BERLANGA DE DUERO

 

 

BERLANGA DE DUERO

 

 

 

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Castillo de Berlanga de Duero

 

 

Solamente 12 kilómetros separan Gormaz de Berlanga de Duero, población que cuenta con un desmesurado edificio religioso, la Colegiata de Santa María del Mercado, obra que según los antiguos resultaba "digna de la capital de un reino" y que en nuestros tiempos se nos aparece desproporcionada para las actuales dimensiones de esta pequeña urbe. En su momento y para su construcción hubieron de reunirse las diez parroquias que entonces existían en Berlanga. Consta que fue levantada entre 1526 y 1529 por Juan de Rasines, inscribiéndose en la transición del Gótico al Renacimiento.

 

En esta Colegiata del Mercado, en la capilla del Cristo, está enterrado el dominico fray Tomás de Berlanga, que fue Obispo de Panamá entre 1533 y 1537 y del que se dice que cuando retornó a su villa natal trajo consigo de las Indias un animal de fábula -un caimán disecado y embutido de paja y trapos-, que actualmente se exhibe en la propia Colegiata como reliquia de otros tiempos.

 

Las tradiciones populares sostienen que el "bicho" de Berlanga, muy popular en la región en donde recibe la denominación de ardacho, fue traído realmente vivo por fray Tomás, comportándose en vida del que había sido Obispo como un animal dulce y tranquilo que nunca causó problemas en el vecindario. Otra cosa, sin embargo, es que a la muerte de fray Tomás, el animal -siempre según esas versiones populares- debió enloquecer y no tuvo ningún tipo de reparo en cometer abundantes fechorías, atacando y violando, sobre todo, a las muchachas vírgenes que tenían su primera menstruación. Esa conducta impropia habría motivado que el caimán fuese pronto ajusticiado por la multitud enfurecida.

 

Como recuerdo de esa mítica leyenda se cantaba en la zona, hasta tiempos no muy lejanos, una popular coplilla que no podemos resistirnos a reproducir:

 

"En los caños de la fuente

hay un bicho venenoso,

que deja preñadas a las mozas,

y echan la culpa a los mozos"

 

Reparará el viajero en que Berlanga de Duero estaba protegida por un potente castillo, levantado en el siglo XV sobre las ruinas de otra anterior fortaleza musulmana de época califal. Cuenta con cuatro cubos poderosos y una espectacular torre del homenaje, estando protegido, en uno de sus lados por el tajo del río Escalote -tributario del Duero- y en el otro por un largo lienzo de murallas que, de hecho, suponen un segundo recinto amurallado que rodea la parte baja del cerro sobre el que se alza el castillo.