EL HEREJE

MIGUEL DELIBES

 

ETAPA SEGUNDA

COMERCIO Y ESPIRITUALIDAD

 

 

Palacio de Fabio Nelli, de Valladolid

Fabio Nelli nos ofrece la imagen de un hombre enriquecido por los negocios y el comercio, en los tiempos del Valladolid del Renacimiento.

 

 

 

 

Proponemos ahora al lector que se desplace a la próxima plaza de Fabio Nelli, situada cerca de San Pablo, que utilizaremos como nuevo punto de encuentro en esta segunda etapa de aproximación al Valladolid de "El hereje".

 

Antes, a medio camino entre las plazas de San Pablo y de Fabio Nelli, el viajero habrá pasado por la plaza de Santa Brígida (antigua plaza de los Leones) en donde se situa el palacio del Licenciado Butrón, que fue oidor de la Cancillería y que podría haber servido de inspiración a Delibes para el personaje del tío de Cipriano Salcedo, que en la novela desempeña ese mismo oficio. También Cipriano, como su tío, estudiará Leyes, para dedicarse posteriormente al comercio de lanas.

 

Fabio Nelli, por su parte, nos ofrece la imagen de una persona poderosa que sin llegar a pertenecer a la nobleza ejerció gran influencia en el Valladolid del Renacimiento como hombre de negocios y comerciante enriquecido. Su imponente palacio, sede hoy del Museo Arqueológico de la ciudad, destaca por su dinamismo manierista, con bellas torres que sobresalen airosamente de la fachada. La portada, muy atractiva, está dotada de un arco de medio punto con columnas corintias pareadas a los lados.

 

Junto al palacio de Fabio Nelli se encuentra el de los marqueses de Valverde, levantado a principios del siglo XVI y en el que llaman la atención las ventanas de esquina y la portada con arco de medio punto almohadillado.

 

Desde la plaza de Fabio Nelli, por la calle Expósitos, debe el viajero acercarse ahora a la plaza de la Trinidad. Allí se encuentra el que fue palacio del conde de Benavente, igualmente de principios del XVI, que fue luego Hospicio y actualmente sede de la Biblioteca Pública. A su lado, la iglesia de San Nicolás daba paso a la Judería del Valladolid renacentista.

 

En esta plaza de la Trinidad podemos evocar, de un lado, la infancia de Cipriano en el Hospital de Expósitos (actual plaza de Tenerías); de otro, la actividad de comerciante que desempeñaba, ya que el almacén de lanas lo situa Delibes precisamente en la Judería, en las inmediaciones del Puente Mayor sobre el río Pisuerga, con buen acceso a los centros productores de los Montes Torozos.

 

 

Edificio del antiguo Hospicio de Valladolid

Permite evocar la infancia del protagonista, que estuvo internado en el Hospital de Expósitos de las Tenerías. 

 

Debe el viajero ahora regresar nuevamente por la calle Expósitos y tomar la calleja de Santo Domingo de Guzmán, en la que se encuentra el convento de Santa Catalina de Siena, algunas de cuyas monjas estuvieron implicadas en el proceso inquisitorial que Delibes ha novelado en "El hereje". La calleja, impregnada de un sosiego y tranquilidad ajenos al mundo moderno, limita con una una larga tapia en la que se abre una puerta que conduce al jardín del convento y a la clausura.

 

Muy cerca de aquí, en la calle Encarnación, como un anexo de lo que hoy es Museo de Arte Contemporaneo, se encuentra la Capilla de Fuensaldaña, lugar en el que fue enterrada Leonor de Vivero, madre del Doctor Cazalla. Fue precisamente aquí, con motivo del sepelio de citada dama cuando se alzaron entre los asistentes las primeras voces de acusación contra los luteranos vallisoletanos.

 

La prolongación, en dirección a la cercana plaza de San Miguel, de la calle Encarnación constituye la que en nuestros tiempos se denomina calle del Doctor Cazalla. Aquí se encontraba la casa donde vivía este personaje y su familia (los Vivero) y en ella se llevaban a cabo las reuniones del grupo de "iluminados". Tras el proceso inquisitorial, la casa fue demolida y el Santo Oficio ordenó colocar un cartel con un mensaje de tipo ejemplificador que recordase los tristes acontecimientos. Nada se ha conservado, pues, de esta mansión de los Vivero, salvo su recuerdo en la memoria colectiva vallisoletana.

 

 

 

 

Confesión de Cipriano Salcedo,

muy joven, en San Gregorio

 

"Yacían desnudos en la estrecha cama de ella y las tímidas reservas de Minervina revalorizaban la consumación del acto. La tomó hasta tres veces y, al concluir, experimentó como un hastío de sí mismo, pensando que estaba prostituyendo a la muchacha. Le constaba su amor, la pureza de su inclinación hacia ella, pero, detrás de todo, no dejaba de ver la sórdida aventura del joven amo que se aprovecha de la criada. Buscó en San Gregorio otro confesor desconocido:

-M... me acuso, padre, de poseer a mi nodriza, pero no puedo arrepentirme de ello. Mi amor es más fuerte que mi voluntad.

-¿La quieres o la deseas?

-Si la deseo, padre, es porque la quiero. Nunca quise a nadie en la vida como a ella.

-Pero eres aún un chiquillo. No vas a casarte, claro.

-Tengo catorce años, padre. Mi tutor no lo comprendería.

El cura vaciló. Dijo finalmente:

-Pero si no hay arrepentimiento, hijo, yo no puedo absolverte.

-Lo comprendo, padre. Más adelante volveré a verle..." (El hereje, libro I).