EL MONASTERIO DE LA SANTA ESPINA

 

(VALLADOLID)

 

 

 

Espacio de antiguos enterramientos en el Claustro

 

 

 

 

 

 

Arco que da acceso al Monasterio

 

 

Al salir del monte por el lado de Tordehumos, después de haberle atravesado por un camino incómodo, lleno de piedras y a trechos borrado, con la vista cansada sin ver ningún horizonte, andando siempre por entre continuos encinares y robledales, trocóse de repente la decoración, apareciendo como de sorpresa el grave Monasterio en el fondo de la confluencia de dos valles.

Iluminaba el paisaje la luz de un sol estival. Las airosas torres gemelas renacientes, que tienen algo de la esbeltez gótica; la cerca de piedra con almenada crestería y anchos cubos por ramas de hiedra tapizados, que da al Monasterio aspecto de aparente fortaleza; la apiñada arboleda del soto por diferentes verdes matizada, porque allí entretejen sus ramas los blancos álamos y los oscuros negrillos, los altos fresnos y las copudas acacias; las aguas del estanque que reverberaban la luz del sol, como un inmenso espejo, por entre los troncos de los árboles; los altísimos chopos que, a  guisa de rígidos vigías, se levantan dominando el paisaje delante de la Fuente de la Marquesa; el arroyo bullidor que baja a lo largo del valle serpenteando en medio de praderas y sotos; todo ello en medio de un  ambiente embalsamado con la fragancia del tomillo, de la salvia y del espliego, plantas aromáticas que a  corros crecen en las laderas... y todo en tan proporcionado conjunto, tanto más agradable cuanto menos esperado en aquellas monótonas soledades, que la visión de aquel encantado lugar antojábasenos un verdadero oasis en medio de las áridas llanuras castellanas.

Añadase a lo pintoresco del sitio la calma y tranquilidad que allí reinan de continuo, e involuntariamente se nos viene a los labios, contemplando aquel cuadro de paz coronado por las cruces de las torres del Monasterio, la celebrada exclamación del poeta del campo:

 

¡Qué descansada vida

la del que huye del mundanal ruido

y sigue la escondida

senda por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido!

 

El viajero que viniendo de Valladolid por La Mudarra, al dar vista al Monasterio, baja por la carretera bordeada de viejos almendros, cuando llega al fondo del valle se halla sorprendido por una grandiosa fachada de ingreso que da paso a un ameno jardín, tras del cual se levanta la fachada principal del Monasterio...

 

 

Un rincón de Castilla

 

Antolín Gutiérrez Cuñado (Madrid, 1913)

 

 

 

 

 

COMO LLEGAR AL MONASTERIO

Está situado en la actual provincia de Valladolid, próximo a San Cebrián de Mazote y Urueña, en el entorno de los Montes Torozos.

 

Acceso desde la carretera Valladolid-León

La Mudarra – Castromonte – La Santa Espina.

 

Acceso desde la autovía Madrid-La Coruña

Salida 209 – San Cebrián de Mazote – La Santa Espina.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Un rincón de Castilla. Antolín Gutiérrez Cuñado (Madrid, 1913).

Edición facsímil publicada por la Fundación de la Santa Espina.

 

El monasterio cisterciense de La Espina. Ricardo Puente (León, 1997).

Editorial Albanega.

 

 

 

 

 

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3 de agosto de 2005