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El rincón del vampiro
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Mitos y leyendas en las antiguas civilizaciones

 

Atribuir un origen al mito del vampiro supone remontarse a los primeros testimonios de creencias en seres monstruosos chupadores de sangre, siendo el caso conocido más remoto el descubrimiento de un jarrón prehistórico de origen persa cuya decoración ya apunta el nacimiento de esta superstición. Existen registros escritos desde el siglo VI a. C. procedentes de pueblos tan dispares como el chino, el hindú, el malayo, el polinesio, el azteca y el esquimal. Algunas de estas culturas son tan distantes geográficamente que hay que descartar que la creencia en estos seres se debiera a una expansión cultural, sino que más bien surgió simultáneamente en cada una de esas civilizaciones; Esto no es excusa para dar credibilidad al mito, es más bien una confirmación de que el ser humano, desde sus orígenes, ha atribuido a la sangre propiedades más allá de lo físico, dándole vital importancia como vínculo entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

La mitología grecolatina concreta la descripción de criaturas sanguinarias en las figuras de las estrigas, las empusas y las lamias, entidades semihumanas que sólo comparten con el vampiro clásico la necesidad de alimentarse de sangre humana y que probablemente son la fuente de inspiración de los súcubos del cristianismo. Posteriormente el levítico de los hebreos manifiesta a Lilit (primera mujer de Adán, anterior a la creación de Eva y rechazada por el primer hombre) como una deidad diabólica chupadora de sangre y establece el conocido tabú sobre el consumo de sangre de los seres vivos. Con el Nuevo Testamento y las enseñanzas sobre Cristo la sangre se vuelve sustancia purificadora, redentora, nace la idea de la salvación y de que la vida después de la muerte está vedada para las "almas en pena", punto de partida de la creencia en fantasmas y "aparecidos" que se mantiene durante muchos siglos a lo largo de la historia.

Esta leyenda de vampiros es de 125 A.C. originalmente estaba escrita en griego.
Las leyendas de vampiros se originaron de este a oeste en compañía de las caravanas a lo largo de la ruta de la seda por el Mediterráneo.

De allí se extendieron a Asia y luego a las tierras Eslavas y los Cárpatos.
Los mitos estaban originalmente más estrechamente asociados con Irán, entonces emigraron alrededor del siglo VIII, a donde están ahora. Casi en cuanto llegaron, el proceso de cristianización empezó y las leyendas de vampiros sobrevivieron como mitos.

Más tarde los Gitanos emigraron desde norte hacia el oeste de la India (donde tienen varios mitos de vampiros ), ya allí sus mitos se mezclaron con los del pueblo Eslavo. Los Gitanos llegaron a Transilvania brevemente antes de que Vlad Drácula naciera en 1431. El vampiro aquí era el fantasma de una persona muerta, que en la mayoría de casos habían sido una bruja, mago etc.

Se tiene miedo a los vampiros, porque ellos matan personas pero al mismo tiempo se parecen a ellas. Pero hay ciertas cosas que los diferencian de un ser vivo, no puede proyectar ningún tipo de sombra ni se puede reflejar en ningún espejo. Además los vampiros pueden cambiar de forma, como por ejemplo la de un murciélago y eso lo hace sumamente difícil de capturar.

Al empezar un nuevo día los vampiros tienen que dormir en sus ataúdes por que los rayos del sol los matarían, pero por la noche despiertan sedientos de sangre.
La forma más común de nutrirse es volando por una ventana, en forma de murciélago y entonces morder a la víctima en el cuello y succionarle toda la sangre.

Los vampiros no pueden entrar a una casa sin ser invitados, pero en cuanto tienen el permiso, pueden entrar tan a menudo como ellos quieran.
El vampiro no es peligroso solo porque mata a las personas sino porque sus víctimas después de muertas se convierten en vampiros.
El lado mas fuerte de los vampiros es que son casi inmortales, sólo algunos ritos muy especiales poden matarlos tal como: poner una estaca en su corazón, cortar su cabeza o quemar su cuerpo.

