EL MONASTERIO DE LA ESPINA

 

Historia

 

 

 

Puerta por la que se accede al Monasterio

 

 

 

 

 

Dice la leyenda que cuando corría el año 1147 doña Sancha, hermana de Alfonso VII  y persona intensamente piadosa, rogó a San Bernardo de Claraval que fundase un nuevo monasterio del Cister en unas tierras de su propiedad situadas en las cercanías de Urueña (actual provincia de Valladolid, en el entorno de los Montes Torozos).

Antes, doña Sancha habría llevado a cabo un viaje de peregrinación por Tierra Santa y a su regreso habría tenido oportunidad de venerar en el Monasterio de San Dionisio de París un fragmento de la corona de espinas con la que había padecido Jesucristo. Las informaciones legendarias indican que esa preciada reliquia habría sido traída a Francia por Carlomagno desde la lejana Constantinopla.

Doña Sancha, amante apasionada de las reliquias, consiguió que el rey francés Luis el Joven le entregara una de esas espinas, “tan larga como el dedo mediano de la mano” según información que nos habría de transmitir el padre Yepes, historiador de los benedictinos a principios del siglo XVII.

Sigue narrando la leyenda que Bernando de Claraval  envió a su propio hermano Nivardo para que se hiciera cargo de los trabajos fundacionales del nuevo monasterio castellano, al que doña Sancha no dudó en donar tanto esa espina citada de la corona de Cristo como un dedo de San Pedro, reliquia preciosísima, que igualmente poseía. Fue así como habría nacido el monasterio cisterciense de San Pedro de la Espina, del que Nivardo habría sido el primer abad.

Debemos aclarar, no obstante, que todas estas informaciones que se integran en los primeros momentos de la historia del Monasterio parece que son, en buena medida, pura leyenda. Los historiadores modernos piensan que doña Sancha, realmente, no realizó esa peregrinación a Tierra Santa y que posiblemente existió un primer abad de nombre Nivardo pero que no habría sido la misma persona que el hermano de San Bernando, que en esos tiempos está documentado que se estaba dedicando a otros menesteres.

Si está acreditado, en honor a la verdad, de acuerdo con los datos que facilita el libro “tumbo” del monasterio, que el día 20 de enero de 1147 la infanta doña Sancha hizo donación al abad de Claraval de unas heredades denominadas San Pedro de la Espina y Santa María de Abaridos, para que en ellas construyese un monasterio del Cister. Llama la atención que ya por entonces el lugar se conocía como San Pedro de la Espina, lo que sugiere que la llegada de las reliquias a estos parajes pudo ser incluso anterior a los tiempos en que vivió la infanta. De hecho, en el escrito de donación se menciona que en este lugar había existido antes un monasterio consagrado a San Pedro.

Una fuente indirecta parece confirmar esa antigua presencia de reliquias en La Espina, ya que en un juicio del año 927 en San Martín de Castañeda (Sanabria, Zamora), se nos dice que los afectados llevaron a cabo un juramento en el que se comprometieron ante “las reliquias de San Pedro que se encuentran en la villa llamada Spino”, lo que sugiere que, posiblemente, pudo existir un antiguo cenobio mozárabe en La Espina, en el que se habría rendido veneración a un supuesto dedo de San Pedro y que la memoria de este santo lugar pudo hacer que doña Sancha rogase a San Bernando que en estos parajes levantase la nueva casa del Cister.

En todo caso, los cistercienses habrían de permanecer aquí hasta que fueron expulsados en los tiempos de la Desamortización de Mendizábal. Tiempo después, en 1886, su propietaria, Doña Susana de Montes y Bayón, Marquesa de Valderas, llamó a los Hermanos de la Salle para instalar un asilo de niños y escuela de formación agraria; y en 1954, gracias al impulso de don Rafael Cavestany y Anduaga, se firmaría un convenio con el Ministerio de Agricultura gracias al cual se creó una Escuela de Formación Profesional para Capataces Agrícolas y se llevó a cabo una profunda labor de restauración de los edificios.

 

 

 

 

 

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