SAHAGUN

 

Sahagún: la presencia mudéjar

 

 

 

Sahagún, punto final del viaje que hemos propuesto al lector, pertenece ya a la "Tierra de Campos" leonesa. El nombre de esta pequeña ciudad debe hacer alusión a San Fagunt, que fue martirizado en tiempos romanos junto con San Primitivo. Para consagrar su memoria debió erigirse una ermita que fue luego destruida por los musulmanes.

 

A finales del siglo XI (1085) el rey Alfonso VI puso en manos de los monjes de la orden de Cluny un monasterio que habría de convertirse en la más importante abadía de la España cristiana, con amplia jurisdicción sobre tierras y hombres. Otros noventa monasterios llegaron a depender del de Sahagún, ciudad que fue conocida como la "Cluny española".

 

Al amparo del favor real que Alfonso VI brindó a los monjes cluniacienses se agrupó en torno al monasterio una amplia población que acudió desde los más lejanos lugares. Las "Crónicas Anónimas de Sahagún" nos narran como se produjo la llegada de "burgueses" a la ciudad y el fuerte sometimiento inicial al poder de la Iglesia. Dicen las crónicas: "Pues ahora, como el sobredicho rey ordenase y estableciese que alli se hiciera una villa, juntáronse de todas las partes del universo burgueses de muchos y diversos oficios: herreros, carpinteros, sastres, pelliteros, zapateros y hombres enseñados en muchas y diversas artes y oficios y otras personas de diversas y extrañas provincias y reinos: gascones, bretones, alemanes, ingleses, borgoñones, normandos, tolosanos, provinciales, lombardos y muchos otros de diversas naciones y extrañas lenguas; y asi pobló e izo la villa no pequeña. Y luego el rey hizo tal decreto y ordenó que ninguno de los que morasen en la villa, dentro del coto del monasterio, tuviese por respeto hereditario o razón de heredad, campo, ni viña, ni huerto, ni era, ni molino, salvo si el abad, por manera de prestado, diese alguna cosa a alguno de ellos, pero pudiesen tener casa dentro de la villa y por causa de ello, por todos los años pagase cada uno de ellos al abad un sueldo por censo y conocimiento del señorio y si alguno de ellos cortase del monte que pertenece al monasterio aún tan solo una rama, que fuese puesto en la carcel o fuese redimido a voluntad y beneplácito del abad".

 

Al amparo del monasterio conoció Sahagún una etapa de brillantez, convirtiéndose en un importante foco cultural y centro de atención a los peregrinos jacobeos. Aquí culminaba la séptima jornada del Camino francés. Sin embargo, las tensiones entre los "burgueses" y los monjes fueron frecuentes, produciéndose diversas sublevaciones de los primeros, que no admitían de buen grado el fuerte sometimiento al poder del abad. De esa forma y tras diversos enfrentamientos previos, en el año 1110 los burgueses se alzaron en armas y cometieron toda clase de tropelias contra los monjes y sus propiedades, saqueando el monasterio. El asunto alcanzó tal altura que el propio Pascual II se vió obligado a decretar la amenaza de excomunión contra todos aquellos que no se sometieran. Corría ya el año 1116. Como consecuencia de todo ello se quebró el anterior esplendor de Sahagún, que se encontraba ya en una etapa de clara decadencia en los tiempos finales de la Edad Media.

 

Son muy escasos los vestigios que nos han llegado de la que fue poderosa abadia de la orden de Cluny. Un arco de época renacentista, perteneciente a una reconstrucci6n de la fachada que debió llevarse a cabo en el siglo XVII, sobresale entre diversas ruinas informes que se ubican cerca de la actual Iglesia de San Tirso. Diversos objetos procedentes del monasterio, entre los que sobresale una custodia procesional de Enrique de Arfe, y los sepulcros de Alfonso VI y otros miembros de su familia, pueden ser contemplados por el viajero en el pequeño museo instalado en el convento de las monjas benedictinas, situado en las inmediaciones.

 

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Iglesia mudéjar de San Tirso

 

Conserva Sahagún, sin embargo, otros importantes monumentos debidos a la acción de diversas comunidades que procedentes de Al-Andalus poblaron la ciudad. Las influencias árabes y el uso del ladrillo como material base de la construcción caracterizan de manera muy especial a este arte singular de nuestro país, conocido con la denominación de "mudéjar". De alguna forma, Sahagún simboliza el puente que tras la conquista de Toledo representó el reino castellano-leonés entre el Occidente cristiano y los musulmanes de Al-Andalus.

 

Se desarrollará ahora una arquitectura que combina los estilos propios cristianos (románico y gótico) con elementos influenciados por el arte del Islam. Sobresale el uso de elementos constructivos "pobres", como son la mamposteria y el ladrillo. Algunas obras cumbres del románico-mudejar se conservan en Sahagún (iglesias de San Lorenzo y San Tirso) y otras poblaciones castellanas: Arévalo, Madrigal de las Altas Torres, etc. A partir del siglo XIII se desarrollará el gótico-mudejar, una de cuyas obras cumbres es la Sinagoga de Santa Maria La Blanca, en Toledo, que simboliza la fusión de las diversas tradiciones culturales cristianas, musulmanas y judias.

 

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Iglesia mudéjar de San Lorenzo

 

La Iglesia de San Lorenzo de Sahagún se sitúa en el corazón del antiguo barrio morisco de la ciudad, destacando en ella las arquerías ciegas (imitan los arcos de herradura musulmanes) que recorren los tres ábsides que forman su cabecera. Su torre, de planta cuadrangular, está formada por varios cuerpos de anchura paulatinamente decreciente, contando con arcos que la dan una especial sensación de ligereza. Es también de estilo románico-mudéjar la Iglesia de San Tirso, que cuenta con otra hermosa torre, ésta de forma rectangular y tres cuerpos, igualmente recorridos por arquerías. En las inmediaciones de la población el viajero podrá visitar, finalmente, el Santuario de la Peregrina, que pertenece a lo que fue en su tiempo un monasterio franciscano. Todavía se conserva parte de la estructura mudéjar del edificio. Es obra que ya se inscribe en el gótico-mudéjar, en cuyo interior se podrán apreciar delicados trabajos de yesería.

 

Sahagún constituye el punto final del recorrido histórico artistico que hemos propuesto al lector. Solamente 62 kilómetros nos separan de Frómista, donde lo iniciamos. Esa escasa distancia, sin embargo, nos ha permitido conocer algunas de las más importantes obras del arte y de la arqueología de nuestro país, desde la época en que Roma dominaba al mundo hasta los tiempos en que los artesanos mudéjares, que entonces repoblaban el Valle del Duero, nos dejaban constancia de sus conocimientos arquitectónicos influenciados por el Islam. La fuerte raigambre jacobea de los lugares por los que nos hemos movido ha dejado, igualmente, magníficos vestigios en las abundantes iglesias que, erigidas en el Medievo, el viajero ha tenido oportunidad de admirar.