Egipto

Había una época en Egipto antiguo en donde los seres humanos entraron en una conspiración para derrocar a los dioses. Blasphemed contra el Ra, rey de dioses y de los hombres, y los magos buscaban la manera de derrotar a los dioses, usando sus fuerzas los dioses habían dado a los hombres objetos y tierras para
que prosperaran.

Ra, al oír hablar de las intenciones de los humanos, se reunió con el resto de los
dioses, y ellos aconsejaron que llamara a Sekhmet, la fuerza contra la cual ningunaotra fuerza sirve, para que se manifestara en la tierra y calmara la rebelión.

Sekhmet se manifestaría y castigaría todos los que habían sostenido la rebelión contra los dioses.

Luego Sekhmet camino entre hombres y los destruyó y bebió su sangre.
Una noche después de que Sekhmet había bebido la sangre y rasgado los cuerpos de los humanos, los dioses decidieron que la matanza había sido suficiente y que debía parar, pero los dioses no encontraban manera de parar la matanza , ya que Sekhmet había bebido toda la sangre de los revolucionarios.
Mientras que continuó la carnicería, los dioses reconocieron que Sekhmet, y su rabia por la intoxicación hacia aun peor la matanza, y sabían que no pararía hasta que la vida humana se extinguiera. Entonces Ra que había traídociertas plantas colosales de la familia de la Solanaceae y que de ella se pueden elaborar drogas muy potentes para alterar la mente. Esa planta, y posiblemente también opio o cáñamo, fueron enviados al dios Sekti en Heliopolis.

Sekti agregó estas drogas a una mezcla de cerveza y sangre humana, y cuando siete mil grandes jarros de la sustancia habían sido hechos. Los tarros fueron llevados a un lugar adonde Sekhmet pasaría y se vertió sobre la tierra, inundando los campos. Y cuando Sekhmet vino a estos campos y percibió lo que ella pensó que era sangre, ella se regocijo y bebió todo el líquido. Entonces " su corazón fue llenado de alegría, " su mente fue cambiada, y ella no pensó más en destruir.

Después de eso, Ra trató a Sekhmet como si las matanzas no lo hubieran molestado, elogiando la belleza y el encanto de la diosa.
 

Babilonia y Siria

 En Babilonia y Siria tenían en común la creencia en vampiros, donde se comentaba que el muerto podía aparecer nuevamente en el tierra en busca del sustento viviente. La creencia se unió con la teoría casi universal que dice que es necesaria la sangre de la transfusión para la revitalización. Baños de sangre humana eran antiguamente prescritos como un remedio posible para la lepra. A la cristiandad griega le han dado crédito por muchas creencias como el origen del vampiro. La creencia se desarrolló indudablemente bajo la influencia de la Iglesia griega, y utilizada por los sacerdotes griegos como un poder adicional  sobre las personas.

En Creta

 En Creta la creencia en vampiros (o katalkanas) y su existencia forman parte de la creencia popular en todas partes de la isla, pero ésta es particularmente fuerte en las montañas.

Alemania- Nachzehrer

 En algunas partes del los dominios del Kaiser, todavía se entierra comida con el cadáver para prevenir las posibles punzadas de hambre, se cree que de no dejar la comida éste se levantaría, según la antigua costumbre, también se esparce granos de maíz o arroz en la tumba para evitar que este se lavante. En Düsseldorf se cree que si no se pone dinero en la boca del muerto en el entierro, y no cortar el nombre bordado de la camisa, es probable que llegue a ser un  Nachzehrer, y su fantasma saldrá de su tumba en la forma de un cerdo. Otro prevención de tal calamidad es la ruptura del cuello del muerto.

 Rusia- Vrykolaka

 Los húngaros creen que quien han sido vampiros pasivos en vida lleguen a ser vampiros activos después de la muerte; a esos a quien los vampiros les han chupado la sangre en vida lleguen a ser vampiros después de muerte. En muchos distritos la creencia prevalece, hay una sola manera de prevenir este acontecimiento y es que la víctima debe comer algo de tierra de la tumba del vampiro, y untar su propio cuerpo con sangre del cuerpo de ese vampiro.

