Historia del Santuario de Chilla
     
 

HISTORIA DE LA ERMITA DE NTRA. SÑRA. DE CHILLA

Siglo XIV

Candeleda es la localidad de la provincia de Ávila que tiene, en su término municipal, la menor y la mayor altitud de toda la provincia -desde los 300 metros sobre el nivel del mar, a la orilla del río Tormes, hasta los 2.592 metros que cuenta el Pico del Moro Almanzor, el punto más alto de la provincia y de todo el Sistema Centra1-. A unos seis kilómetros de la localidad de Candeleda, en dirección a la sierra, se encuentra, en un paraje de Indudable belleza, el Santuario de Nuestra Señora de Chilla, cuya festividad se celebra el segundo domingo de septiembre.

En el libro 1 de Chilla, en su folio 5, existente en el Archivo Parroquia!, se dice “En el año mil trescientos, en el sitio nombrado Chilla, de la jurisdicción de la Villa de Cande1eda, fue aparecida con su Santísimo Hijo una portentosa Imagen a un pastor llamando Finardo, al cual manifestó su Majestad acudiera a decir a los moradores de la Villa la erigieran un templo en el citado sitio".
"[...] lloraba el sencillo pastor la muerte de una de sus cabrillas; se le vuelve a aparecer la Virgen, le marca en su mejilla los dedos índice y corazón; corren los moradores de Candeleda al lugar de las apariciones y ante aquel gran concurso de gentes, la Virgen resucita la cabrilla muerta, que se pone a comer unas yedras, que habían salido de un muro arruinado".
Es creencia generalizada, que los cimientos y restos de esos muros arruinados eran los restos de una antigua ermita dedicada a la Virgen, pues toda la tradición popular antigua sostiene que la actua1 Iglesia de Chilla está construida sobre el sitio mismo en que estuvo una ermita mucho más antigua.
La actua1 imagen de la Virgen de Chilla data del siglo pasado y, probablemente esta talla pudiera ser la quinta desde la aparición de la Virgen. En sesión extraordinaria del Ayuntamiento de la Villa del 9 de octubre de 1 892, se acuerda la adquisición de una nueva talla de la virgen de Chilla, que se encarga al pintor y escultor Ángel Lucio Ludeña. Es éste quien, además, entre los años 1888 y 1889, restaura el altar mayor de la ermita y pintó los cinco cuadros que contiene el retablo mayor.