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Creta. Agios Nikólaos, una pequeña ciudad pesquera situada en la
vertiente norte de la costa occidental, frente al golfo de Merambelou,
debe su nombre al patrón de los marineros. En el corazón de la localidad se encuentra el
lago Voulismeni, unido al puerto por un canal alrededor del cual hay
cuidados cafés y restaurantes donde comer pescado fresco o tomarse un refrescante zumo de
naranjas y cafés se llenan de luz, música, risas y humo de tabaco de pipa, a la que los
griegos son muy afectos.
En los alrededores de Agios Nikolaos hay una
maravillosa iglesia bizantina del siglo XIII, Panagía Kera, con cúpula
y tres tramos, sencilla y humilde. Enmarcada por unos espléndidos cipreses, sus pinturas
murales, descoloridas, son obra de artesanos locales.
A unos kilómetros topamos con Kritsa, pueblo de calles estrechas
cuyas casas encaladas, con puertas y ventanas de variados colores, cuelgan de la montaña.
Allí, cómo no, compro unas camisas de algodón y me ratifico en que regatear no es lo
mío. Cerca del pueblo, encaramadas sobre una colina y con vistas al mar, se encuentran
las ruinas dóricas de Lato. No hay duda de que los antiguos griegos
sabían elegir el emplazamiento de sus ciudades.
Comer:
- Itanos, (C/ Kýprou 1). Popular taberna con terraza, próxima a Plateía
Venizélou, sirve platos típicos cretenses como carne de cabra al carbón.
- I Tráta, ( C/ Pagkilou 17). Pescado fresco y carne asada junto a los platos
giegos más conocidos y hasta comida italiana como pizza.
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