EL GUADALQUIVIR EN CÓRDOBA

 

 

 

 

 

 

Gerald Brenan, hispanista inglés, tras visitar Córdoba nos dejó escrito acerca del Guadalquivir a su paso por la ciudad: "Más allá está el río, gran rey de Andalucía, como lo denominó Góngora; el río de Tartessos, cuyas raíces, decía el poeta griego Estesícoro, descansan entre plata. Aquí debajo del parapeto de piedra, avanza lenta una corriente amarillo-amarronada salpicada de burbujas blancas, y al otro lado una baja orilla arenosa, con lavanderas y asnos y muchachas llevando cántaros; y más lejos el pueblo del Campo de la Verdad”.

 

 

 

Molino de la Albolafia

George Vivian (1838)

 

En esta imagen del siglo XIX se nos brinda una perspectiva del Molino de la Albolafia desde aguas arriba. Aparentemente desde una embarcación que estuviera anclada casi debajo del puente romano. Se distinguen las siluetas del Palacio Episcopal y, encima de la arquería del molino, de las murallas del Alcázar.

Más adelante podremos contemplar una acuarela de David Roberts (1832) que nos ofrece otra imagen de este molino, ahora desde aguas abajo. Son visiones complementarias que facilitan captar una visión de conjunto de la Albolafia.

 

 

SONETO DE GÓNGORA A CÓRDOBA

En el pasaje que antes citábamos y con el que dábamos inicio a este texto, Gerald Brenan, el gran hispanista inglés, rememoraba la denominación de "gran rey de Andalucía" que Luís de Góngora había otorgado al Guadalquivir en un soneto inmortal que luego reproduciremos. En el poema, Luís de Góngora evoca las murallas y las torres de Córdoba, que está contemplando, posiblemente, desde las inmediaciones de la Torre de la Calahorra, al otro lado del río, cruzando el puente romano, frente a la Mezquita. Al fondo, más allá de la ciudad, que ocupa el llano, el poeta evoca las sierras encumbradas, cuya silueta, en el horizonte, otorga a la ciudad de Córdoba su imagen distintiva. Córdoba, regada por el Guadalquivir, el "Río Grande" de los musulmanes, está enclavada en ese fértil valle del que nos habla el genial poeta barroco, entre el propio río y las estribaciones de Sierra Morena.

 

 

¡Oh, excelso muro, oh torres coronadas

de honor, de majestad, de gallardía!

¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,

de arenas nobles, ya que no doradas!

 

¡Oh, fértil llano, oh sierras encumbradas,

que privilegia el cielo y dora el día!

¡Oh siempre gloriosa patria mía,

tanto por plumas cuanto por espadas!

 

Si entre aquellas ruinas y despojos

que enriquecen Genil y Darro baña

tu memoria no fue alimento mío,

nunca merezcan mis ausentes ojos

ver tus muros, tus torres y tu río,

tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!

 

   

 

Córdoba desde el Campo de la Verdad

Juan Bernabé Palomino (1745)

 

Este grabado de Bernabé Palomino, de mediados del siglo XVIII, nos muestra una imagen muy sugerente de la ciudad de Córdoba contemplada desde el denominado Campo de la Verdad, en el entorno de la Torre de la Calahorra.

Desde esa torre, que se sitúa en primer plano, “Balcón de Luz” en palabras de Luis Jiménez Martos, podemos distinguir el puente, la puerta de acceso a la ciudad y la Mezquita. A la izquierda se sitúan diversos molinos y en la riberá de más allá sobresale la abundante vegetación y sobre ella las murallas del Alcázar, sede de la Inquisición en siglos pasados.

El viajero que sube hoy día al terrado de la Torre de la Calahorra puede contemplar una bellísima perspectiva, presidida por el puente romano al que la historia parece haber amarilleado sus viejas piedras. Córdoba, más allá del río, se muestra reposada sobre el llano, bajo la silueta de Sierra Morena que enmarca a lo lejos el horizonte.

Un viejo sello de la ciudad, fechado en 1360, ya ofrece una imagen idealizada y simbólica de este bello conjunto que gira en torno a la Mezquita, el puente y la Albolafia. Desde entonces esta imagen se ha utilizado una y otra vez, en diversas interpretaciones, en la decoración de cordobanes y guadamecíes, productos muy típicos de la artesanía de calidad cordobesa.

También, desde tiempos remotos, estos parajes, hoy idílicos e impregnados de nostalgia, han estado vinculados a la muerte y al sufrimiento. Desde los siglos del dominio islámico aquí se colocaban para exposición y escarnio público los cadáveres de los ajusticiados, muchas veces crucificados. Después, en los tiempos de la Inquisición, se sabe que en estas pequeñas islas próximas al puente era donde como culminación de los autos de fe ardían los cuerpos de los herejes condenados a la pena de hoguera.

 

 

 

 

 

El Guadalquivir en Córdoba

Antiguas imágenes

David Roberts

Julio Romero de Torres

El Puente Viejo y la Albolafia

 

 

 

 

Le invitamos a visitar

 

 

 

 

17 de agosto de 2005