UXAMA ARGAELA
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Solamente doce kilómetros separan San Esteban de Gormaz de El Burgo de Osma, población a la que ahora nos encaminamos. Un par de kilómetros antes de llegar a nuestro destino observaremos, a nuestra derecha, un camino señalizado que se inicia en el cambio de rasante de la cuesta de las Minas y que nos conduce al yacimiento arqueológico de Uxama Argaela, ciudad hispanorromana que registró sus momentos de mayor esplendor en los siglos I y II de nuestra era, cuando alcanzó la categoría de municipio latino. Sus ruinas, situadas en lo que hoy conocemos como Cerro Castro, se alzan sobre una hoz profunda del río Ucero. En uno de los extremos del cerro, junto al abismo, se conservan los vestigios de una torre atalaya musulmana de tiempos califales. Desde ese lugar podrá el viajero disfrutar de unas bellísimas panorámicas; en nuestro entorno más inmediato las ruinas arqueológicas se desparraman por el terreno, en tanto que si trasladamos nuestra mirada en dirección al cercano río Ucero podremos contemplar la imagen de El Burgo de Osma, la ciudad de Osma y su vega, coronada toda ella por la imagen del castillo medieval.
Uxama Argaela se levantó sobre lo que antes había sido un importante oppidum de los arévacos del que se tiene identificada y excavada una vasta necrópolis de incineración. Al estar ubicada en la Vía Astúrica, que unía Zaragoza con Astorga la ciudad alcanzó un importante desarrollo urbano, sobre todo en tiempos de Tiberio, cuando la arqueología ha detectado una intensa actividad edilicia tanto privada (casas residenciales) como pública. En el centro del cerro, sobre una gran terraza artificial, se detectan los vestigios de lo que hubo de ser un gran edificio público, destacando igualmente la existencia de un acueducto que abastecía de agua a la población, así como más de veinte cisternas y unos grandes depósitos subterráneos de distribución con un conjunto de cinco compartimentos. Las denominadas casas del Opus Sectile y de los Plintos destacan por la especial riqueza y refinamiento que de ellas se trasluce.
Se sabe que en el siglo VIII, tras la invasión musulmana y como consecuencia de la política seguida por Alfonso I, el lugar quedó despoblado. Habrían de pasar cien años para que en otro paraje, en las orillas del río, naciera Osma, protegida por un castillo del que todavía se conservan importantes vestigios.
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