Ya se había instituido el descenso, y por ahí andaban las Chivas, haciendo hasta lo imposible para evitarlo. Entonces los directivos pensaron en la necesidad de, como los demás equipos, importar extranjeros, pero el Club era mexicano. Su orgullo era precisamente la mexicanidad.
Fueron muchas las noches de acaloradas asambleas, desarrolladas entre "gritos y sombrerazos", hasta que se llegó a una solución determinante: " ¡Jugadores extranjeros no! ".
El Guadalajara era un equipo de extracción nacional, y aunque se acabase, tenía que seguir siendo mexicano. Debería ser un orgullo para todos, y las Chivas deberían ser un símbolo para el futbol azteca, así que podrían morir en su intento, pero seguirían siendo mexicanos.