La crónica cultural de 1981 está protagonizada en buena parte por el fallecimiento de algunos nombres consagrados del panorama nacional e internacional. De todos modos, es bien sabido que el legado de todos los artistas siempre permanece en su obra. Al recuerdo y al homenaje también contribuyen los museos y la concesión de premios. El año en que el Premio Cervantes recayó en Octavio Paz, y el Premio Nadal fue para Carmen Gómez Ojea, hubo en España algunos
otros hitos en ese sentido.
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