Bulgaria

 La tradición original del vampiro es generada sólo en las provincias búlgaras, adonde el conocimiento de la superstición fue importado de Dalmatia y Albania.
 En el pasado el vampiro era conocido por el nombre de wukodlak. St Clair y Brophy declaran que "el vampiro no es mas que un cuerpo muerto poseído por un demonio, pero su alma esta en una constante lucha por salir del cuerpo. Es descubierto por un agujero en la lápida que se pone encima de su tumba, el agujero es llenado por el curandero con tierra mezclada con hierbas venenosas."
 Se afirma que el vampirismo es hereditario tal como las enfermedades. Cuando el vampiro búlgaro ha cumplido su aprendizaje del mundo de las sombras, se eleva desde la tumba en forma de una persona común y corriente, pudiendo circular como un ser humano de la manera mas natural.

Slavonic

En el país de Slavonic se dice que tiene solamente un orificio nasal, pero se cree que tiene una punta afilada al final de su lengua, como el aguijón de una abeja.
Platón y Demócrates dicen que las almas viven por un cierto tiempo cerca de sus cuerpos muertos, es por esa razón les crece el cabello, barba, y uñas . Los antiguos cristianos también creyeron que el muerto podía salir de su sepultura.

En el siglo XI, procedente de las leyendas paganas celtas, aparece la idea del cadaver sanguisugus, espectros corpóreos equivalentes a las "almas en pena", que salen de sus tumbas cada noche para cometer asesinatos y cuya única forma de destrucción es quemar el cuerpo tras ser atravesado por una espada. Este fenómeno es meramente anecdótico y solamente destacable en las islas británicas hasta que en el siglo XIV el vampirismo se vuelve endémico de Bohemia, Prusia y Silesia, coincidiendo con los azotes de las epidemias de peste. Muchos de los afectados eran enterrados prematuramente para evitar contagios, antes de certificar su muerte; el hecho de que sus familiares encontraran los cuerpos en los panteones perfectamente conservados y ensangrentados (probablemente por heridas autoinflingidas), alimentó la superstición colectiva en los vampiros. Es famosa la obra de Michael Ranft de 1728, De Masticatione Mortuorum in Tumulis Liber , que relaciona el fenómeno de la peste con el fenómeno del vampiro, y que ha dado pie a infinitas discusiones posteriores sobre si el vampiro procede de la realidad o del mito. En el siglo XV, el alquimista francés Gilles de Rais fue procesado por vampirismo y en Rumanía el voivoda de Valaquia Vlad IV más conocido por Vlad Tepes Drácula, fue conocido por sus hazañas en la liberación de su tierra contra los invasores otomanos, aparte de por ser un sanguinario dictador de costumbres muy crueles que le erigieron como leyenda ligada al vampiro.

A finales del siglo XV la Iglesia reconoce la existencia de muertos vivientes, y en la segunda mitad del XVI, con la Reforma en Europa Occidental, la demonología defiende que estos seres son demonios, discípulos de Satanás encarnados en cuerpos de los difuntos mediante la magia. En el siglo XVII ocurre un nuevo proceso por vampirismo, en esta ocasión contra la condesa Erzsébet Bathory en Hungría, lo cual hace de la región de Los Cárpatos de nuevo un centro de atención sobre el mito. La superstición se va apoderando de todo el este de Europa, desde Los Balcanes hasta Rusia. En los países latinos europeos la Inquisición lucha contra la herejía y las supersticiones mientras que la Iglesia bizantina, mucho más flexible, es muy vulnerable a la expansión de estas creencias. Así, en Grecia, donde desde antiguo se reconocía la existencia de los vrykolaks, muertos vivientes inofensivos, éstos pasan a temerse como monstruos sedientos de sangre, así como también surgen las leyendas sobre licántropos.

