Las Afueras

   Las Afueras       

Francisco Guzmán

Nació en el año I de nuestra Era Democrática y hasta que el cuerpo aguante.

Hecho generacional: La muerte de Chanquete.

Llegó al mundo sin fuerzas ni para sostener la cabeza. Como putada fue de las buenas, pero muy pronto le sacó tantas ventajas que renunció a consumir frustraciones. Bastante sufrían los demás imaginándose lo feliz que hubiera sido pateando un balón o corriendo como un pollo sin cabeza. Él pasaba (pasa) de aquello, tenía mucho que hacer desde su silla de ruedas: observar cada cosa que pasaba cerca con detenimiento; nunca tuvo una poderosa voz, así que se vio obligado a aprender a escuchar y descubrió lo mucho que se valora esta cualidad; las manualidades no eran su fuerte, de modo que se especializó en pasar páginas y cambiar de canal la tv. Ha consumido “caja tonta” más allá de lo que recomiendan las autoridades sanitarias, sobre todo de crío, y la verdad es que no parece que se le haya cocido el cerebro, ¿será que la culpa no es de la tele sino del que la mira?.

Bien, sigamos, fue en la tele donde encontró su primera vocación profesional: El gran reclutador para la Ciencia, Carl Sagan, con su serie Cosmos le animó a alistarse a la voz de “el tío Einstein te necesita”. Y Paco, que a base de leer mucho, atender un poco y estudiar lo mínimo, se había hecho un buen currículo académico, animado por amigos y vecinos que se habían dado cuenta de que podría hacer algo más que lamentarse por su situación, se alistó al cuerpo de Físicos de la Universidad Complutense, llamados a ser los guardianes del conocimiento verdadero, protectores de los débiles e ingenuos (los que no son como ellos) No llevaban galones, ni falta que les hacía.

Acabó la instrucción y se licenció en Astrofísica, la más poética de las disciplinas científicas. Ya no era el flamante estudiante del instituto, muchas cosas habían pasado, el amor entre ellas, y ese estado asociado de estupidez transitoria que baja el expediente a cualquiera. Viendo que su nota final no daba para andar pidiendo becas doctorales y que tampoco era lo que más le apetecía (le picó el gusanillo de las letras) se matriculó en Humanidades (un poco de todo que no profundiza en nada) con la esperanza de que todo este pastiche desembocara algún día en algo bueno. Entre tanto vive como soldado de fortuna, aplica el método científico allá donde le place y sobre todo se dedica a lo que toda la vida le ha gustado: leer y ver películas. Si pudiera cobrar por eso...