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EL HEREJE MIGUEL DELIBES
ETAPA PRIMERA CORREDERA DE SAN PABLO |
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Plaza de San Pablo, de Valladolid Se trata de una perspectiva parcial, tomada desde uno de los costados de la iglesia de San Pablo. En el lado de la izquierda se aprecia parte del Palacio Real. |
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Como primera etapa de este recorrido por el Valladolid del siglo XVI proponemos al lector la visita a la Plaza de San Pablo.
Cipriano Salcedo, personaje ficticio, habría nacido el día 31 de octubre de 1517 muy cerca de esta plaza, en el número 5 de la denominada Corredera de San Pablo, que modernamente conocemos como calle de las Angustias.
La Plaza de San Pablo es uno de los lugares más monumentales de la ciudad de Valladolid. Destaca en ella, sobre todo, la bella fachada isabelina y renacentista, verdadero retablo tallado en la piedra, de la propia iglesia del convento de San Pablo. Su mitad inferior presenta multitud de estatuas de santos, sobresaliendo la escena de la Coronación de la Virgen que se ofrece bajo el arco conopial. La otra mitad superior de la fachada, ya clasicista, se construyó en tiempos del duque de Lerma.
Aquí, en la iglesia de San Pablo, había sido proclamado rey de Castilla el emperador Carlos I. Aquí también habría de ser bautizado en 1527 Felipe II, nacido en el cercano Palacio de Pimentel, hoy sede de la Diputación Provincial de Valladolid. Reparará el viajero, sin duda, en que las rejas de una de las ventanas de este palacio están unidas por una cadena. Según la tradición, Felipe II habría sido sacado por esa ventana para ser bautizado en el cercano templo.
Además, en este convento de San Pablo es donde Delibes ubica la denominada "Conferencia de Valladolid", que cita en su obra, y en la que se debatió por los teólogos la vida y obra de Erasmo. Aquí, también, habría sido enterrada la madre del hereje, doña Catalina de Bustamante.
Frente a la iglesia se alza el edificio del que fue Palacio Real, levantado en el primer tercio del siglo XVI y que en la actualidad es sede de la Capitanía Militar, y muy cerca, a unos pasos, por la calle Cadenas de San Gregorio, podemos acceder a la no menos imponente fachada del Colegio de dominicos de San Gregorio, en el que hoy está enclavado el Museo Nacional de Escultura, que reúne magníficas piezas de los siglos XVI y XVII (Berruguete, Juan de Juni, Gregorio Fernández ...)
El Colegio de San Gregorio fue construido gracias al interés de Fray Alonso de Burgos, que fue Obispo de Palencia y confesor de la reina Isabel la Católica. Se trata de un centro por el que habrían de pasar teólogos de la talla de Fray Luis de Granada, Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas y tantos otros. Su fachada, magnífica joya del arte isabelino, se atribuye a Gil de Siloé. En su tímpano presenta la escena fundacional, con Fray Alonso arrodillado ante el Papa San Gregorio, en presencia de Santo Domingo y San Pablo. Más arriba, se nos ofrece la imagen de la "Fuente de la Vida", con el escudo de los Reyes Católicos sostenido por dos leones. Toda la fachada, ricamente ornamentada, culmina en dos grandes agujas.
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El testamento de doña Catalina de Bustamante, madre del Hereje, enterrada en San Pablo
"...don Bernardo y su hermano, el albacea, se sentaron juntos a los pies de la difunta, como era vieja costumbre familiar, para leer sus disposiciones testamentarias. Por primera providencia, doña Catalina deseaba ser enterrada en el atrio del Convento de San Pablo, no en el interior de la iglesia, ya que, a causa de los enterramientos, dentro había unos desagradables efluvios que le quitaban la devoción. Doce mujeres jóvenes y pobres la acompañarían a su última morada, vestidas de azul y blanco y con un cirio encendido en la mano. Don Bernardo abonaría a cada una de ellas un real de vellón por su compañía. El entierro debería efectuarse tras una misa de réquiem en la misma iglesia, a la que seguirían, en fechas sucesivas, un novenario de misas cantadas con diáconos y subdiáconos y otras en cada templo de la villa en la octava de su fallecimiento. Don Bernardo leía estas disposiciones con voz entrecortada, no tanto por su aflicción, como porque conocía la liberalidad de doña Catalina, que temía se manifestara a cada paso. Y su voz temblorosa se quebró del todo cuando, con su característica letra picuda, la difunta ordenaba, sin lugar a otras interpretaciones, que se constituyese un juro en favor del Convento de San Pablo que rentase, cuando menos, dos mil seiscientos cincuenta maravedíes al año..." (El hereje, libro I).
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