Elevacion

 

ELEVACIÓN DEL ALMA

 

 

El caracter funerario de Eunate se confirmó en las excavaciones de 1941-1942, cuando en los intercolumnios de la arquería, que habían sido utilizados como osarios, se identificaron diversos restos humanos. También se encontraron en esas excavaciones vestigios de la planta de la casa donde se reunía la cofradía, que en los documentos antiguos se cita indicando que se encuentra "al respaldo del claustro de la hermita". En esa casa se celebraban las asambleas de los cofrades y en ella residían los ermitaños. Las funciones propias de la cofradía habrían sido las de rendir culto a Santa María, prestar ayuda mutua a los cofrades y, sobre todo, llevar a cabo los rituales funerarios de los fallecidos. De hecho, en las constituciones de 1487, que se componen de un total de 35 capítulos, más de la mitad aluden a la muerte, al enterramiento de los cofrades y a los ritos funerarios.

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Eunate: Arquería reconstruida en el siglo XVII.

 

Pensamos que las personas que fundaron la cofradía de Eunate alzaron un edificio de planta octogonal en un lugar en el que confluían potentes energías de la tierra buscando con todo ello facilitar el proceso de ascensión del alma de los fallecidos. En ese sentido, cabe mencionar que Onate, denominación histórica del lugar, querría decir en la lengua vasca algo así como "la Buena Puerta" (Ona ate). Posiblemente los primeros cofrades fueron conscientes de que el santuario, por sus cualidades arquitectónicas y su potente entorno, constituía una puerta buena que facilitaba el acceso a las regiones celestes. La denominación de Eunate con que actualmente conocemos el lugar (que significaría las Cien Puertas) es una denominación de origen erudito y moderno. Solamente a partir de 1887 comienza a figurar en los libros parroquiales esa nueva denominación creada en el gabinete de algún intelectual.

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Amenazantes figuras observan a la persona que deambula por la galería porticada.

 

En relación con la vieja leyenda que sostiene que la capilla fue fundada por una reina cuyo nombre no se habría conservado, lo cierto es que en los días de las reuniones rituales los cofrades estaban obligados a rezar responsos ante el lugar en que según la tradición se encontraba su sepultura. Es curioso que esta leyenda gozó de una gran credibilidad e incluso en algunos momentos se utilizó como medio de prueba en juicio, siendo aceptada por todas las partes. Así ocurrió en 1520, cuando se produjo un litigio entre los cofrades y los clérigos de Muruzábal, ya que estos últimos reclamaban para su iglesia los diezmos y primicias de Santa María de Onate. Los cofrades argumentaron "que fue y es voz y fama pública que antiguamente, en el lugar donde se alzan la iglesia, cofradía y casa de Onate, solía haber unas cuevas de ladrones y montes espesos sobre el camino público, donde se perpetraban muchos maleficios, latrocinios, agresiones y homicidios, con gran escándalo. Y entonces, cierta reina muy rica, inducida por el espíritu de Dios, hizo erigir y edificar la iglesia de Santa María de Onate, con la cofradía y casa. De este modo la iglesia y cofradía de Onate fueron fundadas y dotadas por dicha Reina, la cual impetró y obtuvo muchos privilegios para la cofradía e iglesia. Gracias a ellos, iglesia, cofradía y casa siempre estuvieron y están libres y exentos del pago de diezmos y primicias".

Destaca Jimeno Jurío el hecho de que la existencia e intervención de esa reina no era puesta en duda por ninguna de las partes enfrentadas, que admitían como algo probado esa vieja tradición que se había integrado en el acervo dogmático comunitario.