Creta palacios


Los Palacios Cretenses

La tradición del laberinto es quizás la que mejor define la arquitectura de Creta: los palacios, construidos de adobe o de piedra unida por un cemento primitivo y protegidos por un recubrimiento, se encuentran en las laderas de las colinas, hacia lo alto, y por lo mismo sobre diferentes niveles.
Un elemento característico es la escalera. También contienen numerosos cuartos de todo tipo, desde almacenes hasta teatros, pasando por terrazas y sin respetar ningún tipo de simetría.

En las ruinas del Palacio de Knossos se puede observar que el palacio fue construido sobre la ladera, casi en la cumbre de una colina.
Constaba, como muchas casas de hoy, de varios niveles y no presenta indicación alguna de simetría.

Durante el período del minoico medio se va cimentar el poder de las ciudades cretenses. Los palacios cretenses, entre los que podemos incluir los de Cnosos, Festos y Hagia Triada son especialmente importantes dentro de lo que constituía la civilización minoica y se situaban preferentemente en la zona oriental de la isla. Entre estos destaca el palacio de Cnosos, por sus grandes dimensiones y estructura laberíntica, que había sido excavado en los inicios del siglo XX por el arqueólogo inglés Arthur Evans. Algunas habitaciones de este palacio contaban con bellas pinturas murales, que presentan un acusado naturalismo. Este palacio también contaba con bodegas y despensas, que albergaban numerosas tinajas destinadas a guardar aceite. El palacio de Festos por su parte nos muestra infinidad de cámaras en torno a un gran patio central. Se debe destacar la existencia en estos palacios de refinamientos como las instalaciones de desagüe, termas, etc que nos indican un grado adelantado de civilización. Generalmente estos palacios estaban divididos en salas, viviendas y almacenes en torno a un gran patio central. Un palacio como el de Hagia Triada presenta unas dimensiones bastante más reducidas que el de Cnossos.

PALACIOS CRETENSES

Las investigaciones llevadas a cabo en Creta sugieren que a principios del segundo milenio antes de Cristo se produjo en la isla un proceso de concentración de la riqueza y el poder en unas pocas manos, proceso que hace que surjan, en un momento muy temprano de su historia, imponentes realizaciones arquitectónicas, los denominados palacios cretenses, que no tienen paralelos en ese momento en otros lugares de la Grecia continental. Estamos en lo que Evans denominó Minoico Medio, que más recientemente el investigador Nicolás Platón designo como etapa de los "Primeros Palacios" (entre los años 2000 y el 1700 a.C.). Los vestigios del pasado que los arqueólogos han aflorado en Cnosos, Faistos, Mallia o Hagia Triada, nos hablan del esplendor que esos primeros palacios cretenses llegaron a alcanzar.

El palacio cretense supone un conjunto irregular de edificios que se levantan sobre un sistema de terrazas, a distintos niveles, y que se estructuran en torno a un gran patio central, de forma rectangular y generalmente porticado. Las construcciones cuentan con varias plantas que sirven para habitaciones domésticas, talleres y almacenes, todo ello unido por multitud de corredores, pasillos y escaleras. Frecuentes pozos de luz, dispuestos de forma irregular, cumplen la función de dotar de iluminación y ventilación a las habitaciones. No es de extrañar, ante el aspecto realmente confuso del conjunto, que los griegos de la Hélade, mucho menos desarrollados en sus creaciones arquitectónicas y sintiéndose deslumbrados al admirar estos edificios, hablasen de la existencia de un "Laberinto" en el que residía Minos, rey de la isla.

En el Minoico Medio, a través de la cultura de los primeros palacios se pasa en Creta de una forma de vida tradicional en aldea a una organización centralizada por regiones o comarcas. La isla se articula en varias zonas que dependen de los distintos palacios que en ese momento se levantan en ella. No consta que Cnosos, el más espectacular de los palacios aflorados, fuese realmente más importante que los demás. Desde luego, eso sí, en esos momentos tan remotos de la historia griega no hubo ninguna creación similar a ellos en la Hélade, ni en las islas Cícladas.

En el palacio cretense residía el Señor y su séquito, ejerciendo funciones administrativas y religiosas. Se piensa que era en su patio central donde se realizaban los juegos rituales de tauromaquia, en los que jóvenes acróbatas llevaban a cabo peligrosos saltos burlando las afiladas defensas del animal. Se nos escapa la simbología de este arriesgado ejercicio, sin duda dotado de una especial trascendencia de tipo religioso.

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