Nuestra

 

Nuestra Señora de la Vid

 

 

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Monasterio de Santa María de la Vid

 

En 1140 una comunidad de monjes premostratenses que procedían del monasterio vallisoletano de Retuerta decidieron establecer su nuevo cenobio en estos parajes en que se funden las tierras de Burgos y Soria, en las orillas del Duero y en un lugar que destaca todavía por su abundancia de arboleda. La abadía, paulatinamente, fue adquiriendo prestigio y llegaría a convertirse en uno de los más poderosos monasterios de Castilla. Por concesión de Alfonso VIII, sus rebaños de ovejas tuvieron el privilegio de pastos libres, lo que hizo que pudieran moverse sin ninguna dificultad por cualquier lugar del reino.

 

Gracias al impulso de hombres como el cardenal Iñigo López de Mendoza, que fue abad, y la protección de la familia a la que pertenecía, los condes de Avellaneda, señores de la cercana Peñaranda, se levantó la iglesia conventual y conoció el monasterio sucesivas obras de reforma y consolidación.

 

En 1835, corriendo tiempos desamortizadores, los premostratenses fueron expulsados del lugar y durante un periodo de treinta años el monasterio quedaría abandonado hasta que en 1866, en una nueva etapa de espiritualidad, se establecieron en él los Padres Agustinos de Valladolid, con los que, nuevamente, florecería Santa María de la Vid, consagrada ahora a la labor de noviciado y formación de los misioneros agustinos que habrían luego de desarrollar una fecunda labor en tierras de Filipinas y América Hispana. Como evocación de ese trabajo de apostolado la casa central de estos frailes en Valladolid ofrece en nuestros días al visitante un magnífico Museo Oriental que constituye la más importante colección de arte chino que existe en nuestro país y una magnífica representación de arte filipino.

 

Santa María de la Vid cuenta con una magnífica espadaña barroca, propia del gusto churrigueresco, que corona la entrada de su iglesia, en la que se mezclan las construcciones góticas de la nave con una interesante cabecera renacentista. El retablo mayor, obra de Lejalde (1585) contiene una bella representación de la Virgen de la Vid, del siglo XIII. Se trata de una imagen realmente preciosa, dotada de una risueña expresión y elegancia serena, que hacen que para muchos sea, quizás, la representación más bella que jamás se ha realizado de la Madre del Señor. La talla, gótica, está realizada en piedra policromada y su advocación resulta especialmente apropiada para bendecir unas tierras consagradas durante siglos a la producción de riquísimos vinos.