El siglo XVIII las nuevas epidemias de peste en Prusia, Austria, Serbia y Polonia provocan una nueva eclosión de casos de vampirismo y las autoridades ponen en marcha cuidadosas investigaciones que provocan que eclesiásticos, médicos y filósofos traten de refutar la creencia en los vampiros en nombre de la razón. Es de destacar la obra Tratado sobre los vampiros del monje benedictino dom Agustín Calmet, publicada de París en 1746. A pesar de estos esfuerzos, la controversia es inevitable. Por primera vez se crea una imagen más detallada y uniforme del vampiro y se le atribuye el nombre referido, procedente de la voz de origen serbio "wampir". Algunas de sus características, como la ausencia de reflejo o de sombra, la repulsión por los ajos, crucifijos o agua bendita, la estaca atravesando el corazón como método de destrucción, no son universalmente compartidos, sino propios de unas naciones u otras; asimismo existen divergencias en cuanto a la posibilidad de que un vampiro pueda provocar la transformación de un mortal en otro vampiro, o incluso de que sea factible el cruce entre vampiro y mortal. De cualquier modo es en este período cuando el vampiro queda definido como un muerto viviente que se alimenta de la sangre de seres humanos y animales para prolongar su póstuma existencia, que tiene poderes sobrenaturales para transformarse en murciélago, niebla u otras formas y que puede ser destruido por la luz del sol y por el fuego.

En la segunda mitad del siglo XVIII el interés por el vampiro decrece notablemente como anuncio de lo que la Revolución Industrial depara al mundo. Los periódicos todavía muestran casos de vampirismo en países del este de Europa, si bien la atención se centra en los avances de la tecnología, que tiene su apogeo en el siglo XIX provocando una transformación radical en la sociedad. En contra del materialismo y el racionalismo, el vampiro se transforma en un instrumento romántico de expresión artística; ya no es el objeto de los temores hacia lo sobrenatural, sino que es la imagen empleada para representar la pasión, el terror y otras sensaciones que algunos autores creen que están perdiéndose en esta nueva era. Así nos quedan obras de la literatura en verso de Goethe y Keats, la prosa de Gaultier , Le Fannu, Lord Byron y el inevitable Bram Stoker entre muchos otros autores. Debido a la novelería y al cine (destacando películas como Nosferatu de Herzog) en el siglo XX el vampiro es una imagen donde confluyen todas las características heredadas desde el nacimiento del mito, y ha sido protagonista de prácticamente todas las facetas del arte.

Protagonistas de las más espeluznantes y terroríficas historias, los vampiros han alimentado la imaginación humana desde hace siglos. Los chupadores de sangre han recibido diferentes nombres y rostros en todo el mundo, pero sólo uno ha logrado convertirse en su emblema gracias a una novela que ahora cumple cien años: "Drácula". Basado en un personaje histórico, el príncipe rumano Vlad Tepes, el escritor Bram Stoker creó con su obra todo un mito moderno del terrón

Qué hacen los muertos por la noche? Qué sienten en su sofocante lecho de tierra? Qué desean los muertos? Esas preguntas han visitado la imaginación de los humanos desde la noche de los tiempos y, entre las especulaciones religiosas y los argumentos racionalistas, siempre ha surgido una posible respuesta capaz de helar el corazón: los muertos desean la vida, odian a quienes les sobrevivieron y aprovechan la oscuridad, el reino de las sombras, para regresar de la tumba y atormentar a los vivos. El hombre ha buscado siempre cómo nombrar al miedo. Y enfermedades, desapariciones y muertes de difícil explicación se han cargado desde antiguo en la cuenta tenebrosa de los muertos que regresan del más allá, ansiosos de sangre: los vampiros.

La biografía del vampiro se hunde en el pasado de la especie humana y en el pantano de sus miedos. Pero al igual que el miedo tiene muchos rostros, el vampiro ha recibido muy diferentes nombres en tierras de todo el mundo, aunque uno de ellos, que ahora cumple cien años, se haya convertido en su emblema: Drácula.

El 20 de mayo de 1897, la puerta del lóbrego castillo de los Cárpatos donde habita el conde Drácula se abrió por primera vez, con horrísono chirrido, y su alta figura encorvada, pálida y vestida de negro pronunció también por primera vez las engañosas e inquietantes palabras: Bienvenido a mi casa! Entre libremente y por su propia voluntad!... Yo soy Drácula". En esa fecha el escritor irlandés Bram Stoker, amante de las ciencias ocultas y miembro de la sociedad esotérica Golden Dawn, publicaba una novela que iba a consagrar literariamente la figura del vampiro y a convertir a Drácula en un moderno mito terrorífico. La realidad del siglo XX, que debía inaugurarse tres anos después, ha derrochado desde entonces muerte y destrucción cual si no fuera otro su propósito que aplacar la insaciable sed de sangre del conde transilvano.

