Asturiano

 

 

Prerrománico Asturiano

 

 

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Santa Cristina de Lena

 

 

En los momentos iniciales de la Alta Edad Media hubo un tiempo en que unos cuantos millares de hombres, aislados entre montañas y alejados del resto de los pueblos cristianos libres, decidieron emprender una sorprendente tarea. Amenazados estrechamente por los ejércitos del Islam, los astures, que se consideraban herederos legítimos de todo aquello que el reino visigodo había significado, se fijaron la aparentemente inalcanzable meta de reconquistar Toledo, la ciudad que había sido capital de España y símbolo del poder de los godos.

 

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San Julián de los Prados (Santullano, Oviedo)

 

Tras los primeros enfrentamientos desarrollados en las montañas, los reyes asturianos fijaron la sede de sus territorios liberados en Cangas de Onís, siendo elegida posteriormente Oviedo como corte del nuevo reino que estaba naciendo. Las crónicas antiguas nos han dejado constancia de que Alfonso II el Casto (791-842), hombre realmente virtuoso, ordenó realizar en esta ciudad importantes y bellas obras de ornamentación, instituyendo, tanto en la Iglesia como en el Palacio, el orden y sistema de gobierno que los godos habían tenido en Toledo. En las tierras asturianas, sin antecedentes artísticos, mal comunicadas y sometidas a una intensa presión guerrera por los musulmanes, se iba a desarrollar desde ese momento, fruto del intenso espíritu de afirmación de un pueblo invencible, un arte que todavía nos sigue causando asombro y que está considerado en nuestros días como el más importante antecedente de lo que más adelante se denominará estilo románico.