Quintanilla de la Cueza:

villa romana

 

 

 

Dejamos atrás Carrión de los Condes y nuestro nuevo objetivo es ahora la cercana localidad de Quintanilla de la Cueza, situada a solamente 18 kilómetros de distancia, en la carretera N-120 que se encamina hacia Sahagún y que sigue el trazado del camino que antaño seguían los peregrinos que se dirigían al sepulcro del Apostol.

 

A unos 250 metros de Quintanilla una carretera bien señalizada nos conduce al yacimiento arqueológico ubicado en el denominado "Pago de Tejada" , cuyo nombre hace alusión a los antiguos vestigios (tejas) que desde siempre han aflorado en la superficie del terreno. Allí una moderna estructura de cemento, hierro y uralita protege de la intemperie los restos de una antigua villa romana cuya excavaci6n se inicio en el año 1970 bajo la direcci6n del Director del Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander, Don Miguel Angel Garcia Guinea.

 

La villa romana de Quintanilla de la Cueza ya conoció una primera ocupación en el siglo II d.C., si bien sería a mediados del siglo IV cuando alcanzó su momento de esplendor. Fue entonces cuando se colocaron los bellos mosaicos que decoran los suelos de sus estancias, que nos hacen retrotraer aquellos momentos del Bajo Imperio romano en que los ricos propietarios de fincas rústicas gustaban de ennoblecer sus residencias campestres adornándolas con todos los lujos que habitualmente existían en sus residencias urbanas: mosaicos, mármoles, pinturas, etc.

 

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Quintanilla de la Cueza. Mosaico con decoración geométrica

 

El buen estado de conservación de muchos de los mosaicos que se conservan en la villa y las labores de protección llevadas a cabo con el patrocinio de la Diputación palentina permiten que el moderno visitante pueda disfrutar con su contemplaci6n. Entre los que reproducen asuntos figurados sobresale el correspondiente a la habitación número 3, denominado "mosaico de las Cuatro Estaciones". En él se articulan abundantes motivos marinos en torno a una gran cabeza de Océano, de la que, desgraciadamente, solo se conservan las barbas del dios. En las esquinas se sitúan las alegorias de las Cuatro Estaciones. Destaca el buen estado de conservaci6n de las que corresponden al Otoño y el Invierno.

 

Otros mosaicos de la villa nos narran el mito de "Leda y el cisne" o reproducen excelentes representaciones de temas geométricos (nudos de Salom6n, rosas de los vientos, swásticas, etc.) .

 

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Quintanilla de la Cueza. Mosaico con representaciones geométricas

 

Muchas de las habitaciones de la villa de Quintanilla de la Cueza levantan su suelo sobre pilares que permiten la existencia de una estructura hueca por donde circula el aire caliente producido en hornos situados en el muro exterior de cada habitación. Se trata de un precedente de las denominadas "glorias" castellanas, vetusto sistema de calefacción de honda tradici6n en el medio rural de la Meseta. En Quintanilla de la Cueza se han conservado los vestigios de citados "hipocaustos", lo que otorga, junto con sus buenos mosaicos, un especial atractivo a la villa.

 

La investigación arqueológica viene demostrando que durante los siglos III y IV las villas rurales hispanas muestran un auge sin precedentes, coincidiendo con una etapa de decadencia urbana motivada por las primeras invasiones de los pueblos barbaros (francos y alamanes), los desórdenes provocados durante el periodo de la anarquia militar (usurpaciones en los puestos de los césares) y la creciente e insufrible presión fiscal del Estado romano. En la Meseta castellana se han encontrado abundantes vestigios de esas antiguas villas hispanorromanas, importantes centros de poder enmarcados en un medio rural que tendía a ser autárquico, para lo que disponían de todo tipo de talleres dedicados a la fabricación y reparación de los útiles más diversos. Se piensa, incluso, que llegó a ser frecuente que los ricos propietarios agrarios tuviesen pequeños ejércitos privados, que garantizaban la paz en su fundus. Asi, a modo de ejemplo, sabemos por Orosio que a comienzos del siglo IV dos hermanos, Didimo y Veriniano, reclutaron un ejército de campesinos para impedir que un contingente bárbaro atravesase los Pirineos. Los dos hermanos fueron derrotados y los invasores saquearon el Valle del Duero.