¢A la casa paterna he de llevarte!
¢Ahora mismo la fecha convengamos
en que ha nuestro himeneo de celebrarse!
-
Truecan muy luego prendas de amor fiel;
rica cadena de oro ella le entrega;
rica copa de plata de un trabajo
sin par él brinda a la sin par doncella
--Tu cadenilla no me vale;
dame mejor, amada,
un rizo de tu pelo incomparable.
-
De los fantasmas en aquel momento
suena la hora, en tanto que dichosos
ellos se sienten, y el oscuro vino
se brindan mutuamente, y con sus pálidos
labios sorbe la novia el vino rojo.
Pero del pan que con amor le ofrecen,
abstiénese --y es raro--
de probar tan siquiera un parvo trozo.
-
En cambio, al joven bríndale la copa,
que él ansioso y alegre luego apura.
¢Oh qué feliz se siente en aquel ágape!
¢Del amor hambriento estaba y de ternura!
Mas, sorda a sus ruegos,
ella se resiste
hasta que él, llorando, se echa sobre el lecho.
-
Acércase ella entonces; se arrodilla.
--¢Cuánto verte sufrir me da congoja!
Per toca mi cuerpo, y con espanto
advertirás lo que calló mi boca.
¢Cual la nieve blanca,
cual la nieve fría,
es la que elegiste por tu esposa amada!
-
Con juvenil, con amoroso fuego,
estréchala él entonces en sus brazos.
--Yo te daré calor --dice--, aunque vengas
del sepulcro que hiela con su abrazo.
¢Aliento y beso cambiemos
en amorosa expansión!
¢Un volcán es ya tu pecho!
-
Préndelos el amor en firme lazo.
Lágrimas mezclan a su goce ardiente.
De un amado en la boca fuego sorbe
ella, y los dos a nada más atienden.
Con su fuego el joven
la sangre le incendia;
¢mas ningún corazón palpita en ella!
-
Por el largo pasillo, a todo esto,
la dueña de la casa se desliza;
detiénese a escuchar junto a la puerta,
y aquel raro rumor la maravilla.
Quejas y suspiros
de placer percibe;
¢los locos extremos del amor compartido!
-
Inmóvil junto al quicio permanece
la sorprendida vieja, y a su oído
llega el eco de ardientes juramentos
que su senil pudor hieren de fijo.
--¢Quieto, que el gallo cantó!
--¢Pero mañana a la noche!...
--¢Vendré, no tengas temor!
-
No puede ya la vieja contenerse;
la harto sabida cerradura abre.
--ÀQuién es la zorra --grita-- en esta casa
que al extranjero así se atreve a darse?
¢Fuera de aquí, en seguida!
Mas, ¢oh, cielos!, al punto reconoce
al fulgor de la lámpara a su hija.
-
De encubrir trata el frustrado joven
a su adorada con su propio velo,
o con aquel tapiz que a mano halla;
pero ella misma saca, altiva, el cuerpo.
Y con psíquica fuerza,
con un valor que asombra,
larga y lenta en el lecho se incorpora.
-
--¢Oh, madre! ¢Madre! --exclama--, Àde este modo
esta noche tan bella me amargáis?
De este mi tibio nido, mi refugio
sin pizca de piedad Àa echarme váis?
ÀOs parece poco llevarme al sepulcro
al lograr apenas la flor de mis años?
-
Mas del sepulcro mal cerrado un íntimo
impulso liberóme; que los cantos
y preces de los curas, que acatáis,
para allí retenerme fueron vanos.
Contra la juventud, ¢agua bendita
de nada sirve, madre!
¢No enfría la tierra un cuerpo en que amor arde!
-
Mi prometido fuera ya este joven
cuando aún de Venus los alegres templos
erguíanse victoriosos. ¢La palabra
rompisteis por un voto absurdo, tétrico!
Mas los dioses no escuchan
cuando frustrar la vida de su hija
una madre cruel y loca jura.
-
Por vindicar la dicha arrebatada
la tumba abandoné, de hallar ansiosa
a ese novio perdido y la caliente
sangre del corazón sorberle toda.
Luego buscaré otro
corazón juvenil,
y así todos mi sed han de extinguir.
-
--¢No vivirás, hermoso adolescente!
¢Aquí consumirás tus energías!
¢Mi cadena te di; conmigo llevo
un rizo de tu pelo en garantía!
¢Míralo bien! ¢Mañana tu cabeza
blanca estará,
y tu cara, al contrario, estará negra!
-
Ahora, mi postrer ruego, ¢oh, madre! escucha:
¢Una hoguera prepara, en ella arroja
en sus llamas descanso al que ama, ofrece!
Cuando salte la chispa
y el rescoldo caldee,
a los antiguos dioses tornaremos solícitas

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