ARROYO DE LINARES

 

 

El arroyo de Linares

 

 

 

 

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Puente romano sobre el arroyo de Linares (en las inmediaciones del Santuario)

 

La excursión que proponemos arranca de las inmediaciones del Santuario de Nuestra Señora de Linares, situado en la Sierra de Córdoba, en las cercanías de la ciudad.

 

La vía romana que vamos a seguir en estos parajes, que se encaminaba a Mérida, salía de Córdoba por la puerta norte de la ciudad, conocida como puerta del Pretorio (actual puerta del Osario, en la Plaza de Colón). Desde aquí se encaminaba al arroyo de Pedroche, que salvaba a través de un puente que todavía se conserva, para luego dirigirse al lugar que hoy ocupa el Santuario de Linares, en cuyas inmediaciones apareció un miliario romano.

 

En este rincón, en los tiempos de la Reconquista, alzó uno de sus campamentos el rey castellano Fernando III El Santo, del que se dice que portaba una imagen de la Virgen que custodiaba uno de sus capellanes, de apellido Linares. Conquistada Córdoba al Islam, el monarca decidió levantar una ermita a Nuestra Señora en estos bellos parajes, en donde debía existir una anterior construcción defensiva islámica (torre atalaya). El apellido del capellán habría terminado por dar nombre al santuario fernandino.

 

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Entorno del arroyo de Linares

 

La ruta la iniciamos en la carretera que desde Córdoba se dirige al Santuario, justo en la última curva del camino, que a nuestra derecha se dirige a la ermita. Nosotros aparcaremos el vehículo y tomaremos una senda que surge, en esa curva, a nuestra izquierda. En este primer tramo, de unos 150 metros, el arroyo de Linares transcurrirá a nuestra derecha, adornado por una profusa vegetación de ribera.

 

Muy pronto contemplaremos un puente que salva las aguas del arroyo, que hemos de cruzar. Se trata de una construcción de origen romano, que cuenta con un solo arco y que está levantada con bloques pétreos. El arco es de medio punto y su luz alcanza los 2,55 metros, en tanto que la vía tiene un ancho de 2,26 metros. Enrique Melchor Gil piensa que el puente primitivo debió ser reconstruido en tiempos posteriores, ya que se constatan unas diferencias notables entre los sillares que conforman el dovelaje, bien labrados y ensamblados, y la rampa de acceso de la margen izquierda, realizada con cascote y argamasa.

 

Cruzado el puente, hemos de tomar el camino que se adentra en la Sierra, teniendo cuidado de dejar a nuestra izquierda el arroyo de Linares y a nuestra derecha el denominado arroyo de Balanzonilla. Entre ambos arroyos transcurre nuestra ruta. Probará que nos encontramos en el camino adecuado el hecho de que en unos minutos nos toparemos con la sugerente imagen del Cortijo de los Velascos.