FROMISTA

 

Frómista: el esplendor

del románico

 

 

 

Frómista, denominada Frómista del Camino en tiempos medievales, tiene sus antecedentes en la "Frumesta" romana, nombre que hacía referencia a la gran riqueza cerealística de esta zona en época, sobre todo, del Bajo Imperio romano. Los excelentes campos de trigo (frumentum) dieron así nombre a esta pequeña población palentina, situada a 32 kilómetros de la capital.

 

Tras la invasión musulmana Frómista fue destruida, siendo posteriormente repoblada, ya en el siglo X, en el marco del proceso de ocupación del Valle del Duero que entre los siglos VIII y X llevaron a cabo los reyes asturianos a medida que iban extendiendo sus fronteras hacia el sur.

 

Con motivo de convertirse, según nos dice el Códice Calixtino, en el punto final de la sexta etapa del Camino Francés hacia Compostela, Frómista conocería un momento de esplendor, que estaría también estrechamente vinculado con la decisión tomada en el año 1066 por Doña Mayor, viuda del rey Sancho III el Mayor de Navarra, de fundar en estas tierras un monasterio benedictino cuya iglesia, restaurada entre 1896 y 1904 por Aníbal Alvarez, es uno de los monumentos mas señeros del arte románico castellano. La Iglesia de san Martín de Frómista, situada, aproximadamente, en el término medio del recorrido del Camino Jacobeo en tierras españolas, reproduce, también a la mitad de sus proporciones, la planta y el alzado de la Catedral de Jaca, obra de esplendor del románico en España.

 

Fromista-2.jpg (21649 bytes)

Iglesia de San Martín. Sus torres cilíndricas nos recuerdan que el templo es el "castillo" de Dios

 

Estamos en unos tiempos, siglo XI, en que se detecta en la Europa cristiana un gran momento de espiritualidad y acción de gracias al Señor que lleva a la fundación reiterada de iglesias y monasterios, al comprobar que los temores apocalípticos propios del siglo X habían sido infundados. El mundo no fue destruido en el año 1000 (como se temía) ni en el año 1033 (milenario de la muerte de Jesucristo). El agradecimiento piadoso por ello cuajara en una intensa renovación del arte al servicio de la religión. Nace así el Románico, que se extiende por toda la Cristiandad de la mano de los monjes cluniacenses, que representan las ideas centralizadoras gregorianas y que, en España, desde mediados del siglo XI se va desarrollando a lo largo de la ruta Jacobea que conduce desde los Pirineos a Santiago de Compostela.

 

La Iglesia de San Martín, fruto de la devoción de la viuda del rey Sancho III de Navarra, es un prototipo del románico más puro y dio lugar a un modelo que fue luego profusamente imitado en otros lugares castellanos. Consta de tres naves, siendo la central más amplia y dotada de mayor altura y cuenta con cabecera, con tres ábsides que son prolongación de cada una de las tres naves. En el ábside central se sitúa la Capilla Mayor. Sobre la intersección de la nave central y el crucero se eleva el cimborrio, extraordinaria cúpula que se inicia sobre una base cuadrada y se transforma, luego, en tambor octogonal.

 

Fromista-3.jpg (20462 bytes)

Iglesia de San Martín

 

Dos torres cilíndricas se sitúan a ambos lados de la fachada principal, proporcionando una sugerente imagen al conjunto. Nos recuerdan, en cierta manera, que la iglesia es el castillo de Dios. Otras dos fachadas laterales y diversos ventanales abocinados contribuyen a realzar la sobria belleza del edificio, cuyo exterior está finamente decorado con molduras formadas por líneas de impostas ajedrezadas, el llamado "taqueado jaqués", que también rodea externamente los arcos de portadas y ventanales.

 

El interior de San Martín, totalmente desnudo de decoración, permite que el visitante pueda concentrar su mirada en los bellos capiteles y cimacios que coronan las columnas, en los que están esculpidas escenas bíblicas, de tipo mítico o histórico, motivos vegetales, geométricos, etc., todo ello de acuerdo con los cánones estéticos e ideológicos propios del arte románico.