SAN BAUDELIO
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Muy cerca de Berlanga de Duero, en las inmediaciones de Casillas de Berlanga, se alza un edificio realmente insólito cuyo pobrísimo aspecto externo no guarda relación con el encanto que tanto en su arquitectura como en su decoración nos muestra su interior. Hablamos de la solitaria Ermita de San Baudelio, para nosotros una de las joyas más trabajadas y destacadas del arte mozárabe español.
Los inicios de vida religiosa en este lugar parecen estar relacionados con la existencia de una pequeña gruta, actualmente adosada al edificio del templo, así como a un manantial que aquí brota y que hace habitable este paraje sorprendente. La covacha pudo haber sido en tiempos primitivos el santuario de un anacoreta cuya memoria se ha perdido en nuestros días pero que en el Medievo habría sido recordado al haber santificado con su vida ejemplar este apartado rincón.
Como continuación de esa tradición ligada a la gruta existente en su interior, la iglesia mozárabe fue levantada a fines del siglo X o principios del XI, siendo su planta cuadrada, con muros de más de un metro de espesor y contando en su centro con una gran pilastra cilíndrica que semeja una inmensa palmera de la que irradian ocho potentes nervios que sostienen el techo del edificio. Una ventana de herradura, situada en un ábside, proporciona algo de luz que ilumina el altar mayor, en tanto que a los pies del templo una tribuna abre sus arcos de herradura, con evidente influencia arábiga, en lo que semeja una pequeña mezquita con cinco angostas naves.
Como elemento más original del conjunto, en lo más alto de la bóveda, entre los nervios de la gran palmera de piedra y como un inmenso derroche de fantasía en un hueco inaccesible, se sitúa una extraña linterna cubierta con una preciosa bovedilla de nervios recruzados. Para algunos ese rincón escondido pudo haber sido lugar de residencia de un penitente anacoreta que habría pasado parte de su vida en lo alto de la columna. Otros piensan, sin embargo, que pudiera tratarse de un ostensario arquitectónico que custodió en siglos pasados una reliquia de inmensa importancia.
Siempre en el terreno de la hipótesis cabe pensar que algún vestigio del propio San Baudelio pudiera haber recibido aquí culto, protegido en esa cámara inaccesible situada en lo más alto de la palmera. Se sabe, en efecto, que en tiempos visigodos llegaron a Toledo, procedentes de Nimes, algunas reliquias de este santo, cuyos discípulos solían habitar en parajes apartados ubicados en las inmediaciones de fuentes de agua para evocar, de ese modo, el lugar donde San Baudelio había sido enterrado. Las reliquias, con motivo de la invasión islámica, podrían haber sido llevadas al Norte, a Asturias y Navarra, y alguna de ellas pudo de ese modo haber quedado depositada en este lugar. En todo caso, la estructura de esta iglesia, con su sorprendente palmera de piedra central coronada por el habitáculo inaccesible, constituye una obra especialmente original.
Otro elemento que dota de especial singularidad a esta edificación mozárabe es que todo su interior estaba decorado con pinturas al temple sobre un enlucido de yeso. Desgraciadamente fueron vendidas en 1922 en precio de 60.000 pesetas por los vecinos del lugar a un anticuario judío, León Leví, apareciendo posteriormente en diversos museos de ciudades americanas como Boston, Nueva York, Indianápolis y Cincinati. Actualmente, en la iglesia, solo se conservan algunas pinturas que no llegaron a ser desprendidas en ese momento.
En años más recientes, en 1957, en un nuevo acto de iniquidad, el gobierno español canjeó algunas de esas pinturas por el ábside de la iglesia románica de Fuentidueña (Segovia), que actualmente se expone en el Metropolitan Museum de Nueva York. Las pinturas románicas que entonces se recuperaron no volvieron a su ubicación primitiva en el templo de San Baudelio sino que se custodian, ahora, en las salas del madrileño Museo del Prado.
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