Pero la biografía del vampiro se remonta en el tiempo mucho antes del éxito novelístico de Stoker. No es la biografía de un personaje literario, sino la de un ser sobrenatural en cuya existencia han creído generaciones de seres humanos. Durante el siglo XIX el vampiro se había convertido en un personaje más de la estética romántica, motivo de deleitosos sobresaltos y escalofríos regocijantes. El secretario del poeta Lord Byron, John William Polidorí, publicó su relato el vampiro en 1819, inspirándose en su admirado patrón para trazar el retrato de un vampiro aristócrata, frío, distinguido y canalla, llamado Lord Ruthven. Un primer molde del moderno vampiro. Y en 1872, Sheridan Le Fanu trazaba el gran retrato literario de la vanipiresa en su no vela Carmilla, donde daba cuenta de la ritual ejecución -una certera estaca clavada en el corazón- de la bella y temible condesa Mircalla,

Un siglo antes, el mito del vampiro no era cosa de diversión y entretenimiento. En pleno Siglo de las luces buena parte de Europa vivió lo que se ha

Llamado epidemia de vampirismo y el abate Calmet, en su Tratado sobre los vampiros publicado en París en 1746, se mostraba sinceramente convencido de que "desde hace alrededor de unos sesenta anos, una nueva escena se ofrece a nuestra vida en Hungría, Vioravia, Silesia, Polonia: se ven, dicen, a hombres muertos desde hace varios méses que vuelven, hablan, marchan, infestan los pueblos, maltratan a los hombres y a los animales, y chupan la sangre de sus prójimos" La Europa profunda temblaba ante la epidemia, y la palabra vampiro aparecía por primera vez para nombrar aquello que los campesinos centroeuropeos llamaban con diferentes nombres desde hacía siglos. En tierras de Bosnia, el blausauger, el chupador de sangre, carecía de huesos y era capaz de transformarse en rata o en lobo, propiedad ésta que compartía con el farkaskoldus de Hungría y el Vlkodlak de Serbia. El bruculacas de Grecia despedía además un insoportable hedor y su piel, al igual que el vampiro serbio, era tirante como la de un tambor y rojiza. Había vampiros infantiles, como el kuzlak serbio, que se formaba a partir de un niño lactante arrancado a su madre y cuyo comportamiento era más molesto que terrible; y como el moroï rumano, formado a partir de un recién nacido muerto por su propia madre antes de ser bautizado. El moroï amen de su devoción por la sangre, era el causante del granizo pues, según afirmaban los campesinos rumanos, al bombardear la tierra esperaba poner al descubierto su tumba oculta y mostrar así al mundo el crimen del que había sido víctima.

Había vampiros con un solo orificio en la nariz, como el Krvopijac búlgaro y Los había con extrañas deformidades, como el strigoi rumano que podía tener patas de oca, de cabra o de caballo. El upir ruso tenía la lengua en forma de aguijón. Y el liuvgat albanes, para que no cupiera duda sobre el origen de los miedos locales, tenía aspecto de turco y caminaba sobre unos altísimos tacones. La península balcánica era, pues, un hervidero de vampiros, y los medios para combatirlos eran también de lo más variado. Trocearlo y hervirlo en vino, en el caso del burculacas. Poner sobre su ataúd una rama de rosal silvestre, en el caso del krvopiíac; o de espino, en el del kuzlak. Al vlkodlak esa rama de espino se le tenía que meter en el ombligo y, luego, prenderle fuego con una vela usada para velar a un muerto.

De dónde venía tanto miedo a los chupadores de sangre? De la sagrada consideración de la sangre como creadora de la vida eterna la sangre del dios Bel, creador del mundo en la mitología de la antigua Babilonia. La sangre de Cristo en el ritual cristiano. Incluso el consumo del vino adquiría el valor metafórico de la sangre bebida

Como han señalado estudiosos del mito vampírico, como Román Gubern en Las raíces del miedo, hay también en la imagen del vampiro que chupa la sangre de su víctima una transposición del acto sexual, una niezcía de atracción morbosa y repulsión hacia el sexo. En los ataques del famoso conde Drácula, afirma, "cualquier persona familiarizada con el simbolismo onírico y la interpretación freudiana del mismo, no tendrá dificultad en reconocer la descripción simbólica de un coito". El mito del vampiro tiene, sin embargo, otras raíces que se alimentan directamente de la Historia. Los casos terribles y reales de nobles que gustaban alimentarse de sangre marcaron sin duda la imaginación de su tiempo. En el siglo XV, el bretón Gilles de Rais, compañero de armas de Juana de Arco, asesino a varios centenares de niños con el fin de obtener con su sangre la piedra filosofal que le hiciera inmortal. Y en busca también de la inmortalidad, un siglo después la condesa húngara Erszebet Bathory sacrificó a 610 doncellas para bañarse en su sangre. La misma novela de Drácula tornaría su nombre de un personaje histórico, el príncipe rumano Vlad Tepes, mas conocido como Vlad el Empalador

El vampirismo, aunque extendido por Europa, también había arraigado en otras remotas tierras, con idéntico temor al retorno de los muertos chupadores de sangre. En tierras africanas, los espíritus de las brujas, llamados adzes, volaban con forma de luciérnaga hasta el lecho de sus víctimas, y los kinoly de la isla de Madagascar rondaban los poblados, con sus ojos rojos y sus largas uñas. Otra península, Indonesia, nada tenía que envidiar en tierra de Asia a los Balcanes: allí las terribles langsuir; mujeres muertas durante el parto, codiciaban la sangre de niños y embarazadas. Y la milenaria China sufría el ataque de los ching shih, de garras feroces, ojos enrojecidos y largas melenas verdosas, y de los kiang si que, cubiertos de pelo blanco, eran capaces de chupar en pocos segundos toda la sangre de los caminantes que asaltaban en los senderos. Tan sólo en la India se daba una clase de vampiro que no era enemigo jurado de los vivos: vetala, habitante de los cementerios que gustaba de dar buenos sustos haciendo que los cadáveres parecieran resucitar; pero del que

Era posible incluso hacerse amigo. La publicación de la novela de Stoker cambió el rumbo de la biografía del vampiro. Drácula saco del mundo rural la vida de ultratumba del vampiro y la hizo discurrir por el universo visual del cine sustituto contemporáneo de los cuentos de vieja de antaño. Calvo, siniestro, turbadoramente sexual, homosexual, en este caso, se transformó en Nosferatu, el vampiro, en el filme de Murnau de 1921, una representación que repetiría décadas después Werner Herzog en su película de igual título. Pero el cine sobre todo de la mano del actor Bela Lugosi, fijó la imagen Don Juan esa de Drácula, repeinado y capa al viento

En la literatura, nuevos vampiros venido también a disputar al viejo conde su reinado de terrón Richard Matheson, en Soy leyenda, convertía a la humanidad entera en vampiros. Y George R.R. Martin y Anna Rice han buscado en los
Estados Unidos de los siglos XVII y XVIII vampiros problemáticos que viven
su condición con dolor y remordimiento. Ya no recorren el mundo epidemias de vampiros, como su cediera en el siglo XVIII, aunque tampoco han faltado quienes han querido llevar a la realidad la sangrienta pasión de Drácula. Tal fue el caso del joven puertorriqueño Salvador Agrón que, en la década de 1950, se dedicaba a matar mujeres envuelto en un manto negro. El miedo, como siempre, sigue haciendo nido en el corazón de los hombres y la sangre,

Una vez más, subyuga y aterroriza la imaginación, aunque en esta ocasión tome la más prosaica denominación de VIH, el temible virus del SIDA. Quizá, a fin de cuentas, el vampiro se haya limitado tan sólo a cambiar de nombre